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domingo, 5 de febrero de 2012

Parto Consciente

Por: Marian Tudela, Partera Profesional, CPM

Tener un parto consciente significa que:
“Como mujer puedes tener la certeza de que la sabiduría y la fortaleza de todas las mujeres que han tenido bebés antes que tú a lo largo de la historia se encuentran dentro de ti.”

“Significa poner toda la confianza en el poder de tu cuerpo, de tu energía; confiar en tu instinto, sabiendo que todo lo que tienes que hacer es seguirlo pues tu cuerpo solito te ira marcando la pauta de lo que necesitas hacer en cada momento de tu trabajo de parto.”

Como dice Anita Roddick, fundadora y directora de “The body shop” en su libro Mamatoto, la celebración del nacimiento: “Me enfurece que demos por sentado que el método científico es superior a la sabiduría práctica que las mujeres han adquirido en milenios de años de experiencia en el nacimiento, me enfurece el hecho de que un número demasiado elevado de mujeres cedan sus cuerpos a los hospitales sin prestar resistencia alguna”. 
A este comentario quisiera añadir que parir con conciencia también significa estar segura de que todo lo que necesitas para parir está en ti misma, inclusive las herramientas para trabajar con el dolor y no ser presa de él.


Una de estas herramientas poderosas es tu respiración, con tu respiración puedes modificar tu estado de animo ya que al cambiar el ritmo de la respiración cambia tu ritmo interno, cambian tus emociones…. Puedes pasar del temor a la tranquilidad y la confianza con solo modificar tu ritmo respiratorio.

El nacimiento de un bebé es uno de los sucesos más emocionantes, misteriosos y transformadores en la vida de todo ser humano. Es una experiencia que se graba de forma indeleble tanto en la vida de la madre que da a luz como en la del bebé que acaba de nacer.

El momento del parto podemos interpretarlo como un proceso involuntario que implica la actividad de las estructuras primitivas del cerebro de la mujer, el cual segrega las hormonas necesarias para desencadenar el parto de un ser humano. Estas hormonas son liberadas por la parte de cerebro primitivo que tenemos en común con los demás mamíferos.

En nuestra sociedad occidental, cada vez más y más niños nacen en un entorno medicalizado que llega a ser totalmente electrónico: un montón de aparatos conforman la decoración de los quirófanos, pues se cree que son absolutamente necesarios para impedir o resolver cualquier tipo de complicación que pudiera surgir durante el trabajo de parto o el alumbramiento.

Diversos estudios realizados en Australia, Estados Unidos y Europa llegaron a una conclusión significativa, y es que el exceso de tecnología aumenta considerablemente el número de cesáreas. 
Sobre los efectos del entorno en el nacimiento de mamíferos tenemos el trabajo del Dr. Niles Newton, quien intentó analizar los factores que pueden hacer los partos más largos, más difíciles y más peligrosos…. El pudo demostrar que las hembras mamíferas tienen necesidad de ocultarse para traer al mundo a sus crías, es decir, necesitan intimidad, aislarse de los demás miembros de su grupo para evitar que la distraigan y poder así viajar al interior de si mismas y permitir que se desencadene el proceso.

Cuando una mujer pare con conciencia está alegre y confiada, la experiencia le permite conocer sus capacidades y madurar en un proceso de crecimiento interno que la empodera; sabe que ella es la dueña de su parto y que el hecho de respetar la fisiología del parto es garantizar el máximo bienestar para si misma y para su bebé.

Una de las maravillas de mi trabajo reside en la diversidad de seres humanos que me toca conocer, tratar y asesorar; encuentro que esa diversidad es sinónimo de creatividad, porque cada mujer vive su embarazo como un momento especial, único, con sus áreas de oportunidad para crecer, para evolucionar y madurar.

Desde el punto de vista del embarazo y el momento del nacimiento estoy convencida de que mi papel como partera es el de acompañar a otras personas en su proceso y creo que esto es mas relevante incluso que la parte técnica, me refiero a la habilidad de “saber estar” con cada mujer en ese momento concreto y saber como apoyar a cada una.

Así pues, pienso que a los asistentes de partos no nos corresponde interferir en la experiencia de la otra persona, ni imponer nuestro criterio de cómo deberían ser las cosas; mucho menos menospreciar la parte espiritual y emocional de la experiencia en aras de la tecnología y los procedimientos rutinarios por un concepto erróneo de proveer “seguridad”.

Cada mujer llegará a su parto con lo que ella es y tiene en ese momento y mas bien apuesto a manejar la sensibilidad suficiente para apoyar a cada mujer para tener la mejor experiencia que se pueda lograr con lo que hay…. Afortunadamente no hay dos partos, ni dos embarazos iguales tampoco, y cada uno de ellos son una maravillosa oportunidad de crecimiento y de desarrollo interno que la mujer puede aprovechar. Son frecuentes las crisis durante este período, tanto personales como de pareja; se suceden los momentos de confrontación, pero una vez que las aguas regresan a su cauce y recuperamos la calma podemos darnos cuenta de cuánto hemos madurado, de cuánto hemos crecido como individuos y como pareja.

El objetivo del embarazo es el parto, el nacimiento de un ser que llegará a compartir nuestras vidas, a maravillarnos y hacernos madurar; retarnos y en la mayoría de los casos ser nuestro espejo….
Cuando una pareja decide tomar las riendas de su experiencia y manejar su parto, encontramos que los dos trabajan en equipo durante las contracciones, la mayoría de los esposos—compañeros se convierten en aliados solícitos que están en la mayor disposición de proveer a la mujer lo que necesite para sentirse mas cómoda. Esto permite que las mujeres cuenten con un marco de seguridad necesario para concentrarse en su trabajo.

En un parto donde la consigna es el respeto a la fisiología, todos los presentes en el parto y sobre todo la persona que lo asiste, saben que la prioridad es permitir que la mujer se conecte con ella misma y siga su instinto; de modo que ella escoge la postura en que se encuentra mas cómoda, camina cuando lo necesita o descansa apoyada en alguna de las personas presentes, si ese es su deseo.
De esta manera, aumenta la diversidad de opciones pues cada mujer escoge cuidadosamente a sus acompañantes, dándose el lujo de preparar con antemano todos los detalles para tener el escenario listo a su gusto para recibir a su bebé.

Cuando la consigna es el respeto por la fisiología del parto, el / la asistente se preocupa de no intervenir si no necesita; no se imponen procedimientos de rutina y se utilizan alternativas como el soporte del periné con masaje y aceites para evitar la episiotomía, y así ahorrar molestias innecesarias a la mujer.

Además la mujer también sabe que tiene la libertad de optar por el agua para sentirse mas relajada. El agua caliente es una alternativa muy eficaz para el dolor de las contracciones; algunas mujeres reportan que es un alivio meterse en la regadera o en una tina, pues la molestia es menor. Otras de plano deciden quedarse dentro para recibir a su bebé….

El bebé esta con sus padres inmediatamente después del nacimiento, son las manos de sus papás y sus voces las que lo reciben y le dan la bienvenida…, lo acarician y masajean. Y el vientre de su madre es el lugar más caliente y acogedor para descansar después de nacer y reconocer el entorno….

Asumir la responsabilidad ante los eventos de nuestra vida inevitablemente nos lleva al crecimiento personal; ser los actores activos del nacimiento de nuestros hijos nos lleva a grandes avances en nuestra evolución interna.

Los hombres llegan a la paternidad de una forma fluida, naturalmente…, integrados con sus pequeños desde el primer instante y son muy activos a la hora de cuidar a sus bebitos….

Libertad para decidir, Derecho a la información

Contar con opciones como compartir en grupo lo que nos está pasando: nuestros temores, dudas, alegrías y descubrimientos….
Así los bebés perciben todo el amor que existe en un recibimiento cálido y amoroso, donde no hay prisas, ni carreras, ni voces altisonantes, ni nada que distraiga la atención de los papás hacia sus hijos. Me resulta fácil suponer que estos bebés serán niños contentos, seguros y sensibles; y tengo la certeza de que son seres que llegan a nosotros agradeciendo que los recibamos con conciencia….


sábado, 31 de diciembre de 2011

Dolor y anestesia en el parto

El Parto y Nacimiento es la experiencia más profunda, vital, intensa y emotiva en la vida de la mujer. No hay otra experiencia tan fuerte, emocionante y de unidad con alguien, como la relación entre madre e hijo. Sin embargo muchas veces esta experiencia es dañada por el miedo, la ansiedad y la tremenda presión de todos los que rodean a la mujer durante el proceso del Parto y Nacimiento. El Parto y Nacimiento determina gran parte de lo que somos, estamos anclados a nuestro Parto y Nacimiento. Este documento pretende entregar fundamentos elementales para aprovechar esta oportunidad única de ser Padres.

DOLOR EN EL PARTO:

El dolor es parte de la fisiología del parto y el nacimiento . Tiene una función y un sentido que beneficia a la madre y al hijo. El dolor más intenso se produce durante las contracciones, las que son provocadas por una hormona llamada ocitocina. La ocitocina tiene también otros efectos, y es conocida como la hormona del amor, porque actúa sobre el cerebro ayudando a sentirse en unión con otros, y ayuda a liberar otras hormonas que hacen sentirse bien y disminuyen el dolor (produciéndose “analgesia” en forma natural), como las endorfinas.Madre e hijo viven juntos las contracciones y sus molestias, y en
respuesta buscan las mejores posiciones y movimientos, y liberan varias sustancias y hormonas (adrenalina, prostaglandinas, endorfinas, ocitocina, etc.). Estas sustancias apuran, demoran o intensifican las contracciones, de manera que ambos participan en el mecanismo del dolor, y en el avance del trabajo de parto, de acuerdo con lo que están sintiendoEl dolor físico de las contracciones se asocia con el dolor emocional de la separación que ocurrirá con el hijo al nacer. Sentirlo, asumirlo, darle un sentido y acogerlo, ayuda a culminar esta separación y aceptar plenamente el momento después, disminuyendo las depresiones post parto, aumentando la fuerza personal, y dándose una oportunidad única de curar traumas anteriores. El dolor del trabajo de parto estimula también la energía sexual, y bien conducido puede ayudar a alcanzar una sexualidad más madura.

Durante las contracciones….

El trabajo de parto es un trabajo de dos: madre e hijo. La ocitocina (la hormona del amor) liberada en cada contracción les ayuda a sentirse unidos y mancomunados. Ambos responden juntos. La mujer que se siente en unión con su hijo por nacer, se abre emocionalmente. Deja fluir la sabiduría de su cuerpo, confiando en la energía biológica, y descubre el ritmo íntimo en comunicación interior con su hijo(a). El dolor adquiere sentido y se puede tolerar. El trabajo conjunto, en coordinación y armonía, prepara el nacimiento, cuando todas las sustancias liberadas en la sangre de ambos (ocitocina, adrenalina, ACTH, prolactina: hormona de la ternura y lactancia, etc.) alcancen las dosis y mezclas adecuadas que favorecen el apego entre la madre y el niño.

Al nacer….

El niño respira, siente por primera vez frío, luz intensa, ruidos y que lo tocan. Es un momento de tensión y exigencia para él. Al contacto con su madre, se siente acogido y protegido con el calor del cuerpo, el olor y la voz que reconoce, y se calma. Con sus padres se miran, se hablan, se tocan y se mueven, en una danza de gestos, sensaciones, emociones y sentimientos, difíciles de describir. Bajo el efecto de las condiciones del medio ambiente y las hormonas generadas durante las contracciones, se favorece un encuentro de Éxtasis, Alegría y Amor, sentimientos y vivencias sobre las cuales se establece el apego, clave para las relaciones futuras de afecto que desarrolla el individuo en el transcurso de la vida. Los niños que tienen la oportunidad de vivir plenamente el apego al nacer, se adaptan mejor, tienen menos problemas en los primeros días (como regulación de temperatura, hipoglicemia, ictericia, etc.), y una mejor lactancia, la que se inicia más precozmente y será más prolongada. En los meses siguientes tendrán menos enfermedades, y un mejor desarrollo sicomotor. En el área sicológica desarrolla una autoestima positiva, identidad integrada, mejor rendimiento educacional, mayor empatía, capacidad para enfrentar el estrés y un adecuado desarrollo social.

¿Y qué es el apego?

Apego es la unión de cariño, amor que un bebé crea con su madre y su padre en el período inmediatamente posterior al nacimiento. Es un vínculo afectivo primario y privilegiado que los impulsa a permanecer juntos para siempre.

¿Por qué es tan importante el apego?

Hay mucha información científica que demuestra que la necesidad de apego es una urgencia para el recién nacido. Al nacer, el bebé permanece despierto, calmado buscando ser acogido en el ambiente externo para continuar su desarrollo. El recién nacido dispone de capacidades sensoriales e interactivas para vincularse con sus padres, que además promueven conductas de maternaje.

¿Que capacidades tiene un recién nacido?  

  1. Vista: El bebé es capaz de ver. Puede enfocar a 30 cms de distancia. Tiene preferencia por el rostro, por algunos colores, por objetos con movimiento.
  2. Oído: Es capaz de oír. Tiene preferencia por sonidos agudos, melodiosos. Por ejemplo las canciones que le canta su madre.
  3. Olfato: Es capaz de reconocer el olor materno de otros olores a las 48 hrs.
  4. Tacto: Al bebé le gusta sentirse contenido. Que le hagan cariño, que lo acunen, que le hagan masajes.
  5. Gusto: El bebé tiene preferencia por sabores dulces.
¿Cuándo se crea el apego?

El apego empieza a crearse durante la gestación cada vez que los padres se contactan con el niño intrauterino. Por ejemplo, cuando piensan el él o ella, cuando imaginan como será, o a quien se irá a parecer. Qué nombre le pondrán o que arreglos hay que hacer para preparar su llegada. Cuando la madre le canta canciones o se toca la guatita. Cuando adopta hábitos saludables pensando en cuidar de su bebé, etc.

El Parto.

El parto es muy importante en el proceso de vincularse o apegarse al bebé. Científicos mostraron que igual como en otros mamíferos, la activación de las conductas maternales en el ser humano, se facilitan si se establece contacto piel a piel inmediatamente después del parto.

El dolor es fisiológico (normal), el sufrimiento no lo es.

Muchas veces durante el parto, el dolor pierde su sentido y se transforma en una tortura sin utilidad ninguna. Esto ocurre especialmente cuando la mujer no puede reaccionar al dolor, como cuando no se puede mover, o se siente sola y sin apoyo, o siente la presión de su pareja o familiares, no encuentra su propio ritmo entre contracción y pausa, o no consigue conectarse con su hijo en ambientes desfavorables (ruido, gritos, exceso de gente, etc.) que hacen aparecer miedos y angustias. Las intervenciones médicas como tactos vaginales, amniotomías (romper la bolsa), inducciones o aceleraciones del parto (sueros), agregan dolores que descontrolan el proceso.

Frente al dolor….

Para que el dolor no se transforme en sufrimiento se debe favorecer las condiciones que permiten a la mujer y su hijo vivir su parto y nacimiento respetando la fisiología (la naturaleza) de la mujer. Un ambiente positivo de Acogida, Protección y Seguridad, en un lugar agradable y conocido, sin interrupciones, con las personas adecuadas, hace disminuir el dolor, tolerarlo mejor y hacerlo un aliado. Debe permitirse el libre movimiento y expresión de la mujer, sin alterar el ritmo personal, diferente en cada mujer. Debe estar presente la ayuda, el apoyo y el calor humano en cada momento, tanto del equipo de salud como de la pareja. Debe considerarse la privacidad como un elemento muy importante. Debe evitarse todo estímulo que distraiga a la mujer del delicado proceso que está viviendo (música, conversaciones, ruidos no deseados, etc.).

Preferir medios no farmacológicos para tolerar el dolor

Hay diversos medios no farmacológicos, que son recomendados por la OMS (Organización Mundial de la Salud ) y la evidencia científica para tolerar el dolor, entre ellos tenemos, caminar, posturas de la madre que disminuyen el dolor, el balón kinésico, masajes y el agua caliente. El proceso es trascendental para la mujer, las alteraciones llevan a experiencias traumáticas.

ANESTESIA EN EL PARTO NORMAL.

Por diferentes motivos muchas madres y sus familiares solicitan anestesia para el dolor del parto.La anestesia daña la fisiología del parto y daña el apego . Todos los medicamentos para el dolor (analgésico o anestésico) tienen un potencial riesgo para la madre o el feto, alteran la fisiología normal del parto o nacimiento, y aumentan los partos operatorios (cesáreas y fórceps). La anestesia más usada es la anestesia peridural que adormece el cuerpo desde la cintura hacia abajo y hace desaparecer el dolor. Al colocar anestesia peridural la mujer no puede caminar o moverse y deberán controlarse los latidos del niño(a) con un monitor (con unas correas que se amarran a la “guatita” de la madre). Debe además ponerse un suero en una vena, para administrar ocitocina artificial para producir contracciones. Al dejar de sentir las contracciones, la mujer pierde conexión con su cuerpo y con su hijo. La ocitocina artificial no produce efectos sobre el cerebro como la ocitocina natural, por lo que también se pierde parte del estimulo para mantenerse en unión permanente con el hijo o la sensación de bienestar que producen las hormonas naturales como son las endorfinas. El parto será necesario tenerlo acostada en la camilla, y al no sentir el pujo, es la matrona o el médico (y no la mujer) quien decide cuando se puja. Al nacer, madre e hijo no estarán tan bien preparados y en sintonía para iniciar el apego y la lactancia. Las madres que han usado peridural tienen más problemas para dar pecho a sus hijos, ya que con la anestesia se bloquea el proceso natural del parto, por lo tanto se interrumpe la producción natural de hormonas, y éstas se encuentran en niveles más bajos que en un parto sin anestesia lo que hace que el apego y lactancia sean de mala calidad.

CESÁREA

La cesárea tiene mucho mayor riesgo que un parto normal para la mujer y su hijo. Hay riesgos propios de la anestesia, de los diversos medicamentos necesarios, y del procedimiento quirúrgico, como sangrados, infecciones y lesiones de otros órganos. Al no haber contracciones, no se alcanzan los niveles de ocitocina y las demás sustancias y hormonas que favorecen el apego y disminución del dolor. El recién nacido “sufre” al salir y el encuentro con su madre es de menor calidad. Ella está acostada e inmovilizada, y a veces con efectos secundarios de la anestesia como náuseas, vómitos y malestar, o adormecida. El recién nacido entonces, es separado de su madre, perdiéndose este momento de especiales características para el desarrollo del apego. Se agregan otras alteraciones de conocimiento más reciente, como alteraciones motoras en el desarrollo de los niños, aumento de estrés y enfermedades ligadas a él, problemas de orientación, aumento de pérdida de calor, daño de órganos como riñón y pulmón al ligar el cordón inmediatamente, fallas visuales con alteraciones de enfoque y risa. Después de una operación cesárea es necesario meses, hasta años para recuperar lo que las hormonas entregan fisiológicamente, en el parto natural.” Un porcentaje muy alto de cesáreas no tiene una indicación que permita justificar el aumento de los riesgos y la pérdida de los beneficios de un parto normal para la madre y el hijo.

CONCLUSIONES.

La mujer tiene este secreto sagrado de la Tierra de generar vida, de parir y de amar a sus hijos. La mujer puede y es capaz. Por lo tanto: “Humanicemos el nacimiento en nuestras Maternidades, démosle a la mujer la oportunidad de ser la protagonista de su parto y nacimiento, vivirlo en un ambiente rodeado de amor y ternura; y démosle la oportunidad de nacer en un ambiente con amor a todo ser humano del cual su madre nos confía el cuidado de su nacimiento, ya que de ello depende el bienestar de la sociedad en la cual vivirán nuestros hijos, porque queremos para ellos un mundo mejor”

“ Para cambiar es preciso cambiar primero la forma de nacer

*Humanización del Nacimiento. Red de Villarrica (CHILE)  
Elaboraron este Documento: - Ida Cisternas G. Matrona, Hospital Villarrica. •  Raúl Ortega W. Neonatólogo Hospital El Pino Santiago, USACH. •  Hernán Santander M. Gíneco Obstetra, Hospital Villarrica. •  Verónica Trucco S. Psiquiatra, Santiago. Otoño, 2007. 

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Ley Madre...


ley madre from ley madre on Vimeo.

martes, 27 de diciembre de 2011

Cómo asistir un parto en casa...

Un interesante artículo de la matrona más veterana de España; autora de varios tratados; y siempre defensora del parto fisiológico y de la capacidad de las mujeres para dar a luz de forma natural. Via Holistika
Lo más importante, lo verdaderamente decisivo en el parto, es la mujer que va a parir, porque de su actitud dependen muchos factores, para bien o para mal

EL PERÍODO DE DILATACIÓN
El parto no es sino la última etapa del largo y complicado proceso de reproducción vivípara, una simple función fisiológica en la que el papel de la mujer, durante el embarazo es completamente pasivo e indoloro y se reduce a proporcionar al embrión y al feto el alojamiento idóneo, hasta su nacimiento, así como los materiales precisos para su construcción y desarrollo, pero una vez finalizado el embarazo, la mujer puede y debe participar en el parto, de manera voluntaria, consciente y enterada.
El parto en casa es siempre decisión de la mujer y hay que contar con ella para todo y en todos los momentos, porque es ella quién pare y tiene un innegable derecho a hacerlo a su gusto.
El papel de la matrona no puede ser otro que asegurarse de que el parto es eutócico, vigilar que su evolución sea la normal y aconsejar a la parturienta sobre la mejor manera de realizar la función.
Es muy importante comprobar que el estado físico de la mujer es óptimo y que se trata de una pelvis normal. Como dato importante de normalidad, podemos, a simple vista identificar el rombo de Michaelis que si es regular se puede presumir que la mujer tenga una pelvis completamente normal. “Las cuatro maniobras de Leopold” nos proporcionan datos precisos sobre la posición y presentación fetal, así como sobre el tamaño del feto, en relación con la pelvis materna y hay que hacerlas siempre, de forma suave y paciente porque tienen verdadera importancia en la diágnosis del parto en casa. La matrona debe estar bien segura de la normalidad de un parto, antes de encargarse de él.
Sigue, en orden de importancia, el estado fetal, la vigilancia del latido cardíaco fetal. ¡Ojalá que se popularice el uso de aparatito llamado Sonicain, un simple amplificador de sonidos! Si la parturienta pudiera disponer de un aparatito de esos, ella misma podría vigilar el estado del niño, enseñándola que debe hacerlo en la pausa entre contracciones, no en el acmé de la misma, para que el dato sea fiable, pues durante éste, la frecuencia e intensidad del latido, suele variar. Lo más importante de un parto es que el feto no sufra un parto traumático que pueda acarrearle secuelas, a veces, graves y duraderas.
Los recién nacidos y los bebés, tienen una capacidad de recuperación maravillosa. Yo lo aprendí asistiendo partos y eso me sirvió para no asustarme y darlo todo por perdido, en casos de sufrimiento fetal.
Desde luego, no se debe empezar un parto en casa, con un feto que sufre, sino que hay que averiguar, cuidadosamente, la causa del sufrimiento y tratar de hacerla desaparecer, pero si todo está en orden, la matrona no tiene que estar las horas muertas al lado de la parturienta, esperando, sino que es la mujer quién debe hacerse cargo de su propio parto, cuyo desarrollo minucioso debe conocer.Por ejemplo, tradicionalmente se ha dividido el parto de forma bastante simple, en tres períodos, dilatación, expulsión y alumbramiento y eso es lo único que la mujer sabe del mecanismo del parto. Pero cada uno de esos tres períodos está subdivido y conviene que la embarazada lo sepa.
Antes de comenzar a dilatarse el orificio uterino, hay una fase previa de ablandamiento del cérvix y formación del segmento inferior del útero mediante el cual las fibras musculares uterinas se disocian y forman dos grupos que se comportan muy diversamente. Las fibras longitudinales, contráctiles, empiezan débil y desorganizadamente su trabajo, contrayendose y tirando del cérvix, de abajo a arriba, de forma suave y discontinua. Estas primeras contracciones, llamadas pródomos del parto, provocan achatamiento, endurecimiento y reducción del tamaño del útero, dentro del cual, el huevo humano empieza a presionar, de arriba a abajo.
Por lo general, la embarazada tiene una idea muy errónea del trabajo del parto, cree que con muy pocas contracciones el cérvix se dilata lo sufiente como para permitir el paso del feto y que la salida del mismo es inminente y tan rápida como un disparo de fusil. No tiene ni la menor idea de que natural y fisiológicamente, a la dilatación precede un período de reblandecimiento del cérvix. Tampoco sabe que para que se amplie el orificio cervical, primero se tiene que aplastar contra el polo inferior del útero, incorporándose a él, para formar parte del segmento uterino inferior.
Si al llegar al período de dilatación, el saco amniótico ha permanecido íntegro, que es muy deseable, porque está destinado a representar un papel importantísimo en la dilatación, pues apenas se ha agrandado algo el orificio cervical, a impulsos de la presión que, a consecuencia de la contracción sufre el líquido amniótico, una pequeña parte de la bolsa se introduce en el orificio cervical y, a cada contracción lo va expandiendo, circularmente.
De esta forma, la dilatación completa se efectúa, gracias a tres fuerzas, la fibra muscular uterina que tira, de abajo a arriba, el huevo humano con el feto dentro, que, atraído por la fuerza de gravedad de la Tierra, empuja, de arriba a abajo y la parte de la bolsa introducida en el orificio, que a cada contracción se hincha y aumenta de tamaño, porque, el líquido contenido en ella toma presión y agranda el orificio todo alrededor.
La dilatación normal de orificio uterino se efectúa de esta forma, naturalmente y en el parto en casa está contraindicada cualquier manera artificial de llegar a ella, tanto goteos, inyecciones o pastillas sublinguales, como la dilatación manual.
Es preferible esperar y que sea la Naturaleza la que ejecute espontáneamente ese trabajo. A veces, los occitócicos tienen efectos inesperados y hay que evitar, a toda costa, que se produzca la menor complicación. Mi experiencia es que la dilatación natural, si se realiza en un cérvix debidamente reblandecido, es muy soportable, a pesar de ser la parte peor del parto y no hace falta que las contracciones sean fuertes y seguidas. Yo he visto, muchas veces, llegar a la dilatación completa con contraciones tan suaves que la mujer creía que “aún no era parto”.
La dilatación digital, es muy molesta y dolorosa para la parturiente, hay el peligro lejano de rotura o infección y es casi seguro de que el cérvix se edematice, pues no está hecho para ser manoseado.
Además, lograr la dilatación completa, no es finalizar el parto porque es imprescindible que los diámetros del cráneo fetal y los de la pelvis materna, sean compatibles.
No es cierto que los huesos de la pelvis “crujan y se separen” durante el parto. Los huesos de la pelvis de una mujer en edad fértil están firmemente soldados y no hay gimnasia, ni fuerza humana que pueda separarlos . Para que el parto se realice por el diámetro más adecuado hay que cambiar de posición la cabeza fetal, que es la única parte movible y es el propio feto quién sabe y puede hacerlo, gracias al instinto de nacer que posee el feto a término. Pero para que pueda llegar al período expulsivo en las debidas condiciones, hay que consentirle que haga sus cuatro movimientos en paz. Empezar los “pujos” con el feto en posición incorrecta, es como intentar meter un palo atravesado por una ventana y si la cabeza fetal está debidamente rotada y flexionada, los “pujos” suelen ser innecesarios porque el feto debe salir solo, gracias a la contracción de los músculo abdominales.
La matrona tiene que concienciarse de que el parto lo hacen entre el feto y la madre. Mientras en el útero materno se está efectuando la dilatación, el feto se va colocando en la posición debida para descender en la cavidad pelviana, camino de la salida.
Yo tuve la suerte de aprender a vigilar el parto así, al mismo tiempo que escuchaba el latido cardiaco fetal, calculaba a qué plano estaba llegando la presentación y cuantos centrímetros de dilatación tenía el cérvix, matando dos pájaros de un tiro y evitando a la parturiente la molestia de los reconocimientos internos de los que yo guardaba muy mal recuerdo, de cuando nació mi única hija.
EL PERÍODO EXPULSIVO
Este temido período, del que las mujeres no se quieren enterar y en el que, ahora, ponen anestesia epidural, en el hospital, en todos los casos, no es, paradójicamente, lo más doloroso de un parto que haya transcurrido normalmente. Cuando el orificio uterino ha alcanzado su dilatación total, hay datos que así nos lo indican. En primer lugar, las contracciones uterinas cesan, como si cumplida su misión, el útero comunicara “Bueno, la puerta ya está abierta, ahora qué más hay que hacer.”
Si la mujer ha transcurrido el tiempo empleado en la dilatación deambulando y alternando períodos en los que permaneció, en pie o sentada, es decir, si no lleva horas acostada boca arriba, postura que no la habrá favorecido en absoluto, el feto cae, por su propio peso, dentro de la vagina y con ello comienza el período de expulsión.
Un dato seguro, visible a simple vista es que el periné empieza a abombar, esto es, se empieza a formar, a sus expensas, el canal blando del parto. El periné, como otros órganos y partes del organismo, tiene en éste dos funciones. Una pasiva, cerrar el abdomen por su parte inferior, conservando en su debida posición las vísceras contenidas en el mismo y, en la etapa final de la procreación, en el parto, entra en su parte activa, convirtiéndose en el canal blando del parto, cuya misión es frenar el impulso ejercido sobre el feto por los músculos abdominales para que la salida del feto, el tremendo paso de un mundo a otro se haga con suavidad, dulcemente y no de sopetón y dé tiempo a preparar el ambiente para que el nacimiento sea lo menos traumatizante posible para el feto.
La cabeza fetal empieza a salir por el occipucio y va progresando, lentamente, milímetro a milímetro, protegida por el periné, que va retrocediendo poco a poco.
La episiotomía no sólo es innecesaria, sino perjudicial, pues si la cabeza sale bruscamente, sin protección alguna, posiblemente sean muy desagradables, para el recién nacido, la luz, el aire y el ruido.
La acción protectora del periné se ve reforzada con la maniobra de Olshausen, más moderna que la clásica de Bumm y creo que preferible y que es la que yo utilizaba, pues al mismo tiempo que la mano derecha impide la deflexión de la cabeza fetal y la salida brusca de las eminencias frontales, el pulgar de la mano izquierda protege suavemente la horquilla, la zona del periné que más peligro tiene de desgarro, pero que en caso de que se produjera, un punto de cagut suele bastar para suturarlo, porque no habrá interesado la complicada trama muscular del periné.
En el período expulsivo están contraindicados no sólo la brutal expresión de Kristeller, sino también los “pujos”, pues los músculos abdominales, muy bien entrenados por ejecutar diariamente funciones muy semejantes a la expulsión fetal, saben como hacerlo suave y pacientemente.
No hay necesidad de correr asistiendo un parto en casa, en realidad, en la vida, no hay necesidad de correr para nada ni de hacer ninguna cosa deprisa, si se quiere que salga bien, dice el refrán “Despacito y buena letra” y así se debe asistir el parto en casa, sabiendo lo que tiene que pasar y esperando a que pase, sin nerviosismo ni precipitación.
EL PERINÉ
Uno de los mejores, acaso el mejor, de todos los tratados de obstetricia en los que estudié, fue el del profesor Bumm en el que se explica, de manera clara y correcta la forma de proteger el periné contra los desgarros, procedimiento que todas las matronas de mi época, cuando había Escuela oficial, carrera independiente y Colegio Profesional de las mismas, utilizábamos, después de haber aprendido cómo se hacía, técnica y prácticamente.
Además, yo quise ampliar mis conocimientos sobre la protección del periné y compré un libro que aún conservo, titulado “Las peritomías”, debido a la pluma del doctor Colmeiro Laforet y publicado, en Burgos, en 1943. ¡Lástima de dinero que me gasté en una época que disponía de tan poco! Porque, después de enterarme de cómo era el periné, qué músculos lo componían y cuál era su misión en el organismo, confieso, humildemente, que no me atreví, en ningún parto, de los muchos que he asistido, a esgrimir las tijeras para realizar una episiotomía, no solamente porque no estaba segura de que mi perinorrafia fuera a dar los resultados apetecidos, sino también porque me daba repeluzno cortar en un sitio tan íntimo y delicado a un ser tan semejante, tan igual a mí, que era como si me estuviera cortando a mí misma.
Como mal menor, decidí intentar por todos los medios a mi alcance que no hubiera desgarro y las contadas veces que no lo conseguí, siempre fuera un insignificante desgarro de horquilla para suturar el cual bastaba con un solo punto de cagut.
Me propongo contar de qué manera protegía yo el periné, con resultados bastante satisfactorios, para evitar desgarros en los partos asistidos en casa. En mi más tierna infancia, mi buena madre me enseñó a observar, a escuchar y a pensar, me enseñó que todo tiene, un motivo, un origen, un principio y que, en ellos debemos apoyarnos para evitar contratiempos y fracasos.
Para evitar que se desgarre el periné, hay que hacerse, ante todo, estas dos preguntas:
  • 1.- ¿Por qué se desgarra el periné?
  • 2.- ¿En qué momento del parto se desgarra?
Se conoce con el nombre de periné, el conjunto de tres capas de músculos que forman el suelo de la pelvis y tiene, en el organismo, un doble papel, cerrar, por su parte inferior la cavidad abdominal y “abrir la puerta” en los casos en que el útero, el recto o la vejiga tienen que vaciar su contenido. Es extraordinariamente flexible y sus complicada musculatura está dotada de un mecanismo autónomo cuyo funcionamiente es semejante al de los demás órganos del cuerpo. Bajo la dirección del cerebro, sus fibras trabajan estirándose o encogiéndose y con ese trabajo consumen oxígeno y energía y producen cansancio y anhídrido carbónico y, por supuesto, en condiciones normales, no causan dolor.
El periné ejecuta dos tareas muy importantes, una pasiva y otra activa. Cierra la cavidad abdominal, por su parte inferior y toma parte activa en el parto estirándose, relajándose, ampliándose y formando parte del último trayecto que el feto debe recorrer, el canal blando del parto que ejerce un suave y necesario efecto de frenado protector, para que la cabeza fetal se desprenda por grados, lentamente y no hay ningún peligro para la seguridad del feto en que lo haga así porque la oxigenación de la sangre fetal está asegurada por la persistencia en la circulación sanguínea en el cordón umbilical.
1.- Porqué se desgarra el periné en el parto.
En la actual civilización, en la que sobre el parto se saben ya muchas cosas, no es admisible llegar a la conclusión que el periné se desgarra siempre y “porque si” y que el único modo de evitarlo sea realizar una amplia episiotomía, seccionando la complicada anatomía de la zona, acaso sin estar completamente seguros de ser capaces de reconstruirla, músculo a músculo, de forma que el periné pueda, en el futuro, seguir desempeñando las funciones que le están encomendadas.
El periné no es nunca, no puede serlo, precisamente por su elasticidad, obstáculo para el parto, ni siquiera cuando tiene cicatrices, que lo endurecen y reducen, más o menos, su capacidad de dilatación, siempre se rompe antes que impedir que el feto salga.
Dado que ninguna parte del cuerpo funciona independientemente del resto del organismo, cabe la sospecha de que si el parto no ha seguido desde su comienzo un desarrollo natural, sino que se ha precipitado y manoseado, es muy posible que la musculatura perineal no haya tenido tiempo de enterarse de que el feto iba a salir y que tenía que prepararse para que éste pudiera hacerlo de forma suave, sin violencia, poco a poco, dando tiempo a que se forme el canal blando del parto, sin “enmendar la plana” a la Naturaleza, suprimiéndolo de un tijeretazo.
Yo me he pasado la vida aprendiendo cosas, recordando lo aprendido y tratando de aplicarlo. De 1950 a 1960, esto es, durante diez años estuve prestando mis servicios como Matrona de salidas en la Beneficencia Municipal de Madrid y tuve ocasión de ver bastantes mujeres que habían dado a luz en sus domicilios sin asistencia y, aunque parezca increíble, nunca hubo que suturar desgarros a ninguna, pues a pesar de no haber tenido protección, el periné había desempeñado perfectamente, su papel en el parto, había cumplido la misión para la que fue creado, lo que me hizo pensar mucho sobre la inutilidad de la episotomía y, si me apuran un poco, de la protección del periné, cuando no se interviene en el parto, sino que se consiente que evolucione de forma natural.
Es posible que la manera en que se haya conseguido llegar a la dilatación completa tenga una influencia decisiva en la elasticidad del periné, requisito indispensable para que no se produzca desgarro. Esta cuestión es algo sobre lo que las futuras matronas deberían investigar a fondo, ¡suponiendo que sigan existiendo matronas! Por mínimo que sea el desgarro, es un incidente desagradable, tanto para la parturiente, como para la matrona. Lo ideal debe ser que, después del primer parto, el periné de la puérpera quedase como si no hubiese parido.
Previo al parto, hay un período que se llamaba pródomos del parto, durante el cual, por medio de contracciones, débiles, fugaces y desorganizadas, se forma o acaba de formarse, el segmento inferior del útero para conseguir el indispensable reblandecimiento del cérvix, previo a su aplastamiento, borrado y dilatación. Si no se ha prestado la debida atención a esta fase del parto, ignorándose que de ella dependen, a veces, el éxito o el fracaso de la función, la dilatación de un cérvix resistente y duro, será más larga y difícil. En cambio, si el cérvix estaba blando, el período de dilatación habrá transcurrido, con la colaboración inteligente de la embarazada, sin nervios y sin prisas.
Si se ha respetado el ritmo natural de la dinámica uterina, si la parturienta se ha resignado a aguantar las contracciones sin resistirse a ellas, sino ayudándolas por medio de la postura y de la respiración adecuadas, las contracciones habrán sido, todo lo más molestas, pero sin llegar a ser dolorosas, y el largo y engorroso período de dilatación habrá transcurrido con sensatez, con optimismo y con la información debida. Si se ha esperado, no sólo a que la dilatación fuera completa, sino a que el feto haya realizado los movimientos necesarios para iniciar el período expulsivo, en la debida posición, lo más probable es que el periné no presente ningún problema, que se preste, eficazmente a desempeñar su papel de canal blando del parto y que su relajación permita el paso, sin desgarro ni laceración de los diversos diámetro del feto, que debe presentar, a su salida, el bi-occipital, que es el menor, flexionando, de forma espontánea, la cabeza sobre el tórax.
2.- En que momento del parto se desgarra el periné.
Lo natural, lo normal es que la cabeza se vaya desprendiendo poco a poco, milímetro a milímetro, conforme el canal blando del parto va retrocediendo, el periné recobrando su dimensión y el anillo vulvar va cediendo, pero cuando ya ha salido la parte posterior, desde la coronilla a la frente y el feto ejecuta el tercer movimiento, esto es, el de deflexión, con la salida brusca de las eminencias frontales, el periné corre peligro de desgarrarse y hay que evitarlo por medio de una protección correcta.
En caso de feto grande o primípara añosa, es recomendable la maniobra, más moderna de Olshausen, en sustitución de la clásica, de Bumm, que era la que siempre se hacía en todos los partos.
EL ALUMBRAMIENTO
El alumbramiento no es sinónimo de parto, sino la etapa de éste en que, una vez nacido el feto, se exoulsa la placenta y las membranas que forman el saco amniótico.
El alumbramiento se produce por medio de contracciones uterinas y suele tardar de 15 a 20 minutos,desde la expulsión fetal porque el utéro tiene que recuperarse, de la fatiga del parto y adaptarse a su nueva dimensión.
Antiguamente se pensaba que la permanencia de la placenta dentro del útero era peligrosa porque tenía vida y movimiento propio y podía trasladarse por el organismo, llegar a órganos vitales y provocar la muerte. Si pasados unos minutos no salía, había que sacarla, aunque no se recomendaba hacerlo tirando del cordón umbilical porque ya se sabía que ello podía provocar una inversión uterina, sino que metían la mano dentro del útero y arrancaban la placenta de su inserción, rascando poco a poco. Hasta que el célebre cirujano inglés José Lister (1827/1912) publicó su libro: “Cirugía antiséptica y Teoría de los Gérmenes”, supongo que la infección puerperal sería la natural consecuencia de las maniobras para lograr el desprendimiento manual de la placenta, porque los guantes de goma no se inventaron hasta 1898.
Ahora nos horrorizamos de las técnicas obstétricas de antaño, pero, a veces me pregunto qué pensarán las gentes de los siglos venideros de las modernas técnicas actuales.
Yo he asistido la mayoría de los partos a domicilio, entre clientela modesta y sola, aunque tenía la opción de consultar al tocólogo o acompañar a la parturiente a un lugar donde pudieran resolver, con las debidas garantías, cualquier problema obstétrico. Además de numerosas Maternidades, esto es, clínicas especialmente dedicadas a la obstetricia, donde, para más seguridad en la asepsia no se admitían mujeres verdaderamente enfermas, aunque se llamaba “enfermas” a los parturientes y a las puérperas, yo tuve en honor de inaugurar, en la calle Montesa de Madrid, al principio de los años 50, el “Equipo Tocoginécologico Municipal de Urgencia, número 1″, al que siguieron, al poco tiempo, otros dos “Equipos”, números 2 y 3, en distintos barrios de Madrid, donde un plantel de especialistas, reclutados mediante oposición, solucionaban de manera rápida y eficaz, cualquier caso obstétrico difícil, para lo cual se contaba con medios y experiencia suficientes.
Entonces era fácil asistir partos en casa porque nos sentíamos respaldadas por los conocimientos que habíamos asquirido en una “Escuela Especial, por nuestro título y nuestro Colegio Profesional independiente, por el consenso de una población la de comadrona era una profesión libre, reconocida como benemérita y necesaria y, en último término, Centros donde especialistas muy cualificados, nos ayudaban a resolver dificultades, actuando, mayoritariamente, como maestros y no como críticos.
No hay más remedio que reconocer que la Sanidad Oficial Española, que suprimió, ilegalmente, de un plumazo, una profesión legalmente establecida y el derecho de la mujer a parir naturalmente, lleva camino de conseguir sus propósito de convertir el parto en un acto médico y, cada vez con más frecuencia, quirúrgico porque parir en casa hoy es rarísimo y muy arriesgado porque ni la mujer ni la matrona están preparadas para ello.
La embarazada está archiconvencida de que el parto es una grave enfermedad, de que tanto ella como su bebé corren un gran peligro, del que sólo pueden salvarse en un gran hospital, entregandose en manos de un numeroso Equipo que dispone de drogas, máquinas, instrumentos e intervenciones para sacarlas del atolladero. Una propaganda machacona, desaforada e inexacta se lo ha hecho creer así. El embarazo, lejos de ser, como en el pasado, “un don de Dios”, se ha convertido en la tremenda amenaza de un peligro que fatídicamente llegará. No es extraño que la pobre embarazada llegue aterrorizada al parto, sumisa y obediente a mandatos que, no sólo van a salvar su vida, sino también la de su hijo y vaya al hospital con la idea de que es esa la “única solución posible”, de que la Seguridad Social no financia el parto en casa porque no es recomendable parir naturalmente.
Las escasas embarazadas que, amparadas en el ejemplo de sus madres y abuelas, así como en los casos de gentes sin hogar o emigrantes que dan a luz solas, sin asistencia alguna porque ya no hay Maternidades ni “Equipos” donde las mujeres sin recursos puedan dar a luz, lleguen a pensar que el parto no debe ser tan peligroso como dicen, que “no es tan fiero el león como lo pintan”, osen quedarse a parir en casa, contando con ella y con una familia y unos medios que le permitan sufragar los gastos de “un parto de lujo”, según criterio oficial, no serán consideradas como gente normal, sino, según las opiniones, como heroínas y émulas de aquellos primeros cristianos que se dejaban devorar por las fieras en los circos romanos o como fanáticos paganos que sacrificaban a sí mismos y a sus hijos, a crueles ídolos en que que creían a pie juntillas.
Yo que siempre he considerado el parto como un acontecimiento fausto, que siempre he acudido a asistirlo con alegría, fuera cual fuere la forma en que hubiera de verificarse y las consecuencias que el nacimiento fuera a tener, a veces siento una gran preocupación por mis modernas colegas, por quienes han sentido, como yo, el gusanillo de ayudar al prójimo y de ponerse de parte de la verdad, por encima de todo.
La verdad es que el parto es la consecuencia, la última fase del proceso de reproducción vivípara, mucho más complicado y con más motivos de dolor y de peligro en las etapas anteriores, en las que no duele y la embarazada no tiene más dolor que la preocupación de que ha de llegar, inexorablemente, el temido parto y lógica, razonablemente, no se le debía tener miedo, pero la matrona que se arriesga a asistir partos a domicilio, es como si se colocara fuera de la Ley, como si el parto en casa fuera un contrabando.
Acaso sobre ella penda, también, la tremenda “espada de Dámocles” que lo hace sobre la cabeza de cada embarazada, aquel “lo que pueda pasar”, el pánico cerval a algo que no se sabe lo qué es, pero algo terrible que puede pasar en casa y que nunca ocurrirá en el hospital.
Creo que yo no sería capaz de asistir correctamente al parto en un ambiente como en el que posiblemente lo hacen mis indefensas, mis desvalidas colegas a quienes siempre he querido, admirado y defendido.
Comprendo que hayan tan pocas matronas que asistan partos en casa, que tengan miedo de hacerlo porque si sucediera “lo que puede pasar” que, a juzgar por el miedo que inspira, debe ser una hecatombe. La pobre matrona que asistió el parto no tendría defensa posible, porque la embarazada que no quiera parir en el hospital, bien porque no lo juzgue sitio aparente para ello o porque esté convencida de que el parto es un acontecimiento íntimo y natural que debe realizarse en un marco adecuado, tiene la solución de parir en una clínica privada en la que “lo que pueda pasar” sea casi imposible y en la que, si por verdadera casualidad, algo indeseado pasa, la responsabilidad no será de la matrona porque ella cumplió con su deber al prestar sus servicios en un establecimiento y no como profesional libre.
Ha sido pensando, en que matronas como yo, puedan verse en dificultades y en apuros por lo que me he decidido a explicar qué es lo que hacía yo, cómo asistía los partos, cómo evitaba las complicaciones y solventaba las dificultades.
No se me oculta que la situación ha cambiado, que a veces, parece como si viviéramos en otro mundo en el que muchos “tabús” y también muchos valores han desaparecido y no se sabe aún si una cosa compensa a la otra. El parto, la madre, los hijos, la familia, la casa, etc. etc., ya no tienen las mismas connotaciones que antes, ni las personas tenemos las mismas categorías, los mismos conceptos rígidos, en los que se apoyaban las diferencias.
Hace muchos años, Carlos Gardel popularizó un tango que decía “Siglo XX, cambalache problemático y febril….” Lo conservo todavía en mi memoria y me parece que fue profético, sobre todo en la segunda mitad del Siglo XX, en la que parecía que todo lo aprendido, todo lo probado y experimentado, no valía para nada en un mundo nuevo en el que el dinero y una “ciencia” moderna, en manos de unos pocos ambas cosas, sean los señores feudales de hogaño y el resto de los mortales seamos sus siervos, sometidos, sin remedio, a sus leyes y mandatos.
No obstante, por si a alguna colega pudiera servirle de algo, voy a explicar cómo se produce, fisiológicamente, el alumbramiento y de qué manera me las ingeniaba yo para acelerarlo y evitar sus posibles retardos, molestias y peligros.
Yo sabía que la placenta estaba fuertemente adherida a la pared uterina por innumerables venas y arterias, que se comunicaban con el feto por medio del cordón umbilical para hacerle llegar el oxígeno y los nutrientes necesarios para su desarrollo y su crecimiento y retirar de la sangre fetal los productos de desecho para que, recogidos en la placenta, el sistema venoso de la madre se encargase de eliminarlos. Que la placenta se había formado espontáneamente, a costa de las vellosidades coriales que habían logrado inserirse en la mucosa uterina, especialmente preparada para ello durante la fase foliculínica del ciclo mensual de la mujer en edad fértil, sabía que su formación y desarrollo se verificaba a protegida por la progesterona que el propio organismo de la embarazada se encargaba de producir y, por último sabía que la placenta había sustituído al alantoides, cuando el embrión se había convertido en feto, para mayor garantía del desarrollo y crecimiento de éste. También sabía que, una vez nacido el feto, el papel de la placenta era ya inútil y el organismo de la madre se desprendería por sí mismo de ella. Desde luego, las matronas antiguas sabíamos muchas cosas que modernamente se consideran inútiles, para que las conozcamos, ni nosotras ni la embarazada.
El “vicio” de pensar que me inculcó mi madre a muy temprana edad, me incitó a enterarme de que modo y manera que desprendía el itero de la ya inútil placenta, una vez nacido el bebé. En los libros de obstetricia aprendí que el útero se libraba de la placenta por uno de estos dos mecanismos:
  • a)Tipo Schultze. en el que la placenta empieza a desprenderse por la parte central, permaneciendo adherida al útero por los bordes. La sangre procedente de los vasos rotos forma en el interior del útero, en el centro de la placenta el llamado coágulo retroplacentario, cuyo peso hace que la placenta complete su desprendimiento, desde el centro hacia los bordes, poco a poco, sin violencia ni intervención ajena. La presión o masaje abdominal sobre la recién parida, no sólo es inútil para el alumbramiento, sino perjudicial, pues puede deshacer el coágulo o fraccionarlo, restando o impidiendo su acción de “peso” que es lo que contribuye, eficazmente, a finalizar el desprendimiento total. Este tipo de alumbramiendo es el más frecuente y no produce hemorragia porque al seguir la placenta pegada por sus bordes, la sangre que brota de los vasos rotos, no sale, sino que contribuye a engrosar el coágulo ya formado, así como su peso, influido por la fuerza de gravedad, obliga a la placenta a caer en la vagina y a salir, espontáneamente, por su cara fetal y arrastrando en su caída a las membranas, a las que está pegada.
  • b) Tipo Duncan. La placenta empieza a desprenderse por un borde. No se forma el coágulo retroplacentario, sino que la sangre que brota de los vasos rotos, en el punto donde empezó el desprendimiento, resbala por la vagina y sale, más o menos abundante, al exterior. Al no formar el coágulo, falta la eficaz acción de su peso contribuyendo al desprendimiento y caída de la placenta y las membranas, hace que este tipo de alumbramiento sea más lento y vaya siempre acompañado de hemorragia, lo que, a veces, obliga al obstetra a intervenir, casi siempre con la maniobra conocida como de Credé, para acelerar y completar el desprendimiento.Tanto en un tipo de alumbramiento como en el otro, el desprendimiento y expulsión de la placenta y las membranas se efectúa por medio de contracciones y es digno de tenerse en cuenta que, cuanto más suave y natural haya sido la dilatación, menor cansancio y más energía conservará el útero para realizar la actividad cuntráctil que aún debe llevar a cabo, después de nacimiento, tanto en el alumbramiento, como en la formación del globo de Pinard y la evolución puerperal del útero.Sería deseable que la ecografía pudiera darnos datos útiles y precisos sobre la zona de inserción de la placenta. Se presume que si la placenta está insertada en el fondo del útero, su desprendimiento será del tipo Schultze y el alumbramiento sencillo, sobre todo si la mujer no permanece durante el mismo, en decúbito supino y no habrá hemorragia previa. Sería muy útil saber de antemano cómo se presentará el alumbramiento para poder obrar en consecuencia.
Una vez expulsada la placenta, es conveniente examinarla para comprobar la integridad, tanto de ella, como de las membranas.
Si el alumbramiento ha sido del tipo Schultze, es casi seguro que la placenta esté integra y, a veces, ni siquiera es necesario lavarla para cerciorarse de ello. Basta ver que los cotiledones conservan su forma intacta y que la superficie que estaba adherida al útero, presenta un brillo como un barniz azulado. Hay que fijarse muy bien en cada detalle para evitar durante el puerperio, sorpresas desagradables. Una pizca insignificante de tejido placentario, puede proliferar y no sólo retrasar y dificultar la involución uterina postpartum, sino provocar graves metrorragias. Esto es algo de lo mucho que aprendí de mi paso por el Equipo Ginecológico Municipal de Urgencia, de Madrid.
No me acuerdo dónde ni cuando leí que la succión de la mama producía contracciones uterinas y como no veía en ello ningún peligro, a la primera ocasión me decidí a probarlo. Apenas el recién nacido iniciaba, de modo espontáneo su respiración, yo se lo entregaba a la madre, sin siquiera cortar el cordón, operación que no es tan urgente como el vulgo cree, sino que es preferible esperar a que la respiración se instaure y la circulación umbilical cese, ayudándola a que se lo pusiera al pecho. En cuanto el recién nacido empezaba a mamar, la madre tenía contracciones uterinas y la placenta se desprendía y salía, sin ningún problema. Verefique este recurso innumerables veces y nunca me falló ni tuve utilizándolo ningún problema y os aconsejo que lo probeis porque no tiene contraindicación. Al recién nacido le beneficia, por varios motivos, que sea el calostro materno lo primero que ingiera al nacer y, tanto a él como a su madre, ese primer encuentro les será más beneficioso cuanto más precoz sea.
Una ver realizado el alumbramiento, se suele producir rápida y espontáneamente, una fuerte y persistente contracción uterina que da lugar a la formación del llamado Globo de seguridad de Pinard. A través de las cubiertas abdominales, se puede apreciar el útero, convertido en una pelota dura, reducido de tamaño y con tendencia a desplazarse.
En la asistencia domiciliaria al parto es muy importante, no sólo que la puérpera y su familia se queden contentos y satisfechos del servicio que les hemos prestado, sino que no tengan que volver a llamarnos urgentemente y para evitarlo, en vez del clásico Methergin, que no quería usar porque su acción es dolorosa y, a veces, no completamente segura, yo prefería colocar un peso sobre el globo de Pinar para que éste no se desplazase, recomendando a la puérpera que lo conservase en su sitio para evitar que el globo se desplazase y, sobre todo que subiera por encima del ombligo en las próximas seis u ocho horas, con lo cual yo me iba a casa tranquila y segura de que la retracción uterina sería la normal, sin tener que hacer pasar a la mujer por el desagradable tributo de los “entuertos”.
CUIDADOS DEL PUERPERIOUna de las muchas ventajas del parto en casa consiste en que la misma persona que ha asistido al parto, puede cuidar y vigilar los primeros días del puerperio, lo cual asegurará una recuperacón óptima de la recién parida y la solución de una serie de pequeños problemas que desconocidos o no remediados, pueden agrandarse.
El parto es una función normal y no tiene porqué dejar secuencias, pero siempre habrá sido un trabajo físico extraordinario del organismo y un trance muy importante en la vida de la mujer que forzosamente habrá impresionado su psique.
Una vez acabado el parto, la idea predominante era que la mujer estaba cansada y debía dormir. Para ello se sacaba al bebé de la habitación para que no molestara y la mamá pudiera descansar, pero también existía la regla opuesta, que la puérpera no debía, dormirse, ya que durante el sueño podría tener una hemorragia y no enterarse.
Mi opinión, fruto de una larga experiencia, es que la hemorragia postpartum es perfectamente previsible y consecuencia del mismo y, por lo tanto, se puede decir que ni tanto ni tan calvo. Según como haya transcurrido el parto, se puede dejar a la puérpera que eche un sueñecito y someterle a una más o menos rígida vigilancia. En esto como en todo lo demás, es ella quién decide. Es muy raro que después de un parto transcurrido con normalidad, la mujer concilie el sueño, sobre todo si se trata del primer hijo, porque la emoción, la alegría de ser madre son tan grandes que se lo impedirán. Lo normal, lo corriente es que el bebé se haya quedado dormido, mamando y que la madre contemple, extasiada, como duerme su niño plácidamente. Es una equivocación separar al niño de su madre, apenas nacido. En los primeros días de su vida, el bebé debe estar lo más cerca posible de su madre, porque acaba de separarse de ella y ambos se necesitan el uno al otro.
Durante el puerperio, la mujer debe ir recuperando, poco a poco, su vida normal. Debe levantarse de la cama al día siguiente y atender, por sí misma a su higiene personal. Creo preferible la ducha al baño, porque la vulva y vagina habrán quedado flojas y entreabiertas y el agua del baño podría introducir gérmenes. La vagina tiene sus propias defensas, principalmente a cargo de los bacilos de Doderlein, pero es preferible no exponerse a ningún riesgo.
En mi época de actividad, las matronas teníamos la obligación de visitar a la puérpera hasta que el bebé “daba el ombligo” y en estas visitas yo aprendí mucho, suprimí algunas tareas e introduje otras nuevas. Por ejemplo, creí innecesario que fuera la matrona quién lavara los genitales a la mujer y quién hiciera la cama. En cambio, la enseñaba a lavarse sola, con agua a la temperatura del cuerpo, sin necesidad de hervirla, añadiéndola una cucharadita de sal. El lavado se debía hacer poniendo el agua en una jarra grande de cristal, sentándose del retrete y dejando caer el agua, de arriba a abajo, de forma que escurriera de la vulva al ano, siempre agua limpia y secarse igualmente de la vulva al ano, con una toallita bien limpia. Les recomendaba lavarse así cada vez que se cambiasen la compresa higiénica, cosa que debían hacer a menudo. Les explicaba el porqué de los loquios y de su cambio de aspecto y cantidad, conforme avanzaba el puerperio.
Vigilaba atentamente la altura, tamaño y consistencia del útero, para deducir como se estaba verificando la involución uterina, con intención de comunicar al tocólogo cualquier anormalidad que observase. Examinaba los loquios, los senos y los pezones, para asegurarme de su normalidad. Enseñaba a la mamá novata a dar el pecho, a curar el ombligo, a bañar y a vestir al niño, luchando denodadamente por desterrar supersticiones e ideas equivocadas sobre el bebé y su crianza.
Era un engorro tener que ir cada día a visitar a las puérperperas, por aquellos andurriales que eran los barrios de mi zona, pero creo que valía la pena y que era una tarea útil convencer a la mujer de que, después del parto, ella no era una convaleciente ni una inválida, sino una mujer sana y capaz de asumir las obligaciones que su nuevo estado de madre le acarreaba conseguir que lo hiciera con alegría, pericia e inteligencia, sabiendo cómo se hacían las cosas y por qué, valiéndose de sí misma.
COMO Y CUANDO CORTAR EL CORDÓN
Durante su vida intrauterina, el feto no respira, su sangre es arteriovenosa y el oxígeno y los nutrientes que su organismo necesita los obtiene de la sangre de la madre, a través del cordón umbilical. Para asistir el parto en casa, la comadrona debe saber cómo y cuándo cortar y ligar ese cordón para obtener los mejores resultados.
Yo estudié la carrera de matrona para investigar por qué dolía el parto, un dolor que me parecía completamente injusto y desproporcionado, para el que no se daba ( y sigue sin darse) explicación alguna. Satisfecha, en 1955, mi curiosidad sobre este punto, surgieron otras muchas preguntas, todas relacionadas con el embarazo y el parto, entre ellas el papel del cordón umbilical, porqué deja de latir, cuando y como se debe cortar y ligar.
El cordón umbilical es el nexo que une, que liga al nuevo ser con su madre. Se forma muy prematuramente y, mucho antes de que el embrión se convierta en feto, sustituye a la vesícula umbilical y a la alantoides en la tarea de proporcionar al nuevo ser, transportándolos desde la placenta, los elementos necesarios para su desarrollo.
Se compone de dos arterias y una gruesa vena, envueltas y protegidas por una masa elástica y resbaladiza de color blanco nacarado, con reflejos azules que transparentan sangre contenida en sus vasos, conocida como la gelatina de Wharton. El cordón umbilical tiene una longitud aproximada de 57 cms y un diámetro de 12 a 20 mm. El mejor momento de cortarlo es cuando ya ha dejado de latir. ¿Cuándo y por qué deja de latir el cordón? ¿Cómo afecta este hecho al recién nacido? ¿Qué cambios ocurren, entonces en su organismo?
El cordón deja de latir cuando el recién nacido empieza a respirar y al hacerlo, el bebé ha inundado de aire sus pulmones, el oxígeno del aire puede pasar directamente a la sangre del bebé, ya no es necesario transportarlo desde la placenta al feto. El cordón umbilical deja de latir, de funcionar, cuando ya no pasa por él una sangre oxigenada que el bebé ya no necesita, porque sabe oxigenar automáticamente, su propia sangre.
El recién nacido debe empezar a respirar de manera espontánea y suavemente. Por fortuna se han superado los tiempos en los que al recién nacido se le depositaba sobre una superficie dura y fría y se le azotaba para provocar su llanto y con él, la respiración, ahora se le suele dejar, por lo menos a los nacidos en casa, sobre el mórbiso y cálido abdomen de la madre y es de sentido común que, por bien asistido que haya sido el parto, el nacimiento debe ser, para el recién nacido, un trance bastante desagradable.
No debemos olvidar, el brusco y drástico cambio que sufre el feto al convertirse en recién nacido. El feto estaba flotando en el vacío, rodeado de un líquido suave y resbaladizo, a la temperatura justa y siempre igual, sin estar sujeto ni agarrado a ningún sitio, protegido de la luz, del aire, del ruido, mecido por los movimientos de la embarazada y arrullado por el tictac del corazón materno. Al final del embarazo ha terminado ya de autoconstruirse, no tiene otro quehacer que esperar el parto, ejercitando, de vez en cuando, sus miembros para comprobar si serán capaces de funcionar.
Suponemos que no sabe qué es el mundo ni lo que le va a pasar en él, pero lo que le pasa, nada más nacer es que el peso de la atmósfera, “aplasta” su frágil cuerpecito, que manos duras le agarran, que el aire penetra con violencia en sus bronquios, expandiendo por fuerza los pulmones colapsados, que el frío, la luz y el ruido salen a su encuentro, como fieras feroces dispuestas a devorarlo.
Lo menos que humanamente se debe hacer con un recién nacido es dejarle que empiece a respirar él solito, poco a poco, sin forzarle a hacerlo. Yo he comprobado, no una, sino muchas veces que los fetos nacen solos, que saben, por instinto, como colocarse para salir, igual que lo saben los demás mamíferos y que también saben empezar a respirar y a mamar porque les va la vida en ello.
Mientras el cordón late, no debe haber prisa por cortarlo, pues el aporte de oxígeno está asegurado por ese latido que quiere decir que la sangre sigue pasando. Cuando deja de hacerlo y el cordón se queda pálido y flácido, es el momento oportuno de hacerlo. Yo lo pinzaba con dos Kockher, cortaba entre ellas e impulsaba con un masaje suave la sangre que quedaba en la parte del cordón unida al feto, para que éste aprovechara de ella, hasta la última gota.
Ya mayor, con bastantes años de profesión a las espaldas, aprendí, en Roma, en donde tuve que refugiarme para encontrar un trabajo como matrona porque, después de saber porqué dolía el parto y cómo evitarlo, yo no quería cambiar de profesión, como ligar un cordón, mejor de como se hacía en Francia y en España, donde se usaba para tal fin cordonete estéril que venía, dentro de una ampolla, con el “trousseau” de parto que proporcionaba el SOE o se compraba en la farmacia. La única prevención para que el bebé no tuviera ninguna complicación era que el cordonete fuera estéril, fuera de este requisito, la matrona era libre de ligar en cordón cómo quisiera y yo, que siempre he pecado de perfeccionista, me cambiaba de guantes y dejaba el muñón lo más pequeño y vacío de sangre posible para evitar que se convirtiera en algo maloliente y desagradable de ver.
Pero, raras veces, la capa de gelatina de Wharton es más abundante y el cordón más grueso y más blando y hay peligro de lesionarlo si se aprieta demasiado al ligarlo. Con uno de esos cordones tropecé en Roma, trabajando en la conocida y famosa Clínica Guarnieri asistiendo a una cliente privada de muchas campanillas. Naturalmente, cuando la gelatina empezó a desecarse y el volumen del cordón disminuyó, el ombligo empezó a sangrar y la puérpera armó gran revuelo, creyendo a su bebé en peligro de muerte. El doctor Scarpinatti, que era el Director, tranquilizó a la mujer, diciendo ni más ni menos que la verdad del caso, que esa sangre estaba fuera de la circulación fetal, que era una ínfima cantidad y que al niño no le pasaría nada, pero a mí me llamó a su despacho y me dijo que preguntara a mis colegas cómo ligaban ellas el cordón y que aprendiera a hacerlo, a lo que yo no tuve nada que objetar.
Me llevaba muy bien con todas, eran muy expertas y sabían que yo no había tenido culpa alguna en el incidente, que había sido debido a que se había aflojado, al secarse la gelatina, la ligadura del cordonete y me amablemente se prestaron de buen grado a enseñarme lo que hacían ellas.
Vaciaban, igual que hacía yo, la sangre del muñon y hacían una primera ligadura cerca del ombligo y luego doblaban en muñón sobre sí mismo y lo volvían a ligar de nuevo, pero el “intríngulis” de la operación consistía en que, en ligar de cordonete, utilizaban un arito de goma, por supuesto esterilizado, el cual, conforme se reducía el cordón al secarse, conservaba, inalterable la presión sobre el mismo. ¡Fué el gran descubrimiento, sobre todo para los partos a domicilio! El cordón no olía, su aspecto era más estético y, sobre todo, se secaba y se caía mucho antes. A mi regreso a España quise comunicarles el hallazgo a mis colegas de Maternidad, algunas de las cuales, aceptaron probar el invento, hasta que uno de los médicos ayudantes prohibió que se utilizase la goma “porque siempre se había usado el cordonete” lo que no impidió que fuera sustituido por la voluminosa y supongo que molesta pinza de plástico.
La bárbara costumbre de azotar al recién nacido, además de cruel era perjudicial, pues el llanto provocaba una fuerte inspiración que podía arrastrar gérmenes al delicado árbol bronquítico del recién nacido. Mi experiencia de muchos años es que hay que esperar, atenta y pacientemente a que el cordón cese de latir, cuando el bebé respire, poco a poco, sin necesidad de pegarle ni de atosigarle.
Únicamente, una vez nacida la cabeza, hay que cerciorarse si el feto tiene o no vuelta o vueltas de cordón al cuello, caso bastante frecuente, pues el cordón se forma muy precozmente y el menor tamaño del feto, antes del tercer trimestre de embarazo, puede dar lugar a que se enrede con él.
Si la longitud del cordón lo consiente, la vuelta alrededor del cuello estará floja y éste se podrá sacar, como una cadena o un collar, por encima de la cabeza, pero si está apretado o la vuelta es doble, lo mejor será cortarlo,entre dos pinzas, porque es muy arriesgado que el bebé nazca con una vuelta de cordón al cuello, que podría ahorcarle.
La sangre es un elemento vivo y precioso que no se debe desperdiciar y ese es otro de los motivos para no seccionar un cordón que aún late. Si en un parto a domicilio se hace así, saltará un chorro de sangre que impresionará desagradablemente a los presentes.
La mayoría de los partos los asistí a domicilio como era costumbre y no dejé de combatir la superstición, muy extendida, de que el ombligo no se podía mojar. Les enseñé a las puérperas a quitar la gasa sucia, sin molestar al bebé y a sustituirla con otra limpia, empapada en alcohol, cada vez que fuera necesario y envolviendo el muñón con otra gasa seca para que el alcohol no irritara la delicada piel, sujetándola con una vendita de gasa que dejara pasar el aire. Les aseguraba que el resto de cordón era una zona muerta y que no había peligro en tocarla, eso si, con la precaución de tener las manos y las uñas limpias.
LA BOLSA DE LAS AGUASEs un saco membranoso, transparente y elástico, compuesto por dos capas, la interna, llamada amnios y la externa, corion, que se forma alrededor del embrión, para proteger la formación, desarrollo y crecimiento del mismo, así como su transformación en feto y tiene dos misiones que cumplir, una pasiva, durante el embarazo y otra activa, en el parto, en el cual desempeña un papel muy importante. Está llena de un líquido suave y resbaladizo, compuesto de agua salada, con pequeñas cantidades de albúmina y una temperatura estable. La cantidad de líquido suele ser proporcional al tamaño del feto, para permitirle movimientos que no son hechos por casualidad, al buen tutún, sino que obedecen a un plan, tanto de desarrollo y ejercicio de los miembros ya formados, como de aprendizaje de las diversas posturas, no sólo necesarias, sino imprescindibles, con vistas al parto. Está herméticamente cerrada, como la cáscara de un huevo y al fruto de la concepción, que flota dentro del líquido contenido en ella, no puede llegar ningún elemento extraño que lo perturbe.
Durante en embarazo, la bolsa de las aguas va creciendo y aumentando su contenido líquido, al mismo tiempo que lo hacen el embrión y el feto, asegurando un espacio suficiente para el desarrollo del nuevo ser.
Lo normal es que la bolsa se rompa, espontáneamente, bien avanzado el periodo de dilatación, pero a veces se rompe antes y se llama rotura precoz cuando ocurre sin que la dilatación haya comenzado y prematura cuando la dilatación está en marcha, pero aún no es completa. La costumbre rutinaria de romper la bolsa para acelerar el parto está completamente injustificada, pues ésta se suele romper, por si sola, en el momento oportuno, cuando la resistencia de las membranas es menor porque al ser mayor la dilatación, también lo será la porción de bolsa inserta en el orificio cervical a costa del adelgazamiento y de las membranas.PAPEL ACTIVO DE LA BOLSACuando el cérvix, o cuello del útero, ha desaparecido y ya no pende dentro de la vagina, sino que sus fibras se han incorporado al segmento inferior del útero, condición indispensable para que la dilatación empiece, el canal cervical se ha convertido en un pequeño orificio, a través del cual, empujada por las contracciones uterinas, una pequeña parte de la bolsa, gracias a su elasticidad, puede insinuarse. A cada contracción, el útero disminuye de tamaño y el líquido de la bolsa, que no puede hacerlo, toma presión y busca salida. Entonces, el líquido contenido en la parte de la bolsa que se introdujo en el orificio del útero, toma presión, expande las membranas que lo contienen y agranda el orificio, circularmente, es decir, que el líquido contenido en la bolsa de las aguas es uno de los tres agentes gracias a los cuales se efectúa la dilatación, a saber:1º.- Las fibras musculares uterinas que tiran, de abajo a arriba.
2º.- El peso del huevo que, debido a la fuerza de gravedad de la Tierra empuja, de arriba a abajo.
3º.- El líquido amniótico contenido en la parte de la bolsa que precede al resto y que, presionada por las contracciones, agranda el orificio alrededor.Es muy importante que la bolsa se conserve íntegra durante la dilatación, pues colabora de manera muy suave y eficaz a ella, ya que, con su concurso se consigue una dilatación simétrica, evitando la formación del antipático y tradicional reborde cervical que tanta guerra daba a las matronas y tanto dolor inútil a las parturientas.
ROTURA INTEMPESTIVA DE BOLSA
El pronóstico de una rotura intempestiva de bolsa no es siempre el mismo. El líquido amniótico se considera dividido en dos zonas, se llaman aguas anteriores a la parte de liquido situada debajo de la presentación, que saldrán antes del feto y aguas posteriores a las que saldrán al mismo tiempo. Lo corriente, lo normal es que salgan únicamente las aguas anteriores y que la presentación fetal impida que salgan las posteriores obturando el canal del parto, con lo que el feto y su cordón umbilical pueden continuar flotando en ellas, hasta el final del parto. También puede suceder, aunque raramente, que haya líquido, entre el amnios y el corión y que el corión se rompa, mientras el amnios permanece íntegro y entonces, el embarazo prosigue como si la bolsa no se hubiera roto y el parto se produce a su debido tiempo. Yo he asistido más de un parto en los que eso ocurrió sin que ello causara deterioro ni complicación alguna.
¿Qué hay que hacer cuando un parto en casa comienza con la bolsa amniótica rota previamente? Es muy importante estar seguras de a que altura están de su evolución está el parto y del estado del feto. Un signo de alarma es que el líquido que fluye no sea limpio, con un olor peculiar que recuerda el del semen, sino turbio, espeso, verdoso o con mal olor. Esto no quiere decir que haya ocurrido o vaya a ocurrir una desgracia, pero hay que asegurarse de que el feto está bien, de que ha logrado recuperar un período de sufrimiento, debido a causas que debemos investigar.
Hay que recordar que nunca sale todo el líquido antes del parto y que suele quedar suficiente como para garantizar la supervivencia del feto, pero la asistencia en casa, de un parto que empieza con bolsa rota siempre debe ser más cuidadosa. El peligro de infección es, en ella muy remoto, aunque el ambiente no sea perfecto desde el punto de vista de la higiene, porque la parturienta vive, está aclimatada a él y tiene anticuerpos como para defenderse, aunque hay que tomar ciertas precauciones, en algunos casos.
En la mayoría de los casos, lo que complica un parto con aguas rotas es la impaciencia, pues como casi siempre esa rotura ocurre al final de la dilatación, se espera que el parto sea inminente y suele ocurrir todo lo contrario, que la dilatación sea más lenta, no sólo por la falta del tercer factor, sino también porque la disminución de líquido dentro de la cavidad uterina puede restar fuerza y por tanto, eficacia a las contracciones, por lo cual no es recomendable la amniorexis, hasta que la dilatación no sea casi completa o completa.
Consuelo Ruiz Velez-Frías
Autora de “Cartilla para aprender a dar a luz“. Editorial Thalassa