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miércoles, 9 de mayo de 2012

Hermanos que se quieren...


La relación entre los hermanos se cimenta en las relaciones que establezcan en la infancia y dependerá, en buena parte, de la forma en la que los atendamos y tratemos. Creo la actitud correcta para que los hermanos crezcan queriéndose merece una larga explicación.
Todos deseamos que nuestros hijos crezcan queriéndose entre ellos tanto como nosotros los queremos por igual, pero ¿hacemos lo correcto para conseguirlo?

No dar falsas espectativas

La llegada de un hermano supone un cambio enorme en la vida de un niño. Normalmente lo esperan con alegría, ilusionados, y se van a derretir de ternura con el bebé. Pero también son normales los celos, cierta desilusión si esperaban que el pequeño se uniera a sus juegos y algunos desajusten en las emociones.
Quizá el error mayor que podamos cometer es alentar en el niño falsas espectativas: decirle que tendrá alguien con quien jugar y a quien querer puede ser falso según su punto de vista cuando llega el bebé. Digamos la verdad, amaremos a su hermano tanto e igual que a él, serán diferentes y crecerán juntos, y, cuando pasen unos años, podrán compartir más juegos. Pero explicarle lo que es un bebé, la atención que necesita, que será la misma que él recibió cuando lo era y que seguiremos queriéndolo siempre aunque nuestro amor se duplique.
Elegir el momento de la llegada del hermano también es importante, además de por la diferencia de edad que vayan a tener, sobre todo por la capacidad que nosotros tengamos para cubrir las necesidades de ambos.

La llegada del bebé

Los momentos de la llegada del bebé son especialmente delicados. La mamá estará agotada y pendiente del pequeño, el mayor necesitará su atención en los ratos de descanso, pero también sería conveniente haber alentado una relación de apego con otra figura, su padre o un familiar cercano, que pueda hacerse cargo de él, llevarlo a jugar y atenderlo cuando la mamá no puede. Lo principal es que no sienta que ella lo ha abandonado, sino que empatice con ella y con el pequeño, pero para hacerlo, no podemos privarlo de sentirse seguro y acompañado como hasta ahora. Y que la madre también pueda dedicarle algún ratito para él solo.
Tanto si vamos a ir a parir a un hospital como si su hermano nacerá en casa hay que tener bien cubierto al niño mayor y que él sepa con quien va a quedarse. Si es un parto en casa es conveniente haber previsto si queremos que esté el niño en casa y siempre tener organizado que pueda irse a casa de un familiar si no se siente cómodo con lo que está sucediendo. Los más pequeños se pueden asustar aunque se lo hayamos explicado.
No es aconsejable dejar para los últimos meses de embarazo o los primeros del hermano para que el mayor tenga que asumir más cambios en su vida. Es decir, si vamos a destetar, a cambiarlo de habitación o a llevarlo a la guardería o al cole por primera vez, es mejor hacerlo unos meses antes o unos meses después. Creo que es entendible si nos ponemos en su piel.

Madurar, pero sin presiones

Los niños suelen madurar cuando llega un hermanito, pero debemos dejarles su tiempo y su espacio, nunca exigirles que se hagan mayores de repente o asuman tareas repentinamente. Pueden ayudarnos, pero no están obligados a ayudarnos. Es decir, dejemos que nos sorprendan, pero no los presionemos.
Sucede a veces que los padres, agobiados con las tareas del pequeño, se enfurecen con el mayor si sigue dándoles tanto trabajo como antes, o peor, si sufre una regresión y trata de llamar la atención haciendo cosas inadecuadas. Algunos vuelven a hacerse pipí encima, o se enrabietan. Si esto sucede, más que regañar, desesperarnos porque nuestro dulce niño ha cambiado, lo que debemos hacer es empatizar con él y entender lo que nos está diciendo: que tiene miedo y necesita atención.

Crecer con una etiqueta

A veces nos salen solas las comparaciones: uno es más inquieto, otro más cariñoso, uno es más travieso y el otro más responsable. Los niños son ellos mismos, no son en comparación de su hermano y sobre todo, sobre todo, no merecen crecer con una etiqueta. Una etiqueta te marca y te conduce. Si el niño se cree, y es que se lo creen, que es más travieso o menos aplicado que el hermano será lo que le hemos dicho que es y no cambiará, remarcará su individualidad en la diferencia y la oposición, aunque sea comportándose “mal”.
Vamos a animarlos, abrazarlos y aplaudir sus logros, pero siempre debemos ser conscientes de que debemos ser equitativos. Además, cada niño es especial, habrá algo en lo que ponga el alma y que ame hacer, y, nos parezca más o menos interesante que lo que hace su hermano, no debemos marcar diferencias y saber apreciar los logros de cada uno según su personalidad y capacidades.
Tenemos que estar atentos, además, a que las comparaciones y etiquetas no les caigan encima de familiares y amigos, pues les hacen también mucho daño.
He estado hablando con otras madres sobre este tema y todas resaltaban la importancia de dar a cada niño su lugar propio y no forzarlos. Me ha encantado como lo explicaba una de nuestras lectoras,Azucena Caballero, que es madre de tres hijos de edades muy diferentes y los educa en casa.
Dedica cada día de tu vida unos minutos a cada niño por separado, que sepan que cada uno es especial y amado, que tienes tiempo para cada uno de ellos de forma individual, y que te interesan cada uno de ellos. Comparte mimos con todos a la vez, mételos en tu cama a todos juntos, juega con ellos, escúchalos, permite que cada uno de ellos dé su versión en un conflicto entre ellos, que ninguno se quede sin hablar o explicar como se siente. Valora a cada uno por ser quien es, fomenta la colaboración y cooperación en casa, jamás les compares, y muestra tu alegría y orgullo por cada una de las muestras de cariño que entre ellos tienen.
Jamás exijas que se quieran por que sí, ese amor incondicional te corresponde a ti, ellos se quieren, pero es diferente. El amor forzado no resulta, el amor que surge de la complicidad y el respeto permanece. Deja claro a tus hijos que les amas por encima de todo, incluso cuando se pelean entre ellos, ya que no deseas que eso se enquiste, deseas que su relación fluya como un río, bravo a veces, con recodos difíciles, pero también suave, fresco, cristalino en muchos tramos, y siempre en una misma dirección. Tengo tres hijos, les adoro y lo que más me gusta es ver cómo ellos se quieren entre sí, la alegría que sienten cada uno con los logros del otro hace que se me caiga la baba, y creo que el mejor regale que le hice a cada uno fue proporcionarle dos hermanos con los que convivir.

El amor no se impone

En realidad no tenemos que hacer nada especial para que los hermanos se quieran, más bien tenemos que no hacer cosas para no separarlos. No alentemos la competitividad.
Habrá conflictos, como es normal, y en ocasiones puede que nos sorprendan peleándose. Habría que dejar que soluciones sus problemas pero podemos evitarlos si no fomentamos precisamente el que tengan que competir por nuestra atención, aceptación, ánimos y amor.
Y tampoco tendrían que verse obligados a competir por las cosas o los espacios, aunque eso es complicado, si es bueno procurar que tengan sus cosas, su sitio para jugar solos si quieren y hasta que puedan hacer actividades en las que estén si su hermano, para que sean solamente ellos mismos y no el hermano de alguien.
Los hermanos que se quieren lo hacen por propia elección y porque sus padres han sabido darles a cada uno lo que necesita y merece sin quitarle, para hacerlo, lo que merece y necesita su hermano.
Mireia Long



martes, 6 de marzo de 2012

Amar al segundo hijo...


Cuando una amorosa mamá, dedicada a su primer hijo y llena de él se enfrenta a un segundo embarazo muchos temores pueden aparecer. Aunque el amor se multiplica y se amará al segundo hijo como al primero, sin duda puede haber cierto trastorno en las relaciones cuando llega el segundo bebé.
Cuando nace el primer hijo de una mujer no solamente nace un niño, también nace una madre y ella vive esta nueva dimensión de su personalidad como algo muy profundo y poderoso, que puede cambiar toda su concepción del mundo y de si misma. Entregada al vínculo se encuentra que todo puede cambiar con la llegada del segundo hijo.
Ya no podrá entregarse por completo al que ha sido hasta ahora su gran amor, y tampoco podrá tener una completa unión con el segundo que deje al primero fuera de la relación materno-filial.

Los sentimientos de la madre

Pese a que durante el embarazo y en los primeros momentos pueda haber sentimientos contradictorios hacia los dos hijos y hacia una misma, miedo a no amar suficiente o a no llegar a atender a ambos, normalmente las madres son capaces de reconstruir las relaciones de la familia de una manera que de acogida a todos en una nueva manera de entender el amor y la comunicación.
El segundo hijo llega, sea planificado o no, en un momento diferente de la vida de esa mujer y le hará relacionarse con él y sentir emociones diferentes posiblemente a las que experimentó con el primero. Tendrá menos temores pero también menos tiempo, más experiencia pero también menos disponibilidad.
En algunos casos hay una cierta culpabilidad y angustia, pero en otras el niño mayor es percibido como molesto o desarrolla comportamientos regresivos o de llamada de atención ante sus padres, dificultando la comunicación en la nueva forma que ha tomado su familia.

La edad del primer hijo influye

La forma en la que el hijo mayor reacciona ante la llegada del bebé no es siempre previsible aunque, sin duda, aspectos madurativos son importantes.
Algunos niños muy pequeños se adaptan bien en apariencia al nuevo bebé siempre que la familia cuente con apoyos para atenderlos a ambos, pero sin duda las mamás se sienten especialmente agotadas si tienen que cuidar a dos bebés que no caminan, usan pañales o tienen despertares nocturnos.
A partir de los dos añitos las cosas podrían ser más sencillas, pero muchas veces los pequeños no son capaces de expresar sus sentimientos contrapuestos hacia el hermanito que les quita atención de sus padres. Los padres, a veces, en vez de entender que su hijo se siente asustado y solo y que no está preparado para compartirlos, se enfadan con él cuando se pone más caprichoso de lo normal, tiene regresiones, pesadillas o berrinches. Algunos vuelven a hacerse pipí o se muestran agresivos, todo motivado por el deseo de recuperar más atención y no saber decirnos cuanto nos necesitan y como querrían a veces que nada hubiera cambiado.
La comprensión es fundamental para ayudarles a pasar esta crisis personal. El hermanito no es su responsabilidad e, incluso si lo “pedían” no es sorprendente que lo encuentren un poco decepcionante, ya que no sirve para jugar con él.
La pareja, la familia o los amigos cercanos tienen entonces un papel importante, acompañándolo en ratos y ayudando para que la mamá pueda también disponer de ratos en los que le dedique mimos y atención exclusiva.
Es mejor que el nacimiento del segundo no suceda a la vez que otros importantes cambios en la vida de un niño: dejar el pañal, pasar a su cuarto o entrar en la guardería, para evitar que tenga que enfrentarse a situaciones de tensión acumuladas.
Para los niños a partir de los seis años suele ser más sencillo, ya que no están tan necesitados de atención constante, tienen amigos e intereses con los que pasar el tiempo cuando su madre no puede estar con ellos. También, por supuesto, tienen una mayor maduración física, emocional e intelectual que les va a permitir entender la nueva situación. Sin embargo no podemos descartar que sientan celos, sobre todo si les empezamos ahora a exigir que cuiden del hermanito sin desearlo ellos o a que se comporten como “mayores” todo el tiempo.
No hay un momento ideal para el segundo nacimiento que pueda ser aconsejado, cada familia tiene sus ritmos, prioridades y necesidades, pero en general es conveniente planificar ese nacimiento cuando madre, padre e hijo mayor estén preparados para organizar su tiempo y sus emociones dándo cabida al nuevo miembro. Pero una cosa ese segura, amar al segundo hijo no va a ser un problema.
Mireia Long En Bebés y más

viernes, 30 de diciembre de 2011

Hermanos: la ventaja de crecer juntos




A las mujeres nos sucede con frecuencia que, embarazadas por segunda vez, tenemos la sensación y el temor de que no podremos amar a un “otro” tan profundamente como amamos a nuestro hijo ya nacido. Es tal la potencia del amor, la vivencia completamente nueva desde que hemos devenido madres, que creemos que será irrepetible tamaña intensidad. Sin embargo, el corazón de las madres no se divide, sino que se multiplica con cada hijo que nace. Esto lo comprobamos recién cuando el segundo hijo ha nacido y el amor se instala con la naturalidad y el derroche de antaño. Una vez que hemos comprobado que no hay peligro, que podemos amar a dos hijos, luego a tres o a cuatro…desplazamos ese temor en nuestros propios hijos: suponemos que “ellos” no podrán amar a otro. Y que la presencia de un hermano, necesariamente será en detrimento de no sabemos bien qué, pero que será vivido como un hecho negativo para ellos.

A partir de ese momento, cualquier actitud molesta del niño, cualquier rabieta, llanto, enfermedad, mal humor, enfado, insatisfacción o inquietud, la interpretaremos desde el punto de vista del dolor o la incomodidad que supuestamente le ocasiona el hermano. Sin embargo, todos sabemos internamente que no hay nada más maravilloso que el nacimiento de un hermano, que es el ser más par, más cercano, más “hermanado” que tendremos a lo largo de la vida. Y si los padres decidimos tener más hijos para amarlos, lo lógico es compartir ese fin con nuestros hijos ya nacidos para ampliar y aumentar nuestro campo de amor. 

La hermandad como experiencia concreta puede llegar a ser una de las vivencias más extraordinarias para un ser humano. Sin embargo tener hermanos no es garantía de que esos lazos de amor y proximidad emocional se instalen. Ni siquiera influye positivamente o negativamente que tengan poca diferencia de edad entre ellos o mucha, que sean del mismo sexo o que compartan habitación. La hermandad en su sentido profundo podrá desarrollarse siempre y cuando los padres sean capaces de atender las necesidades de unos y otros sin rotularlos, sin encerrar a cada hijo en un personaje determinado, sin considerar que uno es bueno y otro malo, uno inteligente y otro tonto, uno veloz y el otro lento. Esas afirmaciones aparentemente inocentes que los adultos perpetuamos durante la crianza de los niños, las utilizamos sin darnos cuenta para asegurarnos un rol estático para cada uno. Cuando un niño comprende que según sus padres es inteligente, o responsable o distraído o agresivo o terrible, intentará asumir ese papel a la perfección. Es decir, será el más terrible de todos o el más valiente de todos. Habitualmente cada hermano tendrá asignado un personaje para representar, alejándolo de ese modo de su propio ser esencial y también del ser esencial de cada uno de sus hermanos.

Por eso, nos corresponde a los padres estar atentos y observarlos limpiamente, en lugar de interpretar subjetivamente cómo creemos que son cada uno de ellos según nuestra perspectiva. Si insistimos en nombrar una y otra vez que tal es obsesivo, el otro es enfermo o el último es alegre, sólo lograremos provocar distanciamiento entre los hermanos, ya que se sentirán demasiado diferentes unos de otros. En cambio, si nos interesa ayudarlos a instalar la hermandad, será menester escuchar y comprender a cada hijo. Luego podremos traducir con palabras sencillas lo que hemos entendido acerca de ellos, acercando esos pensamientos al resto de nuestros hijos. De ese modo colaboraremos para que cada niño incorpore otros puntos de vista, otras vivencias y otros registros y pueda entonces amar a sus hermanos porque los ha comprendido.

La hermandad se instala entre los hermanos si los padres trabajan a favor de ella. La hermandad surge de la proximidad afectiva, del cariño, del deseo de ayudar, sostener, acompañar y nutrir. La hermandad se construye desde el día en que un niño ha nacido si los hermanos se saben imprescindibles para el recién nacido. Los niños mayores serán capaces de desviar sus intereses personales hacia el pequeño, sólo si sus necesidades básicas de protección, cuidados y mirada han sido satisfechas. Si el amor circula en la familia, cada nuevo miembro es una bendición, sin importar la diferencia de edad o las circunstancias familiares en las que se produce la aparición del niño. Nuestros hijos aprenderán a amar a sus hermanos si los incluimos en el mismo circuito de amor y dicha. Si demostramos la felicidad por la nueva presencia, si participamos todos en los cuidados del niño más pequeño, si respondemos a su vez a las demandas y necesidades específicas de los niños mayores y muy especialmente, si esos niños mayores están acostumbrados a ser mirados y escuchados genuinamente por sus padres. Es decir, las bondades de la hermandad podrán desplegarse dentro de una familia, si antes cada hijo se siente amado, importante a ojos de sus padres y especial.

Por el contrario, si los niños perciben sufrimiento, soledad, apatía o abandono emocional, el bebé recién nacido no logrará hacer crecer en sus hermanos la empatía ni el cariño. Ningún niño estará en condiciones de alimentar afectivamente a un hermano si está hambriento de cuidados, por más que sea mucho mayor en relación al pequeño o porque sus padres se lo demanden. De nada vale teorizar sobre el bien ni sermonear sobre lo que es correcto hacer, ya que cada niño podrá asumir espontáneamente el amor hacia los hermanos, sólo si realmente siente que el amor abunda a su alrededor.  Y en todos los casos, somos los padres quienes tenemos la responsabilidad de la nutrición amorosa.

Amar a los hermanos no es un tema menor. Cuando tenemos la dicha de vivir la experiencia de la hermandad dentro de casa, luego podemos trasladarla a los demás vínculos humanos y sentir que casi cualquier persona puede constituirse en un hermano del alma. Y si es nuestro hermano del alma, no dudaremos en dar la vida por él. Ese derroche de amor y generosidad brotará de nuestro corazón si la hemos aprendido en la sencillez de la infancia.

Laura Gutman


jueves, 21 de agosto de 2008

Cuando esperás a tu segundo hijo...

La felicidad y el amor que su primer hijo trajo a su vida son inconmensurables, y ahora el hecho de enterarse de que está esperando un segundo bebé le colma de ilusión pero también de cierta inquietud. Aunque ya ha pasado antes por un embarazo y un parto, ahora tiene responsabilidades añadidas a la hora de prepararse para la llegada de su segundo hijo.
Afortunadamente, prepararse para la llegada del segundo hijo puede ser tan gratificante y especial como la primera vez. Ayudar a su hijo mayor a entender qué puede esperar puede mitigar la ansiedad de ambos, y ser consciente de los cambios que supondrá el hecho de tener otro hijo es la mejor forma de prepararse y de preparar a su hijo mayor para el feliz acontecimiento.

¿Qué cambiará?

Traer al mundo a un segundo hijo y cuidar de dos hijos puede imponer bastante al principio. Su mejor opción será organizarse bien antes de que nazca el bebé, aunque esto pueda parecer un poco más desafiante de lo que le pareció la primera vez que tuvo un hijo.
Puesto que tendrá el tiempo más limitado, estará más ocupada y tendrá que hacer malabarismos con sus horarios, las horas de dormir y de comer fluctuarán y dependerán en gran medida de la edad que tenga su hijo mayor.
También se cansará más fácilmente, incluso antes de que nazca el bebé, ya que cuidar de su hijo mayor estando embarazada consumirá gran parte de su energía. Tras el nacimiento, las primeras seis a ocho semanas pueden ser particularmente agotadoras, porque su principal tarea consistirá en intentar que su hijo menor desarrolle un patrón regular de alimentación y de sueño, al tiempo que anticipa las necesidades y emociones cambiantes de su hijo mayor.
Uno de los cambios positivos que traerá consigo el nacimiento de su segundo hijo será una mayor confianza en sus habilidades, experiencia y conocimientos relacionados con la maternidad. Es decir, cosas que le parecían tan complicadas cuando nació su primer hijo –amamantarlo, cambiarle los pañales, bañarlo, cuidarlo cuando se ponía enfermo- le parecerían “coser y cantar” en vez de obstáculos infranqueables.


¿Cómo le afectará a usted?


La llegada de un nuevo bebé a la familia le afectará de muchas formas diferentes –algunas físicas y otras emocionales. Estar agotada y sentirse un poco ansiosa es algo normal cuando nace un segundo hijo.
La "tristeza posparto" puede ser una experiencia un tanto intimidante, pero usted no tiene que afrontar sola esos sentimientos de desaliento y depresión. Hable con su médico sobre sus síntomas. Es importante distinguir entre un caso típico de "tristeza posparto", que se suele superar en pocas semanas, y la depresión posparto, un trastorno grave que puede desembocar en problemas afectivos y de de sueño si no se trata correctamente. Si empieza a sentirse muy deprimida o ansiosa o a pensar en hacerse daño a sí mismas o hacerle daño al bebé, pida ayuda a su médico inmediatamente.
Desde el punto de vista físico, lo más probable es que se sienta dolorida y agotada, particularmente si tiene un parto difícil o un parto por cesárea. Esto convertirán las tomas nocturnas en algo especialmente duro, sobre todo si opta por la lactancia materna.
Pedir ayuda a una “doula” o acompañante durante el día puede permitirle descansar y a dormir, dos necesidades fundamentales durante el posparto. En muchos países existe la figura de la “doula” que es una mujer cuya formación especializada en cuidados maternales y perinatales la capacita para cuidar de la madre y el bebé durante el par de semanas inmediatamente posterior al parto.
Si usted trabaja fuera de casa, tal vez le asalten dudas sobre su futuro profesional. Tomar una decisión sobre cuándo reincorporarse al trabajo es algo muy importante; pida apoyo a su familia y a sus amigos a la hora de sopesar todas las opciones posibles.
No se sorprenda si le preocupa el proceso de formación del vínculo con su nuevo hijo. Tal vez le resulte difícil hacerse a la idea de que sentirá tanto amor por el recién llegado como el que ahora siente por su hijo mayor –pero lo hará. Como suelen comentar tanto las madres como los padres, el amor paterno se duplica cuando nace un segundo hijo.
Se dará cuenta de que tendrá muy poco tiempo para sí misma o nada de tiempo en absoluto durante los meses inmediatamente posteriores al parto. Es posible que las noches sin dormir y las tensiones de cada día le superen, de modo que asegúrese de reservarse un tiempo "de soledad" y hacer de ese tiempo una prioridad. Asimismo, usted y su pareja se darán cuenta de que apenas pasan tiempo los dos a solas, así que asegúrese de programar alguna cita ocasional en cuanto se normalice la situación y se asienten las cosas.

Ayude a su hijo mayor a adaptarse a la nueva situación

Su hijo mayor experimentará diversas emociones; se sentirá celoso e ilusionado al mismo tiempo, y hasta es posible que sienta cierto rencor o resentimiento contra el recién llegado. Los niños pequeños no son capaces de verbalizar sus sentimientos y pueden manifestar regresiones en su comportamiento tras el nacimiento de un hermanito. Pueden volver a chuparse el dedo, empeñarse en volver a tomar el biberón, volverse a orinar encima y comunicarse utilizando el habla infantil propia de los bebés para llamar la atención.
Los niños pequeños también pueden expresar sus sentimientos poniendo a prueba la paciencia de sus padres, portándose mal, teniendo rabietas o negándose a comer. Estos problemas suelen ser transitorios, pero el hecho de preparar a un niño con antelación puede ayudarle a hacerse a la idea de que va a atener un hermanito y a adaptarse mejor a la nueva situación familiar. Una buena idea es instarle a desempeñar el papel de hermano mayor.

Puede conseguirlo de muchas formas diferentes, por ejemplo:

* Deje que su hijo mayor elija artículos para decorar la habitación de su nuevo hermanito. Si los dos hermanos van a compartir habitación, esto será especialmente importante.
* Encuentre un regalo especial que su hijo mayor quiera compartir con el bebé, como uno de sus libros o juguetes preferidos, o una fotografía suya que le haga ilusión colocar en la habitación del bebé. También puede apetecerle regalarle algo a su hijo mayor, como una silla especial para que se siente en ella mientras usted amamanta al bebé.

* Resérvese un tiempo especial para estar a solas con su hijo mayor. Pueden acercarse a la biblioteca, ir a comprar al supermercado o, simplemente, puede leerle unos cuantos cuentos más a la hora de acostarlo. Su pareja puede colaborar encargándose del cuidado del bebé durante esos ratos.
* Léale cuentos a su hijo o represéntele historias que le darán a entender los cambios que van a ocurrir en la familia. Hay varios libros escritos especialmente para niños pequeños que van a tener un nuevo hermanito que pueden ser de gran ayuda. Vaya a una librería y pídale al librero que le recomiende títulos específicos.
* Prepare a su hijo mayor para lo que podrá esperar cuando llegue a casa el bebé. Esto implica explicarle que el bebé llorará, dormirá y necesitará que le cambien los pañales frecuentemente, así como asegurarle que, a pesar de que el bebé reclamará gran parte de su atención, seguirá quedando mucho tiempo y mucho amor para él.
* Refuerce el papel de su hijo mayor en la familia. Dígale a su hijo que será el “hermano mayor” o la “hermana mayor” del nuevo bebé, y deje que vaya haciendo sus pinitos con su nuevo rol. Considere la posibilidad de que su hijo mayor la acompañe a alguna de las visitas prenatales o de dejarle estar presente en alguna ecografía. Si va a dar a luz en un hospital, infórmese sobre la política de visitas tras el nacimiento del bebé.

La llegada de un nuevo bebé a la familia representa un gran cambio en la vida de un niño, de modo que sería sensato que pospusiera la introducción de otros cambios importantes en la vida de su hijo. Probablemente no sea el mejor momento para enseñarle a usar el váter, empezar a hacer la transición del biberón al vaso o matricular a su hijo mayor en un centro de preescolar donde estará separado de usted gran parte del día por primera vez. La consistencia ayudará muchísimo a que su hijo se adapte sin problemas a la llegada de un nuevo miembro a la familia.

Los hermanos mayores desempeñan un papel muy especial en la vida de cualquier niño, de modo que no deje a su hijo mayor al margen de la toma de decisiones. Con tanta atención centrada en el recién nacido (las visitas de los familiares, muebles nuevos, ropita nueva para el bebé, juguetes…), es fácil que su hijo mayor se sienta ignorado o dejado de lado. Asegúrele a su hijo mayor que es tan especial como el recién llegado dejándole participar en las actividades relacionadas con el cuidado del bebé.

Consejos para afrontar mejor la situación

Hay varios consejos que le pueden ayudar a afrontar las responsabilidades añadidas de tener un segundo hijo. Algunos de ellos se refieren a cosas que podrá hacer antes del nacimiento del bebé.

* Llene la casa de alimentos listos para comer o de preparación rápida. Si tiene ganas de cocinar, haga el doble de comida y congélela porque, cuando haya nacido el bebé, le resultará sumamente difícil encontrar energía al final del día para ponerse a cocinar. Tenga en casa los menús de algunos restaurantes u otros establecimientos que preparen comida para llevar, incluyendo unos pocos que repartan la comida a domicilio.
* Reorganice la habitación de la colada, reservando un cesto para cada niño a fin de que le resulte más fácil encontrar y doblar la ropa. La acumulación de coladas suele ser la principal queja de las madres que tiene bebés de pocos meses –parecen cuadruplicarse cuando llega un nuevo bebé, de modo que ahora es el momento de organizarse.
* Si es posible, utilice artículos que ya tenga en casa o que otros miembros de su familia estarán deseosos de compartir con usted, en vez de verse obligada a salir a comprarlo todo nuevo. Los artículos de segunda mano, como las cunas, los moisés, los cochecitos, las tronas y la ropita del bebé, pueden ayudarle a ahorrar tiempo y dinero.
* Agasájese con unos cuantos vídeos, y no los vea hasta que haya nacido el bebé. Le ayudarán a aceptar las tomas a altas horas de la noche.
* Guarde en el coche una bolsa de pañales llena de todos los extras necesarios para estar siempre preparada. Muchas madres guardan también en el coche una bolsita de juguetes para el hermano mayor y una bolsa de pañales, toallitas limpiadoras y una manta extra para el bebé.
* Tenga un libro o una caja de juguetes a mano en su habitación, el cuarto de estar e incluso el lavabo o la habitación de la colada, para poder ofrecerle a su hijo mayor algo con que entretenerse si surgiera algún problema inesperado.
* Pida a algún familiar que pase varios días en su casa tras el nacimiento del bebé si a usted no le incomoda su presencia. Esa persona no solo lo hará encantada, sino que usted podrá disfrutar del descanso que tanto necesita.
* Si se lo pude permitir, contrate a un canguro o a una persona que se encargue de las tareas domésticas para que venga a su casa una vez por semana durante un par de meses después del parto para que le eche una mano con tareas que son demasiado agotadoras para su estado.
* Infórmese en el centro de servicios sociales o religiosos más cercano. Hay una gran cantidad de programas y clases que ofrecen actividades y apoyo social para familias con niños pequeños.
* No se olvide de cuidarse y de atender a sus propias necesidades. Mímese un poco, incluso con algo tan simple como cortarse el pelo o darse un baño con velas y música, para ayudarse a relajarse tras un día agotador.

Una vez usted y los demás miembros de la familia se acostumbren a la idea de tener otro niño en casa, podrán disfrutar de los muchos aspectos positivos de tener una gran familia..