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domingo, 4 de marzo de 2012

La importancia de la primera hora

LA PRIMERA HORA ES IMPORTANTE. 

El inicio temprano de la lactancia, durante la primera hora después del parto y con el bebé mamando en posición correcta, contribuye al éxito de la lactancia materna. Por ello tanto OMS como UNICEF recomiendan que la lactancia materna se inicie lo antes posible tanto si se trata de un parto hospitalario como domiciliario.

 ¿Por qué es tan importante el contacto piel-con–piel después del parto y la lactancia materna durante la 1ª hora de vida?


 1. El cuerpo de la madre mantiene al (a la) bebé a una temperatura adecuada, lo que es particularmente importante para bebés pequeños(as) y de bajo peso al nacer.

2. El(la) bebé está menos tenso(a), más tranquilo(a) y presenta una respiración y frecuencia cardiaca más constante.

 3. El(la) bebé está expuesto(a) inicialmente a bacterias de la madre, que por lo general no son nocivas, y contra las que la leche materna tiene factores protectores. Éstas colonizan los intestinos y la piel de el(la) bebé y compiten con bacterias más nocivas provenientes de quienes acompañan a las madres en el parto como por ejemplo, el personal de salud y medio ambiente y evitan infecciones.

 4. El(la) bebé recibe calostro durante las primeras tomas –oro líquido- denominado el regalo de vida.

• El calostro es rico en células inmunológicamente activas, anticuerpos y otras proteínas protectoras. Por lo tanto, sirve al(la) bebé como su primera inmunización. Le protege contra muchas infecciones. Le ayuda a regular el sistema inmune.
   • Contiene factores de crecimiento, que ayudan a madurar el intestino de el(la) bebé y a su función efectiva y dificulta que los microorganismos y alérgenos penetren su organismo.
• Es rico en Vitamina A, que ayuda a proteger la vista y disminuye las infecciones.
 • Estimula los movimientos intestinales en el(la) bebé para que el meconio sea expulsado rápidamente de los intestinos. Esto elimina sustancias que causan ictericia y por tanto la previenen.
 • Viene en pequeñas cantidades, lo que es más conveniente para la nueva criatura.

 5. El tocar, tomar con su boca y succionar el seno estimula la liberación de la oxitocina – esto es importante por muchas razones:

• La oxitocina provoca que el útero se contraiga. Esto puede ayudar a expulsar la placenta y a reducir el sangrado de la madre después del parto.
 • La oxitocina estimula otras hormonas que hacen que la madre se sienta más tranquila, relajada y, como dicen, “enamorada” de su bebé.
 • La oxitocina estimula el flujo de leche de las mamas.

 6. Cuando se inicia el vínculo afectivo entre madre y bebé, las mujeres sienten una gran alegría. Muchas veces los papás y parejas pueden compartir esta felicidad.

 7. En general, el contacto piel-con-piel y las tomas tempranas de calostro están asociadas a una disminución en la mortalidad durante el primer mes de vida. También se asocian a un aumento en la lactancia materna exclusiva y a una mayor duración de la lactancia materna en los meses siguientes, lo que conduce posteriormente también a una mejor salud y a una mortalidad reducida.



viernes, 30 de diciembre de 2011

Los niños y el derecho a la verdad





“Todo ser humano tiene la misma capacidad de comprensión desde el día de su concepción hasta el día de su muerte” dijo hace muchos años la pediatra y psicoanalista francesa Francoise Dolto. La comprensión no tiene que ser demostrada con una respuesta verbal. Que los niños pequeños no puedan utilizar el lenguaje verbal, no significa que no lo comprendan.

Verdad externa
¿Por qué es necesario hablarles? Porque la verdad concreta dicha con palabras organiza el entendimiento de los niños y construye la estructura emocional sostenida por la lógica. Las palabras con sentido lógico son mediadoras entre los niños y el mundo.  A diferencia de las personas grandes, ellos no cuentan con el concepto abstracto de tiempo y espacio, por lo tanto las situaciones más banales tienen que ser anunciadas una y otra vez antes de que sucedan. Incluso a los niños un poco más grandes los podemos ayudar con referencias puntuales, por ejemplo “antes de comer va a suceder tal cosa, cuando vuelva papá de trabajar haremos tal otra”.

Tomemos como ejemplo la comunicación entre adultos: Si mi pareja me anuncia: “esta noche regreso a las tres de la mañana”, me está informando sobre algo puntual, pero no es suficiente explicación lógica para mí, entonces no acepto que regrese tan tarde a casa porque no es costumbre dentro de nuestros acuerdos matrimoniales. En cambio si me especifica: “esta noche volveré a las tres de la mañana porque participaré en una cena de empresarios prevista para comenzar a medianoche”, cuento con suficiente información para organizar mi entendimiento, aunque no sea agradable para mí. Fundamentalmente comprendo de qué se trata.

Es vital comunicar a los niños la verdad exterior con lujo de detalles, tratando de percibir el mundo desde los ojos de ese niño, porque cada momento es infinito, cada sensación es eterna. La magia de las palabras logra acercar el mundo sutil del niño pequeño y el mundo concreto de los adultos. Usemos las palabras, ya que traducen lo que pasa.

Las madres permanecemos muchas horas a solas con los bebés. Es el período ideal para hablar previniendo a los bebés sobre todo lo que va a acontecer, por ejemplo: “ahora te voy a cambiar los pañales, tal vez sientas frío”, “vamos a salir a pasear y tengo que abrigarte”, o “vamos a ir juntos al supermercado, allí hay ruido, luces fuertes y demasiada gente”. Cada suceso por más banal que parezca, al ser anunciado, lo predispone y le otorga confianza hacia lo que va a acontecer.
De esta manera las palabras con sentido lógico del adulto se convierten en mediadores entre el mundo externo y el interno. Hablar con los niños es sencillo, es igual que hablar con otro adulto.

Verdad interna.
El amor es el centro de nuestra vida. Y la verdad es el eje de la comunicación. De hecho “hablar con el corazón” es contar la verdad interior. La verdad interior transmite lo que me pasa, lo que siento, lo que deseo, lo que temo.

Si somos capaces de mirarnos dentro sin prejuicios, si nos conectamos sencillamente con lo que nos sucede y si no lo valoramos como bueno o malo, entonces estaremos relacionándonos con nuestra verdad interior, que es la expresión del alma. Los adultos necesitamos comprender nuestros sentimientos para amigamos con lo que nos pasa y atravesar cada situación con mayor entendimiento.

Del mismo modo, los bebés y niños pequeños fusionados en la emoción de la madre, podrán comprender, organizar sus sensaciones y acompañar los sentimientos de su madre si saben de qué se trata. Esto es posible cuando la madre nombra lo que le pasa. Decir la verdad, toda la verdad del corazón, es hacerse cargo de lo propio para liberar al bebé de su angustia y su permanente obligación de manifestar lo que la madre siente pero todavía no ha expresado.

Por ejemplo: Termina la baja maternal de una mujer quien debe regresar al trabajo. Organiza correctamente el cuidado de su bebé de tres meses. La noche previa al comienzo de su jornada laboral, el bebé sufre un espasmo respiratorio... ¿Acaso ha sido un acontecimiento imprevisible? No, es tan frecuente como la falta de reconocimiento de la angustia que provoca en una madre el hecho de dejar a su bebé tan pequeño durante tantas horas. El bebé siente la misma angustia y se hace cargo de manifestarla.

En este caso ¿qué significaría decir la verdad?: Decir la verdad al bebé es reconocer antes que nada esta situación ambivalente: “necesito o deseo trabajar, pero también me angustia y me atemoriza dejarte al cuidado de otra persona “.  O bien, “Quiero irme pero también sufro por dejarte”. Reconocer lo que nos pasa y comunicar lo que nos pasa, le permite al bebé comprender y organizar lo que nos sucede a ambos. De lo contrario el bebé se hace cargo de comunicarlo, él realiza la angustia a través de la manifestación del síntoma.
En otras palabras, el bebé nos obliga a conectarnos con la verdad, porque de lo contrario la materializa, la “expresa” en el plano físico, o en otras palabras: somatiza.

Facilitar los vínculos
Puede resultarnos una pesada tarea estar dando explicaciones a los niños permanentemente, sin embargo resulta facilitador para los vínculos. Poco a poco convierte a los niños en seres que acompañan  con fluidez las decisiones y necesidades de los padres porque le encuentran sentido. Con el correr del tiempo las explicaciones serán  más cortas y precisas ya que el niño incorpora conceptos de tiempo y espacio. El bebé necesita cada día la palabra de la madre que medie en la ausencia o ante cada situación nueva. En cambio un niño de tres años y medio que  maneja con soltura el lenguaje verbal, “ya sabe” que cuando la madre dice “me voy a trabajar” tiene todo el sentido que le ha venido dando con muchas palabras llenas de significado durante esos tres años.

En busca de la propia verdad
La verdad siempre va precedida de la palabra “yo”. Porque la verdad es personal, responde a lo que me pasa, lo que siento, lo que deseo. No es una opinión, ni está supeditada a lo correcto o incorrecto.
Los niños están tan cerca de nuestro corazón, tan unidos a la verdad íntima, que se convierten en traductores exactos. Vale la pena prestarles atención, o al menos hacernos las preguntas pertinentes. Sólo sabiendo qué es lo que nos pasa, estaremos en condiciones de narrar nuestra verdad a nuestros hijos.

La verdad y la intimidad
La verdad siempre hace referencia a nuestra intimidad, es decir al interior de nuestro mundo emocional. Es la instancia que desnuda las emociones: el amor, el rechazo, el miedo, la alegría, la nobleza, la pasión, la rabia, la angustia, el dolor, la esperanza. La intimidad no se refiere a las prácticas sexuales, ni a la vida cotidiana como el hecho de trabajar, estudiar, comer, dormir, pasear o relacionarse con otros.

¿Pero qué tienen que ver los niños con nuestras íntimas verdades? Comprenderemos la profunda relación entre los pequeños y los adultos, si tomamos en cuenta que los niños pequeños son seres fusionales, es decir que viven dentro del mundo emocional de las personas que los crían. Cuando son muy pequeños, viven fusionados a la emocionalidad de la madre o de la persona maternante, y en la medida que van creciendo y van entrando en relación con otras personas (padre, hermanos, abuelos, maestras, amigos) se fusionan también con los mundos emocionales de los demás. Es decir, que indefectiblemente hacen parte del territorio afectivo de quienes los rodean.

La verdad es liberadora y aporta confianza
Por eso, aquello que nos sucede, les pertenece. También les pertenece lo que nos ha sucedido en el pasado, porque para nuestra organización emocional, el tiempo no existe. Si hemos experimentado situaciones dolorosas incluso durante nuestra infancia, hoy en día vibran aún en nuestro interior. Y es eso, justamente eso, lo que el niño vive como propio. Así las cosas, el niño merece comprender eso que siente como una evidencia. Nuestras palabras no van a traerle ninguna noticia reveladora, simplemente van a confirmar lo que el niño ya sabía. Y eso es increíblemente liberador, además de aportarle mucha confianza; porque el niño constata que lo que siente y lo que los adultos nombran, coincide. 

Comprendamos que el niño está completamente involucrado en nuestra vida personal, por lo tanto, no podemos tratarlo cono si fuera un extraño. El niño tiene derecho a saber al menos, lo que nosotros mismos hemos logrado comprender.

Laura Gutman

martes, 27 de diciembre de 2011

Honremos a nuestros hijos...

No hay nada más sagrado que un niño pequeño.  Nada más puro, más hermoso y más frágil que un niño pequeño. Por lo tanto, no solo nos corresponde adorarlos, sino cuidarlos como un fino cristal, porque de lo contrario, se rompen para siempre.  ¿Qué hacemos frente a una joya única que nos han dado para custodiar? La envolvemos en un manto de terciopelo. Luego la adornamos con cintas de oro. Vigilamos que nadie se acerque.  Velamos que no sea manoseada. La acariciamos suavemente para que brille cada día más. La resguardamos de vientos y mareas. La protegemos de violencias humanas.  Y en el momento adecuado,  la volvemos a entregar al camino. El valor de la alhaja es incalculable y cualquier rasguño que sufra, será nuestra responsabilidad.  Solo deteniéndonos a observar la belleza infinita que emana de su luz, podemos vislumbrar  el tesoro que llevamos en nuestras manos.  Así son nuestros hijos, así de bellos, de luminosos y resplandecientes. Los niños merecen recibir desde el instante en que nacen, nuestro respeto genuino, complaciente y cotidiano. Cosa poco habitual. Quizás por eso sea ésta la más atroz contradicción de nuestra moderna sociedad: No honrar lo más bello y puro que tenemos, se convierte en una masacre colectiva. Por eso, hagamos unos minutos de silencio. Observemos a los niños. Ofrezcámosles nuestras mejores sonrisas, si no tenemos nada más para brindar. Acariciémoslos.  Respetémosles el sueño, la vigilia, el hambre, el juego, el ritmo, el contacto, la curiosidad y el derecho a la verdad. Rindámonos ante  ellos, tomando en serio cada pedido. Tratemos sus cuerpos con dulzura y dedicación. No los contaminemos con palabras furiosas. Recordemos que  en los niños vibra el alma de la excelencia.

Laura Gutman

Derechos naturales de los niños

Estos son los derechos que el pedagogo italiano Gianfranco Zavalloni reivindicaba para los pequeños. Se trata de diez derechos que nos recuerdan las necesidades básicas de los niños. 



Derecho al ocio. A vivir momentos no programados por los adultos.
Derecho a ensuciarse. A jugar con arena, tierra, hierba, hojas, agua, ramas y piedras.
Derecho a los olores. A percibir el olor y a reconocer los perfumes de la naturaleza.
Derecho al diálogo. A escuchar y a tomar la palabra, a dialogar.
Derecho a usar las manos. A clavar clavos, a serrar, a pegar, a modelar la arcilla, a atar cuerdas, a enceder un fuego.
Derecho a un buen comienzo. A comer comida sana desde el nacimiento, a beber agua limpia y a respirar aire puro.
Derecho a la calle. A jugar libremente en las plazas, a andar por la calle.
Derecho a lo salvaje. A construir un refugio en el que jugar en el bosque, a tener cañaverales en los que esconderse, árboles a los que trepar.
Derecho al silencio. A oir el viento que sopla, el canto de los pájaros, el gorjeo del agua.
Derecho a los matices. A ver salir y ponerse el sol, a ver de noche la luna y las estrellas.