Mostrando entradas con la etiqueta colecho. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta colecho. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de diciembre de 2011

COLECHO: Diez razones para Dormir Junto a tu Bebé

1. El colecho familiar favorece y facilita la lactancia materna, ya que no hay necesidad de ir a otro cuarto para tomar al bebé. Una madre que amamanta en la "cama familiar" puede fácilmente alimentar a su hijo sin despertarse completamente, y puede continuar con el importante descanso que necesita. Así el colecho promueve que la madre continúe amamantando y todos sus numerosos beneficios hasta que el niño decida destetarse.

2. De acuerdo al investigador James McKenna, el colecho incrementa las posibilidades de que los padres pueden intervenir exitosamente en la prevención de la muerte de cuna, ya sea que se deba una condición fisiológica o accidente físico. El investigador recuerda a los padres que "el colecho da a los padres la mejor oportunidad de oír a un bebé en crisis y responder". Añade que "ya que la protección contra el síndrome de muerte súbita SIDS, puede estar relacionado a la frecuencia y duración de la lactancia, y debido a que los bebés amamantan más cuando duermen con sus padres, esta práctica puede ayudar a proteger a los infantes amamantados".

3. Durante los primeres meses de edad es normal que los niños tengan periodos sin respirar, y es probable que la madre provea importantes señales a su bebé, recordándole respirar después de una exhalación, previniendo que se desarrolle un síndrome de muerte súbita. Aún si este sistema recordatorio falla, la madre estaría cerca para despertar al bebé. Una madre y un bebé que amamantan, tienden a tener ciclos de sueño coordinados, haciendo a la madre extremadamente sensible a su bebé. Si ella está durmiendo cerca, despertará si su bebé está teniendo dificultades. Pero si el bebé está solo, este tipo de intervenciones salva-vidas no pueden realizarse.

4. Si un adulto está cerca, se reduce cualquier peligro nocturno. Los bebés y los niños han perecido en incendios, han sido abusados sexualmente por parientes que están de visita, han sido robados de su cama, han sido atacados por mascotas, se han asfixiado después de vomitar y han muerto o resultado heridos en formas que se pudieron prevenir si un padre hubiera estado cerca para ayudar.

5. La asfixia es frecuentemente puesto en la lista como un peligro del colecho. Sin embargo, este es un peligro real sólo en dos situaciones: un bebé pequeño durmiendo en un colchón de agua que es incapaz de levantarse cuando lo necesita, o un padre incapaz de atender las necesidades de los bebés por estar muy intoxicado con alcohol o drogas. Obviamente un niño que se esté asfixiando por cualquier razón (una cinta o ropa de dormir alrededor de su cuello, vomitar mientras duerme, ataques de asma) es más probable que despierte a un padre que está durmiendo cerca que a uno que duerme en un cuarto diferente.

6. El colecho familiar es frecuentemente malentendido como un promotor de abuso sexual al niño por parte de los padres. Sin embargo, la verdad es lo contrario. Los padres que desarrollan profundos vínculos emocionales con sus niños por permanecer cerca y responder a sus necesidades tanto en la noche como en el día, es mucho menos probable que tengan una conducta abusiva de cualquier tipo hacia el niño que aman y cuidan.Contrariamente, el hecho de que un niño duerma solo nunca ha sido adecuada protección contra un padre que intenta abusar sexualmente de él, y quizá sea aún más fácil mantener esta actividad en secreto del otro padre.

7. El sueño compartido ayuda a toda la familia a tener el descanso que necesitan, especialmente si el niño está amamantando. El niño no tiene que sentirse necesitado o llorar para atraer a su madre, y la madre puede amamantar semidormida. La familia entera despierta fresca, sin resentimientos hacia el bebé por haber disturbado su sueño la noche anterior. Un padre exhausto es más probable que abuse del niño que una madre descansada o padre que ha disfrutado de la presencia de un bebé felizmente descansado durante la noche.

8. El llanto es una señal provista por la naturaleza cuyo significado es disturbar a los padres para asegurar que el bebé reciba lo que necesita. Pero el llanto prolongado es estresante para todos los miembros de la familia. Entre más pronto de satisfagan las necesidades de los bebés, más descansa el bebé y la familia, y más energía tendrán al siguiente día. Una madre que duerme junto al bebé puede utilizar su respuesta instintiva que toda nueva madre tiene al primer gemido del bebé, previniendo así la necesidad de un llanto fuerte que es estresante pata el bebé y para todos los miembros de la familia.

9. Un sentimiento profundo de amor y confianza se desarrolla entre hermanos que duermen juntos, disminuyendo la rivalidad durante las horas en las que están despiertos. Los hermanos que comparten la noche así como el día tienen una gran oportunidad de desarrollar una relación profunda y duradera. Los bebés y los niños que están separados de otros miembros de la familia durante el día (padres trabajando, hermanos en la escuela) pueden reponerse parcialmente de esas ausencias y restablecer importantes lazos emocionales pasando tiempo juntos en la noche, y disfrutar de la delicia del tiempo con la familia en la mañana, que no existe de otra manera. Claro que el negocio en la casa y la no escolarización puede minimizar las separaciones y profundizar los vínculos familiares durante el día, tanto como el colecho lo hace en la noche.

10. Estudios de adultos en coma han demostrado que la presencia de otra persona en el cuarto,mejora significativamente la frecuencia cardiaca, ritmo cardiaco, y la presión sanguínea. Parece razonable asumir que los niños y los bebés tienen beneficios de salud similares por tener a alguien más en el mismo cuarto.

Un niño que es cuidado en la noche tan bien como en el día, recibe constante certeza de amor y apoyo, en lugar de tener que lidiar con sentimientos de miedo, enojo y abandono noche tras noche. Los niños que se han sentido seguros tanto en la noche como en el día con unos padres amorosos cerca, son adultos que soportan mejor el inevitable estrés que la vida trae. Como John Holt dijo elocuentemente, tener sentimientos de amor y seguridad en la vida temprana, lejos de "echar a perder" a un niño, es como "dinero en el banco": un fondo de confianza, autoestima y seguridad interna con las cuales el niño puede manejar los retos de la vida.

Por: Jan Hunt en el sitio :www.naturalchild.org
Traducido por Marcela Araiza en el sitio www.mamasol.com
Foto: Gioia Albano

martes, 27 de diciembre de 2011

No quiere dormir solo...

¡Por supuesto que los niños no quieren dormir solos! Ni quieren, ni deben. Los bebés que no están en contacto con el cuerpo de sus madres, experimentan un inhóspito universo vacío que los va alejando del anhelo de bienestar que traían consigo desde el período en que vivían dentro del vientre amoroso de sus madres. Los bebés recién nacidos no están preparados para un salto a la nada: a una cuna sin movimiento, sin olor, sin sonido, sin sensación de vida. Esta separación del cuerpo de la madre causa más sufrimientos de lo que podemos imaginar y establece un sin sentido en el vínculo madre-niño. No pasa nada si traemos a los niños a nuestra cama. Todos estaremos felices. Sólo basta con hacer la prueba para constatar que el niño se duerme entre sonrisas, que la noche es suave y que no hay nada que pueda ser contraproducente cuando hay bienestar. Lamentablemente las madres jóvenes desconfiamos de nuestra capacidad para comprender los pedidos de nuestros hijos que son inconfundiblemente claros. Circula socialmente la idea que satisfacer las necesidades de un bebé los convierte en “malcriados”, aunque paradójicamente, obtenemos una y otra vez el resultado opuesto al esperado, ya que en la medida que no dormimos cuerpo a cuerpo con los niños, ni los tocamos, ni los apretamos… ellos van a reclamar más y más. Pensemos que el “tiempo” para los niños pequeños aparece como un hecho doloroso y desgarrador si la madre no acude, a diferencia de las vivencias dentro del útero donde toda necesidad era satisfecha instantáneamente. Ahora la espera, duele. Si los niños deben esperar demasiado tiempo para encontrar confort en brazos de su madre, se aferrarán con vigor a los pechos, mordiendo, lastimando o llorando, apenas tengan acceso al cuerpo materno. El miedo será la principal compañía, porque sabrán que la ausencia de la madre volverá en cualquier momento a devorarlos. Los niños tienen razón en reclamar contacto físico ya que son totalmente dependientes de los cuidados maternos. Tienen conciencia de su estado de fragilidad y hacen lo que todo niño sano debe hacer: exigir cuidados suficientes para su supervivencia. La noche es larga y oscura, y ningún niño debería atravesarla estando solo. ¿Hasta cuándo? Hasta que el niño no lo necesite más.
Laura Gutman.

domingo, 17 de agosto de 2008

La lactancia materna y dormir con el bebé: colecho


Dormir con el bebé es una practica cada vez más extendida (se reconozca o no) en nuestra sociedad. Resulta muy cómodo cuando se amamanta a un pequeño y para muchas familias la opción más agradable.
Las investigaciones han demostrado que el colecho promueve los vínculos, regula patrones de sueño de la madre y de su bebé, juega un papel importante al ayudar a la madre a ser más sensible a las necesidades de su bebé, y les da a ambos más oportunidad de un buen descanso.


Beneficios de la lactancia asociada con el colecho:

- Protección inmunológica: Los lactantes que comparten lecho con sus madres maman con más frecuencia. La lactancia materna aporta protección inmunitaria extra, entre los 3 y los 6 meses cuando el sistema inmunológico del bebé está en su momento más sensible y el riesgo de muerte súbita es mayor.
- La prolactina aumenta durante las tomas nocturnas.
- Los bebés que duermen con sus madres muestran esquemas de sueño REM durante la succión.
- La succión mejora la cantidad de oxigeno en sangre de los bebés prematuros.
- Mayor desarrollo cardiorrespiratorio, en los bebés que están más tiempo en contacto y/o con el pecho con sus madres.
- Regulación térmica: La temperatura del cuerpo , compartida durante el sueño, ayuda a regular la respiración. El enfriamiento deprime la respiración.
- Armonía en el ritmo respiratorio: El bebé se acostumbra al ritmo de la respiración de la madre dentro del útero. Después del nacimiento, la madre continua funcionando como un marcapasos de respiración recordando al bebé que tiene que respirar.
- Conciencia mutua: Las madres que amamantan y los bebés que comparten lecho tiene más sueño REM y menos sueño nREM.
La sensibilidad de la madre hacia el hijo se incrementa durante el sueño REM ( el que más predomina)

sábado, 16 de agosto de 2008

La cama familiar

Por muchos años el hombre había tenido una sola manera de subsistir, no fuimos creados para permanecer apartados, nuestra especie necesita de la cercanía, del calor humano y hasta de la aprobación de nuestros congéneres. Esto había sido así por miles y miles de años, de hecho de esta manera se vivió (y se durmió) generaciones enteras, hasta que la brillantísima capacidad del hombre de desafiar y reglamentar a la madre naturaleza hizo su aparición. Afortunadamente esto está cambiando, y ahora, casi en el principio del siglo XXI estamos empezando a redescubrir y aceptar nuestros verdaderos instintos.



La unidad familiar no sólo debe demostrarse durante el día, no es como un negocio en el cual llegada determinada hora se cierra la puerta y a descansar...¡no!, los niños necesitan un tiempo para adaptarse a este mundo y sentir que pertenecen a una familia (nosotros). Y aunque nos cueste aceptarlo, ese tiempo incluye también la noche. Simplemente pongámonos en su lugar: viene de un mundo totalmente diferente, cálido, confortable, donde no existía ni el frío, ni el hambre, ni la soledad, ni horarios rígidos y sobretodo no sabía la diferencia entre el día o la noche porque siempre estaba con su mamá, y de repente al nacer vienen drásticos cambios a su vida, como respirar, cambios de temperatura y el sentirse aislado. Para cualquier esposa la inquietud que se siente cuando el marido sale de viaje incluye temor y responsabilidad que a veces es angustiante, y este ejemplo es a mínima escala en comparación con lo que sufre un bebé. La rutina y el estrés nos han hecho tener una mentalidad fría, al grado que a la madre que le dedica “demasiado” tiempo al bebé la consideramos como una madre que lo “malcría”, y peor aún si lo amamanta y lo duerme con ella y su marido después de la cuarentena. Pero ¿cuánto es “demasiado”? ¿Deben los demás decidir sobre algo tan íntimo con lo que ni si quiera tienen que lidiar? Todas las culturas tienen registros de algún modo en los que se manifiesta que los niños eran amamantados y dormían con los padres por el tiempo que fuera necesario (según la necesidad real del niño, no lo que los padres pensaban). Debemos seguir escuchando a la naturaleza y no romper con los hermosos momentos que nos ofrece. A nosotros nos tocó ser educados a la manera “moderna” en donde los padres se sentían orgullosos al alimentarnos con los nuevos y modernos biberones, instalarnos en una hermosísima pero fría habitación propia, y dejarnos llorar para hacernos un horario... Todo esto para su conveniencia, y los resultados son tan tangibles como nuestras propias experiencia: el sentirse rechazado, no bienvenido, el solicitar consuelo en una noche desolada y simplemente no lograr que la puerta de los papás se abra...Aparentemente esta forma de educar era muy efectiva, pero si lo han intentado, estarán de acuerdo en que se duerme menos tratando de forzar a los niños a dormir solos, se invierte más tiempo y se siente uno frustrado, que si se les da la oportunidad de disfrutar de nuestra compañía y protección incondicional. Los resultados de esta forma de educar también son obvios en la sociedad, conde cada vez más se siente un vacío existencial y una falta de autoestima y un terror a noches solitarias por lo que se busca compañía y caricias desde muy joven, y fiestas y parrandas para no sentir la soledad que se sintió en la infancia.




Existen muchos mitos a los que nos tenemos que enfrentar, pero si estamos bien informados nos daremos cuenta que son sólo eso, mitos, y que la decisión de cómo educar a nuestros hijos es sólo nuestra y podemos tomarla sabiendo bien lo que hacemos. Aquí listamos los más comunes:



MITOS:


• “No contamos con suficiente espacio en la habitación” En nuestra misma cama, el bebé será el más feliz, no hay necesidad de más artefactos, y nos brinda la enorme ventaja de que la madre puede amamantarlo acostada sin que ninguno de los tres tenga que despertarse por completo, de este modo evitamos lo que otras familias aparentemente perfectas viven: escuchar el llanto despavorido de su hijo, levantarse después de esperar inútilmente a que se consuele sólo , tener que ir a otra habitación, preparar biberones, etc. ¿para qué queremos más espacio que nuestra cama?


• “Los niños no se van a independizar” Si tomamos en cuenta que la independencia se aprende a través de la dependencia, es decir, llenando sus necesidades para que no se aferren más a lo que quieren, llegamos a la conclusión de que en la medida que los ayudemos a superar esta etapa de necesidades, veremos resultados satisfactorios en más corto plazo que si tratamos de apresurar a los niños empujándolos a la independencia cuando aún no están listos, ya que años después reflejarán de alguna forma la dependencia que aún tienen y les costará más valerse por ellos mismos.


• “Los niños te toman la medida, te manipulan” Para el niño, lo que quiere y lo que necesita es exactamente lo mismo, entre más le midamos la atención a sus necesidades (el cariño también es una necesidad) k, buscará métodos para llamar nuestra atención y asegurarse de que no lo abandonemos, en cambio si está convencido de que estaremos allí para atenderlo, pronto aprenderá a esperar y a ser independiente. Este momento si llega de manera definitiva, aunque sintamos que tarda mucho en llegar.


• “Tengo miedo a asfixiarlo” El instinto de supervivencia del niño es muy fuerte, simplemente pensemos en la resistencia del pequeño al ponerle una camisetita , no fácilmente permite que se le tape su cara e interpone las manos, y por otro lado, tu instinto de protección no te abandona por profundo que sea tu sueño, y de la misma forma en que aprendemos a no caernos de la cama, aprendemos a respetar el espacio del niño. Incluso se ha comprobado que la respiración y e el sueño del niño y la madre se sincronizan.


• “No queremos sacrificar nuestra intimidad” Definitivamente la llegada de un bebé no tiene por qué truncar la relación entre sus padres, al contrario, con un poco de comunicación y creatividad la relación se enriquece y obtiene un encanto especial. La primera media hora de sueño, y en algunos niños hasta dos, es profunda, tiempo que se puede aprovechar ingeniosamente si colocamos al bebé en otro sitio por un rato, o incluso si los padres se trasladan a otro lugar de la casa. Con un bebé mayorcito que tenga hermanitos, se puede acostarlo con los hermanos y aceptarlo de nuevo en la cama de los padres más entrada la noche.


• “Necesitamos descansar” El estrés de estar al pendiente de un niño toda la noche se puede aliviar si colocamos la cuna pegada a la cama, de forma que la madre no tenga que desplazarse tanto, o sí tiene una cama grande pegarla a la pared o usar barandas de seguridad para que pueda amamantarlo acostada sin interrumpir su descanso.


• “¿No podría convertirse en algo promiscuo o indecente?” Eso depende definitivamente de nosotros, del sentido que se le dé y de la naturalidad con que durmamos juntos. Anteriormente, cuando las familias acostumbraban compartir el dormitorio, no sólo con sus bebés sino con los demás hijos, teniendo una o dos camas extras dentro del dormitorio principal, incluso era considerada una ofensa ofrecer lugar a las visitas fuera de esta habitación , en ese entonces las frases “irse a la cama” o “acostarse” no tenían significado sexual.


• “Si los hijos se acostumbran a dormir acompañados, ¿no buscarán continuar esta práctica con sus parejas en la adolescencia?” La vivencia familiar basta más que las explicaciones, un niño que ve que sus padres se aman, le dan amor, tiempo y compañía, no ve nada mal sino natural. Este niño no tendrá vacíos de amor, compañía o caricias que lo hagan buscar el sexo a una edad temprana, sino que sabrá que esto es para cuando tenga una familia.


Para ti es muy fácil decir que no le tenga miedo a la oscuridad ¿verdad? ¡Como tú no duermes solo! Probablemente, estén preguntándose, ¿qué es lo que nos pasó?, ¿en qué momento dejamos de comprender la naturaleza? ¿Por qué llevamos un estilo de vida tan diferente? Pues las circunstancias no siempre han favorecido al estilo natural de vida. Conforme más comodidades adoptamos, más nos sumergimos en el mundo material, y por lo tanto perdemos contacto con nuestros instintos. Hemos escuchado hablar de las nanas y las nodrizas quienes tomaban turnos para atender e incluso amamantar a los niños para que sus madres pudieran ocuparse de su vida social, de hecho, a partir de que los partos se empezaron a llevar a cabo fuera de la casa la esterilidad de los hospitales y las anestesias dejaron a las madres totalmente ajenas a la atención de sus hijos recién nacidos, permaneciendo inclusive en cuartos aislados. Pero todo esto llegó a tope alrededor de 1940 donde la higiene fue llevada al extremo y debido a cómo y de dónde provenían los niños empezó a sospecharse que podían contagiar horribles infecciones, al grado de hacerse popular la recomendación de que era peligroso dormir con un bebé. No se daban cuenta que las infecciones provenían de la separación de madre e hijo, ya que ella no podía darle las inmunidades de su leche, y el bebé quedaba más expuesto a infecciones que decían podía transmitir después a otros.


Con todos estos argumentos la unión familiar comenzó a desmoronarse, especialmente durante la noche, se empezó a dejar llorar a los niños ofreciéndoles sustitutos de padres como: biberones en lugar de pecho, chupete en vez de permitirle succionar, la cuan al no dejarlo dormir con los padres, el cochecito sustituyendo a l os brazos y los horarios en lugar de la intuición y el instinto materno.


Obviamente como nada de esto era suficiente, los padres también tuvieron que recurrir a aditamentos para dormir, como bolsas de agua para la cabeza, antifaces, tapones para las orejas, etc. Igualmente comenzaron a usarse drogas para secar la leche, quitar cólicos, quitar la fatiga, el estrés, insomnio, etc...y cuánto nos ha costado comprender que tanto para madres como para hijos, el pecho es la forma de alimentación y vinculación más antigua, más efectiva, más segura, más accesible y económica , y la que viene en el mejor paquete.


Cabe mencionar que necesitamos escuchar a la naturaleza, los instintos, pensamos que satisfacer las necesidades de un niño es convertirlas en un mal hábito, y contradictoriamente creemos que si un buen hábito aparece, desaparecerá pronto, y si un mal hábito se presenta no se podrá superar. Le creeríamos a nuestro pequeño si viene corriendo a la cocina, nos abraza una pierna y nos dice “te quiero”, entonces porqué creer que miente si por la noche dice tener miedo. En la oscuridad, el niño no asocia los ruidos con el objeto del que provienen, y para él, en cierta etapa de su desarrollo, su sus padres no están a la vista, es que simplemente dejaron de existir. Es que el problema no es que no quiera dormir sólo, sino que teme perderlos, a él no le importa lo hermosamente decorada que esté su habitación, y le parece el peor de los castigos tener que estar aislado por horas, expuesto a pesadillas y visiones.


Compartir el dormitorio no es simplemente decidir dónde va a dormir el bebé, sino qué es aceptar al bebé como una pequeña persona con grandes necesidades, confiando más en la intuición de padre, madre e hijos que en las normas de la sociedad, de los medios de comunicación y de la mercadotecnia.


Durante la noche, procuremos atender al bebé inmediatamente, de este modo no lloran tanto, no se despierta ninguno, el bebé no gasta energía y la utiliza en crecer, y los padres descansan mejor.


Hagamos esto como una inversión a largo plazo, para dar seguridad a nuestros hijos, pensando que: “Tal vez sea fácil ignorar el llanto de un niño, pero es imposible ignorar el de un joven” “El mundo sería distinto si en vez de querer las cosas y utilizar a las personas, aprendiéramos a utilizar las cosas y sobretodo a amar a las personas...”