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martes, 6 de marzo de 2012

Amar al segundo hijo...


Cuando una amorosa mamá, dedicada a su primer hijo y llena de él se enfrenta a un segundo embarazo muchos temores pueden aparecer. Aunque el amor se multiplica y se amará al segundo hijo como al primero, sin duda puede haber cierto trastorno en las relaciones cuando llega el segundo bebé.
Cuando nace el primer hijo de una mujer no solamente nace un niño, también nace una madre y ella vive esta nueva dimensión de su personalidad como algo muy profundo y poderoso, que puede cambiar toda su concepción del mundo y de si misma. Entregada al vínculo se encuentra que todo puede cambiar con la llegada del segundo hijo.
Ya no podrá entregarse por completo al que ha sido hasta ahora su gran amor, y tampoco podrá tener una completa unión con el segundo que deje al primero fuera de la relación materno-filial.

Los sentimientos de la madre

Pese a que durante el embarazo y en los primeros momentos pueda haber sentimientos contradictorios hacia los dos hijos y hacia una misma, miedo a no amar suficiente o a no llegar a atender a ambos, normalmente las madres son capaces de reconstruir las relaciones de la familia de una manera que de acogida a todos en una nueva manera de entender el amor y la comunicación.
El segundo hijo llega, sea planificado o no, en un momento diferente de la vida de esa mujer y le hará relacionarse con él y sentir emociones diferentes posiblemente a las que experimentó con el primero. Tendrá menos temores pero también menos tiempo, más experiencia pero también menos disponibilidad.
En algunos casos hay una cierta culpabilidad y angustia, pero en otras el niño mayor es percibido como molesto o desarrolla comportamientos regresivos o de llamada de atención ante sus padres, dificultando la comunicación en la nueva forma que ha tomado su familia.

La edad del primer hijo influye

La forma en la que el hijo mayor reacciona ante la llegada del bebé no es siempre previsible aunque, sin duda, aspectos madurativos son importantes.
Algunos niños muy pequeños se adaptan bien en apariencia al nuevo bebé siempre que la familia cuente con apoyos para atenderlos a ambos, pero sin duda las mamás se sienten especialmente agotadas si tienen que cuidar a dos bebés que no caminan, usan pañales o tienen despertares nocturnos.
A partir de los dos añitos las cosas podrían ser más sencillas, pero muchas veces los pequeños no son capaces de expresar sus sentimientos contrapuestos hacia el hermanito que les quita atención de sus padres. Los padres, a veces, en vez de entender que su hijo se siente asustado y solo y que no está preparado para compartirlos, se enfadan con él cuando se pone más caprichoso de lo normal, tiene regresiones, pesadillas o berrinches. Algunos vuelven a hacerse pipí o se muestran agresivos, todo motivado por el deseo de recuperar más atención y no saber decirnos cuanto nos necesitan y como querrían a veces que nada hubiera cambiado.
La comprensión es fundamental para ayudarles a pasar esta crisis personal. El hermanito no es su responsabilidad e, incluso si lo “pedían” no es sorprendente que lo encuentren un poco decepcionante, ya que no sirve para jugar con él.
La pareja, la familia o los amigos cercanos tienen entonces un papel importante, acompañándolo en ratos y ayudando para que la mamá pueda también disponer de ratos en los que le dedique mimos y atención exclusiva.
Es mejor que el nacimiento del segundo no suceda a la vez que otros importantes cambios en la vida de un niño: dejar el pañal, pasar a su cuarto o entrar en la guardería, para evitar que tenga que enfrentarse a situaciones de tensión acumuladas.
Para los niños a partir de los seis años suele ser más sencillo, ya que no están tan necesitados de atención constante, tienen amigos e intereses con los que pasar el tiempo cuando su madre no puede estar con ellos. También, por supuesto, tienen una mayor maduración física, emocional e intelectual que les va a permitir entender la nueva situación. Sin embargo no podemos descartar que sientan celos, sobre todo si les empezamos ahora a exigir que cuiden del hermanito sin desearlo ellos o a que se comporten como “mayores” todo el tiempo.
No hay un momento ideal para el segundo nacimiento que pueda ser aconsejado, cada familia tiene sus ritmos, prioridades y necesidades, pero en general es conveniente planificar ese nacimiento cuando madre, padre e hijo mayor estén preparados para organizar su tiempo y sus emociones dándo cabida al nuevo miembro. Pero una cosa ese segura, amar al segundo hijo no va a ser un problema.
Mireia Long En Bebés y más

lunes, 2 de enero de 2012

El segundo hijo



Es cierto que la edad de los progenitores, sobre todo de la madre, en los últimos años, es un factor que está influyendo mucho en adelantar e incluso forzar la llegada del segundo hijo. Muchas son las mamás de más de 35 que viven una lucha interna entre la calculadora y el instinto: quizá desean esperar un poco para plantearse el volver a ser madres, pero la medicina y la sociedad en general las presiona para afrontar de forma más racional la maternidad. En realidad, la racionalidad está frontalmente reñida con la concepción, (que es algo que sucede precisamente gracias a la conexión con los planos más profundos e instintivos del ser humano) pero, tal y como está planteada la vida moderna, a la mayoría de las mujeres y hombres parece que no nos queda más remedio que abordar nuestra capacidad reproductiva haciendo números (aunque para tranquilidad de las lectoras, la gran mayoría de madres mayores de 35 años dan a luz a niños completamente sanos y el embarazo transcurre sin mayores problemas).

La calidad de las relaciones familiares (tener una buena relación con el primer hijo, disfrutar de los momentos en familia, etc..) y de pareja (afectividad, sexualidad, nivel de intimidad..) obtenidas tras la llegada del primer hijo y el nivel de satisfacción con la propia vida (desde tener un nivel decente de ingresos, hasta la flexibilidad laboral o el apoyo familiar) son también factores que influyen o más bien que animan a que el deseo de otro hijo llame a la puerta. En este sentido, la situación afectiva personal, es decir la estabilidad, la energía y la madurez obtenidas tras el primer hijo son factores que precipitan de forma importante el siguiente embarazo.

Aparte de las consideraciones prácticas o afectivas referidas a los padres , el momento ideal para la llegada del segundo hijo debería ir en consonancia con la situación afectiva del primero.
Si todo va sucediendo con cierta normalidad y los vínculos madre-padre-hijo han sido sanos, lo natural es que alrededor del segundo año (esto quiere decir que puede ser tanto al año y poco como a los dos y mucho) nuestro primogénito comience a dar señales del comienzo de un proceso de separación afectiva de la madre, que hasta ese momento ha sido su principal fuente de alimento emocional.
Esto significa que el bebé poco a poco deja de serlo y que en su mundo empieza a haber cabida para otros y espacio para nuevas experiencias y contextos vitales.

En cualquier caso, son también muchos los padres que repiten experiencia antes de que el primer hijo haya dejado de ser un bebé: afrontan el reto de criar a dos seguidos, se comprometen al cien por cien con la experiencia, buscan apoyos.. y el resultado es igual de bueno que cuando los niños se llevan más tiempo entre ellos: los pequeños tienen que compartir su territorio emocional (mamá), pero a cambio crecen en un clima de intercambio constante con un igual, en este caso su hermanito, que les estimula y enriquece de forma importante.
Y también son otros muchos los que esperan varios años antes de ir a por el segundo, que crece con todas las ventajas de un hijo único pero se beneficia de la protección y el ejemplo de un hermano mayor.

Por eso, más que el momento (que no deja de ser importante), lo que garantiza el éxito en la segunda paternidad es lo que tienen en común todos estos padres: estar comprometidos con su decisión y poner todo de su parte para que sus hijos crezcan felices.
Los hijos únicos tienen fama de infelices, egoístas, etc.. pero la realidad es bien distinta: la sociabilidad, la inteligencia y la estabilidad emocional dependen de unos padres y una familia que sepan dar amor y respeto, no de la presencia de un hermano.
Por eso, y aunque a veces salga bien, la experiencia nos demuestra que lo que funciona a la hora de decidirse por un nuevo embarazo es el auténtico deseo de volver a ser padres y no la idea de “darle un hermano” al mayor.

¿Qué hay que saber? Mitos y realidades:

*Hay que preparar al hermano mayor (Verdadero)

En realidad, más que prepararle, hay que compartir con él la situación de forma natural, respetarle y ayudarle a encajar el cambio.
El hijo mayor se va a dar cuenta en seguida de que se avecina un cambio: lo va a deducir rápidamente a través de nuestras conversaciones, nuestra energía, nuestras palabras y nuestras acciones (además de por la barriga que crece). Va a saber que “algo pasa” casi desde el primer momento. Y casi desde el primer momento es conveniente decirle la verdad de lo que hay.
La idea es compartir en familia todo el proceso, pero sin forzar conversaciones (cosa muy habitual) ni tampoco evitarlas.
Compartir el embarazo con el hijo mayor signfica ser conscientes de que su vivencia de la situación no es para nada igual a la nuestra: en primer lugar, porque un niño pequeño dificilmente podrá imaginar lo que es un bebé, a menos que tenga algo más de cinco o seis años.
Por eso, es importante comprender que no podemos exigirle a nuestro primer hijo que sienta lo que nosotros queremos (alegría, ilusión, curiosidad, entusiasmo) respecto a un posible embarazo: normalmente esta exigencia es fruto de nuestros miedos y de nuestra necesidad de saber que el hermano mayor no va a sufrir con la llegada del pequeño.

*Reviviremos la experiencia de nuestra primera paternidad (Falso).

Nada, ni el embarazo, ni la concepción, ni los primeros meses ni lo que viene después, va a ser igual con el segundo que con el primero.
Esto quiere decir que los padres, ante la perspectiva de un segundo hijo, deberíamos ser conscientes de que la vivencia no va a ser la misma y que tenemos que estar preparados para volver a movilizar todos nuestros recursos ante el cambio que se nos avecina.
Por ejemplo, nos va a resultar muy difícil, cuando no imposible, vivir el puerperio (postparto) con la plenitud que lo vivimos con nuestro primer hijo: la razón es que con otro niño en casa (y en nuestro corazón) difícilmente podremos abandonarnos al universo del bebé y olvidarnos del resto del mundo. Esta vez, tenemos que dejar una lucecita encendida. Si esperamos vivir el postparto de la misma forma en que lo hicimos con nuestro primer hijo (intimidad, plenitud, tiempo infinito para conocernos, etc..) seguramente nos frustraremos. Si nuestro primer hijo nos enseñó a “desconectarnos” del mundo para centrarnos en la experiencia de nacer como madres… la llegada de nuestro segundo hijo nos enseñará el arte de convivir con varios deseos y necesidades a la vez .
Si afrontamos la nueva paternidad sin demasiadas expectativas (cosa difícil, porque venimos de una experiencia que muy similar que nos invita a pensar que todo va a ser igual) y adoptamos una actitud y flexible, será mucho más fácil afrontar y superar con éxito esta segunda e intensa experiencia.

*Nosotros ya estamos organizados y todo será más fácil (Verdadero).

Es cierto, en los aspectos prácticos, la cosa ya está rodada y eso facilita muchísimo las cosas. Sabemos por experiencia que para criar a un bebé se necesitan menos de la mitad de las cosas que compramos en el primer embarazo (y que ya hemos regalado a amigas primerizas), y las que se quedaron en casa (una trona estupenda, la mochila portabebés, un montón de ranitas de algodón, el sacaleches, las mantitas de lana que hizo la abuela y una pila de juguetes geniales..) están listas para ser reutilizadas.
Sabemos cómo manejarnos con la ayuda externa (la deseada y la no deseada), nos hemos pateado todos los parques y zonas infantiles del barrio, estamos suscritos a la gaceta de ocio infantil de nuestra ciudad y tenemos un imán en la nevera con el teléfono de las urgencias (y un pediatra estupendo).
Sin duda, mucha de esa energía que dedicamos a “convertirnos” en padres tras el nacimiento de nuestro primer hijo, ya no tendremos que gastarla porque el camino, en ese sentido, ya está hecho.

*El hemanito mayor tendrá celos del pequeño (Verdadero).

Muchos y muy variados son los sentimientos que afloran con la llegada del segundo hijo. A menudo, son sentimientos duros, que nos confunden y dificultan nuestras relaciones familiares: culpa, sensación de abandono, decepción, rechazo, rabia, tristeza o celos.. son algunos de ellos. El hecho de que los sentimientos negativos hagan su aparición en nuestras relaciones, no significa que las cosas no vayan por su camino. En el caso de los hermanos mayores, los celos pueden estar llenos de pequeños matices que merece la pena descubrir y atender: necesidad de seguir siendo pequeño, miedo de no ser querido, rabia por tener que compartir a los abuelos, agobio por verse demasiado exigido, etc.. Si nos quedamos sólo con la palabra “celos” y no hacemos el esfuerzo de ver lo que hay más allá, puede que dejemos en el tintero las razones más profundas del malestar de nuestro hijo mayor.
Cuando aumenta la familia, todos, grandes y pequeños, tenemos que reubicarnos en la nueva situación y asumir (no sin dolor) que algunas cosas no volverán a ser como antes. Esto es una realidad y atravesarla es necesario para poder acceder a una nueva dinámica familiar. Por eso, los celos, tengan la forma que tengan, no son más que partes del camino que vamos a recorrer juntos.

Violeta Alcocer 
Ilustración: Gustavo Pinela.



viernes, 30 de diciembre de 2011

Hermanos: la ventaja de crecer juntos




A las mujeres nos sucede con frecuencia que, embarazadas por segunda vez, tenemos la sensación y el temor de que no podremos amar a un “otro” tan profundamente como amamos a nuestro hijo ya nacido. Es tal la potencia del amor, la vivencia completamente nueva desde que hemos devenido madres, que creemos que será irrepetible tamaña intensidad. Sin embargo, el corazón de las madres no se divide, sino que se multiplica con cada hijo que nace. Esto lo comprobamos recién cuando el segundo hijo ha nacido y el amor se instala con la naturalidad y el derroche de antaño. Una vez que hemos comprobado que no hay peligro, que podemos amar a dos hijos, luego a tres o a cuatro…desplazamos ese temor en nuestros propios hijos: suponemos que “ellos” no podrán amar a otro. Y que la presencia de un hermano, necesariamente será en detrimento de no sabemos bien qué, pero que será vivido como un hecho negativo para ellos.

A partir de ese momento, cualquier actitud molesta del niño, cualquier rabieta, llanto, enfermedad, mal humor, enfado, insatisfacción o inquietud, la interpretaremos desde el punto de vista del dolor o la incomodidad que supuestamente le ocasiona el hermano. Sin embargo, todos sabemos internamente que no hay nada más maravilloso que el nacimiento de un hermano, que es el ser más par, más cercano, más “hermanado” que tendremos a lo largo de la vida. Y si los padres decidimos tener más hijos para amarlos, lo lógico es compartir ese fin con nuestros hijos ya nacidos para ampliar y aumentar nuestro campo de amor. 

La hermandad como experiencia concreta puede llegar a ser una de las vivencias más extraordinarias para un ser humano. Sin embargo tener hermanos no es garantía de que esos lazos de amor y proximidad emocional se instalen. Ni siquiera influye positivamente o negativamente que tengan poca diferencia de edad entre ellos o mucha, que sean del mismo sexo o que compartan habitación. La hermandad en su sentido profundo podrá desarrollarse siempre y cuando los padres sean capaces de atender las necesidades de unos y otros sin rotularlos, sin encerrar a cada hijo en un personaje determinado, sin considerar que uno es bueno y otro malo, uno inteligente y otro tonto, uno veloz y el otro lento. Esas afirmaciones aparentemente inocentes que los adultos perpetuamos durante la crianza de los niños, las utilizamos sin darnos cuenta para asegurarnos un rol estático para cada uno. Cuando un niño comprende que según sus padres es inteligente, o responsable o distraído o agresivo o terrible, intentará asumir ese papel a la perfección. Es decir, será el más terrible de todos o el más valiente de todos. Habitualmente cada hermano tendrá asignado un personaje para representar, alejándolo de ese modo de su propio ser esencial y también del ser esencial de cada uno de sus hermanos.

Por eso, nos corresponde a los padres estar atentos y observarlos limpiamente, en lugar de interpretar subjetivamente cómo creemos que son cada uno de ellos según nuestra perspectiva. Si insistimos en nombrar una y otra vez que tal es obsesivo, el otro es enfermo o el último es alegre, sólo lograremos provocar distanciamiento entre los hermanos, ya que se sentirán demasiado diferentes unos de otros. En cambio, si nos interesa ayudarlos a instalar la hermandad, será menester escuchar y comprender a cada hijo. Luego podremos traducir con palabras sencillas lo que hemos entendido acerca de ellos, acercando esos pensamientos al resto de nuestros hijos. De ese modo colaboraremos para que cada niño incorpore otros puntos de vista, otras vivencias y otros registros y pueda entonces amar a sus hermanos porque los ha comprendido.

La hermandad se instala entre los hermanos si los padres trabajan a favor de ella. La hermandad surge de la proximidad afectiva, del cariño, del deseo de ayudar, sostener, acompañar y nutrir. La hermandad se construye desde el día en que un niño ha nacido si los hermanos se saben imprescindibles para el recién nacido. Los niños mayores serán capaces de desviar sus intereses personales hacia el pequeño, sólo si sus necesidades básicas de protección, cuidados y mirada han sido satisfechas. Si el amor circula en la familia, cada nuevo miembro es una bendición, sin importar la diferencia de edad o las circunstancias familiares en las que se produce la aparición del niño. Nuestros hijos aprenderán a amar a sus hermanos si los incluimos en el mismo circuito de amor y dicha. Si demostramos la felicidad por la nueva presencia, si participamos todos en los cuidados del niño más pequeño, si respondemos a su vez a las demandas y necesidades específicas de los niños mayores y muy especialmente, si esos niños mayores están acostumbrados a ser mirados y escuchados genuinamente por sus padres. Es decir, las bondades de la hermandad podrán desplegarse dentro de una familia, si antes cada hijo se siente amado, importante a ojos de sus padres y especial.

Por el contrario, si los niños perciben sufrimiento, soledad, apatía o abandono emocional, el bebé recién nacido no logrará hacer crecer en sus hermanos la empatía ni el cariño. Ningún niño estará en condiciones de alimentar afectivamente a un hermano si está hambriento de cuidados, por más que sea mucho mayor en relación al pequeño o porque sus padres se lo demanden. De nada vale teorizar sobre el bien ni sermonear sobre lo que es correcto hacer, ya que cada niño podrá asumir espontáneamente el amor hacia los hermanos, sólo si realmente siente que el amor abunda a su alrededor.  Y en todos los casos, somos los padres quienes tenemos la responsabilidad de la nutrición amorosa.

Amar a los hermanos no es un tema menor. Cuando tenemos la dicha de vivir la experiencia de la hermandad dentro de casa, luego podemos trasladarla a los demás vínculos humanos y sentir que casi cualquier persona puede constituirse en un hermano del alma. Y si es nuestro hermano del alma, no dudaremos en dar la vida por él. Ese derroche de amor y generosidad brotará de nuestro corazón si la hemos aprendido en la sencillez de la infancia.

Laura Gutman


jueves, 21 de agosto de 2008

Cuando esperás a tu segundo hijo...

La felicidad y el amor que su primer hijo trajo a su vida son inconmensurables, y ahora el hecho de enterarse de que está esperando un segundo bebé le colma de ilusión pero también de cierta inquietud. Aunque ya ha pasado antes por un embarazo y un parto, ahora tiene responsabilidades añadidas a la hora de prepararse para la llegada de su segundo hijo.
Afortunadamente, prepararse para la llegada del segundo hijo puede ser tan gratificante y especial como la primera vez. Ayudar a su hijo mayor a entender qué puede esperar puede mitigar la ansiedad de ambos, y ser consciente de los cambios que supondrá el hecho de tener otro hijo es la mejor forma de prepararse y de preparar a su hijo mayor para el feliz acontecimiento.

¿Qué cambiará?

Traer al mundo a un segundo hijo y cuidar de dos hijos puede imponer bastante al principio. Su mejor opción será organizarse bien antes de que nazca el bebé, aunque esto pueda parecer un poco más desafiante de lo que le pareció la primera vez que tuvo un hijo.
Puesto que tendrá el tiempo más limitado, estará más ocupada y tendrá que hacer malabarismos con sus horarios, las horas de dormir y de comer fluctuarán y dependerán en gran medida de la edad que tenga su hijo mayor.
También se cansará más fácilmente, incluso antes de que nazca el bebé, ya que cuidar de su hijo mayor estando embarazada consumirá gran parte de su energía. Tras el nacimiento, las primeras seis a ocho semanas pueden ser particularmente agotadoras, porque su principal tarea consistirá en intentar que su hijo menor desarrolle un patrón regular de alimentación y de sueño, al tiempo que anticipa las necesidades y emociones cambiantes de su hijo mayor.
Uno de los cambios positivos que traerá consigo el nacimiento de su segundo hijo será una mayor confianza en sus habilidades, experiencia y conocimientos relacionados con la maternidad. Es decir, cosas que le parecían tan complicadas cuando nació su primer hijo –amamantarlo, cambiarle los pañales, bañarlo, cuidarlo cuando se ponía enfermo- le parecerían “coser y cantar” en vez de obstáculos infranqueables.


¿Cómo le afectará a usted?


La llegada de un nuevo bebé a la familia le afectará de muchas formas diferentes –algunas físicas y otras emocionales. Estar agotada y sentirse un poco ansiosa es algo normal cuando nace un segundo hijo.
La "tristeza posparto" puede ser una experiencia un tanto intimidante, pero usted no tiene que afrontar sola esos sentimientos de desaliento y depresión. Hable con su médico sobre sus síntomas. Es importante distinguir entre un caso típico de "tristeza posparto", que se suele superar en pocas semanas, y la depresión posparto, un trastorno grave que puede desembocar en problemas afectivos y de de sueño si no se trata correctamente. Si empieza a sentirse muy deprimida o ansiosa o a pensar en hacerse daño a sí mismas o hacerle daño al bebé, pida ayuda a su médico inmediatamente.
Desde el punto de vista físico, lo más probable es que se sienta dolorida y agotada, particularmente si tiene un parto difícil o un parto por cesárea. Esto convertirán las tomas nocturnas en algo especialmente duro, sobre todo si opta por la lactancia materna.
Pedir ayuda a una “doula” o acompañante durante el día puede permitirle descansar y a dormir, dos necesidades fundamentales durante el posparto. En muchos países existe la figura de la “doula” que es una mujer cuya formación especializada en cuidados maternales y perinatales la capacita para cuidar de la madre y el bebé durante el par de semanas inmediatamente posterior al parto.
Si usted trabaja fuera de casa, tal vez le asalten dudas sobre su futuro profesional. Tomar una decisión sobre cuándo reincorporarse al trabajo es algo muy importante; pida apoyo a su familia y a sus amigos a la hora de sopesar todas las opciones posibles.
No se sorprenda si le preocupa el proceso de formación del vínculo con su nuevo hijo. Tal vez le resulte difícil hacerse a la idea de que sentirá tanto amor por el recién llegado como el que ahora siente por su hijo mayor –pero lo hará. Como suelen comentar tanto las madres como los padres, el amor paterno se duplica cuando nace un segundo hijo.
Se dará cuenta de que tendrá muy poco tiempo para sí misma o nada de tiempo en absoluto durante los meses inmediatamente posteriores al parto. Es posible que las noches sin dormir y las tensiones de cada día le superen, de modo que asegúrese de reservarse un tiempo "de soledad" y hacer de ese tiempo una prioridad. Asimismo, usted y su pareja se darán cuenta de que apenas pasan tiempo los dos a solas, así que asegúrese de programar alguna cita ocasional en cuanto se normalice la situación y se asienten las cosas.

Ayude a su hijo mayor a adaptarse a la nueva situación

Su hijo mayor experimentará diversas emociones; se sentirá celoso e ilusionado al mismo tiempo, y hasta es posible que sienta cierto rencor o resentimiento contra el recién llegado. Los niños pequeños no son capaces de verbalizar sus sentimientos y pueden manifestar regresiones en su comportamiento tras el nacimiento de un hermanito. Pueden volver a chuparse el dedo, empeñarse en volver a tomar el biberón, volverse a orinar encima y comunicarse utilizando el habla infantil propia de los bebés para llamar la atención.
Los niños pequeños también pueden expresar sus sentimientos poniendo a prueba la paciencia de sus padres, portándose mal, teniendo rabietas o negándose a comer. Estos problemas suelen ser transitorios, pero el hecho de preparar a un niño con antelación puede ayudarle a hacerse a la idea de que va a atener un hermanito y a adaptarse mejor a la nueva situación familiar. Una buena idea es instarle a desempeñar el papel de hermano mayor.

Puede conseguirlo de muchas formas diferentes, por ejemplo:

* Deje que su hijo mayor elija artículos para decorar la habitación de su nuevo hermanito. Si los dos hermanos van a compartir habitación, esto será especialmente importante.
* Encuentre un regalo especial que su hijo mayor quiera compartir con el bebé, como uno de sus libros o juguetes preferidos, o una fotografía suya que le haga ilusión colocar en la habitación del bebé. También puede apetecerle regalarle algo a su hijo mayor, como una silla especial para que se siente en ella mientras usted amamanta al bebé.

* Resérvese un tiempo especial para estar a solas con su hijo mayor. Pueden acercarse a la biblioteca, ir a comprar al supermercado o, simplemente, puede leerle unos cuantos cuentos más a la hora de acostarlo. Su pareja puede colaborar encargándose del cuidado del bebé durante esos ratos.
* Léale cuentos a su hijo o represéntele historias que le darán a entender los cambios que van a ocurrir en la familia. Hay varios libros escritos especialmente para niños pequeños que van a tener un nuevo hermanito que pueden ser de gran ayuda. Vaya a una librería y pídale al librero que le recomiende títulos específicos.
* Prepare a su hijo mayor para lo que podrá esperar cuando llegue a casa el bebé. Esto implica explicarle que el bebé llorará, dormirá y necesitará que le cambien los pañales frecuentemente, así como asegurarle que, a pesar de que el bebé reclamará gran parte de su atención, seguirá quedando mucho tiempo y mucho amor para él.
* Refuerce el papel de su hijo mayor en la familia. Dígale a su hijo que será el “hermano mayor” o la “hermana mayor” del nuevo bebé, y deje que vaya haciendo sus pinitos con su nuevo rol. Considere la posibilidad de que su hijo mayor la acompañe a alguna de las visitas prenatales o de dejarle estar presente en alguna ecografía. Si va a dar a luz en un hospital, infórmese sobre la política de visitas tras el nacimiento del bebé.

La llegada de un nuevo bebé a la familia representa un gran cambio en la vida de un niño, de modo que sería sensato que pospusiera la introducción de otros cambios importantes en la vida de su hijo. Probablemente no sea el mejor momento para enseñarle a usar el váter, empezar a hacer la transición del biberón al vaso o matricular a su hijo mayor en un centro de preescolar donde estará separado de usted gran parte del día por primera vez. La consistencia ayudará muchísimo a que su hijo se adapte sin problemas a la llegada de un nuevo miembro a la familia.

Los hermanos mayores desempeñan un papel muy especial en la vida de cualquier niño, de modo que no deje a su hijo mayor al margen de la toma de decisiones. Con tanta atención centrada en el recién nacido (las visitas de los familiares, muebles nuevos, ropita nueva para el bebé, juguetes…), es fácil que su hijo mayor se sienta ignorado o dejado de lado. Asegúrele a su hijo mayor que es tan especial como el recién llegado dejándole participar en las actividades relacionadas con el cuidado del bebé.

Consejos para afrontar mejor la situación

Hay varios consejos que le pueden ayudar a afrontar las responsabilidades añadidas de tener un segundo hijo. Algunos de ellos se refieren a cosas que podrá hacer antes del nacimiento del bebé.

* Llene la casa de alimentos listos para comer o de preparación rápida. Si tiene ganas de cocinar, haga el doble de comida y congélela porque, cuando haya nacido el bebé, le resultará sumamente difícil encontrar energía al final del día para ponerse a cocinar. Tenga en casa los menús de algunos restaurantes u otros establecimientos que preparen comida para llevar, incluyendo unos pocos que repartan la comida a domicilio.
* Reorganice la habitación de la colada, reservando un cesto para cada niño a fin de que le resulte más fácil encontrar y doblar la ropa. La acumulación de coladas suele ser la principal queja de las madres que tiene bebés de pocos meses –parecen cuadruplicarse cuando llega un nuevo bebé, de modo que ahora es el momento de organizarse.
* Si es posible, utilice artículos que ya tenga en casa o que otros miembros de su familia estarán deseosos de compartir con usted, en vez de verse obligada a salir a comprarlo todo nuevo. Los artículos de segunda mano, como las cunas, los moisés, los cochecitos, las tronas y la ropita del bebé, pueden ayudarle a ahorrar tiempo y dinero.
* Agasájese con unos cuantos vídeos, y no los vea hasta que haya nacido el bebé. Le ayudarán a aceptar las tomas a altas horas de la noche.
* Guarde en el coche una bolsa de pañales llena de todos los extras necesarios para estar siempre preparada. Muchas madres guardan también en el coche una bolsita de juguetes para el hermano mayor y una bolsa de pañales, toallitas limpiadoras y una manta extra para el bebé.
* Tenga un libro o una caja de juguetes a mano en su habitación, el cuarto de estar e incluso el lavabo o la habitación de la colada, para poder ofrecerle a su hijo mayor algo con que entretenerse si surgiera algún problema inesperado.
* Pida a algún familiar que pase varios días en su casa tras el nacimiento del bebé si a usted no le incomoda su presencia. Esa persona no solo lo hará encantada, sino que usted podrá disfrutar del descanso que tanto necesita.
* Si se lo pude permitir, contrate a un canguro o a una persona que se encargue de las tareas domésticas para que venga a su casa una vez por semana durante un par de meses después del parto para que le eche una mano con tareas que son demasiado agotadoras para su estado.
* Infórmese en el centro de servicios sociales o religiosos más cercano. Hay una gran cantidad de programas y clases que ofrecen actividades y apoyo social para familias con niños pequeños.
* No se olvide de cuidarse y de atender a sus propias necesidades. Mímese un poco, incluso con algo tan simple como cortarse el pelo o darse un baño con velas y música, para ayudarse a relajarse tras un día agotador.

Una vez usted y los demás miembros de la familia se acostumbren a la idea de tener otro niño en casa, podrán disfrutar de los muchos aspectos positivos de tener una gran familia..