Carlos González
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domingo, 18 de diciembre de 2011
Puede haber algo más lindo?
Carlos González
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Cómo evoluciona el sueño en los bebés

Artículo de rosa Jové: " ASÍ EVOLUCIONA EL SUEÑO DE LOS BEBÉS"
Saber cuándo su bebé dormirá de un tirón es una de las preocupaciones de la mayoría de padres primerizos. El cansacio y las dificultades de adaptación al nuevo ritmo de vida les hacen ver los despertares de su hijo como un problema cuando, en realidad, no lo es. Tanto los niños como los adultos tenemos despertares nocturnos. La única diferencia es que nosotros sabemos volvernos a dormir ellos no. Pero algún día lo conseguirán.
Un recién nacido se diferencia muy poco del pequeño bebé intrauterino que era unos segundos antes. Por eso, en el fondo, precisa los mismos cuidados. Necesita que se le ofrezca comida cuando tiene hambre, ya que en el vientre materno la alimentación era automática, y mucho contacto físico, puesto que en el útero materno estaba permanentemente abrazado. Pero casi nada más. La ropa, los pañales... son cosas que el bebé no va a reclamar si se encuentra arropado por los brazos de sus papás.
¿Y dormir? ¿Cómo hemos de enseñar a dormir a los recién nacidos? Pues de ninguna manera, porque ya nacen sabiendo dormir. Ésta es una necesidad vital básica sin la cual no sobreviviríamos mucho tiempo, así que la naturaleza se encarga de que poseamos esa facultad incluso antes de nacer. Pero no siempre es igual, sino que el sueño va evolucionando, adaptándose a las necesidades del ser humano en cada momento.
LOS PRIMEROS TRES MESES
Los bebés ya duermen en el útero materno. Se ha comprobado que a partir de los 6 meses tienen una fase de sueño activo, y a partir de los siete, una de sueño más tranquilo. En esas dos fases ocupan la mayor parte del tiempo.
Cuando un niño nace, su sueño es casi igual al que tenía en el vientre de su madre. Por lo tanto, si se reproducen las condiciones del seno materno, dormirá cuanto necesite. No hay que olvidar que las horas que precisa cada bebé son diferentes, y que varían entre las 12 y las 16 horas los primeros días.
Pero ¿sabemos cómo es el sueño de un bebé de pocos meses?
-Ultradiano. Los horarios de los bebés son caóticos. Hasta que no son más mayores no adquieren el ritmo circadiano, el que permite diferenciar el día de la noche. También necesita dormir más horas. Conforme vaya creciendo, se reducirán hasta llegar a las ocho de media que necesitan los adultos.
-Polisecuencial. ESo significa que un niño duerme varias veces durante todo el día. Los adultos frecuentemente dormimos de un tirón (por la noche), pero los bebés de menos de tres meses duermen varias veces a lo largo del día.
-Bifásico. Las fases de sueño también son diferentes ya que los adultos tenemos cinco fases y los recién nacidos, sólo dos. Nuestras cinco fases van desde que estamos despiertos (vigilia), pasando por la fase I de adormecimiento, la fase II de sueño ligero, hasta las fases III y IV de sueño profundo. También tenemos una última fase, la REM. Los bebés sólo tienen fase REM y una fase de sueño ligero. El resto las adquieren con el paso del tiempo.
-Tiene un 80% de sueño REM. Esta fase, aquella en la que soñamos, tiene como misión recolocar en nuestro cerebro los aprendizajes realizados durante el día y gestionar las emociones. Es por eso que los recién nacidos tienen un 80% de sueño en fase REM, ya que apenas se cansan físicamente y no necesitan fases de sueño profundo. En cambio, aprenden muchas cosas y necesitan más sueño REM. A medida que van creciendo y hacen más ejercicio físico, esta proporción se va modificando.
-Los ciclos son más cortos. Los de los bebés duran unos 45 minutos, mientras que los de los adultos pueden ser de hasta 90 minutos.
Para que un lactante de pocos meses duerma correctamente hay que procurar que se sienta seguro y cuidado permenentemente. Un niño amorosamente atendido y alimentado a demanda dormirá siempre que lo necesite, aunque sea en horas y períodos distintos de otro bebé de la misma edad.
DE LOS 4 A LOS 7 MESES
El bebé va creciendo y madurando, y su sueño también. Tres son las palabras que definen su descanso en esta etapa:
-Circadiano. Es decir, el bebé ya es capaz de diferenciar el día de la noche. Aunque cada niño va a su ritmo, por lo que las cifras son variables, la mayoría de los bebés de siete meses suelen hacer un par de siestas durante las horas diurnas y duerme por la noche durante un período de tiempo más o menos largo. Además el número global de horas de descanso se reduce hasta situarse entre las 10 y las 15.
-Secuencial. A partir de este momento tiene adquiridas casi todas las fases del sueño del adulto, puede unirlas con más facilidad y, por lo tanto disfrutar de períodos de sueño de más de un ciclo.
-Inestable. El sueño entre los cuatro y siete meses es muy inestable porque van surgiendo las fases que faltan y el bebé necesita adaptarse a ellas. Es un período de transición el el que los despertares son muy frecuentes, a veces incluso más que en los primeros meses. ¿Por qué? ¡Pues porque están practicando! Ahora hay más fases y más cambios, y los niños deben ensayar para aprender.
Esta época suele ser de especial dificultad para los padres puesto que el sueño de su hijo es muy ligero, con frecuentes despertares. AFortunadamente, siempre hay algo que ayuda al niño a conciliar mejor el sueño (estar cerca de los adultos, una canción, un muñeco, el silencio, el ruido...). Ésta es una etapa transitoria y lo que se debe intentar es, simplemente, que el niño duerma lo mejor posible.
DE LOS 8 A LOS 24 MESES
En esta etapa, el sueño de muchos niños es básicamente:
-Temido. Imaginen que un recién nacido duerme durante dos horas. Cuando se despierte pensará que se encuentra en el mismo momento que dos horas antes,puesto que no tiene idea el paso del tiempo ni tampoco de lo que ha pasado. Pero un niño de 8 meses sí la tiene. Empieza a darse cuenta de que hay un período de tiempo -cuando se va a dormir- en que se separa de sus padres y que, además , no sabe lo que sucede entretanto. Es por ese motivo que intenta retrasar al máximo el momento de meterse en la cama. En estas edades es muy frecuente que algunos niños pequeños se queden completamente dormidos mientras hacen acitividades que ocultan momentáneamente la idea de que van a separarse de sus padres: jugando, paseando, viendo la tele...
Para que aprendan a regular esa ansiedad, debemos calmarles antes de que se vayan a dormir. Tamibén es importante dejarles bien claro que no deben temer ese momento porque siempre estaremos con ellos si nos necesitan.
-Inquieto. Se ha comprobado que mientras se duerme, sobre todo en fase REM, todo aquello que preocupa puede asimilarse, pero también provocar pesadillas y otros trastornos que, curiosamente, suelen aprarecer a estas edades. La razón es que ésta es una etapa de muchos aprendizajes para el niño. En algún momento durante estos meses empieza a andar y a inverstigar un entorno desconocido hasta entones, lo que le produce mucha ansiedad. El inicio de la alimentación complementaria y, más tarde, la retirada el pañal tamibén son frecuentes motivos de ansiedad infantil y de regañinas de muchos padres a sus hijos.
¿Te extraña que su sueño sea inquieto? Les ocurre lo mismo que a los adultos, que cuando estamos nerviosos dormimos bastante peor. Por todas estas razones, el sueño de los niños es agitado y los despertares por la noche aún están presentes en la mayoria.
DE LOS 3 A LOS 5 AÑOS
Cuando llegan a esta edad, los niños tienen más horas de actividad diruna, lo que determina que el tiempo de sueño se reduzca -es la época en la que se suelen eliminar espontáneamente las siestas-, y tan sólo exista un período de descanso nocturno de unas 10-12 horas. En este momento puede afirmarse aque el sueño infantil ya es muy parecido al de los adultos.
¿Te has fijado? En cada período de nuetra vida el sueño se adapta perfectamente a nuestras necesidades. ESo provoca que el descanso de un adulto sea diferente del de un recién nacido, y también del de un anciano, que casi no tiene sueño profundo y, en cambio, suele tener más períodos de sueño ligero y necesidad de dormir pequeñas siestas durante el día.
El sueño es un proceso evolutivo. Nacemos sabiendo dormir y vamos dearrollando y adaptando esta acitividad según la edad. Simplemente es cuestión de saber cómo es el sueño infantil en cada momento para ayudarlo a evolucionar correctamente.
Ilustración: Patricia Metola
sábado, 16 de agosto de 2008
La cama familiar
Por muchos años el hombre había tenido una sola manera de subsistir, no fuimos creados para permanecer apartados, nuestra especie necesita de la cercanía, del calor humano y hasta de la aprobación de nuestros congéneres. Esto había sido así por miles y miles de años, de hecho de esta manera se vivió (y se durmió) generaciones enteras, hasta que la brillantísima capacidad del hombre de desafiar y reglamentar a la madre naturaleza hizo su aparición. Afortunadamente esto está cambiando, y ahora, casi en el principio del siglo XXI estamos empezando a redescubrir y aceptar nuestros verdaderos instintos.
La unidad familiar no sólo debe demostrarse durante el día, no es como un negocio en el cual llegada determinada hora se cierra la puerta y a descansar...¡no!, los niños necesitan un tiempo para adaptarse a este mundo y sentir que pertenecen a una familia (nosotros). Y aunque nos cueste aceptarlo, ese tiempo incluye también la noche. Simplemente pongámonos en su lugar: viene de un mundo totalmente diferente, cálido, confortable, donde no existía ni el frío, ni el hambre, ni la soledad, ni horarios rígidos y sobretodo no sabía la diferencia entre el día o la noche porque siempre estaba con su mamá, y de repente al nacer vienen drásticos cambios a su vida, como respirar, cambios de temperatura y el sentirse aislado. Para cualquier esposa la inquietud que se siente cuando el marido sale de viaje incluye temor y responsabilidad que a veces es angustiante, y este ejemplo es a mínima escala en comparación con lo que sufre un bebé. La rutina y el estrés nos han hecho tener una mentalidad fría, al grado que a la madre que le dedica “demasiado” tiempo al bebé la consideramos como una madre que lo “malcría”, y peor aún si lo amamanta y lo duerme con ella y su marido después de la cuarentena. Pero ¿cuánto es “demasiado”? ¿Deben los demás decidir sobre algo tan íntimo con lo que ni si quiera tienen que lidiar? Todas las culturas tienen registros de algún modo en los que se manifiesta que los niños eran amamantados y dormían con los padres por el tiempo que fuera necesario (según la necesidad real del niño, no lo que los padres pensaban). Debemos seguir escuchando a la naturaleza y no romper con los hermosos momentos que nos ofrece. A nosotros nos tocó ser educados a la manera “moderna” en donde los padres se sentían orgullosos al alimentarnos con los nuevos y modernos biberones, instalarnos en una hermosísima pero fría habitación propia, y dejarnos llorar para hacernos un horario... Todo esto para su conveniencia, y los resultados son tan tangibles como nuestras propias experiencia: el sentirse rechazado, no bienvenido, el solicitar consuelo en una noche desolada y simplemente no lograr que la puerta de los papás se abra...Aparentemente esta forma de educar era muy efectiva, pero si lo han intentado, estarán de acuerdo en que se duerme menos tratando de forzar a los niños a dormir solos, se invierte más tiempo y se siente uno frustrado, que si se les da la oportunidad de disfrutar de nuestra compañía y protección incondicional. Los resultados de esta forma de educar también son obvios en la sociedad, conde cada vez más se siente un vacío existencial y una falta de autoestima y un terror a noches solitarias por lo que se busca compañía y caricias desde muy joven, y fiestas y parrandas para no sentir la soledad que se sintió en la infancia.

La unidad familiar no sólo debe demostrarse durante el día, no es como un negocio en el cual llegada determinada hora se cierra la puerta y a descansar...¡no!, los niños necesitan un tiempo para adaptarse a este mundo y sentir que pertenecen a una familia (nosotros). Y aunque nos cueste aceptarlo, ese tiempo incluye también la noche. Simplemente pongámonos en su lugar: viene de un mundo totalmente diferente, cálido, confortable, donde no existía ni el frío, ni el hambre, ni la soledad, ni horarios rígidos y sobretodo no sabía la diferencia entre el día o la noche porque siempre estaba con su mamá, y de repente al nacer vienen drásticos cambios a su vida, como respirar, cambios de temperatura y el sentirse aislado. Para cualquier esposa la inquietud que se siente cuando el marido sale de viaje incluye temor y responsabilidad que a veces es angustiante, y este ejemplo es a mínima escala en comparación con lo que sufre un bebé. La rutina y el estrés nos han hecho tener una mentalidad fría, al grado que a la madre que le dedica “demasiado” tiempo al bebé la consideramos como una madre que lo “malcría”, y peor aún si lo amamanta y lo duerme con ella y su marido después de la cuarentena. Pero ¿cuánto es “demasiado”? ¿Deben los demás decidir sobre algo tan íntimo con lo que ni si quiera tienen que lidiar? Todas las culturas tienen registros de algún modo en los que se manifiesta que los niños eran amamantados y dormían con los padres por el tiempo que fuera necesario (según la necesidad real del niño, no lo que los padres pensaban). Debemos seguir escuchando a la naturaleza y no romper con los hermosos momentos que nos ofrece. A nosotros nos tocó ser educados a la manera “moderna” en donde los padres se sentían orgullosos al alimentarnos con los nuevos y modernos biberones, instalarnos en una hermosísima pero fría habitación propia, y dejarnos llorar para hacernos un horario... Todo esto para su conveniencia, y los resultados son tan tangibles como nuestras propias experiencia: el sentirse rechazado, no bienvenido, el solicitar consuelo en una noche desolada y simplemente no lograr que la puerta de los papás se abra...Aparentemente esta forma de educar era muy efectiva, pero si lo han intentado, estarán de acuerdo en que se duerme menos tratando de forzar a los niños a dormir solos, se invierte más tiempo y se siente uno frustrado, que si se les da la oportunidad de disfrutar de nuestra compañía y protección incondicional. Los resultados de esta forma de educar también son obvios en la sociedad, conde cada vez más se siente un vacío existencial y una falta de autoestima y un terror a noches solitarias por lo que se busca compañía y caricias desde muy joven, y fiestas y parrandas para no sentir la soledad que se sintió en la infancia.
Existen muchos mitos a los que nos tenemos que enfrentar, pero si estamos bien informados nos daremos cuenta que son sólo eso, mitos, y que la decisión de cómo educar a nuestros hijos es sólo nuestra y podemos tomarla sabiendo bien lo que hacemos. Aquí listamos los más comunes:
• “No contamos con suficiente espacio en la habitación” En nuestra misma cama, el bebé será el más feliz, no hay necesidad de más artefactos, y nos brinda la enorme ventaja de que la madre puede amamantarlo acostada sin que ninguno de los tres tenga que despertarse por completo, de este modo evitamos lo que otras familias aparentemente perfectas viven: escuchar el llanto despavorido de su hijo, levantarse después de esperar inútilmente a que se consuele sólo , tener que ir a otra habitación, preparar biberones, etc. ¿para qué queremos más espacio que nuestra cama?
• “Los niños no se van a independizar” Si tomamos en cuenta que la independencia se aprende a través de la dependencia, es decir, llenando sus necesidades para que no se aferren más a lo que quieren, llegamos a la conclusión de que en la medida que los ayudemos a superar esta etapa de necesidades, veremos resultados satisfactorios en más corto plazo que si tratamos de apresurar a los niños empujándolos a la independencia cuando aún no están listos, ya que años después reflejarán de alguna forma la dependencia que aún tienen y les costará más valerse por ellos mismos.
• “Los niños te toman la medida, te manipulan” Para el niño, lo que quiere y lo que necesita es exactamente lo mismo, entre más le midamos la atención a sus necesidades (el cariño también es una necesidad) k, buscará métodos para llamar nuestra atención y asegurarse de que no lo abandonemos, en cambio si está convencido de que estaremos allí para atenderlo, pronto aprenderá a esperar y a ser independiente. Este momento si llega de manera definitiva, aunque sintamos que tarda mucho en llegar.
• “Tengo miedo a asfixiarlo” El instinto de supervivencia del niño es muy fuerte, simplemente pensemos en la resistencia del pequeño al ponerle una camisetita , no fácilmente permite que se le tape su cara e interpone las manos, y por otro lado, tu instinto de protección no te abandona por profundo que sea tu sueño, y de la misma forma en que aprendemos a no caernos de la cama, aprendemos a respetar el espacio del niño. Incluso se ha comprobado que la respiración y e el sueño del niño y la madre se sincronizan.
• “No queremos sacrificar nuestra intimidad” Definitivamente la llegada de un bebé no tiene por qué truncar la relación entre sus padres, al contrario, con un poco de comunicación y creatividad la relación se enriquece y obtiene un encanto especial. La primera media hora de sueño, y en algunos niños hasta dos, es profunda, tiempo que se puede aprovechar ingeniosamente si colocamos al bebé en otro sitio por un rato, o incluso si los padres se trasladan a otro lugar de la casa. Con un bebé mayorcito que tenga hermanitos, se puede acostarlo con los hermanos y aceptarlo de nuevo en la cama de los padres más entrada la noche.
• “Necesitamos descansar” El estrés de estar al pendiente de un niño toda la noche se puede aliviar si colocamos la cuna pegada a la cama, de forma que la madre no tenga que desplazarse tanto, o sí tiene una cama grande pegarla a la pared o usar barandas de seguridad para que pueda amamantarlo acostada sin interrumpir su descanso.
• “¿No podría convertirse en algo promiscuo o indecente?” Eso depende definitivamente de nosotros, del sentido que se le dé y de la naturalidad con que durmamos juntos. Anteriormente, cuando las familias acostumbraban compartir el dormitorio, no sólo con sus bebés sino con los demás hijos, teniendo una o dos camas extras dentro del dormitorio principal, incluso era considerada una ofensa ofrecer lugar a las visitas fuera de esta habitación , en ese entonces las frases “irse a la cama” o “acostarse” no tenían significado sexual.
• “Si los hijos se acostumbran a dormir acompañados, ¿no buscarán continuar esta práctica con sus parejas en la adolescencia?” La vivencia familiar basta más que las explicaciones, un niño que ve que sus padres se aman, le dan amor, tiempo y compañía, no ve nada mal sino natural. Este niño no tendrá vacíos de amor, compañía o caricias que lo hagan buscar el sexo a una edad temprana, sino que sabrá que esto es para cuando tenga una familia.

Para ti es muy fácil decir que no le tenga miedo a la oscuridad ¿verdad? ¡Como tú no duermes solo! Probablemente, estén preguntándose, ¿qué es lo que nos pasó?, ¿en qué momento dejamos de comprender la naturaleza? ¿Por qué llevamos un estilo de vida tan diferente? Pues las circunstancias no siempre han favorecido al estilo natural de vida. Conforme más comodidades adoptamos, más nos sumergimos en el mundo material, y por lo tanto perdemos contacto con nuestros instintos. Hemos escuchado hablar de las nanas y las nodrizas quienes tomaban turnos para atender e incluso amamantar a los niños para que sus madres pudieran ocuparse de su vida social, de hecho, a partir de que los partos se empezaron a llevar a cabo fuera de la casa la esterilidad de los hospitales y las anestesias dejaron a las madres totalmente ajenas a la atención de sus hijos recién nacidos, permaneciendo inclusive en cuartos aislados. Pero todo esto llegó a tope alrededor de 1940 donde la higiene fue llevada al extremo y debido a cómo y de dónde provenían los niños empezó a sospecharse que podían contagiar horribles infecciones, al grado de hacerse popular la recomendación de que era peligroso dormir con un bebé. No se daban cuenta que las infecciones provenían de la separación de madre e hijo, ya que ella no podía darle las inmunidades de su leche, y el bebé quedaba más expuesto a infecciones que decían podía transmitir después a otros.
Con todos estos argumentos la unión familiar comenzó a desmoronarse, especialmente durante la noche, se empezó a dejar llorar a los niños ofreciéndoles sustitutos de padres como: biberones en lugar de pecho, chupete en vez de permitirle succionar, la cuan al no dejarlo dormir con los padres, el cochecito sustituyendo a l os brazos y los horarios en lugar de la intuición y el instinto materno.
Obviamente como nada de esto era suficiente, los padres también tuvieron que recurrir a aditamentos para dormir, como bolsas de agua para la cabeza, antifaces, tapones para las orejas, etc. Igualmente comenzaron a usarse drogas para secar la leche, quitar cólicos, quitar la fatiga, el estrés, insomnio, etc...y cuánto nos ha costado comprender que tanto para madres como para hijos, el pecho es la forma de alimentación y vinculación más antigua, más efectiva, más segura, más accesible y económica , y la que viene en el mejor paquete.
Cabe mencionar que necesitamos escuchar a la naturaleza, los instintos, pensamos que satisfacer las necesidades de un niño es convertirlas en un mal hábito, y contradictoriamente creemos que si un buen hábito aparece, desaparecerá pronto, y si un mal hábito se presenta no se podrá superar. Le creeríamos a nuestro pequeño si viene corriendo a la cocina, nos abraza una pierna y nos dice “te quiero”, entonces porqué creer que miente si por la noche dice tener miedo. En la oscuridad, el niño no asocia los ruidos con el objeto del que provienen, y para él, en cierta etapa de su desarrollo, su sus padres no están a la vista, es que simplemente dejaron de existir. Es que el problema no es que no quiera dormir sólo, sino que teme perderlos, a él no le importa lo hermosamente decorada que esté su habitación, y le parece el peor de los castigos tener que estar aislado por horas, expuesto a pesadillas y visiones.
Compartir el dormitorio no es simplemente decidir dónde va a dormir el bebé, sino qué es aceptar al bebé como una pequeña persona con grandes necesidades, confiando más en la intuición de padre, madre e hijos que en las normas de la sociedad, de los medios de comunicación y de la mercadotecnia.
Durante la noche, procuremos atender al bebé inmediatamente, de este modo no lloran tanto, no se despierta ninguno, el bebé no gasta energía y la utiliza en crecer, y los padres descansan mejor.
Hagamos esto como una inversión a largo plazo, para dar seguridad a nuestros hijos, pensando que: “Tal vez sea fácil ignorar el llanto de un niño, pero es imposible ignorar el de un joven” “El mundo sería distinto si en vez de querer las cosas y utilizar a las personas, aprendiéramos a utilizar las cosas y sobretodo a amar a las personas...”
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