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domingo, 5 de febrero de 2012

Gestar... Parir

Por: Chris Zahlhaas

Todo hombre que habita esta Tierra ha sido cargado por el vientre de una mujer y ha logrado formarse y desarrollarse dentro de ella para luego ser dado a luz, cada uno en su tiempo y su forma, cada ser en particular según su cultura, raza, estado de salud, etc.
Es un acto único e irrepetible que define un antes y un después en nuestras vidas. Abordar desde la gestación, las necesidades, aprehensiones y deseos de la madre, generar espacios íntimos de diálogo y contención, acompañar y empoderar en los procesos de embarazo, trabajo de parto, parto y comienzo de crianza y lactancia, es poder contenernos como seres humanos desde nuestros comienzos, iniciar nuestra vida en compañía de seres humanos que respetan y cuidan la individualidad de cada ser.

Al igual que la concepción, el parir es un acto de amor, en donde el cuerpo toma el poder para poder expresar físicamente lo que siente y desea. En esta atmósfera amorosa no existen normas morales e impuestas, el ritmo esta dado por el fluir voluntario de dos seres que se aman, si coincidimos en que el mejor escenario para concebir es en intimidad, amor y respeto, lo mismo podríamos proyectar para el nacimiento de este nuevo ser, sea como sea que halla sido gestado, su oportunidad de ser recibido en un ambiente íntimo, delicado, acogedor y seguro, depende mucho de la voluntad y el estado en que se encuentra la madre en el parto y de quienes acompañan en esta bella escena, estar al servicio de la madre y del niño conectados desde el amor, la complicidad en el no tiempo, presenciando conscientemente el presente, el momento vivo del nacimiento.



Mujeres Portadoras de Vida

Ser canal del milagro de la vida es una de las virtudes de ser mujer, permitir que el cuerpo se transforme completamente, aceleradamente, y con plena sabiduría creando vida, por muy común que sea en nosotros, no deja de ser maravilloso y mágico, cuando una mujer se entera de la venida de un hijo, no pasa por alto tan reveladora noticia... sabe interiormente que algo importante se esta gestando y que en poco tiempo las cosas irán cambiando; maneras de reaccionar ante la noticia; miles…. Los cambios en algunos casos traen gran alegría y en otros gran temor; muchas emociones aparecen y desaparecen en esta nueva etapa de la vida de una mujer. Muchas mujeres conscientes de lo que están viviendo se cuestionan y buscan la manera en que les acomoda ir experimentando cada etapa de esta gestación, del desenlace del parto y de sus capacidades maternales, la fuerza de la vida ordenadora del destino habita en cada mujer y la hace inspirarse y fortalecerse para ser dadora de luz.

miércoles, 18 de enero de 2012

Lo que los bebés aprenden antes de nacer

Por Annie Murphy Paul para CNN
(CNN) – ¿Cuándo empieza el aprendizaje? Como explico en la charla que di en TED, el aprendizaje empieza mucho antes de lo que muchos de nosotros nos hubiéramos imaginado: en el vientre.
Me sorprendí como cualquiera cuando supe eso por primera vez. Escribo sobre ciencia, y mi trabajo es buscar en las turbias profundidades de las publicaciones académicas, indagando algo nuevo y atractivo, una idea brillante que llame mi atención.
Desde hace unos años, empecé a notar una deslumbrante variedad de hallazgos sobre el periodo prenatal. Esos descubrimientos estaban generando considerable emoción entre científicos, incluso si revertían creencias establecidas sobre el momento en que empezamos a absorber y a responder a la información en nuestro entorno. Como periodista de ciencia, y como madre, tenía que saber más.
Esta investigación, descubrí, es parte de un floreciente campo conocido como “orígenes fetales” y está volviendo al embarazo en algo que nunca había sido: una frontera científica. La obstetricia fue en algún momento una especialidad médica dormida, y la investigación sobre el embarazo era campo quieto. Ahora, los nueve meses de gestación son el centro de intensos interés y emoción, son el tema de un número creciente de artículos, libros y conferencias.
El resultado es esto: mucho con lo que una mujer embarazada se encuentra en su vida diaria –el aire que respira, la comida y las bebidas que consume, los químicos a los que está expuesta, incluso las emociones que siente- es compartido de alguna forma con su feto. Esas cosas forman  una mezcla de influencias tan individuales e idiosincráticas como la misma mujer. El feto asume esas contribuciones maternas como información, o lo que me gusta llamar postales biológicas del mundo exterior.
Al atender esos mensajes, el feto aprende a responder preguntas cruciales para su supervivencia: ¿Nacerá en un mundo de abundancia o de escasez? ¿Estará seguro y protegido, o enfrentará constantes peligros y amenazas? ¿Tendrá una vida larga y fructífera o una corta y hostil?
La dieta y el nivel de estrés de la mujer embarazada proveerán pistas importantes sobre las condiciones que lo rodean, son un dedo levantado al viento. Los cambios resultantes en el cerebro del feto y otros órganos son parte de lo que les da a los humanos su enorme flexibilidad, su habilidad de prosperar en ambientes tan variados como la fría tundra en Siberia y los pastizales en la sabana en África.
El reconocimiento de que el aprendizaje en realidad empieza antes del nacimiento nos lleva a una nueva e impactante concepción del feto, de la mujer embarazada y de la relación entre ambos.
El feto, sabemos ahora, no es una mancha inerte, sino una criatura activa y dinámica, respondiendo y adaptándose mediante se prepara para la vida en el mundo particular al cual entrará. La madre no es una incubadora pasiva y tampoco es una fuente de daño inminente para su feto, sino una poderosa y con frecuencia positiva influencia sobre su hijo antes de que nazca. Y el embarazo no es una espera de nueve meses del gran hecho del nacimiento, sino un periodo crucial en sí mismo, “un periodo de montaje o puesta en escena para el bienestar y las enfermedades posteriores en la vida”, como lo dice un científico.
Este periodo crucial se ha vuelto un prometedor nuevo objetivo en la prevención y aumenta las esperanzas de superar los flagelos de la salud pública como la obesidad y los problemas del corazón mediante intervención antes del nacimiento. Al “enseñar” a los fetos las lecciones apropiadas mientras están en el útero, potencialmente podemos terminar con los vicios cíclicos de pobreza, debilidad y enfermedad e iniciar ciclos virtuosos de salud, fortaleza y estabilidad.
¿Así que cómo una mujer embarazada puede comunicar a su feto lo que necesita saber?
Si estás embarazada, come pescado –como sugieren los científicos- pero asegúrate que sea del tipo bajo en mercurio: los ácidos grados omega tres en la comida de mar están asociados con mayor inteligencia verbal y mejores habilidades sociales en los niños. Haz ejercicio: investigaciones sugieren que los fetos se benefician de la actividad física de su madre. Protégete de las toxinas y de los contaminantes, que están relacionados con defectos de nacimiento y menor coeficiente intelectual.
No te preocupes mucho por el estrés: las investigaciones muestran que un estrés moderado durante el embarazo está asociado son desarrollo cerebral acelerado del bebé. Busca ayuda si piensas que puedes estar sufriendo de depresión: los bebés de mujeres depresivas son más propensos a nacer antes y tener poco peso al nacer, y pueden ser más irritables y tener más problemas para dormir. Y –este es mi consejo favorito- come chocolate: está asociado con menor riesgo de sufrir de una condición de alta presión arterial conocida como preeclampsia.
Cuando sostenemos a nuestros bebés por primera vez, los imaginamos limpios y nuevos, sin marcas de vida, pero de hecho ellos ya han sido formados por el mundo y por nosotras. Es mi privilegio compartir con la audiencia de TED las buenas noticias sobre cómo podemos enseñarles a nuestros hijos desde el principio.




Antes de tu primer latido...

Mucho antes de tu primer latido, tu cuerpo ya sabía lo que debía hacer. Cuando apenas eras un diminuto conjunto de células, para vivir, te bastaba con dejarte llevar y dejar que la Naturaleza actuara. Fluir era la clave.
En tu primer gran viaje, fluyendo, llegaste a la cálida cueva que tu madre tenía preparada para ti. En ella, pasaste tus primeros días de vida rodeado de calidez y armonía. En tu nido, podías desarrollarte y crecer sin presión, sintiendo los ritmos de tu cuerpo. No había miedo, sólo confianza.
Déjame que te pregunte ¿cuándo cambió todo? ¿Cuándo dejaste de confiar en ti? ¿Cómo te convertiste en esa persona avejentada de cuerpo rígido y temerosa de todo?
Quizás tu confianza comenzó a quebrarse cuando tu madre supo que estaba embarazada. ¿Cómo reaccionó ante la noticia? ¿Estaba preparada? ¿deseaba tener hijos? ¿pensó en abortar? Puede que tuviera miedo o que deseara una niña, aunque tú ya sabías que eras un niño (o al revés).
Y en aquellos momentos te preguntaste: ¿Qué va a pasar conmigo? ¿Mamá será capaz de quererme y de aceptarme tal y como soy?  ¿Y si ella no me cuida?, ¿estará mi vida en peligro?  Eras un bebé, aún desconocías las palabras, no sabías que aquel horrible escalofrío que había recorrido tu diminuto cuerpo se llamaba terror. En tu situación, no podías hacer mucho más que amoldarte a lo que tu madre deseara, dependías de ella para todo. Aunque tuvieras que renunciar a una parte de tu esencia más profunda, necesitabas que te quisiese para que estuviera dispuesta a cuidarte. Si te comportabas como mamá quería, ella estaría contenta y tú seguirías creciendo. Así lo hiciste y fueron pasando los días, pero aquel fluir natural del principio se hizo más costoso y el ambiente era más denso.
Por otra parte, puede que tu seguridad se viera mermada cuando te obligaron a nacer de forma violenta(contracciones muy seguida, aparatos  terroríficos como fórceps, una cesárea que te arrancó de repente de la calidez del seno materno …) y además, te obligaron a nacer antes de que llegara tu tiempo, aduciendo motivos de comodidad (ya ha llegado a la semana 38, no pasa nada, llegan las vacaciones y me voy de puente, etc.) o de salud (es por el bien de tu hijo, demasiado pequeña, demasiado grande, insuficiencia de líquido amniótico, …).  La verdad es que, de haber dejado a la naturaleza seguir su curso, no habría pasado nada y habrías tenido un nacimiento más armonioso. El sentimiento que te quedó de toda aquella traumática experiencia fue el miedo y, además, desde aquel momento te volviste inseguro y pensaste que era mejor dejar que otros decidieran por ti.
¿Dónde estaba tu madre durante todo el parto? ¿por qué no la sentías? ¿por qué os separaron al nacer? ¿dónde estaban su cuerpo, su pecho y su voz, aquello que tanto necesitabas? Ahora entiendes el miedo a las batas blancas y a los médicos. En aquel tiempo que pasaste en soledad aprendiste a replegarte, a economizar tus fuerzas para mantenerte con vida. Algunos dicen que este es el primer momento de sumisión del ser humano, pero tú sabes que la sumisión puede comenzar antes, ya desde el embarazo.
No obstante, a pesar de todo lo sucedido, aún tenías energía y esperanza para seguir adelante, pero poco después, siendo aún un bebé, llegaron las imposiciones, los desprecios, la soledad y, también, los gritos. Te forzaron a comer cuando no tenías más hambre, a dormir cuando no tenías sueño y a callarte cuando querías hablar. Lo sufrido en el embarazo no fue sino el preámbulo de la dura vida que te esperaba fuera. Después de largos años de resistencia, tu alma infantil se quebró, se hundió, y quedó enterrada bajo capas y capas de duros mandatos. Mandatos que, sin embargo, en aquellos momentos te ayudaron a sobrevivir en el ambiente de violencia en el que estabas inmerso.
Ahora, pregúntate si hoy en día, ya en tu vida adulta, te siguen sirviendo aquellos bloqueos y prohibiciones. ¿Cómo te afectan en tu vida? ¿qué te impiden hacer? Y, sobre todo, ¿hasta cuándo quieres seguir así?.
Aquella parte de tu alma que enterraste en tu infancia, aún está allí esperándote. Conecta con ella y recuerda cómo te sentías cuando en tu vida no había nada que te perturbase. Recuerda cómo la Naturaleza y tu instinto guiaban tus pasos y no tenías que hacer nada salvo dejarte fluir. Sólo debes ser tú mismo de nuevo.
Texto: Ramón Soler
Fuente: Mente Libre

lunes, 2 de enero de 2012

Camino a la maternidad...


Palpita en mi vientre la vida,...flotan, celebran y danzan a mi alrededor la pureza, la protección, la transmutación, la magia, la alquimia, la luz máxima de la existencia, así como también los ecos profundos de las sombras, dudas, miedos y juicios del inconsciente ancestral que también comienzan a aflorar como venidos de otros y antiquísimos tiempos...se elevan como espesas nubes para ser vistos, liberados y transmutados....

Se abren los portales de la vida y de la muerte como unidad, asoman los velos del Gran Misterio...y todo muy enraizado, sentido y encarnado desde el cuerpo, que va acompañando los cambios día a día.

Se torna difícil poder expresar la profundidad de este mágico proceso iniciático que se nos regala a las mujeres al ser como una diosa creadora de vida y representar a la gran madre aquí en la Tierra...tener la posibilidad de gestar vida desde dentro....transitar por este transformador camino de la maternidad.
Infinitas emociones y sensaciones se entremezclan en este viaje, tal como una oruga que se transformará en mariposa, como una doncella que se transforma en reina, como una lunita creciente que se hace llena, plena y resplandeciente...

El ser mamífera se hace una realidad, el olfato se exacerba enormemente, el instinto se hace fuerte, el recuerdo de lo salvaje de nuestra especie aflora por los poros... la fuerza de lo indómito aparece como rayos en la piel....El sentido de lo humano danza con lo animal, el corazón palpita con fuerza yel recuerdo de dónde venimos comienza a revelar la sutil y elevada vibración de este proceso degracia divina y espiritual al sentir un alma nueva anidando en este cuerpo. La Tierra y el Cielo se hacen uno dentro del vientre...

Es realmente exquisita la sensación de vida y el poder disfrutar en paz, amor, contención y compañía de este profundo estado de gracia... una real bendición, ante la cual rendirse con infinita gratitud...

(Escrito por Mahi en MaMatríztica)

sábado, 31 de diciembre de 2011

La otra cara del embarazo

Nos venden (y vendemos) una visión edulcorada de la maternidad y la paternidad: pensamos que un embarazo es ese estado ideal de deseo cumplido en el que no hay que preocuparse de nada más que de su buena marcha; un estado en el que la mamá embarazada se sienta en una mecedora a tejer patucos de lana mientras los meses pasan y el papá acaricia la barriga coon interés.O en el mejor de los casos, un estado en el que la mamá podrá continuar con su vida "normal" y "seguir siendo la misma" pese a todo.
Pero no es cierto, por lo menos, no lo segundo, como tampoco es cierto que para criar hijos baste el cariño. 

En un embarazo normal va a haber  dificultades personales y momentos de tensión y ajuste de los que nadie nos habló hasta ahora.Tanto el embarazo como el parto y la crianza de un hijo son caminos llenos de responsabilidad y nos exigen una capacidad de adaptación y superación constantes, tanto a nivel individual como a nivel de pareja: por eso las personas que somos padres solemos decir que es lo mejor que nos ha pasado en la vida, porque realmente se trata de una oportunidad casi única de crecimiento personal y la gratificación a tanto esfuerzo suele ser igualmente grande. 

No es raro que los padres primerizos aterricen antes de lo que esperaban y sin demasiada preparación, en una maternidad y paternidad que se les revela compleja angustiosa, incierta y dura. 

Y es que desde el momento del “positivo” comienza un proceso en el cual la madre y el padre, para poder seguir adelante, han de aceptar hechos  (físicos y psicológicos) inherentes a su nuevo estado que a veces no les resultan para nada compatibles con la idea previa que tenían de “recibir” al bebé : recibir la barriguita, recibir la sensación de un hijo creciendo dentro de una, ser los protagonistas de un hecho único… sin poner más a cambio que los controles médicos pertinentes, algo de paciencia y mucha ilusión.

¿Y qué se encuentran los papás en vez de eso? Se encuentran con que no sólo no reciben de su futuro hijo, sino que tienen que dar y poner mucho de su parte. Que es el embrión que crece el que tira para sí, el que pide, el que se lleva, el que toma prestado el cuerpo materno para poder llegar a ser  y el que exige, desde ya, unos padres preparados para todo, fuertes y capaces. 

La primera vivencia cuando una aterriza en esta realidad puede ser de alienación, extrañeza, culpabilidad e incluso rechazo. Y no es raro sentir una profunda tristeza durante los primeros meses del embarazo, porque nada es como una pensaba y los días, en vez de envueltos en ecos primaverales, se pasan vomitando, mareada, insomne, llorosa y atrapada en el propio deseo que se hizo realidad. 

Así atraviesan muchos padres su primer embarazo (entre risas y lágrimas) y así van aprendiendo las primeras lecciones de la paternidad. Aprendiendo lo que es la tolerancia al malestar físico. Aprendiendo lo que es dejar de ser uno mismo lo más importante y a convivir con la presencia interna de un “otro” , su hijo, para siempre. Adaptándose a manejar lo imprevisible, lo nuevo.. a bucear en lo totalmente desconocido. 

Y es que para recibir sonrisas, muslos regordetes, dientecitos que asoman y manitas que abrazan nuestro dedo.. primero hay que dar, aceptar y cambiar nuestra antigua piel por una nueva piel: más resistente, más generosa, más animal.  Y es que si no hay transformación no hay vida, no hay maternidad ni paternidad reales, no hay posibilidad de incluir un hijo en nuestras vidas y no hay posibilidad de desarrollo para el niño que vamos a criar.

No prentendo dar una visión negativa del embarazo, sino una visión realista y adulta. Una visión madura y sin pausa para la publicidad. Y una visión también serena, porque no pretendo alarmar a nadie sino más bien poner las cosas en su sitio: el embarazo, parto y postparto son procesos intensos, mágicos y maravillosos, pero no siempre amables. Tampoco quiero culpabilizar: practicamente todos los que somos padres y madres hemos pasado por algo igual o parecido en algún momento, porque paternidad y cambio son dos palabras intrínsecamente relacionadas y nadie nace (ni trae al mundo) sabiendo. 

Por eso, ahora y durante el resto de nuestra vida como padres, es necesario hacer un ajuste constante entre las expectativas personales  y la realidad. Y digo que es necesario porque precisamente en ese ajuste de expectativas reside la posibilidad de disfrutar con lo que uno está viviendo, aunque a estas alturas ya podemos imaginar que disfrutar no debe siempre tomarse en sentido literal, sino más bien como la satisfacción de fondo que obtenemos cuando nos involucramos profundamente con lo que vivimos. A eso es a lo que llaman plenitud.

Violeta Alcocer.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Estar embarazada...

Estar embarazada es estar habitada, es prestarle el cuerpo a otro que es una pero es otro, es entregarse a ese crecimiento en un tiempo acotado pero también eterno porque sus huellas lo transforman para siempre.

Estar embarazada es dejarse atravesar por el misterio inalcanzable de la vida, es inundarse de irracionalidad salvaje, como la vida misma que afirmándose en vos te premia haciéndote formar parte del vértigo de la naturaleza.

Estar embarazada es formar parte del origen de todo porque esas células representan y son todo para una que es una con el todo.

Estar embarazada es vivir a flor de piel, es sentir más y más y más, hasta el fondo.

Es dejarse llevar, es perder el control, es vivir en una cápsula de amor, es saberse casa, cueva, escondite.

Estar embarazada es recibir, alojar, festejar cada milimetro del cuerpo que se estira sin parar hasta que no da más.

Es perderse, encontrarse y volverse a perder en una misma mil veces y siempre más de lo que hubiese imaginado.

Es ser absolutamente privilegiada. Es ir por el mundo respirando creación.

Es sentir una luz adentro permanentemente prendida.

Es que se haga realidad el juego de cuando era chiquita y lo que más quería era ser mamá y que mi bebote de plástico saliera de adentro mio, respirara, usara chupete, fuera suavecito y con pelito de verdad.

Es un estado de vulnerabilidad indescriptible para el que no alcanzan las palabras.


( del blog expansionpersonal.blogspot.com)

La invitación... para dar a luz desde adentro...


(Adaptado del poema “La Invitación”, de Oriah Mountain Dreamer)


No me interesa cuantos libros sobre el parto has leído.
Quiero saber si oyes lo que susurra tu bebé dentro de ti
mientras estás despierta en la cama por la noche.

No me interesa quien eres o de donde vienes.
Quiero saber si la auténtica madre guerrera
se despertará cuando des a luz a tu bebé con todo lo que tienes.

No me interesa si tienes un plan de parto o donde quieres dar a luz.
Quiero saber que enfrentarás tu parto con la mente y el corazón abiertos.
Quiero saber si puedes entregarte al viaje que tienes que hacer
para parirte a ti misma como madre.

No me interesa si das a luz en silencio o con rugidos de una leona.
Quiero saber si estás dispuesta a hacer todo lo que hace falta
para dar a luz a tu bebé, sin dar importancia a como te veas,
a los ruidos que hagas, o a lo que los demás puedan pensar.

Quiero saber si estás dispuesta a viajar
a lo más profundo dentro de ti y atravesar lo desconocido.

No me interesa si te hacen puntos o no.
Quiero saber como te estás moviendo dentro de tu cuerpo
Quiero saber si puedes agradecer cada movimiento de tu cuerpo sudado y dolido.
Y saber que has hecho una cosa maravillosa y milagrosa.

No me interesa como alimentas a tu bebé.
Quiero saber si estás dispuesta a nutrir a tu bebé
desde lo más profundo de tu alma y con amor incondicional.

Quiero saber si en la oscuridad de la noche
Puedes levantar tus huesos y tu espíritu cansados
Y hacer lo que hay que hacer para cuidar de tus hijos.

Quiero saber si estás dispuesta a dejar tus juicios e ideales 

de la madre perfecta 
para entregarte a tu corazón y a tu útero
para amar a tu bebé a pesar de que duela.

De Birthing from Within www.birthingfromwithin.com

Traducción: Sophia Style

Carta desde el interior...



Al principio no fue quizás más que una mirada, un impulso o una casualidad pero fue necesario que un deseo acercase un hombre y una mujer, un espermatozoide y un óvulo, para que mi vida empezase.

Habéis sabido encontraros, uniros, fundiros simplemente el uno en el otro para mezclar vuestra herencia genética, última asociación de información y de genes combinados hasta el infinito de generación en generación desde mis antepasados y los padres de mis antepasados, desde la noche de los tiempos.

Otras veces fue más duro y desde la espera hasta la incomprensión y la frustración, es finalmente una mano médica la que guió el espermatozoide y el óvulo el uno hacia el otro. Puede ser incluso que uno de los dos faltase a la cita pero vuestro amor, vuestro deseo eran más fuertes que todo y la célula que falta fue donada para que yo existiese con vosotros y para vosotros.

En este camino tan complejo, definir precisamente cuándo y cómo todo eso empezó, mi origen, es muy difícil. Es casi imposible pero da igual, estoy aquí, existo.

Sin embargo, el principio fue dudoso. Sin señales, sin vínculos, flotaba en los fluidos de mi madre. Al penetrar el óvulo, el espermatozoide había activado el programa de mi vida pero los dos primeros días, prácticamente sólo estaba constituido por sustancias maternales. Básicamente, es como si fuese un poco mi madre la que funcionaba en mí, función despertada, estimulada por mi padre. Tenía la impresión de no ser yo mismo. ¿Era uno o varios? En esta época, mis células habrían podido separarse y hacernos dos pero lo que ocurrió es que no soy más que uno.

El tercer día, mis genes, los que son realmente míos, se despertaron y comenzaron a organizarlo todo. La primera tarea fue poner en marcha la producción de todos los elementos que serían necesarios para mi desarrollo. Al cabo de algunos días, afortunadamente la producción se puso en marcha ya que las reservas maternales se estaban agotando.

Este desarrollo, esta construcción de mí mismo iban a ser tan extraordinarios, tan inmensos que mi autonomía en ese momento no me habría permitido asumirlo completamente solo. Necesitaba encontrar una ayuda, una fuente de energía, una fuente de vida. Yo me puse pues a fabricar unas células especiales, un tejido hecho para engancharme a ti.

El séptimo día, estaba listo y como tú te habías preparado para acogerme, salí de mi cascarón para implantarme dentro de ti, ocultarme en la pared de tu útero donde empezamos un diálogo que mezcla nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestra agresividad, nuestras fuerzas, nuestras debilidades, nuestras contradicciones, es decir, un diálogo digno de las más dificiles negociaciones internacionales. Contigo construí este límite entre nosotros dos, esta zona de circulación e intercambio, la placenta que me alimenta mientras esté en ti y sin la cual no existiría. El asunto no era simple, ¿cómo podías tolerar, aceptar este otro ser dentro de ti? Este otro ser que te pediría tanto y que un día te dejaría para ser dueño de sí mismo. Cuerpo ajeno al tuyo, normalmente tu cuerpo tendría que rechazarme pero comprendió que aceptarme era aceptar la vida, mi vida, tu vida y me guardó.

Una vez oculto en ti y resueltos estos problemas de cohabitación, necesitaba ocuparme de mí mismo. Había guardado algunas células de reserva en un rincón, estas famosas células madres de las que se habla tanto. Es muy normal después de todo porque en el fondo son ellas las que me crearon. Como la misión era inmensa, se dijeron que no la cumplirían solas, ellas también se hicieron dos y luego tres. Crearon los tres tejidos fundamentales, los tres materiales necesarios para la construcción de mi cuerpo.

Como en todas las obras, estos materiales estaban amontonados, en una pila, pero muy rápidamente los unos jugaron con los otros para darme una forma, para construirme, para crear todas las partes de mi cuerpo. Esta génesis fue una nueva aventura intensa y palpitante llevada a cabo no sin vacilación, incertidumbre o errores, aparentemente en el mayor desorden, pero yo sabía lo que quería, sabía dónde ir.

En lo que más he dudado, es sobre mi sexo, ¿sería niño o niña? Los dos son tan atractivos que me habría gustado ser uno y otro. Negándome a elegir, me he fabricado unos órganos genitales que ofrecen las dos posibilidades. Habría continuado muy a gusto en este sentido, pero en este punto la historia de mi especie se impuso. Para ella, no hay futuro sin sexo, hay que decidir. Entonces, recibí una señal del cromosoma Y; si tenía uno, transformó mis gónadas en testículos los que por sus secreciones hicieron de mí un varón. O entonces, sin esta señal o si no se manifestara en el momento oportuno, me convertí naturalmente en una mujer ya que si reflexionamos bien, ¿la feminidad no es algo profundamente natural en cada uno de nosotros?

En cualquier caso, yendo las cosas a buen ritmo, en dos meses todo estaba prácticamente en regla. Estaba enteramente formado, estaba completo. Algunos de mis órganos estaban ya muy activos como el corazón, otros estaban en reposo como los pulmones, otros finalmente emprendieron una maduración lenta y progresiva como el cerebro pero todos estaban allí.

Tenía dos meses y de embrión pasé a ser un feto. En adelante no me queda más que crecer y volverme apto para desenvolverme completamente solo fuera de ti. A partir de ese momento también tu cuerpo cambió profundamente, mi presencia en ti se hizo tan visible que atrajimos las miradas, las preguntas, algunas veces las envidias de los otros. La belleza de tu cuerpo entonces sublimada fue puesta en escena.

Cuando pensamos que algunos querrían evitar este maravilloso momento de nuestra vida proponiéndonos úteros artificiales… ¿Podemos imaginar el mundo sin esta belleza? ¡Bienvenida la vida!



Pierre Jouannet
(Las fotos pertenecen al libro "De un mundo a otro", y la carta es de la página de presentación de dicho libro...)

martes, 27 de diciembre de 2011

¿La dulce espera?

“El mundo está lleno de mujeres embarazadas. Hubo y habrá muchísimas más. Sin embargo, cuando la panza es nuestra, otra es la historia, una historia única como cada una de nosotras"
De pronto se opera paulatinamente en nuestro cuerpo una metamorfosis, no por habitual menos impresionante que la de Kafka. Antes de que nosotras mismas nos enteremos de la noticia, nos pasan un montón de cosas; sabemos -sin saber- que algo no funciona como hasta entonces.
Nos descubrimos tragando con dificultad, o con cara de asco ante determinados alimentos; nos sorprende el calor de nuestros pechos, o la sensibilidad inusual de los pezones; nos mareamos cuando nos levantamos de golpe; o nos dormimos en el colectivo... El cuerpo está trabajando a full y nos cansamos mucho; recorremos con los ojos cerrados el trayecto hasta el baño en la madrugada, nos falta el aire.
Nuestro olfato se agudiza; podemos distinguir los condimentos de un guiso que está haciendo el vecino, aborrecer el dentífrico que usábamos hace años o adivinar la marca de desodorante de una persona que se detuvo un instante a preguntarnos la hora. El cigarrillo suele dejar de interesarnos, aún cuando hemos sido acérrimas fumadoras.
Si después de percibir uno o más de estos síntomas no corremos a comprarnos el test... es porque teníamos uno en casa. Baño, recipiente, una muestra de orina y, seguramente, dos rayitas rosadas... Felicitaciones!!! Desde el preciso instante en que aquel espermatozoide entró en nuestro óvulo y lo diferenció de los otros para siempre, ya nada volverá a ser lo mismo...



¿La dulce espera?
Ahora comenzamos a entender lo que nos pasaba; él causante de tanto alboroto interior, dentro de aproximadamente ocho meses estará durmiendo a nuestro lado. Pero ocho meses son ocho meses, y van a pasar muchas cosas más...
Del desarrollo fetal y sus diferentes etapas no vamos a hablar porque abundan materiales sobre el tema, con fotos deslumbrantes e increíbles. Vamos a hablar de la mujer, de sus cambios, sus emociones contradictorias y sus cavilaciones; de sus noches durmiendo despierta, sus expectativas y sus miedos; de su espera, que no siempre resulta tan dulce...
Ya nada volverá· a ser lo mismo, dijimos, y nada más cierto que eso. Tendremos que acostumbrarnos a otros ritmos, otros pasos, otro cuerpo; a otras posiciones para dormir, para atarnos los cordones, para subir y bajar del auto o para hacer el amor. Por más flacas que seamos, vamos a redondearnos, a ensancharnos, a sentirnos más pesadas mes a mes, hasta parecernos más a un hipopótamo que a una garza.




Nuestra imagen corporal interna no cambiará tan rápido, por lo que nos sorprenderá el volumen de nuestro talle y, más de una vez, querremos ponernos ropa que ya no nos cierra sin poder creerlo. Tendremos más hambre, volveremos a servirnos leches y haremos otra tanda de tostadas. A media mañana estaremos otra vez famélicas, y abriremos la heladera desconcertadas, miles de veces. Poco a poco nos transformaremoAmaremos a nuestra pareja por "llenarnos" con ese fruto que nos hace capaces de dar vida, o la odiaremos por producirnos náuseas, fatiga o hemorroides... s. A veces el espejo nos devolverá una imagen maravillosa, pero otras no sabremos quién es esa gordita que se parece a nosotras. Nunca volveremos a ser tan incoherentes (salvo que volvamos a estar embarazadas).

"No puedo, estoy embarazada"
Si nuestro temperamento nos lo permite, aprovecharemos la situación para manejar a los otros, para hacernos servir y movernos menos que nunca. Por el contrario, si siempre hemos sido activas u omnipotentes, nos desgastaremos en el intento de no aceptar ayuda y demostrarles a los otros que "estar grávida" no es estar enferma.
Entonces probablemente hagamos más cosas que nunca, pongamos cortinas, pintemos el cuarto del futuro bebé, trabajemos diez horas diarias o vayamos caminando a Luján. Hay que reconocer que ninguno de los dos extremos es necesario. Cuando se está embarazada no hace falta permanecer en reposo absoluto sin prescripción médica, ni tampoco hacer como si nada y comenzar a practicar alpinismo o anotarse en el Triatlón como un absurdo desafío personal.
El bebé está ahí y merece respeto. Animarse a vivirlo Vale la pena atravesar el embarazo, paso a paso, sin desperdiciar nada. Las emociones que irán cambiando, el cuerpo, la relación con los otros, que aunque sin conocernos nos cruzan por la calle y nos tocan la pancita... Todo es nuevo. De pronto nos sentimos cuidadas por muchas personas que están a nuestro alrededornos acompañan paso a paso, en las novedades ("Parece que tiene pitito"), en los miedos ("Hoy tuve una manchita de sangre en mi ropa..."), en la ansiedad ("Faltan dos meses y todavía no se dio vuelta..."). Para muchas mujeres, más de las que uno imagina, el período del embarazo no es agradable. Lo padecen con toda la connotación de la palabra, lo viven como una carga, sufren porque se sienten feas. Como dijo un día una mamá en un grupo de Post-Parto de los que habitualmente coordino: "Todo el tiempo pensaba que mi marido salía con otras mujeres, ¿cómo le iba a gustar yo, que me sentía gorda como una vaca?"
Esta mujer de 23 años había aumentado en el embarazo sólo 9 kilos, y estaba esperando mellizos, o sea que objetivamente era un buen peso; pero ella se veía en una escala particular que, comparándose con otras, la llevaba a desvalorizarse. Muchas mujeres se "enganchan" con los aspectos particularmente problemáticos del embarazo, como el peso, las varices, entre otros. Dejan de lado -sin querer, por supuesto- todo lo positivo que éste puede tener, como atraer nuevas miradas, vivir la expectativa de un ser que se está gestando en nosotras, etc.
Verdad es que no todas podemos sentir lo mismo, y que cada embarazo está relacionado con diversos factores que lo hacen particular y único, aún cuando se trate de distintos embarazos en la misma mujer. Llegar a buen puerto De una u otra forma, la idea es conseguir el objetivo buscado, el hijo es lo que cuenta. Muchas mujeres han dicho alguna vez "Yo ni loca haría tantas cosas para llegar a término con un embarazo", ya en el baile, ni lo dudan. Lo que se quiere es ése hijo, y no importa lo que cueste. Cuando no hay complicaciones todo es más fácil, pero nunca es del todo sencillo. Un embarazo es un momento especial donde el cuerpo y el psiquismo están sometidos a cambios constantes de todo tipo, y ésto no es poco.
Lo importante es, sea cual sea la circunstancia que rodea a la espera, ponerse unos anteojos del color que más nos guste, para mirar cada momento con optimismo, y llegar con una sonrisa al puerto donde nos encontraremos con ese nuevo gran amor: el hijo.


Texto extraido del libro "La Aventura de Ser Mamá" (Editorial Nuevo Extremo).

Manifiesto maternal

Este manifiesto fue gestado y parido por Jesusa Ricoy- Olariaga, ¿te unes?, estoy segura que expresa lo que sientes como madre.
 MANIFIESTO PARA LA REVOLUCIÓN MATERNAL
Dedicado a todas las madres, a las comadronas, a los profesionales de las maternidades, a las mujeres, a nuestros hijos, pero sobre todo a madres reales que día a día escriben, hablan y organizan eventos desde la maternidad que les ha hecho saber que son capaces de parir mundos. Pero dedicado en especial a Nohemi, Ileana y Ana Isabel y a mis doulas Isabel y Nuria.
No pedimos disculpas ni pedimos permiso, de hecho no pedimos absolutamente nada.
Establecemos aquí y ahora que:
Nuestro cuerpo es nuestro y no un escaparate, ni un invento, ni una moda de otros.
Nuestro embarazo es nuestro y es un periodo en la mayor parte de las veces de salud y felicidad y no un continuo desasosiego.
Nuestro parto es nuestro y es un momento sagrado y de transición que requiere el más absoluto respeto. No se nos maneja, ni dirige, ni se nos interviene a no ser que sea absolutamente necesario, por comadronas que entienden y se han informado sobre esta necesidad.
Nuestra leche es nuestra, es irremplazable no entiende de intereses económicos, es nuestra historia, nuestro arte, nuestra cultura, nuestro vínculo y nuestra supervivencia.
Nuestros hijos son nuestros y no del Estado. Las decisiones en torno a su crianza y educación deben estar libres de presiones politicas, económicas o sociales.
Nuestro futuro es nuestro y la mujer para poder ser libre debe también serlo como madre, si el feminismo que nos trajo hasta aquí se dejó un trozo de nosotras en el camino no estamos en ningún sitio, no existimos.
Somos mujeres como colectivo, como hermanas, como tribu y no podemos perdernos por el camino.
Desde el útero, desde las entrañas y con el bebé en el brazo exigimos:
* Acabar con la promoción de falsos estereotipos de belleza, inventados por las industrias de la moda y de la pornografía y generados por ordenador .
* La integración social de la maternidad.
* La normalización del pecho como fuente de alimento de nuestra especie y contacto físico necesario para la madre y el bebé. Que la leche artificial se dé unicamente bajo prescripción facultativa.
* Que las madres puedan disfrutar de su maternidad y amamantamiento sin presiones económicas, políticas o sociales
* Que la mujer dé a luz en libertad y sin presiones externas, es decir, en su casa o en el hospital, y en sus propios términos siendo informada de sus opciones.
* Nadie puede tocar y mucho menos alimentar a nuestros bebés sin permiso y nadie puede interferir en nuestro espacio o tiempo para estar con nuestros bebés.
* Que la crianza y educación de nuestros hijos sea una prioridad social, re-evaluada y entendida desde el punto de vista fisiológico y respetando siempre las necesidades emocionales de los niños.
* Que los bebés y los niños sean amados y respetados socialmente, cualquier publicidad, publicación o similar que implique que el niño es un estorbo social es denigrante.
* Que la promoción y utilización de guarderías y centros en los que dejar a bebés menores de dos años se regularice teniendo en cuenta las necesidades fisiológicas y alimenticias del bebé recomendadas por la OMS y otros organismos similares, si para ello hay que alargar la baja maternal que así sea.
* Que la familia sea respetada y apoyada como lo que es, la base social que genera el futuro.

Ansiedad... de tenerte en mis brazos...


Me quiere…no me quiere…quiero…no quiero…en este momento…después…jamás!!!???
…vale la pena…mejor no…ahora o nunca…"
Alguno de estos pensamientos o casi todos o todos deben haber precedido a esa hermosa panza que de una manera u otra llegó a tu cuerpo y una vez tomada LA DECISIÓN…un mundo de ansiedad te tomó por entero.
Es por el bebé y las ganas de tenerlo o es algo más???

Qué si…que no…
Llega un momento en la vida de uno en que la pregunta se instala o al menos el coqueteo con la situación.
Vemos que otros sobrevivieron.
Que siguen más o menos vivos.
Al menos así parece.
Además los vemos con un orgullo y una baba que todavía no hemos tenido por nada de lo que hicimos en la vida…
Será que REALMENTE como dicen casi todos los que han sido padres no se puede explicar con palabras…???
Pero también los oímos quejarse…que no duermes que no comen ni con M ni con G… y esta segunda variante, es la que más nos asusta!!!
Entonces, si escuchamos la parte que relatan con alegría y vemos al hermoso bebé -que es lindo por más feo que sea- en los brazos de la mujer de nuestro amigo, y la vemos darle la teta, y nos encaramamos en esa imagen de plenitud…nos tienta la idea y nos vienen las ganas, y la ternura posible se asoma por todas partes, aunque tratemos de empujarla para el fondo de nuestra casa.
Pero si escuchamos la oficina de reclamos y cuando se van juntamos todo lo que se quejó ella con todo lo que se quejó él volvemos a tentarnos con alquilar una película, comer pizza en la cama y hacer el amor -a conciencia- hasta que se nos caiga el moño.

Y bueno…"que sea lo que DIOS quiera"
No sé qué día dijimos o no dijimos eso, pero algo pasó, y lo que pasó se dibujó con dos rayas rosadas un día en nuestro baño…
Y de ahí en más la ansiedad y nuestra alma pasaron a ser íntimos amigos.
Las sensaciones que describen las alumnas con las que trabajo en las Reflexiones posteriores a la Gimnasia en los grupos de embarazadas, o las pacientes y los pacientes que atiendo en relación a su futura maternidad o paternidad son múltiples y variadas.
Las mujeres en general tienen una dualidad que las leva a estar muy "felices" pero a la vez muy "preocupadas".
Los cambios de humor, y la incoherencia en sus actitudes y sentimientos se transforman en una condición casi permanente.
Los cuestionamientos, las fantasías, las dudas e incluso por ratos el arrepentimiento de la decisión tomada o de la decisión que la tomó a ellas, son una constante en la mayoría de las mujeres que cruzan una gestación.
Y aquí no hay mucha diferencia a veces entre las que lo buscaron incansablemente, y las que lo lograron de un día para el otro.
 
"Estoy muy ansiosa"
De alguna manera sería lógico que ante tantas novedades y tantos cambios que se suman a la vida se genere una sensación de ansiedad.
La misma a veces se canaliza con llanto, otras con trastornos en el sueño, otras con la comida…
A veces es mal humor, a veces irritabilidad a veces desgano…
El problema se instala cuando esta sensación no permite ver en perspectiva, todo lo pone en primer plano y lo cotidiano se complica, y se hace tedioso llevar adelante los compromisos preexistentes, o los nuevos compromisos.
A veces esta ansiedad se transforma en angustia, y esa angustia en culpa, por no poder disfrutar de este momento, que había sido de alguna forma soñado, como uno de lo que seguramente sería el más pleno de la vida.
Un cierto nivel de ansiedad es esperable, si se pasa de la raya y hace que la mujer se sienta mal anímicamente con frecuencia o permanentemente, ya es algo para consultar y tratar.
Allí evidentemente no solo es las ganas de tener al bebé lo que aparece, sino el temor por lo desconocido, que se agiganta y paraliza.
¿Cómo encontrar el equilibrio?
Una vez aceptado el nuevo estado, una vez elegido el equipo médico que nos acompañará, y fundamentalmente estar al día con la tranquilidad que brindan los controles, las ecografías, y demás estudios de rutina, debería bajar esa sensación y darnos aire para estar tranquilas.
Hay formas de entrenar el ánimo para que sea más fácil de convivir con él.
La consulta Psicoterapéutica es una de ellas, allí en un encuadre adecuado, se despejan dudas nuevas y viejas, se acomodan las emociones, se ordenan la variedad de emociones que nos asaltan.
No hace falta estar "loca" para acceder a una consulta con un profesional entrenado en estas áreas.
La consulta preventiva o a tiempo puede ayudar a calmar las aguas a abrir espacio para hablar en profundidad de los miedos las dudas, brindarle espacio a la incertidumbre…
También es bueno integrarse a grupos adecuados y especiales para mujeres que están pasando por la misma experiencia.
Allí mientras se fortalece el cuerpo haciendo Yoga o Gimnasia o Eutonía o la técnica que se elija se fortalece al espíritu.
Se siente uno que no está solo, se compara, se observa, se mira y se mima, se da lugar.
A la vez aprende, crece se forma de una manera nueva a la espera de recibir todos los cambios que van a acontecer con mayor plenitud.
Otra manera es si se está en pareja mantener un diálogo sincero y fluido con él.
Dar a conocer las emociones por más contradictoria que parezcan por ahí permite la sorpresa de descubrir también de una forma diferente a ese hombre que creíamos conocer que ahora en virtud de ser padre, se ve atravesado por nuevos sentimientos.
M o r a l e j a
No hay que cerrase por las nuevas sensaciones por más contradictorias que parezcan, hay que darse el permiso para sentir lo que sentimos.
Es bueno tomar este complejo proceso del embarazo con la seriedad que merece y hacer cosas concretas para pasarlo de la mejor manera posible.
La ansiedad es inevitable, recibámosla pero no le demos todo el lugar.
Busquemos el bienestar, que hay muchas maneras de encontrarlo, aún en situaciones complejas.

Adriana Penerini