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miércoles, 18 de enero de 2012

Para ser buenos padres hay cosas que no pueden faltar

Los papás y mamás actuales se encuentran muchas veces desbordados. El ritmo de vida que les arrastra les deja poco tiempo para la reflexión. Las pautas educativas han cambiado tanto en tan poco tiempo que es difícil saber como actuar en las circunstancias complicadas. A los niños les compramos muchas cosas y los apuntamos a muchas clases, a los pequeños los estimulamos pero nos cuesta renunciar al ocio adulto para jugar con ellos. Cansados, caemos en los gritos, la impaciencia y los castigos, no sabemos como manejar las situaciones. Y es que para ser buenos padres hay algunas cosas que no pueden faltar.
Lo primero es tener autocontrol. Nos enfadamos con las rabietas, caprichos y regresiones de los niños, si lloran o gritan o patalean. Les exigimos un autocontrol que ellos no tienen y que lleva tiempo desarrollar. Pero lo vergonzoso es que les exigimos ese autocontrol prematuro y lo hacemos gritando, poniéndonos furiosos y atacados de los nervios.
Los adultos somos nosotros y si no hemos aprendido a estas alturas a controlarnos ya es hora de empezar a hacerlo. Nosotros tenemos que aprender a controlarnos y a organizar nuestro devenir cotidiano de un modo que nos permita disfrutar de esa mínima calidad de vida, en vez de montar en cólera si un pequeñín se ve desbordado por el cansancio o las emociones.
Además hace falta mucha coherencia. Los niños no aprenden de lo que les decimos que está bien o está mal. Los niños aprenden de lo que hacemos. Seamos coherentes y no digamos algo que no somos capaces de cumplir.
bebé y mamá
Nada mas ridículo y vergonzoso que un padre gritándole a un niño pequeño que como vuelva a pegarle a su hermanito le parte la cara. O ese que amenaza con cosas que no cumplirá, miente descaradamente para que el niño obedezca inventando castigos de Reyes Magos que no vendrán, pero se comporta de un modo maleducado y poco cívico mientras repite ideas educativas que hasta un niño de dos años se da cuenta que su padre incumple descaradamente.
Si le dices a tu hijo que no grite, no grites tu. Si no quieres que pegue, no pegues tu. Si quieres que respete a los mayores, respeta tu a los demás, incluídos a los niños. Si no quieres que diga tacos o insulte, ya sabes lo que debes abstenerte de hacer. Si quieres que sea limpio, lávate las manos y los dientes delante de él. Si quieres que no tire papeles y que cuide su salud, no fumes delante de él, no tires las colillas al suelo y menos a su parque, y no escupas en la calle. Si quieres que lea, empieza a leerle y a leer para ti mismo. Si quieres que estudie, apaga la tele y deja de ver tanto futbol y culebrones para ponerte a aprender cosas tu. El ejemplo es fundamental.
Hay que tener empatía y saber ponernos en la piel de nuestros niños, sintiendo lo que sienten, la pena, el miedo, la alegría, los nervios. Si somos capaces de empatizar con sus emociones es mucho más sencillo comunicarnos y escucharlos, sobre todo cuando no son todavía capaces de expresar perfectamente sus sentimientos con palabras.
No burlarnos, no provocar sus miedos, no azuzarlos, no exigirles que superen emociones que los paralizan, serán beneficiosas consecuencias de la empatía activa.
Los insultos, las mofas, las amenazas y el chantaje emocional son cargas con las que quizá crecimos pero ya es hora de reconocer que son algo dañino y vergonzoso aunque sobreviviesemos a ellas. Nada de lo que nos duele o nos molesta debemos hacérselo a los niños y desde luego no sirve más que para realimentar el círculo de la violencia.
Los entenderemos, pero sólo si nos atrevemos a sentir con ellos en vez de decirles como tienen que sentirse. Y de ese modo sembraremos la confianza que se gana, que no viene de repente en la adolescencia, que hay que fomentar desde que son bebés y sienten que estamos a su lado para acunarlos cuando necesitan amor.
Ni el respeto ni la confianza se merecen por haber engendrado un vástago. Como todo lo que vale la pena, hay que ganárselo y saber conservarlo.
Añadamos a esto la indispensable flexibilidad de la que hay que proveerse. Solemos decir que NO cientos de veces al día a los niños, mientras ellos se mueven en espacios y tiempos irrespetuosos con sus ritmos y necesidades.
Decir “no” hay que decirlo, sobre todo al consumismo o a la violencia, pero hay que mantenerlo en su límite. Muchas veces, si reflexionamos, las cosas que no permitimos hacer en determinado momento podríamos haber accedido a ellas simplemente parando, olvidando esa necesidad nuestra de actuar deprisa, dejando que los niños disfruten de su derecho a explorar el mundo y la vida.
Es decir, seamos flexibles y sepamos distinguir lo verdaderamente importante de lo que podemos negociar con ellos. Y por supuesto, expliquemos nuestras negativas y límites del mejor modo adaptado a sus edades. Los niños a los que se les explican las cosas terminan entendiéndolas. A los que se les manda “porque soy tu padre“sin argumentos ni explicaciones, a los que se trata como idiotas a los que domar, a los que no se les explican las cosas, no entenderán.
El “porque yo lo digo” es un argumento muy pobre, que revela que tenemos esacasísimos recursos verbales y comunicativos. Y que nos deja en muy mal lugar delante de unos niños que nos ven como dictadores sin capacidad de negociación y que no saben explicar sus motivos o argumentos. No fomenta el que los hijos nos respeten, porque el respeto se gana y no se merece por el simple hecho de ser los padres.
Y para terminar dejo lo indispensable: la paciencia. La paciencia que hemos perdido, la que les exigimos a los niños, la que ellos tanto necesitan de nosotros. Las rachas complicadas en los procesos de crecimiento de los niños pasarán seguro. Pero los niños viven el ahora y esperar se les hace muy difícil, como mas difícil todavía es para ellos el adaptarse a nuestras ausencias. Paciencia. Somos los adultos. No lo olvidemos.
No me quiero dejar algo que creo que es casi innecesario mencionar: abrazos, besos y mimos que nunca se escatimen. Y todo el tiempo posible a su lado, conscientes, abiertos a sus necesidades emocionales y de juego. El amor nunca es en exceso.
Para nuestros hijos nadie hay en el mundo más importante que nosotros, a nadie aman más. Parar, sentarnos a su lado, entregarnos a su necesidad de nuestra presencia, darles afecto y tiempo, todo el tiempo posible, es una experiencia que nos enriquece. Y que a ellos les hace confiar en la vida y disfrutarla.
En resumen, para ser buenos padres hay cosas que no pueden faltar. No nos debe faltar el autocontrol, la coherencia, la paciencia, la flexibilidad y la empatía. Pero eso no bastará, pues ser padres es una enorme responsabilidad en la que además de educar a un hijo y acompañarle en su crecimiento, deberemos educarnos a nosotros mismos y crecer para ser mejores personas.
Autor: Mireia Long, en Bebés y más

lunes, 2 de enero de 2012

Cosas de bebés


¿Qué tipo de alimentos necesita para cada etapa de su vida entre los 0 y los 3 años?

El recién nacido precisa lactancia materna y a demanda en exclusiva hasta los seis meses y complementada (la lactancia) con otros alimentos hasta los dos años. La introducción de alimentos sólidos debe ser paulatina, bajo supervisión pediátrica y teniendo muy en cuenta los gustos y necesidades (texturas, cantidades, etc..) del bebé.

Durante los primeros años, la alimentación forma parte de la vida emocional del bebé en tanto que supone una forma de vinculación emocional con la persona que le alimenta. Esta relación “nutrición-afecto” se mantiene durante toda la vida adulta y por tanto es fundamental cuidarla en esta etapa, para que la relación con el alimento sea desde los primeros meses saludable y agradable, cargada de connotaciones positivas e introduciendo hábitos alimentarios adecuados de forma paulatina.  Para ello el niño nunca debe comer solo, hay que mirarle a los ojos mientras se le amamanta o se le da de comer, hablarle, compartir con él ese momento, descubrirle y respetarle en sus gustos y sus intereses. Comer en familia es parte de este proceso.

¿Cómo calculo las cantidades de comida que mi hijo necesita?

Mientras se le da el pecho al niño, es el niño quién calcula lo que necesita así que no hay nada que medir. Si tiene hambre, come, si no tiene más hambre no come. Si hay problemas de peso lo más probable es que se deba a problemas con la técnica de amamantamiento, hay que consultar a un/a experto en lactancia para que los resuelva.
Más adelante, los niños siguen comiendo lo que necesitan, siempre y cuando el tipo de alimentación que practiquemos en casa sea saludable y basada en cinco comidas al día, con alimentos adecuados para cada momento del día y en un balance adecuado de proteínas, hidratos de carbono, grasas, etc..

Cuándo mi hijo no come, ¿cuál es la postura más adecuada: le dejo que coma lo que quiera o le obligo a no levantarse de la mesa hasta que termine?

Estos años son para el niño años de descubrimiento, experimentación y cambios en sus gustos respecto a la comida. Es fundamental intentar respetar sus intereses (o la falta de ellos) y ofrecerle un abanico de posibilidades amplio, para asegurar un buen estado nutricional (si no le gustan las judías verdes no pasa nada, hay otras legumbres que quizá ahora le interesen más). También podemos ofrecerle alimentos que no le gustan a priori cocinados de otras formas, con sabores diferentes. O directamente no insistir y centrarnos en otras posibilidades de acuerdo a la hora del día y lo que haya preparado para el resto de la familia. No se trata de que el niño “coma de todo” pero tampoco de que “coma lo que quiera” (es decir chocolate, o solo patatas). Se trata de que en estos años incorpore ya unas nociones de nutricion adecuadas, que aprenda a comer con sentido común y guiado por su apetito real, sus sensaciones de saciedad y sus necesidades calóricas y energéticas en un momento dado (los apetitos del niño varían dependiendo de si está pegando un estirón, tiene más o menos actividad, ha pasado o está pasando un proceso viral, etc.. todo esto hay que tenerlo en cuenta). Obligarle a comer es totalmente contraproducente.


¿La alimentación/ la comida puede considerarse un instrumento de comunicación en los primeros meses?

En los primeros meses la nutrición está estrechamente vinculada a los afectos y el amamantamiento es la forma más intensa de relación cuerpo a cuerpo que el bebé experimenta desde que nace. Podríamos decir que es lo más parecido a las sensaciones placenteras que tenía en el vientre materno: muy pegadito a mamá, boca con pezón, como  si fueran, de nuevo, una sola persona.
Por tanto sí, es una forma de comunicación y una buena relación nutricional entre madre e hijo facilitan enormemente la expresión recíproca de necesidades y emociones, el conocimiento mutuo y el fortalecimiento del vínculo entre ambos.
Más adelante, cuando el niño es más mayorcito, puede estar expresando en una mala relación con la comida una mala relación con otros aspectos de su vida, con mamá, etc… En estos casos lo primero que hay que valorar es si las expectativas paternas son inadecuadas (piensan que debe comer más de lo que el niño puede comer, por ejemplo, y le obligan convirtiendo el momento de la comida en un suplicio) o si existen otros conflictos añadidos que el pequeño está comunicando mediante esta vía.


¿Cómo definirías el vínculo que se crea entre madre e hijo en los primeros meses de vida?  ¿y el vínculo padre e hijo?

El vinculo madre-hijo es el resultado de la relación y el conocimiento entre ambos, por tanto, el vínculo es algo cambiante, que crece con ambos y se modifica a tenor de del intercambio afectivo diario entre los dos. El vínculo no es sólo el amor, sino la forma en la que se expresa ese amor, el lenguaje (corporal, verbal) en el se da y se recibe, el abanico de sentimientos implicados en el mismo y la forma en la que la mamá es capaz de elaborar esos sentimientos para devolvérselos al bebé en forma de cuidados, contención, atención.. etc.
Para el padre es lo mismo, con la diferencia de que el niño viene del cuerpo materno y los primeros meses permanece en un estado todavía fusional con ella (es decir, estrechamente ligado a mamá, su cuerpo y su vida emocional), por lo que la función del vínculo paterno durante los primeros meses es sutilmente diferente a la de madre, aunque no menos importante.

Los primeros años del bebé son una etapa que en muchos casos se considera de uso y disfrute exclusivo de los padres porque “el bebé no se acordará de nada”. ¿Esto es realmente así o la carencia de una atención adecuada que fructifique en un vínculo entre madre e hijo puede tener repercusiones en el carácter del futuro niño?

Está ampliamente demostrado que los primeros meses de la vida son absolutamente fundamentales para el desarrollo del ser humano. Recibir atención y cuidados adecuados o , por el contrario, no recibirlos, condiciona este desarrollo a todos los niveles (cognitivo, motor, afectivo). El mejor cuidado y estimulación de un bebé viene de la mano de su madre y su padre, por tanto, cuanta más presencia y tiempo compartido con el bebé, más contacto y más conocimiento mutuo, mayor salud psicoafectiva para todos y más rápido llegará el ajuste familiar a la nueva vida.


¿Cómo pueden los papás vencer el miedo de que su bebé se haga daño en beneficio de su aprendizaje? ¿qué supone esta etapa para el bebé?

La sobreprotección es impedir (de forma activa: “no hagas eso” “ya lo hago yo por ti” o pasiva, evitandole determinados estímulos) que el niño haga las cosas que ya puede y quiere hacer por sí mismo. Como el desarrollo es un continuo, la adquisición de determinadas destrezas o capacidades no sucede de la noche a la mañana sino que suele ser el resultado de una batería de ensayos y errores, por lo que es muy importante permitir a nuestros hijos que hagan cosas por sí mismos a medida que van indicándonos que están interesados en ellas y valorando la peligrosidad de las mismas pero sin temor a una pequeña caída o un fracaso


¿Es conveniente dejarnos llevar por el instinto aunque esto contradiga lo aprendido o lo supuestamente conveniente?

La maternidad nos invita a replanteárnoslo todo, incluido lo que pensábamos que era conveniente para nuestro futuro hijo e incluso la propia educación y trato recibidos. Es una oportunidad para escribir nuestro propio camino como padres y, para que esta labor sea auténtica, tiene que nacer desde nuestro interior y de la relación con nuestro hijo, al que no conocíamos hasta ahora y que es un bebé único, con sus propias necesidades, carácter, etc..
La función del instinto, que nos ayuda a conectar con nuestra biología más íntima (nuestros deseos y capacidades puestos en función del otro, el bebé), es la de facilitarnos el camino de atender a nuestro hijo de forma muy personalizada y, por tanto, de garantizarle los mejores cuidados.

En un mundo regido por un ritmo vertiginoso, ¿cómo se enfrentan emocionalmente los bebés las largas y constantes ausencias de sus padres? ¿qué ocurre a nivel emocional y que reacciones pueden observar los papás a su llegada?

La ausencia prolongada de mamá o papá, cuando sucede antes de que el niño esté preparado para ello (no antes de los dos años), obliga al bebé a hacer un esfuerzo extraordinario de vinculación con otras personas (es decir, se tiene que esforzar en establecer con otros una relación muy íntima de cuidado, dependencia y contención que en principio está reservada a los padres y, como mucho, a los familiares más cercanos). Dependiendo de la salud de la relación entre padres-hijos y de los cuidados tempranos recibidos, los pequeños podrán salvar estas separaciones con mejor o peor suerte.
Si el pequeño se siente habitualmente seguro, contenido, atendido y respetado en sus necesidades, llorará la ausencia pero será capaz de reproducir ese vínculo en presencia de otro cuidador/a que le de una atención similar o mínimamente cálida, hasta que regresen sus figuras de referencia.
Si el pequeño todavía no está preparado para separarse, le costará mucho trabajo recomponerse tras la despedida y permanecerá, triste, intranquilo o “desconectado” de los demás hasta que regresen aquellos que le dan seguridad: papá y mamá.

  A menudo los padres se sienten frustrados al tener que dejar a sus hijos al cuidado de familiares o cuidadores. ¿Cómo pueden los padres compensar el tiempo perdido en el trabajo? ¿y superar el sentido de culpabilidad?

Los padres que trabajan largas horas fuera de casa deben ser conscientes de que esa no es la situación ideal para sus hijos. Pero, si no pueden hacer otra cosa, lejos de culpabilizarse (la culpa paraliza e interfiere negativamente en las relaciones), lo que pueden hacer es, cuando puedan estar juntos, dedicarles atención en exclusiva y volcarse en ofrecerles un modelo educativo coherente (con una adecuada combinación entre libertad y límites), en el que predominen la escucha y el afecto. A veces conseguir esto cuesta trabajo porque, al igual que los hijos muchas veces traducen su malestar por la separación en reproches o mal comportamiento cuando están con ellos, los padres que pasan largas horas sin ver a sus hijos muchas veces se sienten “desentrenados” para la convivencia con los niños y no son capaces de manejar adecuadamente estas situaciones.
El sentido de culpabilidad se maneja mejor si los padres procuran ofrecer a sus hijos, en su ausencia, una atención y unos cuidados de calidad, supervisando personalmente la marcha del día a día e interesándose no sólo por los aspectos prácticos sino también por los afectivos.  En este sentido, la elección de una cuidadora (bien sea en casa, bien en una escuela infantil) que sea especialmente “maternal” y en la que mamá y papá puedan depositar también su confianza y sus afectos, es fundamental. También es importante ver a la cuidadora no como una persona ajena que se queda con nuestro hijo, sino como parte de un equipo: el nuestro.


-          Los padres suelen sentirse desplazados en los primeros meses de vida del bebé. ¿Cómo podemos definir su función en este periodo?

La función del padre es muy importante desde el inicio ya que sin él la madre y el bebé, que se encuentran en una situación física y emocional especialmente vulnerable, quedan demasiado expuestos a presiones y condicionantes externos que impiden un buen comienzo para todos.
El hombre se siente desplazado en este periodo porque, efectivamente, lo está: el bebé irrumpe en la relación de ambos progenitores con fuerza y, mientras que la mamá tiene en el bebé un “enamorado” que “la necesita para todo” de forma llamativa, el papá tiene más dificultades en comprender que mamá y bebé también le necesitan a él para apoyar, proteger, participar y velar por la buena marcha del día a día tras la llegada del pequeño.

-          ¿Cuándo debe el papá interactuar con el bebé y con qué tipo de actividades/ aportaciones?

Papá puede interactuar con el bebé tanto como quiera, pero teniendo en cuenta que mamá ya es para el bebé una “conocida” (recordemos que ha estado físicamente viviendo en su barriga durante mucho tiempo antes de ver la luz) y depende totalmente de ella para muchas funciones al comienzo de su vida. El papá tendrá que incorporarse a esa díada poco a poco y con tacto: puede pedirle a mamá que le ayude a “traducir” lo que experimenta el bebé (hambre, sueño, necesidad de contacto, inquietud..) para ir conociendo al bebé. No se trata de permanecer siempre en un segundo plano, sino de descubrir cuál es su nuevo e importantísimo papel y disfrutar de una nueva relación tanto con su hijo como con su pareja.
Poco a poco y a medida que padre e hijo se van conociendo, tendrán una relación igual de única y especial que mamá y el bebé.

Es conocido el instinto maternal pero, ¿en qué consiste el paternal? ¿qué tipo de cambios se producen en el hombre?

Tras el nacimiento de su hijo, el hombre también vive su puerperio particular: las últimas investigaciones han demostrado que los hombres disponen también de circuitos neuronales que se activan específicamente tras el parto y cuya misión es también la de proporcionar protección y cuidado a sus crías. No hay mucha información disponible todavía sobre el instinto masculino, pero si podemos hablar de impronta, necesidad de estar cerca de su bebé, enamoramiento, activación de las actitudes resolutivas y de defensa, así como mecanismos de protección de la familia, con una especial voluntad de prodigar buenos cuidados a madre y bebé durante este periodo.

-          ¿Qué consejos darías a mamás y papás para disfrutar al máximo de su recién nacido y superar los miedos?

Si las primeras experiencias se construyen sobre una base de seguridad y afecto, es mucho más probable que nuestro bebé se convierta más adelante en un niño feliz, autónomo y seguro de sí mismo y sus capacidades.
Por eso, en los primeros meses es fundamental atenderle siempre que llore, olvidarse del reloj a la hora de amamantarle y dormir, proporcionarle mucho contacto piel con piel, tranquilidad, palabras bonitas y amor. El recién nacido ni entiende de límites ni los necesita hasta más adelante, así que esos primeros meses deberían centrarse en el conocimiento mutuo y el disfrute.
Como diría Susana Tamaro (novelista): “ve donde el corazón te lleve”.


Violeta Alcocer.



sábado, 31 de diciembre de 2011

10 Principios de Cuidado Perinatal Recomendados por la OMS


La Oficina Regional de la OMS para Europa desarrolló en el año 2001 un Taller de Cuidado Perinatal en el cual se propusieron 10 principios que deberían ser considerados en el cuidado perinatal . Estos principios fueron ratificados luego en una reunión de la Oficina Regional de la OMS para Europa y sus estados miembros (Segunda Reunión de Puntos Focales para la Salud Reproductiva/Salud de las Mujeres y los Niños en la Región Europea).



Los diez principios del Cuidado Perinatal que la OMS señaló en la reunión fueron:

El cuidado del embarazo y parto normales debe:

 1. Ser no medicalizado, lo que significa que el cuidado fundamental debe ser provisto utlizando un set mínimo de intervenciones que sean necesarias y se debe aplicar la menor tecnología posible.
2. Ser basado en el uso de tecnología apropiada, lo que se define como un conjunto de acciones que incluye métodos, procedimientos, tecnología, equipamiento y otras herramientas, todas aplicadas a resolver un problema específico. Este principio está dirigido a reducir el uso excesivo de tecnología o la aplicación de tecnología sofisticada o compleja cuando procedimientos más simples pueden ser suficientes o aún ser superiores.
3. Ser basado en las evidencias, lo que significa avalado por la mejor evidencia científica disponible, y por estudios controlados aleatorizados cuando sea posible y apropiado.
4. Ser regionalizado y basado en un sistema eficiente de referencia de centros de cuidado primario a niveles de cuidado terciarios.
5. Ser multidisplinario, con la participación de profesionales de la salud como parteras, obstetras, neonatólogos, enfermeras, educadores del parto y de la maternidad, y cientistas sociales.
6. Ser integral y debe tener en cuenta las necesidades intelectuales, emocionales, sociales y culturales de las mujeres, sus niños y familias y no solamente un cuidado biológico.
7. Estar centrado en las familias y debe ser dirigido hacia las necesidades no solo de la mujer y su hijo sino de su pareja.
8. Ser apropiado teniendo en cuenta las diferentes pautas culturales para permitir y lograr sus objetivos.
9. Tener en cuenta la toma de decisión de las mujeres.
10. Respetar la privacidad, la dignidad y la confidencialidad de las mujeres.

Estos principios aseguran fuertemente la protección, la promoción y el soporte necesario para lograr un cuidado perinatal efectivo. 

Formas de cuidado que deberían ser abandonadas:

o No permitir a las mujeres que tomen decisiones acerca de su cuidado
o Participar a los médicos en la atención de todas las mujeres.
o Insistir en el confinamiento institucional universal
o Dejar a las madres sin atención durante el trabajo de parto.
o Rasurado de rutina.
o Enema rutinario.
o Monitoreo fetal electrónico rutinario sin determinación de pH en cuero
cabelludo
o Restricción de la posición materna durante el trabajo de parto
o Episiotomía rutinaria
o Repetir la cesárea en forma rutinaria luego de cesárea anterior.
o Inducción del parto en forma rutinaria antes de las 42 semanas.
o Uso de sedantes /tranquilizantes de rutina
o Uso rutinario de guantes y mascarillas en las unidades de cuidados del recién
nacido
o Separar a las madres de sus hijos cuando estos se encuentran en buen estado de salud.
o Administración de agua/glucosa en forma rutinaria a los niños amamantados.
o Lactancia con restricciones.
o Distribución sin cargo de muestras de fórmulas lácteas.
o Prohibir las visitas de los familiares.

Formas de cuidado que reducen los resultados adversos del nacimiento

- Proveer apoyo sicosocial a las mujeres.
- Contacto madre-hijo irrestricto.
- Escaso beneficio de una tasa de cesárea superior al 7%.
-Posición levantada durante el trabajo de parto.

*Tomado de: Chalmers B, Mangiaterra V, Porter R. WHO principles of perinatal care: the essential antenatal, perinatal, and postpartum care course. Birth 2001; 28: 202-207.

viernes, 30 de diciembre de 2011

25 consejos sobre alimentación, por Carlos González

1 No obligar nunca a comer a un niño. Un adulto puede que se niegue a probar bocado por los dictados de la moda pero a un crío aún no le pesan las normas sociales. Por tanto no se debe insistir en que el niño trague a toda costa.
Cuánta cantidad de comida es necesaria. Cada uno de nosotros necesita un aporte calórico distinto, razón por la que la alimentación no puede tomarse como una ciencia exacta. Unos zampan como elefantes mientras otros comen como pajaritos. ¿Por qué entonces se intenta medir a los niños por el mismo rasero? Un niño de año y medio puede que necesite comer la misma cantidad que un bebé de nueve meses.
¿Seguro que no come nada? Para la mayoría de los padres no comer nada significa que su hijo no engulle lo que ellos creen que necesita. Quizá si su medida fuera medio plato en vez de uno repleto hasta el borde cambiaría su percepción.
4 Los que de verdad no comen. Las enfermedades y los celos provocan un rechazo a la comida que suele ser transitorio y una vez solucionado el problema regresa el apetito.
5 El trabajo de mamá. El regreso laboral de mamá origina en ciertos bebés una negativa a alimentarse si no lo hace su madre. Pueden no consumir nada en ocho horas y luego ponerse las botas cuando ella regresa.
Un asunto de honor. Los padres, sobre todo las madres, suelen vivir la inapetencia como un agravio personal. Otras consideran un deber atiborrar a su hijo.
7 Culpabilidad. Frustración y un terrible sentimiento de no saber cumplir como lo hicieron con ella, fustigan a muchas madres para quienes la hora de la comida es un calvario.
8 Niños incomprendidos. Imagínese qué pensará su hijo. Él, que sólo cuenta con el cariño de sus padres, de repente se ve atacado por aquellos en quienes confía, que insisten en cebarle cuando ya no le entra más y encima se enfadan y le gritan.
La prueba definitiva. Coma en proporción a lo que da a su hijo. Si el niño pesa 10 kilos y engulle un plato, tráguese usted cinco o seis raciones. Seguro que revienta.
10 Pecho “for ever” y a libre demanda. La leche materna es el alimento más completo y nutritivo. Si el niño no pierde peso es conveniente alargar lalactancia hasta el año o los dos años. Siempre sin imposición de horarios, porque él ya lo pedirá cuando lo necesite.
11 Las papillas. Nunca se debe sustituir el pecho por la infundada creencia de que los cereales alimentan más. Cuando los niños ya degustan papillas hay que saber que casi ninguno logra terminarse la medida recomendada porque es simplemente una orientación, no un dictado.
12 Horror a las verduras. El pequeño estómago de los niños admite pequeñas cantidades, o sea, muchas calorías en poco volumen. Las verduras contienen mucha fibra y escasas calorías, por lo que les enguachina pero no les sacia. Apenas unas cucharadas serán suficientes para que le saquen el gusto. (será por eso que les gusta tanto el chocolate?)
13 La papilla de frutas. Con las frutas viene a suceder lo mismo que con las verduras. Si el crío las rechaza pruebe a darle una manzana a mordiscos o una pera en trocitos, por ejemplo. Las recomendaciones y mezclas frutales del pediatra no tienen por qué ir a misa.
14 Respetar el sueño. Algunos padres enchufan a sus hijos el biberón mientras éstos duermen y después se quejan de que no comen cuando están despiertos. ¡Pero si ya se han alimentado!
15 Chucherías prohibidas. Al margen de que el niño coma o no coma, los dulces y las famosas chucherías sólo una vez al año para que no hagan daño. (con esto discrepo!!)
16 La crisis del año. Justo a los 12 meses se frena la velocidad de crecimiento y por tanto no precisan la misma cantidad de alimento. A partir de los cinco años aumentarán el gasto energético y las necesidades.
17 El perceptil. Las gráficas de peso traen fritos a los padres. En cada país se elabora una distinta y nunca coinciden entre ellas. ¿Quiere eso decir que según el lugar del mundo en que pesen a su hijo estará por encima o debajo de la media?
18 Defensas infantiles. Los más pequeños se defienden ante la indigesta ofensiva paterna a base de hacer bola, escupir e incluso vomitar. Nunca se niegan por capricho. Evolutivamente los críos tienden a rechazar los sabores desconocidos por simple supervivencia.
19 Un dragón llamado alergia. La alergia puede provocar la negativa del niño a ingerir ciertos alimentos como la leche, el gluten, el huevo o cualquier otro incompatible con su inmaduro organismo. Por eso es conveniente no obligar a comer.
20 Estimulantes del apetito. Los tónicos estimulantes contienen psicofármacos que actúan sobre el centro cerebral del apetito y su efecto desaparece en cuanto se deja el medicamento. Poco aconsejables salvo excepciones.
21 Cómo introducir los alimentos. A partir de los seis meses se pueden ir probando nuevos sabores con gran precaución y muy lentamente.
22 Estrategias. No guardar la comida para la cena. Ponerle en el plato sólo lo que suela tomar aunque sean tres cucharadas, si tiene hambre pedirá más. Evitar las broncas y los sobornos.
23 Vegetarianos. Cuando los padres son vegetarianos los niños pueden vivir perfectamente con una dieta ovo-lacto-vegetariana.
24 Acostumbrarse a comer de todo. Obligarle a comer un determinado alimento es la mejor forma de lograr que lo odie para el resto de su vida. Si no se le fuerza acabará probándolo.
25 Comer solo. Un niño se puede negar a comer porque quiere meterse él mismo el alimento en la boca y no se lo permiten. Aunque se estire la hora del almuerzo y ponga todo perdido es preferible concederles cierta independencia.

La guerra de deseos




Si cuando hemos sido bebés, no hemos recibido el apoyo, la presencia, la mirada, la leche  y los brazos constantes de una persona maternante, es posible que hayamos aprendido muy tempranamente, que para sobrevivir había que luchar. Cuando nuestra madre nos dejaba solos durante noches enteras sumidos en el miedo y la oscuridad, era obvio que ganaba su deseo en detrimento del nuestro. Por lo tanto, comprendimos que era necesario ganar terreno e imponer de algún modo nuestra imperiosa necesidad de ser sostenidos y protegidos, a través de diversos mecanismos. Enfermarnos puede haber sido un modo eficaz. Con lo cual posiblemente nuestra madre sentía que destruíamos la poca cordura que la sostenía. Una vez que sanábamos, estaba dispuesta a volver a abandonarnos, recuperando así el terreno perdido.

Así fuimos creciendo, sabiendo por propia experiencia que había que luchar esforzadamente para obtener un lugar dentro del vínculo con nuestra madre o persona maternante. Comprendimos que dentro de ese territorio emocional había lugar sólo para uno. Que no podían convivir dos deseos.

Según nuestra personalidad, fuimos adquiriendo herramientas para echar al otro, -sea quien fuera ese otro- de ese territorio de intercambio emocional. Hicimos todo lo que fuimos capaces de hacer. Algunos de nosotros devenimos agresivos, tal vez desde pequeños mordimos o peleamos o gritamos para dejar bien en claro nuestro poder y así hemos organizado a posteriori la totalidad de nuestras relaciones hasta nuestra vida adulta. Otros nos hemos convertido en víctimas eternas, comprendiendo que podíamos tener un lugar en el mundo sólo en la medida en que otro nos lastime, nos hiera, nos humille o nos desprecie. Algunos de nosotros sólo pudimos debilitarnos para obtener amor a través de las enfermedades, cosa que seguramente hemos logrado desde niños y posiblemente hayamos aceitado ese mecanismo en nuestra adultez.  Y otros individuos, frente a la falta de cobijo y mirada, hemos intentado introducir cualquier cosa con tal de llenarnos de “madre”. Siendo niños tal vez nos hemos atiborrado de dulces y  azúcar, luego nos hemos llenado de programas de televisión o de jueguitos electrónicos, luego nos hemos llenado de comida y de actividades, y en la adolescencia hemos incorporado desesperadamente alcohol o tabaco. Así hemos llegado finalmente a la adultez, tratando de llenarnos la barriga, sin saber que en realidad no lograremos incorporar “mamá”. Pero nuestra falta emocional es tan grande, que sólo nos importa llenarnos,  y en esa desesperación, por supuesto que no hay lugar para mirar las necesidades de otros, ya que sentimos que somos los seres más necesitados del planeta. Una vez más, no hay lugar para varios dentro del intercambio emocional. Aún dentro de una relación amorosa, las necesidades personales son prioritarias. En todos los casos, hemos aprendido desde bebés, que hay que ganar para sobrevivir.

Resulta que un día devenimos madres o padres con las mejores intenciones de criar a nuestros hijos con amor y dedicación. Los niños llegan al mundo con un inmenso abanico de necesidades básicas impostergables. Y aquí  se hace evidente el problema. Es aquí donde va a aparecer la lucha por ganar el espacio emocional. Porque si somos una madre o un padre que necesita primero llenarse la barriga -en términos emocionales- no estaremos tan dispuestos a dar prioridad a las necesidades del bebé, que además son inmensas e incomprensibles.

Deseamos ser madres amorosas, pero nos sentimos invadidas por el bebé que llora, que quiere el pecho constantemente, que reclama brazos tanto de día como de noche. No estamos acostumbradas a que alguien “gane” irrumpiendo en todo el territorio, sólo porque es capaz de llorar toda la noche sin cesar. Sentimos que el bebé ocupa todo el espacio emocional y que si él lo invade, nosotras desaparecemos. Para colmo nos damos cuenta que los momentos de descanso son efímeros, y que el “tiempo para una misma” quedó en el olvido. La sensación permanente suele ser que es menester “ganarle” al deseo del niño, de lo contrario él nos va a devorar. Si provenimos de historias de carencia emocional, aunque no tengamos conciencia de ello, posiblemente sentiremos que el niño tiene demandas excesivas, y que de alguna manera habrá que ponerle límites. Creemos que esos límites que en cuanto adultos impondremos, nos salvarán y que de ese modo no “perderemos” la batalla.

Vale la pena saber que  esto no es real. Sólo es real para la vivencia de nuestra “niña interior”. Si éste es el sentimiento que nos inunda, tendremos que hacernos preguntas fundamentales y comprender cuál ha sido nuestra historia cuando fuimos bebés, para darnos cuenta con qué contamos y qué capacidad altruista podremos desplegar en la crianza de nuestros hijos. Porque posiblemente el niño no pide demasiado, sino que estamos cansadas de librar tantas batallas, sin saberlo. Y en ese caso, merecemos pedir ayuda, porque el niño tiene derecho a recibir lo que necesita, y nosotras tenemos la obligación de tomar conciencia sobre nuestras capacidades y discapacidades a la hora de maternar.


                                                                                                                    Laura Gutman



martes, 27 de diciembre de 2011

Quiereme cuando menos lo merezca que será cuando…


... será cuando necesitaré unos brazos que me consuelen porque se me ha roto mi juguete preferido ¿no recuerdas lo que querías a tu muñeca de rizos rubios?

… será cuando me duele la tripita porque los cólicos no me dejan dormir, tú estarás cansada pero yo tendré un dolor que no responde a nada.
… será cuando después de un largo día fuera de casa cansado y agotado no me queden apenas fuerzas para poner la mesa a la hora de la cena provocando tu enfado.
… será cuando no me apetece ni lo más mínimo dar un beso a esa señora que no conozco de nada y se empeña en estampar sus morros en mi cara. ¿Acaso el cariño debe de ser forzado?
… será cuando descoloque las cosas de su sitio después de que las hayas terminado de colocar… simplemente quiero jugar: soy un niñ@.
… será cuando derramo un vaso lleno de agua en la mesa, no te olvides que el primer asustado por lo ocurrido he sido yo. Quiereme, no me grites. ¿Qué pensarías si tu jefe te chillara porque tuviste un error en tu trabajo?
… será cuando traigo una nota de la escuela porque el maestro ha considerado que no me he portado bien. Todos en clase me miraban mientras me señalaban con el dedo. Ya he tenido mi consecuencia ¿no crees que es mejor que te explique lo sucedido?
… será cuando tengo miedo por la noche y me meto en tu cama, sé que no hay mucho sitio y que necesitas descansar, pero yo te necesito a mi lado, más que nunca.
… será cuando te he pegado un susto al cortarme con un jarrón que tiré al suelo por jugar a la pelota dentro de casa. Estoy asustado, lo he hecho mal, te necesito.
“Quiereme cuando menos lo merezca, que será cuando más lo necesite”. Es una frase que nos sirve mucho a los padres y madres. En los momentos en que con razón o sin ella, estamos a punto de enfadarnos desmesuradamente. Antes de ello intenta empatizar con tu hijo. Quizás lo único que necesite en ese momento es hablar con nosotros, explicarnos las cosas y abrazarnos.
                                                                                                                                                                             (extraído de la red)