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martes, 6 de marzo de 2012

La Relación Física con su Bebé




El contacto físico no solo satisface las necesidades de cercanía y afecto para el bebe; cargar al bebe, implica brindar seguridad, estimulo y movimiento. Contrario a los consejos bien-intencionados para dejar su bebé llorando para que se aprenda, nunca debería dejar a su bebé llorando.


El contacto piel con piel, es específicamente efectivo durante la lactancia, los baños y masajes. Cargar al bebe en brazos o usar un "canguro" para salir de paseo, también satisface las necesidad de contacto físico.
Abrazos, caricias, masajes y juegos físicos, ayudan a satisfacer las necesidades de contacto de los niños mas grandes.

Los bebes nacen con una necesidad urgente e intensa de completa dependencia. El contacto físico provee seguridad, estimulación y movimiento. Los padres que brindan este tipo de acercamiento, promueven el desarrollo de fuertes lazos afectivos con sus hijos. Incluso los niños mas grandes necesitan estar conectados a través del contacto físico con sus padres y así fortalecer mas aun el vinculo.


 Necesidades y Beneficios del Contacto Físico

Para los chicos, el contacto corporal estimula la producción hormonal que participa en el crecimiento, enriquece el desarrollo intelectual y motor y ayuda a regular la temperatura corporal de los bebes, la frecuencia cardiaca y los patrones de sueño y vigilia.

Los bebes que reciben contacto corporal, ganan peso mas rápidamente, se alimentan mejor, lloran menos, son mas calmos y presentan un desarrollo motor e intelectual mas rico.

Las culturas en donde la conexión física hacia los bebes es mas frecuente, tienen menor índice de violencia física entre los adultos.


Como Proveer el Contacto Físico que Nutre

La conexión piel con piel es especialmente efectiva

Amamantar y compartir la hora del baño, brinda una buena oportunidad para las caricias

Los masajes pueden calmar a los bebes con cólicos, ayudan a los chicos a conciliar el sueño y provee también una excelente oportunidad para la interacción y el juego.

Sostener al bebe en brazos así como cargarlo en canguros para ir de paseo, satisface la necesidad de contacto físico, seguridad, movimiento y estimulación necesarios para promover el desarrollo neurológico.

Ser cauto con el sobreuso de artículos diseñados para "sostener" al bebe independientemente tales como columpios, saltadores, cochecitos y andadores de plástico.


Contacto Físico y los Chicos mas Grandes

Los abrazos frecuentes, caricias y masajes, satisfacen las necesidades de cercanía y contacto físico así como también el juego físico y las cosquillas

Las cosquillas y el juego físico deben ser orientadas en intensidad y cantidad, por el deseo del niño y nunca deberían ser forzadas por el adulto

Usar el juego como oportunidad de acercamiento físico

Todos los humanos necesitan el contacto físico para sobrevivir.

Tomado de www.attachmentparenting.org


Bebé atendido, adulto feliz

dulces sueños
Los bebés atendidos serán adultos felices. Está demostrado, o al menos así lo afirman los autores de un estudio recientemente publicado en una prestigiosa publicación médica: ‘Journal of Epidemiology and Community Health” y que ha sido realizado por investigadores de la Universidad de Duke, en Estados Unidos: los adultos que durante su infancia recibieron mucha atención y afecto de sus madres crecen más seguros de si mismos y con mayor capacidad de hacer frente a la angustia y las preocupaciones.
Resumiendo, los adultos que tienen una grata experiencia de la infancia y eran cuidados amorosamente por su madre son más felices que aquellos a los que se les ha limitado el afecto y el contacto.
Los autores realizaron pruebas y entrevistas psicológicas a más de 400 personas de parecido perfil y concluyen que se puede demostrar que las experiencias vitales de pequeños pueden influir en la salud emocional del adulto, siendo el afecto de la madre el aspecto que más influencia tiene y permite crecer con más seguridad, confianza, tranquilida antes las tensiones y capacidad de tener relaciones sociales sanas y enriquecedoras.
Pese a que pseudoexpertos se han pasado los últimos años aconsejando que madres e hijos mantuvieran un contacto físico y afectivo limitado y que los bebés no sean tomados en brazos, atendidos cuando lloran o no se les atienda por la noche cuando se despiertan aduciendo que, si seguimos nuestros instintos protectores, los convertiremos en seres dependientes e infelices, la ciencia poco a poco está demostrando que los niños humanos necesitan afecto y contacto fisico para crecer felices y poder ser adultos felices.
Las mamás deben ser receptivas hacia las necesidades de sus hijos, atenderlas, darles afecto y brazos. Es algo maravilloso e instintivo que además cada vez queda más claro que les beneficia ahora y en el futuro.
Toda esa palabrería tendrá que desaparecer. Los consejos de que se acostumbran, lo de que van a estar consentidos, y por supuesto, los métodos indemostrados para hacerles dormir solos y sin rechistar tienen los días contados: los bebés necesitan afecto y atención para poder ser adultos sanos emocionalmente.

domingo, 5 de febrero de 2012

Los niños aprenden lo que viven...



"Sabías, que somos responsables de lo que nuestros hijos creen de sí mismos, y que esto empieza desde el momento en que nacen?.

Los niños creen 100% en sus padres, y son su figura nº1 a imitar, para ellos papá y mamá son lo MÁXIMO, hasta que nosotros mismos les demostramos lo contrario.Y es que son seres tan frágiles que con sólo una de tus palabras, o una acción involuntaria tuya, pueden lastimar su coranzoncito.

Has visto a tu hijo llorar con tanto sentimiento sin razón, por algo que paso contigo, que hasta el aire les falta, y no has querido llorar con ellos?, y aunque lo abraces y acaricies, podrás detener su llanto, pero no el dolor que hay en su corazón.

Las palabras y acciones tuyas pueden destruir el futuro de tu hijo, él será quien le dijiste que es, si le has dicho que es un campeón, entonces será un campeón, pero si por lo contrario cuando derramó la leche o quebró un vaso, le dijiste inútil, has creado en él un sentimiento de fracaso que si no lo detienes a tiempo, tu hijo empezará a fracasar en todo.

Los niños aprenden 100% lo que viven, lo que ven, lo que les dicen, y eso es lo que ellos demostrarán a los demás, si tu hijo se siente amado, aunque tú no estes a su lado, se sentirá seguro porque sabe que sus papás lo aman y están ahí, aunque no esten presentes. Esto se logra diciéndoselo, abrazándolo, besándolo, y demostrándoselo en todo y cuanto hace.

Has visto a un niño de 3 años, cuando hace cualquier cosa insignificante para uno, como pararse en un pie y decirte mami mira, él espera ver tu reacción, si en lugar de alabar su acción lo regañas y le dices que estás ocupado, nunca más te ensenará algo que haga por simple que sea, si por el contrario lo felicitas y le dices: Wau!, verás que te seguirá mostrando sus hazañas, que aunque para tí sean simples, para él es uno de los mayores descubrimientos y que a la vez está desarrollando su capacidad motora.

Quieres darte cuenta si en tu casa hablan a gritos?, escucha como habla tu hijo, si habla a gritos es porque no le estas prestando la atención necesaria y esa es su manera de lograrlo o que esta acostumbrado a un ambiente hostil. En cambio si vez que tu hijo te llama la atención cuando subes el tono de voz con tu pareja o hacia ellos, quiere decir que no esta acostumbrado a esto, y le desequilibras su entorno.

Quieres entonces que tu hijo sea un triunfador y sobre todo un niño FELIZ?, pues lo será siempre que tú estés ahí para ayudarle a limpiar la leche cuando la bote, para recoger los vasos rotos, para alabar sus hazañas, para secar sus lágrimas cuando se crea por vencido, para animarle a continuar y a terminar lo que ha empezado, para decirle que lo amas y que es el mejor regalo que Dios te ha dado, entonces sólo así tu hijo podrá decir, soy lo que soy, gracias a quien me lo enseñó y podrá salir adelante en las situaciones que se le presenten por más difíciles que sean..

Te invito a que esta noche, vayas a la cama de tu hijo , y mires lo indefenso que es, y sientas la paz que te transmite cuando esta dormido, y ahí frente a su cama, pregúntate, ¿Qué está aprendiendo mi hijo de mí?, y ora de la siguiente manera:

Agradece a Dios por tu hijo, por este regalo precioso que te ha dado, sea en las circunstancias que fueran, es un regalo de Dios para tí.
Pide perdon a tu hijo por cada palabra y acción que lo hirió, y pídele a Dios que sea Él quien te guíe de ahora en adelante.
Haz lo que hizo Abraham con Isaac, entrégaselo a Dios y que sea Él, el encargado de guiarte en la crianza de tu hijo, quien mejor que Dios, que tanto nos amó que entregó a su hijo único, para salvarnos.

A partir de ahora, recuerda que todo lo que tu hijo aprende, es lo que vive y que tu eres responsable en gran parte de esto. Y tu hijo enseñará a sus hijos lo que el aprendió.

Está en tus manos.

Señor, gracias por mi hijo, gracias por que Tú lo tejiste en el vientre, porque Tú me has dado este regalo tan grande, pido que me des sabiduría para guiarlo por el camino correcto. Enséñame a amarlo tanto como Tú me amas, y enséñame cómo ser el padre que tú quieres que yo sea. En tu altar lo entrego y pido que tu hagas con él tu perfecta voluntad. "

de: Andrea Carrillo de Contreras.




miércoles, 4 de enero de 2012

Dar(nos) permiso


Los niños saben. Mucho más de lo que nos permitimos creer.
Los niños tienen una inteligencia corporal e instintiva innata. Si les proporcionamos un entorno adecuado y les arropamos con nuestro amor, nuestra piel y nuestra mirada ellos se despliegan como una semilla hasta convertirse en árbol. Viven cada etapa con naturalidad e intensidad y una vez completada pasan a la siguiente etapa de su desarrollo.

Un bebé recién nacido si se lo permitimos repta por el vientre de su madre hasta su pecho, y ahí, en su pecho y su regazo se queda durante semanas. Si se lo permitimos.
Y un día abre sus ojitos y “despierta”; comienza a dormir menos, a prestar más atención al mundo exterior. Quiere un poco menos de brazos y un poco más de espacio para experimentarse, para voltear y girar sobre sí mismo… Y un día ¡se sienta!. Ahí comienza una nueva etapa en la que explora el mundo de otra forma, en la que no solo su boca, sino también sus manos y sus ojos trabajan intensamente para descubrir su entorno.
Y nuevamente nos sorprende al arrancarse a gatear; primero tímidamente, bien cerquita nuestro, y luego cada vez un poquito más lejos hasta que se atreven a perdernos de vista por unos segundos que se van haciendo minutos mientras se deciden nuevamente a volver a nuestro regazo.
Gatea, se sienta, se gira y… ¡se alza!. Se pone en pie sujetándose a nuestras piernas, comienza a dar pasitos agarrando todo lo que pilla a su paso. No necesita andadores, ni manitas no solicitadas, él a su ritmo sigue progresando, conquistando su cuerpo y su propio movimiento, investigando sus posibilidades. Se cae, se levanta, se cae… y si se lo permitimos llega el momento en el que se suelta y comienza a andar.
Sigue experimentando con su movimiento, cada vez más complicado, más coordinado. Su curiosidad le lleva a seguir explorando nuevas formas, nuevos territorios y un día nos damos cuenta que casi no ha querido sentarse en nuestra falda, que casi no ha buscado nuestros brazos… y entonces sentimos el hueco de su cabeza apoyada en nuestro pecho. O no.

Hablo de lo importante que es para mí que nené tenga la teta, la piel, la mirada, el amor que necesita para ir conquistando progresivamente su confianza, su independencia y desarrollarse feliz.
El otro día una educadora me ayudó a ver el otro lado de la ecuación. Al igual que es importante que los niños sientan la permanencia de la madre cuando salen de una habitación, es importante para las madres habernos colmado de la presencia de los hijos para permitirles salir a explorar el mundo.
Porque… ¿Nos permitimos nosotras ir explorando, descubriendo, vivenciando intensamente todos los cambios que se van produciendo en nosotras como mujeres y como madres según van pasando los meses? ¿Nos damos la libertad para ser las madres que queremos ser? ¿Confiamos en nuestro cuerpo? ¿Nos rendimos a nuestro instinto?

Es necesario que las madres vivamos cada una de las etapas de nuestro “desarrollo maternal” con plenitud, para poder pasar a la siguiente. Que nos permitamos llenarnos de piel, de calor, de teta, de brazos, de caricias, de besos, de cosquillas, de miradas, de juegos…
Y por si fuera necesario, aclaro que no estoy hablando de cubrir egoístamente nuestras necesidades sin tener en cuenta al bebé. No se trata de retenerlo en nuestro regazo para llenar nuestros vacíos, para reparar nuestras carencias. Hablo de mirar hacia atrás y sentir que dimos todos los mimos que quisimos, que no se nos quedó en el tintero ninguna noche por velar, ningún cuento por contar, ninguna nana por arrullar...

Hablo de disfrutar siendo tierra fértil donde puedan anclar sus raíces, de sabernos viento suave y cálido que propicie que llegado el momento desplieguen sus alas, desaborear con todo nuestro ser el ser madre de un bebe, para poder ser luego la madre de un niño, de un adolescente, de un hombre.


(Extraído del blog Crianza Corporal)

martes, 3 de enero de 2012

Niños y límites

Los límites en una crianza empática

Los límites son necesarios, indispensables. Los límites son físicos, son una premisa para la seguridad de todos y para el bienestar emocional de uno mismo y de los que nos rodean. Por eso considero muy importante que los padres que quieren educar con respeto, empatía y dulzura, sepan también que una de las cosas más importantes que deben saber hacer es poner límites.

Los límites son el respeto

Y este es un límite no arbitrario. El respetar el derecho de los demás y no ejercer nuestra libertad o capricho sobre los derechos de los otros. Nuestro bienestar real forma parte del bienestar de los otros.
Los límites son el respeto. Con un bebé los límites son diferentes, pues el bebé es pura necesidad. Necesita el pecho, aunque consideremos que ha comido bastante. Necesita nuestros brazos y nuestra compañía en la vigilia y en el sueño. En esa etapa, nuestras necesidades son menos importantes, pues el bebé puede necesitarnos a costa de nuestro descanso. Pero incluso entonces debemos ser conscientes de lo que necesitamos también nosotros y tratar de comunicarselo con dulzura y empatía.
Sin embargo, a medida que crece el niño y va comprendiendo el lenguaje, la educación que le vamos a dar los padres es fundamental, tanto hacerla de manera respetuosa y no ejerciendo una autoridad incuestionable o imponiéndola con castigos, gritos o golpes, como el transmitir también nuestras necesidades, pues solamente mediante úna guía responsable y coherente conseguiremos que el niño sea realmente empático y sepa respetarnos como personas con los mismos derechos que ellos.

Criar sin azotes no es criar sin límites

Educar sin azotes, educar con respeto, no es ser esclavos del niño, plegarnos a sus caprichos más peregrinos o permitir que nos falta a nosotros o a otras personas al respeto. Si no se pega, no se pega. Es decir, nosotros no pegaremos, pero tampoco podemos consentir que el niño pegue, o insulte o manifieste sus caprichos de manera agresiva.
La diferencia estriba en saber distinguir lo que es necesidad primaria y lo que es una necesidad reflejada, algo que merece un tema más extenso. Pero, resumiendo, un niño no necesita hincharse a helados o bollos, no necesita correr por un restaurante molestando a camareros y comensales, no necesita machacar a los otros niños o a sus padres con gritos o enfados si no se cumplen todos sus deseos.
Tan triste me parece el niño que nunca puede ser un niño y correr en libertad por miedo a un cachete o a un insulto como el niño que crece sin entender que relacionarse con los demás supone un ejercicio de responsabilidad y empatía bilateral.
Sin chantajes ni etiquetas, también es nuestra obligación, igual que nos ponemos en su piel y entendemos sus sentimientos, explicarle el nombre de estos y como funcionan en las otras personas. Si nos molesta que grite o ponga la televisión a todo volúmen debemos explicarlo sin perder la paciencia, desde pequeños, para que crezcan como personas completas y seguras.

La seguridad se cimenta en la confianza

La seguridad del niño y la confianza en sus padres se cimenta en la empatía mutua, paulatinamente educando en la reciprocidad y el entendimiento de que ni somos los adultos los que nos imponemos en nuestros deseos siempre ni los niños tienen derecho a molestar a los demás por el hecho de serlo.
Educar en empatía no es educar sin límites ni convertir a los niños en salvajes egoístas, sino todo lo contrario, ayudarles a ser responsables de sus actos y respetuosos con los demás.
Los límites físicos son comprensibles y los niños los asumen por experiencia. Los límites en el comportamiento se aprenden del ejemplo y de la coherencia, no dándoles carta blanca para cualquier comportamiento por muy molesto que sea, sino exponiendo las razones por las que hay un lugar y un sitio para todo. No debemos temer poner límites a los comportamientos inadecuados, con paciencia y sin violencia, pero hay que ponerlos y explicarlos.
No podemos confundir educar con respeto con educar niños sin límites, pues precisamente educar es formar personas responsables que sepan respetar a los demás y entenderlos, empezando por respetarlos y entenderlos nosotros, pero no quedándonos en eso y dejando que la naturaleza siga su curso sin control.
Texto: Mireia Long
Ilustración: Gustavo Pineda

¿Cómo sería la crianza humana en estado natural?

Uno de los términos que se suele asociar a la Crianza de Apego es el calificativo de “natural”. La crianza en brazos, el sueño acompañado y la lactancia materna son pilares de la Crianza de Apego. ¿Que es lo natural en el ser humano? ¿Dormir con su cría? ¿Darle el pecho a demanda? ¿Hasta cuando? ¿Es beneficioso respetar su necesidad de apego? La antropología y la etología, además de la historia, pueden ayudarnos a responder a estas preguntas. Por eso he elegido la foto de la cabecera, las huellas de Laetoli, las de los primeros homínidos bipedos que conservamos, que datan de hace 3,6 millones de años.
Comenzamos con algunas de las razones de lo que es natural en este animal que somos, unmamífero primate de enorme cerebro. Si la civilización debe cambiar estas pautas básicas es algo que en este tema no analizaré. En temas sucesivos profundizaré en ello.
Cada especie mamífera desarrolla una leche adaptada perfectamente a las necesidades de sus crías y una forma de crianza adecuada para ellas. La cría humana nace inacabada, produciéndose en sus dos primeros años de vida un gran crecimiento físico y sobre todo un extraordinario desarrollo mental y cerebral. La naturaleza ha diseñado lo que se necesita para ese enorme despegue intelectual.
La lactancia materna proporciona el alimento perfecto para el desarrollo óptimo inmunológico, mental y sensorial. La lactancia de humanos y primates es a demanda, con libre acceso al pecho, pues además las crías no permanecen en ninguna guarida sino que acompañan a la madre continuamente, aprendiendo de ella. La duración de la lactancia humana, usando parámetros comparativos con otros animales, estaría entre los tres y los siete años.
El bebé humano nace completamente indefenso y preparado para sobrevivir en contacto directo con su madre las 24 horas. Necesita estar en brazos y ser amamantado a demanda, tanto por su salud física como emocional. El bebé separado de su madre y solo grita y llora porque su instinto le dice que sólo así salvará su vida. Miles de años de evolución lo han preparado para reclamar el contacto físico y el sueño acompañado. Recordemos que todos los primates amamantan a demanda y llevan a la cría en brazos continuamente. Y ningún primate ni en las sociedades no occidentales se constata que los bebés y niños duerman solos como norma, más bien al contrario.
El contacto físico permanente favorece el desarrollo emocional, la autoestima y las capacidades sociales. El bebé aprende de su madre todo lo que necesita en esta primera etapa y se siente más seguro si sus necesidades son atendidas. La crías mejor y mas intensamente atendidas suelen ser las mas preparadas para sobrevivir y relacionarse con los demás. Ningún primate ni sociedad no occidental cría a los bebés separados de su madre muchas horas al día. Son las madres, apoyada por su tribu, las que crian a niños y bebés de diferentes edades. Dejar en grupos de muchas crías aun lactantes bajo la supervisión de un solo adulto y señalar que eso es lo más beneficioso para su desarrollo intelectual y social es algo que solo lleva sucediendo unos escasos cien años.
Asi que podríamos concluir que el bebé humano estaría diseñado para lactar a demanda, dormir con su madre, estar en brazos todo el tiempo. Nunca, en ningún animal, el diseño y los instintos de la cría son perjudiciales para ella. ¿Lo son en el caso de los bebés humanos? ¿Para educarlos debemos contradecir estos instintos vitales? Lo iremos viendo.
Mireia Long 

domingo, 1 de enero de 2012

Criando transformamos el mundo...

La crianza de un niño es algo que ocurre muy silenciosamente. No "reditúa" en el acto, no brilla en ningún medio de comunicación, no nos hace merecer ningún premio al éxito, ni nos sitúa en un lugar de reconocimiento social. 

Sin embargo, es en la crianza en donde se encuentra el gran secreto de la transformación del mundo. Aunque parezca un cliché, es en el silencio y en lo aparentemente invisible, que se labra lenta y misteriosamente, la historia verdadera de la humanidad. 

Si quienes criamos comprendiéramos la envergadura e importancia de lo que hacemos, seguramente se nos llenaría el alma… Josefina Williams




sábado, 31 de diciembre de 2011

Tus manos son para proteger

viernes, 30 de diciembre de 2011

Entendiendo los berrinches

Una de las cosas a las que los padres van a tener que enfrentarse es, casi con seguridad, la cuestión de los berrinches y por eso creo que merece que le dediquemos un punto en nuestro curso de maternidad y paternidad.
La mayoría de los niños los tienen, aunque su duración, intensidad y edad pueden variar enormemente dependiendo de su caracter personal, el entorno y la actitud de los padres. No hay una receta perfecta, pues, como os digo, verse sobrepasados por las emociones o los deseos insatisfechos es algo normal, pero si podemos educarnos para ayudarnos a enfrentar los berrinches y suavizar el paso de nuestros hijos por ellos.
No vamos a poder eliminarlos. Quede esto claro desde el principio. Y es que no sería normal ni sano hacerlo. Partamos de entender que los berrinches son una expresión natural de la emocionalidad del niño y de su evolución.
Las rabietas o berrinches de los niños son un síntoma más que un problema. Para estar preparados nos va a ayudar mucho el comprenderlas. De este modo podemos pasar por ellas sin perder los nervios y podemos, incluso, prevenirlas o suavizarlas.

Causas de los berrinches

Las razones por las que un niño puede tener un berrinche son fundamentalmente tres:

Necesidades físicas

Cuando el niño tiene una fuerte necesidad de tipo físico es normal que pierda los nervios. Nosotros mismos, adultos, nos ponemos de mal humor y hasta explotamos si estamos agotados o hambrientos, por tanto, más lógico es entender que un niño, con necesidades más imperiosas y menor contro emocional, lo haga.
El niño tiene una necesidad fuerte de tipo físico: hambre, sed, sueño, cansancio, agotamiento mental y explota con facilidad.
Lo que deberíamos hacer es ser capaces de prevenir estas situaciones, entendiendo que los niños sufren más por estas necesidades y las sienten antes que nosotros. No dejando que el niño llegue a sobrepasarse exigiéndole demasiado vamos a prevenir muchas rabietas, que, más que lo que parezca que expresan, son la muestra de una fuerte incomodidad física.

Incompresión

También puede suceder que el niño, todavía inmaduro y en proceso de aprendizaje, no comprenda bien las consecuencias de sus acciones o lo imposible de sus demandas.
Desde pegarle a un hermano, enfadarse si no le compramos algo o no querer atarse en el coche. Normalmente, si no está sobrepasado pro el cansancio o la sobrecarga emocional, el niño puede entender muchas de nuestras explicaciones.
Incluso, si no demuestra entenderlo en el momento y sigue con la rabieta, no dudemos que nada es mejor para él que comprensión, explicaciones y contención. Hay que explicarles siempre, en la medida que puedan comprender, las razones de nuestras peticiones, decisiones o límites. Huyamos del “porque yo lo mando y punto”.

Tensiones acumuladas

Los niños se enfrentan a un mundo nuevo, desconocido y, a veces, atemorizante o desestabilizador. A veces llorar es una forma de descargar tensiones acumuladas.
El ingreso en la guardería, el embarazo de la madre o la llegada del hermanito, los problemas económicos o emocionales de sus padres, un fallecimiento o una discusión conyugal, una palabra desconsiderada, un sueño aterrador, un amiguito que les ha hecho dañor… todo eso puede parecernos nimio en su universo, pero, sea algo que perciben sin entender o sea algo que les afecta directamente, pueden verse sobrepasados por la tensión, el miedo o la frustración.
Incluso puede ser, sencillamente, que estén nerviosos por las emociones nuevas y los descubrimientos, desde comprender que son personas independientes con voluntad propia, hasta aprender a correr o devanarse los sesos ante un problema científico como la gravedad. El mundo es nuevo, apasionante y lleno de retos para ellos.
Toda esa tensión acumulada explota y el niño necesita dejar salir esos sentimientos llorando o rabiando. ¿No os pasa a vosotros a veces que explotáis por algo que no tiene nada que ver con lo que os preocupa o necesitáis llorar para descargar emociones?
Pensemos que el autocontrol es pequeño y están inmersos en un mundo que cada día los pone en situaciones nuevas que les pueden causar preocupación o asustarlos. Necesitan dejarlo salir y nosotros, en esos casos, podemos acompañarlos sin juzgar ni invadir, solamente estando presentes para cuando necesiten un abrazo.
Mireia Long 

Los niños y el derecho a la verdad





“Todo ser humano tiene la misma capacidad de comprensión desde el día de su concepción hasta el día de su muerte” dijo hace muchos años la pediatra y psicoanalista francesa Francoise Dolto. La comprensión no tiene que ser demostrada con una respuesta verbal. Que los niños pequeños no puedan utilizar el lenguaje verbal, no significa que no lo comprendan.

Verdad externa
¿Por qué es necesario hablarles? Porque la verdad concreta dicha con palabras organiza el entendimiento de los niños y construye la estructura emocional sostenida por la lógica. Las palabras con sentido lógico son mediadoras entre los niños y el mundo.  A diferencia de las personas grandes, ellos no cuentan con el concepto abstracto de tiempo y espacio, por lo tanto las situaciones más banales tienen que ser anunciadas una y otra vez antes de que sucedan. Incluso a los niños un poco más grandes los podemos ayudar con referencias puntuales, por ejemplo “antes de comer va a suceder tal cosa, cuando vuelva papá de trabajar haremos tal otra”.

Tomemos como ejemplo la comunicación entre adultos: Si mi pareja me anuncia: “esta noche regreso a las tres de la mañana”, me está informando sobre algo puntual, pero no es suficiente explicación lógica para mí, entonces no acepto que regrese tan tarde a casa porque no es costumbre dentro de nuestros acuerdos matrimoniales. En cambio si me especifica: “esta noche volveré a las tres de la mañana porque participaré en una cena de empresarios prevista para comenzar a medianoche”, cuento con suficiente información para organizar mi entendimiento, aunque no sea agradable para mí. Fundamentalmente comprendo de qué se trata.

Es vital comunicar a los niños la verdad exterior con lujo de detalles, tratando de percibir el mundo desde los ojos de ese niño, porque cada momento es infinito, cada sensación es eterna. La magia de las palabras logra acercar el mundo sutil del niño pequeño y el mundo concreto de los adultos. Usemos las palabras, ya que traducen lo que pasa.

Las madres permanecemos muchas horas a solas con los bebés. Es el período ideal para hablar previniendo a los bebés sobre todo lo que va a acontecer, por ejemplo: “ahora te voy a cambiar los pañales, tal vez sientas frío”, “vamos a salir a pasear y tengo que abrigarte”, o “vamos a ir juntos al supermercado, allí hay ruido, luces fuertes y demasiada gente”. Cada suceso por más banal que parezca, al ser anunciado, lo predispone y le otorga confianza hacia lo que va a acontecer.
De esta manera las palabras con sentido lógico del adulto se convierten en mediadores entre el mundo externo y el interno. Hablar con los niños es sencillo, es igual que hablar con otro adulto.

Verdad interna.
El amor es el centro de nuestra vida. Y la verdad es el eje de la comunicación. De hecho “hablar con el corazón” es contar la verdad interior. La verdad interior transmite lo que me pasa, lo que siento, lo que deseo, lo que temo.

Si somos capaces de mirarnos dentro sin prejuicios, si nos conectamos sencillamente con lo que nos sucede y si no lo valoramos como bueno o malo, entonces estaremos relacionándonos con nuestra verdad interior, que es la expresión del alma. Los adultos necesitamos comprender nuestros sentimientos para amigamos con lo que nos pasa y atravesar cada situación con mayor entendimiento.

Del mismo modo, los bebés y niños pequeños fusionados en la emoción de la madre, podrán comprender, organizar sus sensaciones y acompañar los sentimientos de su madre si saben de qué se trata. Esto es posible cuando la madre nombra lo que le pasa. Decir la verdad, toda la verdad del corazón, es hacerse cargo de lo propio para liberar al bebé de su angustia y su permanente obligación de manifestar lo que la madre siente pero todavía no ha expresado.

Por ejemplo: Termina la baja maternal de una mujer quien debe regresar al trabajo. Organiza correctamente el cuidado de su bebé de tres meses. La noche previa al comienzo de su jornada laboral, el bebé sufre un espasmo respiratorio... ¿Acaso ha sido un acontecimiento imprevisible? No, es tan frecuente como la falta de reconocimiento de la angustia que provoca en una madre el hecho de dejar a su bebé tan pequeño durante tantas horas. El bebé siente la misma angustia y se hace cargo de manifestarla.

En este caso ¿qué significaría decir la verdad?: Decir la verdad al bebé es reconocer antes que nada esta situación ambivalente: “necesito o deseo trabajar, pero también me angustia y me atemoriza dejarte al cuidado de otra persona “.  O bien, “Quiero irme pero también sufro por dejarte”. Reconocer lo que nos pasa y comunicar lo que nos pasa, le permite al bebé comprender y organizar lo que nos sucede a ambos. De lo contrario el bebé se hace cargo de comunicarlo, él realiza la angustia a través de la manifestación del síntoma.
En otras palabras, el bebé nos obliga a conectarnos con la verdad, porque de lo contrario la materializa, la “expresa” en el plano físico, o en otras palabras: somatiza.

Facilitar los vínculos
Puede resultarnos una pesada tarea estar dando explicaciones a los niños permanentemente, sin embargo resulta facilitador para los vínculos. Poco a poco convierte a los niños en seres que acompañan  con fluidez las decisiones y necesidades de los padres porque le encuentran sentido. Con el correr del tiempo las explicaciones serán  más cortas y precisas ya que el niño incorpora conceptos de tiempo y espacio. El bebé necesita cada día la palabra de la madre que medie en la ausencia o ante cada situación nueva. En cambio un niño de tres años y medio que  maneja con soltura el lenguaje verbal, “ya sabe” que cuando la madre dice “me voy a trabajar” tiene todo el sentido que le ha venido dando con muchas palabras llenas de significado durante esos tres años.

En busca de la propia verdad
La verdad siempre va precedida de la palabra “yo”. Porque la verdad es personal, responde a lo que me pasa, lo que siento, lo que deseo. No es una opinión, ni está supeditada a lo correcto o incorrecto.
Los niños están tan cerca de nuestro corazón, tan unidos a la verdad íntima, que se convierten en traductores exactos. Vale la pena prestarles atención, o al menos hacernos las preguntas pertinentes. Sólo sabiendo qué es lo que nos pasa, estaremos en condiciones de narrar nuestra verdad a nuestros hijos.

La verdad y la intimidad
La verdad siempre hace referencia a nuestra intimidad, es decir al interior de nuestro mundo emocional. Es la instancia que desnuda las emociones: el amor, el rechazo, el miedo, la alegría, la nobleza, la pasión, la rabia, la angustia, el dolor, la esperanza. La intimidad no se refiere a las prácticas sexuales, ni a la vida cotidiana como el hecho de trabajar, estudiar, comer, dormir, pasear o relacionarse con otros.

¿Pero qué tienen que ver los niños con nuestras íntimas verdades? Comprenderemos la profunda relación entre los pequeños y los adultos, si tomamos en cuenta que los niños pequeños son seres fusionales, es decir que viven dentro del mundo emocional de las personas que los crían. Cuando son muy pequeños, viven fusionados a la emocionalidad de la madre o de la persona maternante, y en la medida que van creciendo y van entrando en relación con otras personas (padre, hermanos, abuelos, maestras, amigos) se fusionan también con los mundos emocionales de los demás. Es decir, que indefectiblemente hacen parte del territorio afectivo de quienes los rodean.

La verdad es liberadora y aporta confianza
Por eso, aquello que nos sucede, les pertenece. También les pertenece lo que nos ha sucedido en el pasado, porque para nuestra organización emocional, el tiempo no existe. Si hemos experimentado situaciones dolorosas incluso durante nuestra infancia, hoy en día vibran aún en nuestro interior. Y es eso, justamente eso, lo que el niño vive como propio. Así las cosas, el niño merece comprender eso que siente como una evidencia. Nuestras palabras no van a traerle ninguna noticia reveladora, simplemente van a confirmar lo que el niño ya sabía. Y eso es increíblemente liberador, además de aportarle mucha confianza; porque el niño constata que lo que siente y lo que los adultos nombran, coincide. 

Comprendamos que el niño está completamente involucrado en nuestra vida personal, por lo tanto, no podemos tratarlo cono si fuera un extraño. El niño tiene derecho a saber al menos, lo que nosotros mismos hemos logrado comprender.

Laura Gutman

Los niños como enemigos




Somos grandes, por lo tanto podemos hacer lo que queramos. ¿Dejar que el niño se calme solo y se duerma? Es posible ¿Permitir que llore cerrando la puerta para no escucharlo? Es posible. ¿Abandonarlo solo en su cuarto y no enterarnos de lo que le sucede? Es posible. Podemos hacer algo más: creer y auto-convencernos de que el hecho que un niño se duerma solo es un “logro”. Obviamente que todo esto lo podemos hacer, incluso sintiendo que “hemos ganado una batalla” contra el capricho del niño que tiene que aprender a no molestar.

Pero la realidad es un poco más compleja. Porque lo único que aprende un niño que está solo, es que el mundo es hostil, peligroso, árido y que viene cargado de dolor. No hay ningún logro cuando el niño efectivamente se duerme. Al contrario, el pequeño conoce en esa instancia el dolor de la resignación, al constatar que aunque llore, grite, o se desespere, nadie va a acudir en su ayuda y que le conviene detener su llanto para sobrevivir. Aprenderá que no vale la pena pedir ayuda, sabrá que no cuenta con nadie, aunque sólo tenga pocos días de vida.

Es preciso comprender que la necesidad básica de todo niño humano de estar en contacto corporal y emocional permanente con otro ser humano, la necesidad de calor, cobijo, ritmo, movimiento, cercanía y mirada; no desaparece al no obtenerla. El niño simplemente sabe por experiencia que el llanto no le procurará una solución, y que hasta el momento el llanto sólo le devolvió soledad, oscuridad y quietud. Entonces, con cuidadosa inteligencia, el niño desplaza su necesidad, hacia una manifestación “escuchable” para el adulto. Generalmente se enferma.

Los adultos somos tan necios, que no reconocemos en la enfermedad, la necesidad desplazada del niño. Creemos que se enfermó, y que esto no tiene nada que ver con “el logro del buen dormir” o más precisamente, con la soledad y el sufrimiento que soporta.

Ahora bien, si cada uno de nosotros tuviésemos la valentía de recordar y sentir el dolor sufrido a causa de los métodos de crianza y educación que hemos vivenciado, y si pudiésemos posar las manos sobre el corazón y recordar  las vejaciones, humillaciones y desamparos que hemos sufrido siendo niños, comprenderemos que todo esto se trata de una guerra emocional. Aceptemos que ahora somos grandes y estamos en condiciones de vengarnos. Ahora vomitamos la impaciencia, la incomprensión, la desdicha y el odio del que fuimos víctimas. Ahora pretendemos salvarnos y dormir en paz. Como si dormir una noche entera fuese tan importante para un adulto, frente a la inmensidad de la noche desde el punto de vista de un recién nacido.

                                                                       
                                                                                                           Laura Gutman

martes, 27 de diciembre de 2011

Nosotros, los depredadores de la cría humana

Las lobas, las perras, las gatas, las vacas, las focas, las elefantas, las leonas, las gorilas, las ovejas, las ballenas, las yeguas, las monas, las jirafas, las zorras y las humanas tenemos algo en común: el instinto de proteger nuestra cría.

Sin embargo somos especialmente sensibles si algo se interpone entre nosotras y nuestros cachorros después del parto: por ejemplo, si alguien toca a uno de ellos impregnándolos de un olor ajeno, perdemos el olfato que los hace absolutamente reconocibles como propios. Si permanecen alejados del cuerpo materno, vamos perdiendo la urgente necesidad de cobijarlos.

Cada especie de mamíferos tiene un tiempo diferente de evolución hacia la autonomía. En reglas generales, podemos hablar de autonomía cuando la criatura está en condiciones de procurarse alimento por sus propios medios y cuando puede sobrevivir prodigándose cuidados a sí mismo sin depender de la madre. En muchos casos va a necesitar de la manada como ámbito de vida, y es la manada que va a funcionar también como protectora contra los depredadores de otras especies o de la propia.

Entre los humanos del mundo “civilizado”, pasa algo raro: Las hembras humanas no desarrollamos nuestro instinto materno de cuidado y protección, porque una vez producido el parto, tenemos prohibido oler a nuestros hijos, que son rápidamente bañados, cepillados y perfumados antes de que nos los devuelvan a nuestros brazos.Perdemos un sutil eslabón del apego con nuestros cachorros. Luego raramente estaremos bien acompañadas para que afloren nuestros instintos más arcaicos, difícilmente lograremos amamantarlos, -cosa que todas las demás mamíferas logran siempre y cuando no hayan parido en cautiverio-, muy pocas veces permaneceremos desnudas para reconocernos, y seguiremos reglas fijas ya sean filosóficas, culturales, religiosas o morales que terminarán por enterrar todo vestigio de humanidad. Si es que a esta altura podemos llamarla como tal.

El niño sobrevivirá. Cumplirá un año, dos, o tres. Seguiremos nuestras reglas en lugar de seguir nuestros instintos. Estimularemos a los niños para que se conviertan velozmente en personas autónomas. Los abandonaremos muchas horas por día. Los castigaremos. Nos enfadaremos. Visitaremos especialistas para quejarnos sobre cómo nos han defraudado estos niños que no son tan buenos como esperábamos.

A esa altura sentimos que estos niños no nos pertenecen. Esperamos que se arreglen solos, que duerman solos, que coman solos, que jueguen solos, que controlen sus esfínteres, que crezcan solos y que no molesten. Hemos dejado de “oler” eso que les sucede. No hemos aprendido el idioma de los bebés, no sabemos interpretar ni traducir lo que les pasa. Cuando estamos ausentes, o incluso cuando estamos cerca -con tal de estar tranquilos- los dejamos completamente expuestos. Entonces puede aparecer el más feroz de los lobos feroces. Ya que en realidad somos nosotros, sus más temibles depredadores.

Laura Gutman

Honremos a nuestros hijos...

No hay nada más sagrado que un niño pequeño.  Nada más puro, más hermoso y más frágil que un niño pequeño. Por lo tanto, no solo nos corresponde adorarlos, sino cuidarlos como un fino cristal, porque de lo contrario, se rompen para siempre.  ¿Qué hacemos frente a una joya única que nos han dado para custodiar? La envolvemos en un manto de terciopelo. Luego la adornamos con cintas de oro. Vigilamos que nadie se acerque.  Velamos que no sea manoseada. La acariciamos suavemente para que brille cada día más. La resguardamos de vientos y mareas. La protegemos de violencias humanas.  Y en el momento adecuado,  la volvemos a entregar al camino. El valor de la alhaja es incalculable y cualquier rasguño que sufra, será nuestra responsabilidad.  Solo deteniéndonos a observar la belleza infinita que emana de su luz, podemos vislumbrar  el tesoro que llevamos en nuestras manos.  Así son nuestros hijos, así de bellos, de luminosos y resplandecientes. Los niños merecen recibir desde el instante en que nacen, nuestro respeto genuino, complaciente y cotidiano. Cosa poco habitual. Quizás por eso sea ésta la más atroz contradicción de nuestra moderna sociedad: No honrar lo más bello y puro que tenemos, se convierte en una masacre colectiva. Por eso, hagamos unos minutos de silencio. Observemos a los niños. Ofrezcámosles nuestras mejores sonrisas, si no tenemos nada más para brindar. Acariciémoslos.  Respetémosles el sueño, la vigilia, el hambre, el juego, el ritmo, el contacto, la curiosidad y el derecho a la verdad. Rindámonos ante  ellos, tomando en serio cada pedido. Tratemos sus cuerpos con dulzura y dedicación. No los contaminemos con palabras furiosas. Recordemos que  en los niños vibra el alma de la excelencia.

Laura Gutman

Aprender a poner límites...

Limitar nunca fue fácil.
La falta de límites en los niños y jóvenes de nuestra sociedad, es una realidad y una amenaza que crece.
Estamos rodeados de gente adulta, que tiene dificultades para respetar pautas externas, culturales, de convivencia...
Unos padres que no pusieron límites a tiempo, o que no los pusieron, o que los pusieron mal, generan un hijo que seguramente tendrá de grande trabas para interaccionar con la realidad.
Aprendamos a poner límites!!!
Desde cuándo?
Esa es la pregunta que más escuchamos los profesionales, cuando de límites se trata.
Los papás recientes relacionan la puesta de límites con el reto.
"Cómo voy a retar o a enojarme con mi bebé?" -se preguntan.
Sin embargo, limitar no significa pelear ni confrontar, limitar, es trazar una línea que divide dos cosas, o una cosa de todas las demás...
Cuando un bebé nace, todo es confuso, mezclado, raro...
La mayoría no recordamos ese momento, pero seguramente, estará bien guardado en lo más hondo de nuestro archivo de memoria...
Es como si no se entendiera nada, como si uno y el universo fuera la misma cosa; y fuera lo mismo, la teta que la frazadita, el pezón que el brazo de la mamá o el propio dedo...
En fin, una ensalada que tiene un sinnúmero de ingredientes.
De esa sensación de confusión - que de perpetuarse nos haría imposible la conciencia de la existencia y la interacción con el mundo durante la vida- nos saca nuestra mamá, y luego los adultos que nos rodean en forma más directa.
Pero no nos saca de cualquier manera.
Nos saca limitando, diferenciando elementos: "-No acá no, en la teta de mamá, no en su mejilla, de la mejilla no sale leche..."
Diferenciando situaciones mientras se decodifican deseos: "-Esto es lo que querés, que te ponga frente a la ventana para ver la luz, no que te de el chupete..."
Haciendo alusión al tiempo: "-Ahora te voy a bañar, después te voy a poner el pijamita y te vas a dormir un rato..."
Cuando nos toca ser padres contamos con los límites propios, y la conciencia de nosotros mismos, la realidad, y los otros, para poder ayudar a nuestros bebés a delinearse en pos de lograr ser personas.
En pos de crecer, y de adaptarse a la realidad interna y externa.
O sea, que si la pregunta es: Desde cuándo? la respuesta es: Desde el primer día, desde que le pongo un nombre...pongamos como ejemplo, si lo llamo Juan, y lo nombro, al mismo tiempo le estoy diciendo que él no es Pedro, ni Joaquín, ni Manuel...ni mucho menos, Juana...
Así desde el primer instante, cada interacción con él en tanto personita humana, me permite ir discriminándolo de su propia confusión, y otorgándole límites que nada tienen que ver con el NO a los gritos, ni la bronca, ni la agresión.


Cómo?
Tal vez esa tarea sea más fácil para aquellos que pueden aceptar en principio que el límite es una aliado necesario en la educación, y que limitar no tiene por qué parecerse a prohibir ni a coartar.
En miras de vaya a saber qué insólitas libertades, algunas generaciones o culturas, cayeron en un educación que privilegió el deseo del niño, sin hacer pie en que si todo es posible, a veces es demasiado, que si todo es que SI, parecería por momentos que TODO es que NO.
Entonces es necesario resaltar, que antes de pensar en el Cómo?, es básico admitir que es imprescindible, poner ese cerco, esa barra , ese alambrado perimetral que va a distinguir al propio ser de todo lo demás, para que él mismo tenga de dónde sostenerse.
Después de entender este concepto, sí podemos aprender incluso técnicas y maneras, experimentar formas que a algunos les pueden servir, probar, como premios y sanciones.
Lo más importante es que el adulto ocupe su lugar, que no olvide que en esta relación de padre - hijo que le toca afrontar, él tiene la obligación de dar contención, de dar alguna respuesta -aunque no siempre sea la correcta- de estar.
Basarse en el sentido común, puede llegar a ser una buena opción, sopesar cuándo es muy importante ser firmes, cuándo podemos ser más abiertos y actuar con más distensión
Mostrar enojo cuando la situación lo amerita -es el caso de ver a nuestro bebé metiendo algo en un enchufe- ser claro en los mensajes que se dan, decir frases breves y concisas.
No dar largas explicaciones, no preguntar al bebé: " Se hace eso?" " Por qué hiciste eso?", más bien elegir frases del tipo de :"Eso no se hace".
En los momentos en que el niño comienza a gatear o a desplazarse por la casa -a veces mucho antes del año- los peligros parecen acercarse a él, es entonces cuando los padres se angustian por la cantidad de veces que deben decir que NO por día.

Por eso es que les ofrezco la posibilidad de elegir, en lugar de decir que NO todas las veces, decir que SI, a alguna otra cosa diferente de la que están haciendo.
Por ejemplo, si otra vez está arrugando las hojas de una revista que nos gusta, y ya estuvimos con cara de enojados porque, metió la mano en la maceta, volcó el frasco de la mermelada, y escupió a la abuela...podemos sacarle la revista y sin decir nada, ofrecerle un sonajero, o una pila de cubos, o una galletita...
De esa manera se evitan más roces cotidianos, y la fatiga que produce "estar enseñando" todo el tiempo, y cuidando a nuestro hijo del entorno y en general: Al entorno, de nuestro hijo!!!
Y si nos cansamos?
A veces aparece fatiga en esta relación. Uno por más amor que le tenga a sus hijos, puede atravesar momentos donde el vínculo se empasta y donde aparece como cierta insatisfacción.
No habría que asustarse, el cansancio es propio del trabajo y esto es en muchos sentidos un trabajo para nada fácil.
Vale la pena, cuando vemos a nuestro hijos crecer y desempeñarse con libertad pero confiados y seguros, nos damos cuenta de que fue un esfuerzo que comienza a dar sus frutos, pero mientras tanto, suele ser desalentador, sobre todo porque hay situaciones que se repiten TODOS los días.
A veces parece que justo nuestro hijo, nació inmune al aprendizaje de la pautas que creemos debe tener.
Para eso la pareja brinda una buena resolución de este conflicto.
Ambos padres pueden alternar su rol, pueden hacerse cargo por momentos uno y otro de "ponerse firmes" pueden habilitar al otro a que descanse por un día o por un rato de estar poniendo límites todo el tiempo.
La de limitar debería ser una actitud, no una postura impostada, debería ser una reacción normal, en la relación de padres e hijos, todo debemos ser conscientes -para combatir ese cansancio- de quecuando decimos que NO a algo, estamos diciendo que SI a muchas otras cosas.
Que poner un límite, es ESTAR AHI, , es jugarse por los hijos, y por ese proyecto de familia que juntos intentamos llevara delante.
Decir a todo que sí, es una "hermosa manera" de desaparecer como padres, y de condenarlo a nuestro hijo a no saber bien quién es, y qué es lo que puede hacer con su vida.
Para que lo sigamos pensando juntos...
Es un tema que merece reflexión y acción.

Como dice Asha Phillips en su libro Decir NO:
"Decir no es útil. Representa un vacío o un espacio en el que pueden acaecer otros acontecimientos. Desde este punto de vista no es tanto una restricción, como una oportunidad abierta a la creatividad"


Lic.Adriana Penerini
Psicóloga