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martes, 6 de marzo de 2012

Estar en brazos es LA felicidad...

El bebé necesita contacto físico, es el alimento de su corazón, tan vital como el alimento o los cuidados. Para su bienestar emocional e incluso para su salud tener todo el contacto físico que soliciten es fundamental. Estar en brazos es la Felicidad, en absoluto, en mayúsculas.
Hay bebés que lloran mucho si están en su cuna. Solamente se calman cuando los tomamos en brazos y vuelven a llorar si los dejamos de nuevo. Incluso, aparentemente dormidos, se despiertan reanudando el llanto si los dejamos en la cuna para que sigan dormidos, lo que llamo el síndrome de la cuna con pinchos.
Solemos escuchar que hay que dejarlos en la cuna para que se acostumbren y que si los tomamos en brazos cuando lo piden es que nos toman el pelo. Nada más lejos de la realidad, los bebés lloran y piden brazos porque necesitan emocionalmente ese contacto físico para sentirse seguros y amados.
No hay explicaciones que les valgan, no están preparados para entender que en la cuna están seguros. Su instinto les hace llamarnos y recuperar la serenidad con nuestro contacto.

Los sentimientos de las madres

Las madres a veces se sienten agobiandas por la constante llamada del niño, pero, si escuchan sus instintos, pueden reconciliarse con esa necesidad y disfrutar de ella. Usar una bandolera o un pañuelo para llevar al niño en contacto con su cuerpo les puede ayudar a recuperar la posibilidad de moverse con mayor libertad y es de ayuda en muchos casos.
Sin embargo esa sensación que ellas puedan tener no es mala. Las madres, especialmente las mamás recientes, sienten muchas veces revolotear sobre ellas el constante juicio sobre su maternidad. Por eso quiero decir que incluso esa necesidad de espacio no es juzgable y tenemos que aceptarla, pero sin dejar que perjudique a nuestro hijo.
Entendámonos y amémonos. Las mujeres a veces nos juzgamos con más dureza que nadie. Y quiero decir con esto que recuperar la memoria de las costumbres ancestrales nos ayudará a comprender mejor nuestras necesidades y las de nuestros bebés.
Las madres de hoy están solas. En su casa, abrumadas por la maternidad de descoloca su propio concepto de si mismas, golpeadas por sentimientos contrapuestos. Eran mujeres independientes y nunca nadie las previno sobre ese amor loco y apasionado por su hijo ni sobre la necesidad permanente que el niño tiene de ellas.
Pensemos en las madres de siempre, nuestras antepasadas. Ellas no estaban solas. Sus madres, hermanas y comadres las sostenían, las acompañaban y cuidaban de ellas. Les ayudaban a cuidar de su hijo. Se turnaban para que ellas pudieran recuperarse y además les enseñaban a llevar el niño a su espalda mientras realizaban cualquier actividad.
En la medida de lo posible el reproducir esas condiciones óptimas de crianza ayudará mucho a que la madre no se sienta abrumada por ese contacto físico permanente. El padre también puede portar al bebé cuando se encuentre en casa y eso reforzará sus sentimientos de ternura, le hará sentirse más cercano a su hijo y también comprender mejor a su compañera.
El poder encontrar acompañamiento de otras madres con experiencia y deseosas de colaborar también será beneficioso para la mamá reciente. La ayuda de las amigas y familiares o de grupos de crianza ofrecen ese sostén necesario.

La importancia del contacto físico

El contacto físico constante del que el bebé manifiesta la necesidad es así más sencillo. Y si comprendemos y aceptamos que no es un capricho ni un chantaje estaremos mucho mejor dispuestos a ofrecerlo.
Cuando el bebé reclama brazos y contacto físico no nos pide algo irrazonable, nos pide algo que necesita. Para él, sentir nuestro cuerpo es bienestar. Lo más natural e instintivo es estar sostenido por su madre o por otro adulto con el que se sienta apegado, ya que no puede sentirse contenido ni protegido por nada más. No sabe que nuestras casas son seguras, sigue siendo una cría de primate incapaz de valerse por ella misma, incapaz de protegerse o ponerse a salvo.
La madre, su cuerpo, su olor, su pecho, su mirada, su voz y sus caricias son su hábitat natural. Para el bebé estar en brazos es la Felicidad.

Mireia Long en Bebés y más.

La Relación Física con su Bebé




El contacto físico no solo satisface las necesidades de cercanía y afecto para el bebe; cargar al bebe, implica brindar seguridad, estimulo y movimiento. Contrario a los consejos bien-intencionados para dejar su bebé llorando para que se aprenda, nunca debería dejar a su bebé llorando.


El contacto piel con piel, es específicamente efectivo durante la lactancia, los baños y masajes. Cargar al bebe en brazos o usar un "canguro" para salir de paseo, también satisface las necesidad de contacto físico.
Abrazos, caricias, masajes y juegos físicos, ayudan a satisfacer las necesidades de contacto de los niños mas grandes.

Los bebes nacen con una necesidad urgente e intensa de completa dependencia. El contacto físico provee seguridad, estimulación y movimiento. Los padres que brindan este tipo de acercamiento, promueven el desarrollo de fuertes lazos afectivos con sus hijos. Incluso los niños mas grandes necesitan estar conectados a través del contacto físico con sus padres y así fortalecer mas aun el vinculo.


 Necesidades y Beneficios del Contacto Físico

Para los chicos, el contacto corporal estimula la producción hormonal que participa en el crecimiento, enriquece el desarrollo intelectual y motor y ayuda a regular la temperatura corporal de los bebes, la frecuencia cardiaca y los patrones de sueño y vigilia.

Los bebes que reciben contacto corporal, ganan peso mas rápidamente, se alimentan mejor, lloran menos, son mas calmos y presentan un desarrollo motor e intelectual mas rico.

Las culturas en donde la conexión física hacia los bebes es mas frecuente, tienen menor índice de violencia física entre los adultos.


Como Proveer el Contacto Físico que Nutre

La conexión piel con piel es especialmente efectiva

Amamantar y compartir la hora del baño, brinda una buena oportunidad para las caricias

Los masajes pueden calmar a los bebes con cólicos, ayudan a los chicos a conciliar el sueño y provee también una excelente oportunidad para la interacción y el juego.

Sostener al bebe en brazos así como cargarlo en canguros para ir de paseo, satisface la necesidad de contacto físico, seguridad, movimiento y estimulación necesarios para promover el desarrollo neurológico.

Ser cauto con el sobreuso de artículos diseñados para "sostener" al bebe independientemente tales como columpios, saltadores, cochecitos y andadores de plástico.


Contacto Físico y los Chicos mas Grandes

Los abrazos frecuentes, caricias y masajes, satisfacen las necesidades de cercanía y contacto físico así como también el juego físico y las cosquillas

Las cosquillas y el juego físico deben ser orientadas en intensidad y cantidad, por el deseo del niño y nunca deberían ser forzadas por el adulto

Usar el juego como oportunidad de acercamiento físico

Todos los humanos necesitan el contacto físico para sobrevivir.

Tomado de www.attachmentparenting.org


domingo, 1 de enero de 2012

La importancia del vínculo temprano y apego en la primera infancia

Lic. Rosina Duarte
Psicóloga Infanto-Juvenil. UBA
Coordinadora del Primer Programa Argentino de Formación en Primera Infancia y Crianza

La primera infancia es una etapa caracterizada por la indefensión de los niños o bebés pequeños, donde prima la necesidad. Es necesario que los adultos sean los encargados de satisfacer esas necesidades básicas del niño de manera correcta e inmediata para establecer en él sentimientos de seguridad y confianza en sí mismo y respecto al entorno. Teniendo en cuenta que la capacidad de formar y mantener relaciones que tienen los seres humanos es una de las herramientas más importantes para su vida, es que los padres deben acompañar y ser protagonistas en esta etapa vital de sus hijos para lograr su desarrollo psico-emocional sano.
Cuando se habla de vínculo se refiere necesariamente al encuentro de dos personas como condición necesaria para vivir, y en esta etapa de la primera infancia el bebé necesita de sus padres, de los otros responsables que vayan al encuentro con él para otorgarle un marco de contención y apego vital para el futuro.

Durante el desarrollo infantil, se denomina apego al vínculo específico y especial que se forma entre los padres y el niño, y que le otorga a éste la seguridad emocional necesaria para sus futuras relaciones y su personalidad.

Algunas características del vínculo de apego son:

- Es una relación emocional perdurable con una persona específica.

- Produce seguridad, tranquilidad, confianza y placer.

- Cuando existe la pérdida o la amenaza de una posible pérdida de la persona, aparece un alto monto de ansiedad.

El estado de seguridad, ansiedad o temor que tenga un niño está determinado por la accesibilidad y capacidad de respuesta de sus padres (o figuras de apego). Entonces, cuando un niño tuvo una relación sólida y saludable con los padres durante la infancia, en el futuro presentará una alta probabilidad de vincularse a través de relaciones saludables con otros. Sin embargo, si un niño tuvo un apego pobre podría presentarse de adulto con problemas emocionales y vinculares. Resulta necesario indicar que el vínculo temprano se instala en los primeros años de vida y continúa reflejándose en todos los vínculos a lo largo de la existencia.

Sugerencias para afianzar el vínculo

- Mirada: Mirar detenidamente al bebé, reconocerlo, buscar su mirada. A través de la mirada del otro y según cómo es esa mirada –cálida, constante- el bebé irá forjando parte de su personalidad, sintiéndose seguro y confiando en sí mismo.

- Sostén: Las caricias, abrazos y mimos hacen que el bebé se sienta sostenido y contenido, que es sumamente necesario para ordenar y estructurar el entorno del bebé pequeño. Necesita de un otro que lo sostenga para brindarle apoyo.
- Contacto: Besar, mecer, bañar y alimentar son modos de trasmitir nuestro calor corporal. El contacto corporal le trasmite al niño tranquilidad y seguridad para manejarse con su entorno.

- Sonrisa y los movimientos rítmicos. Reír y sonreírle, cantarle, bailar. Los padres funcionan como espejos para los niños. Entonces, lo que ellos le otorgan a través del cuerpo el bebé puede aprenderlo y copiarlo e ir internalizando esas sensaciones que siente al momento de la interacción con sus padres.

- Comunicación: Hablar con el bebé, trasmitirle nuestro amor y afecto. Es muy importante decodificar las señales del bebé. Es otorgando sentido a esos “sonidos” que el bebé emite que se ratifica y se le brinda un lugar especial, ya que es su modo de comunicarse con los padres. Son los adultos quienes tienen que ejercer la función de decodificadora para con el recién nacido.

En los bebés lactantes:

- Este vínculo ya comienza durante el embarazo, primero el vínculo con la madre en su vida intrauterina y también con el padre a través de las palabras y atenciones recibidas. Luego, continúa con la madre mediante el acto de amamantar; en el encuentro entre el pecho materno y el bebé se irá produciendo un vínculo que será la base de la estructuración psíquica del niño y de sus relaciones futuras. En el aprendizaje mutuo que implica amamantar, el bebé y la madre se vinculan, reconocen y encuentran.

- Las necesidades básicas de los recién nacidos que deben ser satisfechas de inmediato por los padres o adultos responsables están relacionadas con el sostén, cariño, mirada, atención y alimentación. Resulta fundamental que el adulto pueda acompañar y sostener a los bebés para permitirles un adecuado desarrollo psico-emocional.

Es muy importante destacar que en determinados casos, la observación de este vínculo temprano por parte de un profesional permitirá la prevención, anticipación e intervención precoz ante la evidencia de un trastorno. Por ello, se destaca la importancia de este período de la vida que resulta tan sensible y fundamental para el desarrollo y la evolución del niño.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Puede haber algo más lindo?



“El bebé se malacostumbra si no lo coges en brazos".
 Malacostumbrarse es “acostumbrarse a una cosa mala”. 
Que llores y que nadie te coja es una cosa mala. 
Yo no quiero que mi hijo se acostumbre a vivir eso, yo quiero que mi hijo se acostumbre a que cuando necesita brazos, sus padres le cogen en brazos. 
Se trata de RESPONDER A LAS NECESIDADES DEL NIÑO y no imponer las nuestras (…) 
Con cada edad los niños necesitan cosas diferentes. A los 6 años ya no te pedirán brazos pero de pequeños sí, y si cuando te pedía brazos o que le hicieses caso, no lo hacías y le dejabas llorar, eso se ha perdido él y eso te has perdido tu como padre”

Carlos González

domingo, 25 de septiembre de 2011

El por qué de no dejar llorar a tu bebé...

El bebé y el descubrimiento de la muerte: si estás solo, estás muerto.


"Este me parece un tema del que merece hablar ahora: el abandono. Los bebés sienten que si sus padres no están a su lado, especialmente en la noche o en lugares o con personas extrañas, estén en grave riesgo de muerte. Sus cerebros no han aprendido sobre el mundo, solamente tienen como herramientas para sobrevivir sus instintos. Y el pequeño e indefenso bebé humano, nacido incapaz hasta de moverse de un sitio a otro por si mismo, hasta incluso de agarrarse al pelaje de su madre, tiene unas instrucciones en su código genético que son las que precisamente nos han permitido sobrevivir como especie.

Las instrucciones son muy sencillas: si estás solo, estás muerto: Grita para que vengan a salvarte. Y claro que gritan, pero no para manipular a sus padres, sino para que vengan a salvarlos.


Los bebés humanos no saben que vivimos en casas seguras y que ya no rondan los tigres dientes de sable. Genéticamente son los mismos niños de la Prehistoria. Un bebé solo en la noche estaba muerto, los depredadores estaban dispuestos a comérselo o sencillamente, moriría de frio o hambre. Están programados para sobrevivir en esas peligrosas circunstancias. Y por eso sienten miedo cuando están solos, tienen que gritar y llamarnos, en sus mentes todavía existen los tigres dientes de sable y el frío del bosque.

Por eso los bebés lloran y gritan, incluso hasta el agotamiento, cuando los dejamos en brazos de alguien a quien no conocen o los dejamos solos en una habitación, y sobre todo cuando los dejamos solos en su cuna en la noche. Piensan, o mejor dicho, sienten que van a morir y lloran desesperados para que volvamos a salvarlos.

Hoy sabemos el daño que puede hacer el miedo en el cerebro infantil, por eso, aunque pudieran decirnos que, al final, se dan cuenta de que no les pasará nada malo y se acostumbran, hacerles eso es cruel y hasta contraproducente. Nadie quiere hacerle daño a sus hijos o hacerles pasar terror, por eso, hacerles pensar que pueden morir a los bebés no es una buena práctica de crianza y, seguro, que cuando los padres lo saben, cambian a otros métodos más respetuosos con el sueño infantil. No queremos que los bebés piensen que van a morir antes de tiempo, ¿verdad?"  Autor: Mireia Long

domingo, 24 de agosto de 2008

Cuando estemos menos ocupados, ellos estarán demasiado grandes...

EN BRAZOS: la importancia del contacto físico y del apego

Biberones, chupetes, cochecitos, cómodos sillones regulables, adaptadores para el auto y la
bicicleta, cunas transportables, desarmables, sofisticados accesorios con sonidos, colores,
formas...sin duda alguna la industria ha diseñado todo tipo de implementos para transportar,
alimentar, dormir, entretener y estimular a nuestros bebés.
En unas pocas décadas se nos han vuelto necesarios, imprescindibles. Se han ligado
indisolublemente a la imagen del bebé sano y feliz. De algún extraño modo hemos
conseguido que hoy, un bebé que no usa chupete, que toma el pecho o va en brazos de su
madre sea la excepción y no la norma. Es tan inusual, que quienes optan por una crianza
con apego y con respeto por las necesidades de los bebés, se ven amenazados por toda clase
de teorías y condenas que aseguran que su hijo no está sano y que, de no intervenir a
tiempo, las consecuencias serán muy graves.

Brazos, ¿hasta cuándo?

La mayoría de los bebés comienzan a andar alrededor de los 12 meses de vida. Dan unos
pocos pasitos y la familia contenta celebra que “ya camina”.
Sin embargo, pasarán aún un largo par de años hasta que este niño que hoy a tientas logra
mantenerse unos segundos en pie, pueda caminar sin perder el equilibrio, correr, sostenerse
en un solo pie, retroceder, detenerse de pronto. De modo que caminar, lo que se dice
caminar, es algo que se aprende completamente pasados los 3 años de vida. A pesar de esto,
todos sabemos que aún luego de esa edad, los niños se cansan con gran facilidad y piden
brazos.
O sea que desde el aspecto físico, los niños necesitan ser cargados en brazos por lo menos
para trasladarse de un lado hacia otro hasta que estén en condiciones plenas de hacerlos por
sí mismos.
En la práctica, nuestros hijos piden brazos por muchos otros motivos además del que
acabamos de mencionar: al estar cansados, con sueño, cuando se lastiman, se asustan, se
intimidan, se cansan de mirar el mundo a la altura de rodillas y patas de las mesas, e incluso
por motivos que sólo ellos conocen.
En estos casos, nunca falta una tía (con las mejores intenciones, claro), una suegra, una
vecina o incluso una perfecta desconocida, que se siente en el deber de alertarnos: “lo vas a
malcriar”.
Esta sentencia abre varias cuestiones que podemos analizar.
La primera de ellas es la creencia de que estar en brazos es algo que no debe ocurrir, y
desde luego NUNCA en una “buena” crianza. Es algo malo, que se hace para darles el
gusto a los hijos, y parece imposible que para los papás resulte placentero o lo disfruten.
Otra cuestión interesante es la idea de que si le das algo a tu hijo que le gusta, luego nunca
dejará de pedirlo. Parecería que los bebés fueran adictos en potencia, que una vez que
satisfacen sus necesidades con algo, no podrán dejar de pedir más. Personalmente, no he
visto niños con problemas para dejar el cochecito o la sillita del auto cuando están maduros
para ello. Y tampoco niños de 10 años pidiendo ser alzados en brazos. En algún momento
de la evolución, simplemente dejan de pedir lo que ya no necesitan.
Las edades que tomamos como referencia para el desarrollo de nuestros hijos, están puestas
de un modo arbitrario y no coinciden con la realidad por mucho que intentemos forzarlos.
Otro mensaje que se desliza en estas sentencias es que el niño no necesita estar en brazos,
lo pide sólo para molestar, o por capricho, o porque nos “tomó el tiempo”.
Evolutivamente, un niño de tan corta edad, no tiene capacidad de elucubrar un plan tan
especulativo, ni puede aprender el concepto de tomar ventaja, de aprovecharse de los
demás.
Las cosas para ellos son más simples: me siento cansado, triste, inseguro, y busco refugio
en el lugar que me da más tranquilidad, junto al corazoncito de mamá, entre sus brazos,
acurrucado. La intención es clara y sencilla: pido aquello que necesito.
Un aspecto fuerte dentro de quienes desaprueban el contacto estrecho con los bebés o la
satisfacción de sus necesidades, es el fantasma de la dependencia que le generará al bebé
estar en brazos, tomar teta, compartir la cama con sus papás, etc. Veamos un poco de dónde
surge esta idea.

El apego

Esta dependencia de la que venimos hablando, tiene un nombre en la literatura
psicoanalítica, se llama apego.
El apego es la capacidad de formar y mantener relaciones. Como el ser humano vive en
comunidades y es interdependiente de los otros seres humanos, es importante que aprenda
desde pequeño a establecer lazos con los otros, y para preservar la especie, éstos deben ser
estrechos y estables.
Estos lazos otorgan bienestar, seguridad, consuelo, placer…
Y la amenaza de pérdida del objeto al cual nos hallamos apegados, provoca ansiedad,
angustia, temor.
La primera relación de apego que desarrollamos luego de nacer, es aquella que se da con
nuestra madre. En el momento del parto, mamá y bebé segregan hormonas –opiáceos- que
les facilitan –en condiciones de intimidad y contacto físico- este sentimiento de
dependencia mutua, de fusión que ambos necesitan.
En condiciones naturales, una mamá que acaba de parir, abrazará a su bebé, ambos se
mirarán a los ojos, emitirán sonidos, ella comenzará a acariciarlo suavemente, primero por
las extremidades, y luego de a poco se estrecharán e intentarán mantener este contacto piel
con piel durante todo el tiempo que les sea posible. La madre no puede dejar de mirar a su
bebé con los ojos bien abiertos, le hablará con un tono de voz agudo pero de baja
intensidad, con una gran sonrisa, y en pocos instantes este bebé estará listo para reconocer
el olor de su madre de entre muchos otros olores, para diferenciar su voz, y se calmará
mucho más rápidamente si es acunado por ella y no por otra persona.
Durante estas dos primeras horas de vida, el bebé estará en un estado de alerta máximo que
no volverá a repetirse hasta que hayan pasado algunos meses. Será incluso capaz de imitar
expresiones del rostro de una persona que establezca un contacto visual directo con él a una
distancia desde donde pueda verlo. Todo está preparado hormonalmente para que esta
mamá y este bebé se enamoren el uno del otro, y desarrollen una fuerte dependencia mutua.
Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, estas primeras horas son utilizadas para
realizar los primeros controles del recién nacido, a cargo de extraños, rodeados de
estímulos luminosos, sonoros, y también dolorosos e invasivos. Todos ellos evitables o por
lo menos, postergables.
Naturalmente, tanto si se produjo esta separación como si no, mamá y bebé querrán estar
juntos, reencontrarse, reconocerse, estrecharse y mantenerse muy cerca el uno del otro.
Ese bebé que hasta hace unas horas era parte del cuerpo de otra persona, cuyo cuerpo
estaba en contacto con un líquido tibio, con sonidos y movimientos, se encuentra perdido
en una cuna, lejos de todo lo conocido y por ello llorará intentando recuperar aquellas
sensaciones reconfortantes.
Esta relación primera, será el modelo sobre el cual se edificarán todas las posteriores
relaciones del niño. Si cada vez que necesitó consuelo lo obtuvo, si cada vez que necesitó a
su madre la encontró, si sus necesidades de afecto y cobijo fueron atendidas, será un
modelo que quedará incorporado como reasegurador, confiable, y cuando llegue el
momento de comenzar a independizarse, siempre le resultará mucho más fácil si sabe que
ante cualquier ansiedad o angustia, mamá estuvo allí.

La cultura del desapego

El apego y el desapego son pautas culturales. En aquellas culturas que funcionan
comunitariamente, se necesita criar a los niños de modo que sean solidarios, capaces de
compartir, generosos, para que puedan priorizar el bien común del grupo.
En culturas como la nuestra, se necesita que los niños sean independientes, y que aprendan
a autoabastecerse, porque al llegar a adultos, importará la competitividad, el
individualismo, el éxito personal y el poder.
Por eso se necesita comenzar desde temprano. Separar a los bebés de sus madres
precozmente, que aprendan rápidamente a sostener su biberón para que quienes lo cuidan
no tengan que estar tan atentos; que se adapten a las canguro o a las guarderías sin llorar;
que duerman solos toda la noche; que jueguen sin compañía; que dejen rápido los pañales;
que se queden a dormir en casas de parientes o amigos, etc.
Desde luego que estos requerimientos están pensados desde un mundo adulto que necesita
rápidamente volver a la “normalidad”, hacer de cuenta que “aquí no ha pasado nada”, y
amoldar a este bebé al ritmo de vida que tenía la casa antes de su llegada.
Si pudiéramos relatar en primera persona un día en la vida de un bebé, teniendo en cuenta
que sus necesidades básicas incluyen brazos gran parte del día, teta a demanda y presencia
materna constante, comprobaríamos sorprendentemente que la mayor parte del tiempo,
estas personitas de escasas semanas de vida-o incluso días-, postergan o renuncian a sus
necesidades para hacernos el favor de permitirnos continuar con nuestra vida adulta:
duermen solos en su cunita una o dos horas, se quedan en la guardería, aceptan un trozo de
silicona –sin duda una mala imitación del pezón de mamá- para succionar, y nos esperan
durante horas mientras hacemos nuestros quehaceres, o cumplimos con nuestra jornada
laboral.
Algunas mujeres sienten una gran preocupación por retomar su vida social, su silueta, sus
actividades recreativas, su vida amorosa, y para esto es necesario que el bebé se esté
quietecito, que duerma mucho, que no llore, que juegue solito y que se relacione con
cualquier persona que esté dispuesta a quedarse a su lado.
Esto es lo que se espera de un bebé casi desde las primeras semanas de vida.
Si entendemos esto como “criar”, por supuesto que cargar al bebé en brazos, amamantarlo,
dormir en la misma cama con él y satisfacer sus necesidades, será “malcriarlo”. Porque una
vez que se ha dormido plácidamente en los brazos de mamá, y se ha abierto un ojo entre
sueños y ella sigue estando allí, y al abrir la boca se encontró con su pecho dispuesto a
cobijarlo y así se ha pasado todo el día, es lógico, comprensible y hasta esperable, que
ningún bebé quiera conformarse con menos!!!
Los adultos también necesitamos abrazos. Nos demostramos el afecto con caricias, con
besos, con miradas, con palabras cariñosas. Nunca dejamos de necesitar este tipo de
comunicación.

Cómo crear vínculo

Poner al bebé al pecho, acunarlo, amamantarlo, acariciarlo, hablarle suavemente, sonreírle,
cuidarlo, protegerlo, son actitudes que promueven la experiencia del vínculo.
Los investigadores de estas temáticas, consideran que el factor más importante en la
constitución del apego es el contacto físico positivo -expresado por las actitudes
mencionadas anteriormente- ya que éste causa respuestas neuroquímicas en el cerebro que
permiten que los sistemas cerebrales responsables del apego se desarrollen normalmente.
Durante los tres primeros años de vida el cerebro alcanza el 90% del tamaño adulto y
coloca en su lugar la mayor parte de los sistemas y estructuras que serán responsables del
funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico para el resto de la vida. Por eso
las experiencias de vinculación repetitivas durante la infancia proveen una base sólida para
futuras relaciones saludables.
Por el contrario, la inconsistencia del vínculo emocional o la falta de satisfacción de estas
necesidades básicas de sostén, afecto y reconocimiento, generan conductas de ansiedad y
desconfianza de los bebés hacia sus cuidadores. Los bebés pueden reaccionar a esta
situación de múltiples maneras, que influirán ciertamente en la consolidación de un modelo
de vinculación que luego harán extensivo al resto de sus relaciones.
Que los niños se queden quietecitos en la cuna, que duerman toda la noche, que se valgan
por sí mismos, son conductas que fomentamos para comodidad de los adultos, pero no son
evolutivamente normales para niños pequeños. Si nuestros hijos pasan largas horas en
compañía de extraños, ensayan intentos de enfrentar el mundo lejos de los brazos de mamá,
hacen lo posible por dormirse en su cunita, están haciendo el máximo esfuerzo para
acomodarse a un mundo adulto que dispone de pocos instantes para conectar con ellos. Son
ellos quienes, a pesar de su pequeñez y su inmadurez, están sosteniendo nuestras
necesidades, y aceptan sin rencores que en nombre de las buenas costumbres, les tildemos
de caprichosos y malcriados.

CUANDO NOSOTROS ESTEMOS MENOS OCUPADOS, ELLOS ESTARÁN
DEMASIADO GRANDES...