lunes, 2 de enero de 2012

Aprender de los niños


Los adultos de nuestra cultura somos expertos en el arte de la ausencia, aparentamos estar aquí, sin embargo, estamos pensando en el ayer, o inquietos, proyectando el momento siguiente. Al desayunar, pensamos en el trabajo, al trabajar, añoramos el momento de descanso, en el momento de descanso nos estamos proyectando a la siguiente actividad y así hemos generado un  modo de funcionar, acelerados por lo que vendrá, o atrapados en el recuerdo, con la mente y la emoción permanentemente en otra realidad de lo que está siendo la vida en ese momento.

Quizás nuestros cuerpos estén, por ejemplo, en un momento familiar, aparentemente compartiendo con los hijos, sin embargo , si no somos capaces de concentrarnos en él, de entregarnos olvidándonos del reloj, permitiendo que las cosas se den, sin apurarlas, sin buscar nada ni acelerarnos con lo que queremos hacer a continuación. Si estamos pensando en otra cosa, nunca habremos estado realmente allí.
Estamos donde está la mente, vivimos la película que ella nos está pasando, no como algo que se proyecta afuera de nosotros sino como algo realmente vivido que afectará nuestro estado emocional y corporal. Al imaginarnos, por ejemplo discutiendo con alguien, en lo que respecta a las reacciones físicas quizás se nos agite la respiración o se nos haga un nudo en el estómago y quedemos emocionalmente alterados. Aún cuando la discusión en lo concreto nunca se produzca, así, nos habremos zambullido gratuitamente en una vivencia que no queríamos tener. No importa si al hacerlo estábamos paseando en el parque, o caminando en la calle, o en una reunión de trabajo, en lo que respecta a nuestra realidad personal, no estuvimos realmente en el parque, ni caminamos por la calle, ni fuimos a la reunión. Quizás nuestros cuerpos como autómatas se movieron, hablaron, pero nosotros, en presencia total : física, emocional, mental estábamos ausentes.

Este es el mecanismo básico a través del cual nos restamos de la vida, negándonos a ella, a abrirnos al milagro de lo que está ocurriendo aquí y ahora y a navegar en ésta como si nada, sino que éste momento existiera. Llegar a esto no es fácil puesto que nuestra mente tiende a escaparse, evadir, acelerarse y ausentarse acarreando con ella a la emoción. Es preciso una práctica continua de centración, de vaciar la mente de pasados y futuros para estar allí viviendo el instante en totalidad. No se trata de un logro instantaneo, sino de una disciplina personal dirigida en este sentido, una práctica que requiere constancia y persistencia en el tiempo, a través de los años.

El fruto que obtendremos de ella es la presencia total en cada momento, vivir en plenitud, Ser de verdad. 
Vivir como juegan los niños, donde todo lo que no sea el juego, simplemente desaparece, estan ahí, integramente ahí. 

Un adulto que con toda la madurez que otorga el transitar por cada etapa, logra enfocarse así, se transforma en un sabio y se acerca a la ilumunación espiritual que puede ser entendida como un entregarse tanto al momento que en cada instante se entra en una vivencia de eterno presente, en un “bolsón de tiempo” donde éste no transcurre, aquí en este instante está la eternidad. Lo que quizás para los otros pudo contabilizarse en minutos u horas para el que los vivió en total inmersión, el tiempo paró, no existió y fuimos en ese instante, completos, atemporales, eternos.

Vivir en la ingenuidad del juego que nunca se sabe adonde llevará, pero que vá a cada instante entregando sus respuestas, sus caminos.

Patricia May
Ilustración: Marta Chicote

Ser madre...

Ser madre es Ser más allá de una misma.
Ser madre es saber de amores inmensos como el universo.

Ser madre es ser casa,
 guarida, colchón, almohada,
mantita que abriga,
red que sostiene,
agua que calma.

Ser madre es ser garantía,
ciencia,
prueba y error,
y todo junto.

Ser madre es sentirse a cargo 
de los bienes más preciados de la vida, 
es ser testigo íntimo de la perfección humana,
es no poder zafar nunca más de la finitud,
es poder más por otros que por una misma.

Ser madre es vivir eternamente agradecida. 
Ser madre es el mayor privilegio de la aventura existencial.

Ser madre es ser la naturaleza misma en expresión pura.
Ser madre es quedar partida para siempre,
es vivir enamorada,
es despertarse con pluses de sentido.

Ser madre es tan simple y tan complejo como la vida misma.
Ser madre es convivir con pasiones desatadas,
puras,
masivas,
intensas,
poderosas. 
Ser madre es vivir al ritmo del corazón 
volcán en erupción permanente. 

Ser madre es mucho,
es enorme,
es intenso,
fascinante, desgastante,
demandante, exquisito,
irrenunciable, alucinante,
milagroso y hermoso!!

(del blog Vamos Viendo, de Ximena Ianantuoni)


Tener hijos...

"Los hijos nos desacomodan, nos conmueven, nos emocionan, 
nos ponen nerviosos, nos enojan, nos hacen felices.
 Los hijos son una revolución en la vida de sus padres. 
Los hijos son paquetes de amor que llegan para quedarse,
 para que les hagamos un lugar entre nosotros. 

Nos modifican, no somos los mismos desde que aparecen, 
nos agregan espesor, emociones y sentido. 
Los hijos nos confrontan con todo lo que quizás antes no quisimos ver, 
iluminan nuestras zonas más osucras, 
nos obligan a hacernos cargo de nosotros mismos 
para poder así hacernos cargo de ellos. 

Los hijos rompen nuestras rutinas, cambian nuestros espacios, 
modifican nuestros hábitos, usan la casa en toda su extensión, 
no nos dejan dormir todo lo que quisiéramos, 
limitan nuestras posibilidades de leer, de salir, de hacer el amor.

 Los hijos interfieren y ocupan todo y más, 
instalan una dimensión del amor inimaginable hasta su llegada, 
nos muestran un mundo genial a través de su mirada curiosa, interesada, entusiasta.

 Los hijos arman juego en cualquier circunstancia,
 nos iluminan la vida con sus caritas entregadas, 
nos permiten sentir lo importantes que podemos llegar a ser. 

Nos quieren porque sí, nos necesitan. 
Los hijos quieren nuestra felicidad, 
se preocupan por nosotros, 
dependen de nuestros estados de ánimo, 
están dedicados a mostrarnos sus logros. 

Crecen en el clima emocional que somos capaces de brindarles. 
Por todo esto es necesario y lindísimo
 poder comprometerse a fondo con ellos, 
amarlos y acompañarlos lo mejor posible." 

(Ximena Ianantuoni en"Hijos sin Dios"


domingo, 1 de enero de 2012

Criando transformamos el mundo...

La crianza de un niño es algo que ocurre muy silenciosamente. No "reditúa" en el acto, no brilla en ningún medio de comunicación, no nos hace merecer ningún premio al éxito, ni nos sitúa en un lugar de reconocimiento social. 

Sin embargo, es en la crianza en donde se encuentra el gran secreto de la transformación del mundo. Aunque parezca un cliché, es en el silencio y en lo aparentemente invisible, que se labra lenta y misteriosamente, la historia verdadera de la humanidad. 

Si quienes criamos comprendiéramos la envergadura e importancia de lo que hacemos, seguramente se nos llenaría el alma… Josefina Williams




La importancia del vínculo temprano y apego en la primera infancia

Lic. Rosina Duarte
Psicóloga Infanto-Juvenil. UBA
Coordinadora del Primer Programa Argentino de Formación en Primera Infancia y Crianza

La primera infancia es una etapa caracterizada por la indefensión de los niños o bebés pequeños, donde prima la necesidad. Es necesario que los adultos sean los encargados de satisfacer esas necesidades básicas del niño de manera correcta e inmediata para establecer en él sentimientos de seguridad y confianza en sí mismo y respecto al entorno. Teniendo en cuenta que la capacidad de formar y mantener relaciones que tienen los seres humanos es una de las herramientas más importantes para su vida, es que los padres deben acompañar y ser protagonistas en esta etapa vital de sus hijos para lograr su desarrollo psico-emocional sano.
Cuando se habla de vínculo se refiere necesariamente al encuentro de dos personas como condición necesaria para vivir, y en esta etapa de la primera infancia el bebé necesita de sus padres, de los otros responsables que vayan al encuentro con él para otorgarle un marco de contención y apego vital para el futuro.

Durante el desarrollo infantil, se denomina apego al vínculo específico y especial que se forma entre los padres y el niño, y que le otorga a éste la seguridad emocional necesaria para sus futuras relaciones y su personalidad.

Algunas características del vínculo de apego son:

- Es una relación emocional perdurable con una persona específica.

- Produce seguridad, tranquilidad, confianza y placer.

- Cuando existe la pérdida o la amenaza de una posible pérdida de la persona, aparece un alto monto de ansiedad.

El estado de seguridad, ansiedad o temor que tenga un niño está determinado por la accesibilidad y capacidad de respuesta de sus padres (o figuras de apego). Entonces, cuando un niño tuvo una relación sólida y saludable con los padres durante la infancia, en el futuro presentará una alta probabilidad de vincularse a través de relaciones saludables con otros. Sin embargo, si un niño tuvo un apego pobre podría presentarse de adulto con problemas emocionales y vinculares. Resulta necesario indicar que el vínculo temprano se instala en los primeros años de vida y continúa reflejándose en todos los vínculos a lo largo de la existencia.

Sugerencias para afianzar el vínculo

- Mirada: Mirar detenidamente al bebé, reconocerlo, buscar su mirada. A través de la mirada del otro y según cómo es esa mirada –cálida, constante- el bebé irá forjando parte de su personalidad, sintiéndose seguro y confiando en sí mismo.

- Sostén: Las caricias, abrazos y mimos hacen que el bebé se sienta sostenido y contenido, que es sumamente necesario para ordenar y estructurar el entorno del bebé pequeño. Necesita de un otro que lo sostenga para brindarle apoyo.
- Contacto: Besar, mecer, bañar y alimentar son modos de trasmitir nuestro calor corporal. El contacto corporal le trasmite al niño tranquilidad y seguridad para manejarse con su entorno.

- Sonrisa y los movimientos rítmicos. Reír y sonreírle, cantarle, bailar. Los padres funcionan como espejos para los niños. Entonces, lo que ellos le otorgan a través del cuerpo el bebé puede aprenderlo y copiarlo e ir internalizando esas sensaciones que siente al momento de la interacción con sus padres.

- Comunicación: Hablar con el bebé, trasmitirle nuestro amor y afecto. Es muy importante decodificar las señales del bebé. Es otorgando sentido a esos “sonidos” que el bebé emite que se ratifica y se le brinda un lugar especial, ya que es su modo de comunicarse con los padres. Son los adultos quienes tienen que ejercer la función de decodificadora para con el recién nacido.

En los bebés lactantes:

- Este vínculo ya comienza durante el embarazo, primero el vínculo con la madre en su vida intrauterina y también con el padre a través de las palabras y atenciones recibidas. Luego, continúa con la madre mediante el acto de amamantar; en el encuentro entre el pecho materno y el bebé se irá produciendo un vínculo que será la base de la estructuración psíquica del niño y de sus relaciones futuras. En el aprendizaje mutuo que implica amamantar, el bebé y la madre se vinculan, reconocen y encuentran.

- Las necesidades básicas de los recién nacidos que deben ser satisfechas de inmediato por los padres o adultos responsables están relacionadas con el sostén, cariño, mirada, atención y alimentación. Resulta fundamental que el adulto pueda acompañar y sostener a los bebés para permitirles un adecuado desarrollo psico-emocional.

Es muy importante destacar que en determinados casos, la observación de este vínculo temprano por parte de un profesional permitirá la prevención, anticipación e intervención precoz ante la evidencia de un trastorno. Por ello, se destaca la importancia de este período de la vida que resulta tan sensible y fundamental para el desarrollo y la evolución del niño.

Explorar para conocer

Poner unas cosas encima de otras y luego tirarlas, revolver cajones, romper jarrones de porcelana, destrozar revistas, destripar juguetes, meter la mano en el puré hirviendo... Los bebés de un año no paran: ¿lo hace para enfadarnos?, ¿es agresivo? ¿necesita destruir? ....a juzgar por el entusiasmo (y la insistencia) con que lo hacen, no tenemos más remedio que pensar que esta manera de arrasar con todo lo que le rodea tiene para ellos alguna significación especial.


Destripar la realidad
Los niños pequeños todavía no tienen acceso al mundo de las palabras para poder aprender el por qué de las cosas sin necesidad de destriparlas. La única manera de resolver sus dudas acerca del mundo, es la de manipular directamente los objetos hasta obtener una respuesta (que no siempre es de su agrado, sobre todo cuando descubren que las suelas de los zapatos están malísimas o que los radiadores queman).

Ya se sabe que, con los más mayores, las normas dentro de casa son indispensables: está prohibido jugar al futbol en el salon, improvisar una piscina olímpica en la bañera o jugar a los indios con la cubertería de plata... pero con los pequeños es otro cantar.
La fascinación que estos sienten por descubrir y explorar todo lo que les rodea es tal, que es practicamente imposible evitar que se sientan atraidos  por el jarron chino (¿tendrá dentro un imán de niños?), los cuchillos (cuanto más punzantes, mejor), el jabon (ah! pero.. ¿no se come?") o el peluquín del abuelo ( "¿qué hace este osito aquí? voy a llevarlo inmediatamente a mi cuarto con los demás..".)

El pequeño Einstein
A esta edad el progresivo dominio del movimiento y los sentidos adquiere una particular importancia. El niño está explorando por primera vez el mundo, y se transforma en un pequeño "científico", cuyos constantes ensayos y errores sobre aquello que le rodea, le sirven de herramienta para aprender y evolucionar, tanto a nivel motor como cognitivo:
sacudir un sonajero y tirarlo al suelo, por ejemplo, provocará el querer hacerlo de nuevo por la satisfacción auditiva que ofrece.

Cuando el pequeño echa los guisantes en el vaso de zumo de piña, o mete las piezas de un puzzle dentro de la taza del inodoro, no lo hace pensando en hacer las cosas "bien", sino que intenta averiguar lo que pasa cuando se mezcla la velocidad con el tocino. Está aprendiendo a usar el espacio (esto cabe aquí dentro.. qué interesante!) y las relaciones que hay entre las distintas cosas ("vaya, si pongo agua en el puré se pone más blandito.. y si lo vuelco todo encima de la mesa? Ops! creo que esto no funciona..").

Sus errores (casi constantes), no se deben a que sea malo o agresivo, sino que son un reflejo de su manera de conocer:  chupar, estirar, lanzar lejos, arrastrar... hasta averiguar los misterios que esconde la realidad.

Por eso, antes de desesperar, hay que tener en cuenta que sus destrozos se deben a un cúmulo de circunstancias:

-todavía es un poco torpe y el control motor deja mucho que desear (¡zas! un jarrón, al suelo: pero él sólo quería ver cómo era...)


- destrozar es igual a tener experiencias sensoriales: ver, tocar, oír, oler, chupar... (detecta colores y sabores, reconoce sensaciones, discrimina texturas y sonidos..)


- aún no controla sus impulsos (él sólo quería demostrar que estaba contento porque había llegado papá, y se le escapó de las manos el vaso de leche...)


¿Lo hace por incordiar?

Lo mismo que el niño al que le empiezan a salir los dientes necesita algo duro que morder, para el niño de un año destrozar las cosas es importante y necesario.
Cuando tira del mantel y lo arrastra hacia el suelo (y de paso todo lo que hay encima) no quiere contrariarnos con ello: simplemente ignora las consecuencias que tiene el estirar de ese "trapo" y lo está averiguando. Otras veces dejará caer los juguetes como si se escaparan de las manos o lanzará el cenicero lo más lejos que pueda, para ver qué sucede. Si golpea la sillita con las manos y grita, no se trata de una conducta violenta, sino que se divierte haciéndolo y además es que ¡le encanta el jaleo que es capaz de montar!
Las diabluras que va haciendo por todas partes no se deben a su maldad , sino a su desmedida curiosidad.  Si nos enfadamos con él o le regañamos en exceso, estaremos censurando una serie de conductas que son necesarias y deseables para su desarrollo.
Hay padres que, para evitar problemas, encierran al niño en su cuarto o retiran de su alcance cualquier objeto: privarle totalmente de estímulos imposibilita su crecimiento y le entristece.
Frases como "pero qué malo eres!" , "es que no sabes estar quieto" o "siempre molestas en el momento más inoportuno!" están poniendo intenciones (erroneas, por cierto) en las acciones de un niño que lo único que hace es experimentar. Si desde pequeño le ponemos la etiqueta de "malo", dificilmente conseguiremos que más adelante aprenda otro tipo de conductas diferentes.

Ha llegado Atila ¿Qué hacemos?

La manera de evitar que el pequeño recorra la casa como si fuera Atila consiste no en privarle de experiencias sino en inventar estrategias para que los daños sean mínimos.

-Fomentar su capacidad de construir: en ocasiones, el pequeño destruye los objetos que caen en sus manos porque todavía no sabe construir. Si le proporcionamos objetos y juegos que fomenten las actividades constructivas (bloques que se encajan, cajas para apilar..), descubrirá que no sólo es un placer tirarlo todo al suelo sino también volverlo a construir de nuevo (para luego volverlo a tirar, eso si).


-Educarle en el afecto: el cuidado por los objetos se basa en el afecto que el niño siente hacia ellos y hacia sí mismo... ayudarle a sentir afecto por determinados objetos y fomentar relaciones de cuidado y reparación ("mira, tu osito Ramon se ha espachurrado en el suelo, ahora vamos a curarle la orejita juntos.." ) contribuye al desarrollo y control de sus emociones.


- Permitirle un desahogo: es indispensable que el pequeño cuente con un "ring" , una zona de su cuarto especialmente protegida y con límites claros, donde tenga a mano juguetes y objetos "destrozables", para que pueda estar a sus anchas  sin peligro de hacerse daño. 


- Ayudarle a desarrollar su motricidad: ofrecerle juguetes desmontables para que los destripe, revistas que pueda deshojar y rasgar, objetos de diversas texturas y colores (no han de ser necesariamente juguetes), para que ejercite el control de su fuerza, la presión que hace con los dedos, los movimientos de los brazos y las manos..


-Poner límites y ayudarle a controlar sus impulsos: aunque ya nos hayamos resignado ya a perder de vista unos cuantos objetos que adornaban nuestra casa, no debemos dejar de recordarles que hay algunas cosas que no se tocan (sobre todo aquellas con las que se puede dañar), que está prohibido acercarse a los enchufes y que a veces hay que parar quieto un ratito (¿tres minutos?) Los límites son necesarios y, ya que su curiosidad no tiene fin, somos nosotros quienes debemos poner un principio y un final a su experiencia (siendo flexibles y comprensivos, eso sí)


Una casa a prueba de niños

Aunque es imposible convertir la casa en un lugar totalmente a prueba de nuestros pequeños terremotos, hay algunos trucos útiles que evitarán accidentes y roturas innecesarias:

- Ver el mundo "a su medida": si hacemos un recorrido por la casa a cuatro patas, descubriremos la cantidad de objetos llamativos que están a su alcance (amén de esquinas salientes, enchufes...) y que podemos proteger o cambiar de ubicación.
-Utilizar cierres de seguridad para los armarios donde se guardan los productos de limpieza, la vajilla o los cubiertos (en las ferreterías tienen gran variedad de sistemas de seguridad)
-Retirar los mandos de los fogones o ponerles cinta adhesiva para que no los pueda poner en marcha jugando a "girar el boton".
-No poner manteles hasta que haya superado la etapa de agarrar y estirar (nos evitaremos disgustos y trabajo).
-Disponer las medicinas en un armario cerrado con llave y guardar siempre las medicinas con su prospecto. Cuando los abuelos nos visitan, cuidado con los medicamentos que toman (nunca dejarlos a la vista ni al alcance del pequeño)
-Usar fundas para el rollo de papel higiénico (les fascina desenrollarlo y tirarlo todo por el inodoro) o protegerlo con una goma.
-Controlar los ojos mal cosidos de los muñecos de trapo, los botones y todas aquellas cosas pequeñas que puedan desprenderse.
-Tapar la tierra de las macetas con una malla de nylon ( se puede regar por encima ) para evitar que la tierra sirva de improvisada "merienda".
-Cuando el pequeño "pulula" por la casa, poner toallas encima de las puertas: impediremos que se cierren de golpe.


Juegos de romper y tirar


Les gusta romper y destrozar; así que nada mejor que proponerles 
juegos en el que puedan desfogarse a sus anchas. Por ejemplo:


* ¡Atrapa la pompa de jabón!: con una pajita de sorber refrescos y una mezcla de agua y jabón podemos hacer que se lo pase pipa persiguiendo las pompas (que haremos nosotros) y atrapándolas entre las manos, dando palmadas o tocándolas suavemente para que exploten (disolución casera para hacer pompas: 1/4 litro de agua, 4 cucharadas de glicerina y 8 cucharadas de tintura de jabón verde - todo se vende en droguerías.)


* Lanzar la pelota: es un juego ideal para practicar al aire libre. Si le enseñamos a tirar la pelota de varias formas: primero rodando, luego botándola en el suelo, por último hacia arriba... podremos  también jugar dentro de casa a "rodar" la pelota con suavidad y aprovechar las salidas al campo para lanzarla con fuerza y correr tras ella. Para fabricar una pelota "casera", no necesitamos más que una buena cantidad de papel de aluminio que arrugaremos en forma de pelota (lo suficientemente grande para que no se la trague, pero que pueda agarrar con una mano sin problemas).


* La caja tragona : Si cortamos una gran "X" en el centro de la tapa de una caja de cartón podemos jugar juntos a empujar los juguetes a través de la "X" y luego levantar la tapa y recuperarlos uno a uno y ponerlos juntos. Le encantará ver como los juguetes desaparecen y luego vuelven a aparecer y, de paso, medirá sus fuerzas y su coordinación (hay que apuntar al centro, empujar un poquito, luego sacar la mano rápido..). Si dibujamos una gran boca en el centro, el juego será mucho más emocionante (siempre y cuando no le de miedo).


* Arrastrar juguetes: Podemos confeccionar un juguete de arrastre con una cuerda y un poco de imaginación. Atamos a la cuerda unos cuantos objetos no muy pesados (si hacen ruido, mejor) como un osito, un sonajero, un tubo o una lata.. y le enseñamos a ir en una dirección, luego en otra, más rápido, luego despacito... 

*Agujero grande, agujero pequeño: Podemos usar dos latas de distinto tamaño, o hacer dos agujeros en una caja de zapatos, uno grande y otro pequeño; luego seleccionamos unos cuantos objetos que se ajusten al orificio grande y otros al pequeño (con cuidado de que los objetos pequeños no representen peligro de ser ingeridos). El juego consiste en tratar de introducir los objetos, uno a uno, en el agujero pequeño y, si no caben, en el grande (primero lo hacemos nosotros y luego le animamos a que lo intente, celebrando cada acierto) Aunque al principio trate de hacer pasar objetos grandes por el agujero pequeño y viceversa, poco a poco aprenderá a distinguir el agujero correcto para cada objeto.


* Bailando, bailando... : la música y el baile son actividades que estimulan el ritmo (las estructuras rítmicas además mejoran el procesamiento auditivo), el movimiento,  y el control del espacio que le rodea. Lo ideal es preparar una selección de melodías diferentes ( la música clásica les encanta: desde melodías suaves como los nocturnos de Chopin a otras más moviditas de, por ejemplo, Mozart ) y bailar juntos, permitiéndole hacer sus propios sonidos ( gritando o susurrando, aporreando una lata, agitando un sonajero..)..., unas veces dejando que se mueva a sus anchas (con cuidado de que no se de golpes) , y otras haciéndole notar la diferencia entre un tipo de música y otra ("Ahora despacito... ahora como locos!")


Texto: Violeta Alcocer 
Ilustración: Marta Chicote

Comunicación de la Eliminación



Por: Mahi, Carolina Barahona

Los bebés tienen grandes habilidades de comunicación desde recién nacidos. El llanto es sólo una de ellas, y más aún es una señal tardía de alguna necesidad que no ha sido satisfecha o alguna incomodidad llevada a su  extremo. Es así como los bebés nacen con la capacidad de comunicar de diversas formas todas sus necesidades básicas.
Así como podemos saber cuando un bebe tiene hambre, tiene sueño, está cansado o le duele algo, también podemos saber cuando es que tiene alguna necesidad de eliminación, es decir cuando quiere hacer pipí o caquita, y de esta forma podemos responder a esta necesidad de manera oportuna llevándolo al baño o a su “pelela”  para que haga tranquila y libremente en una posición adecuada y no después que ya se ha hecho, que es como solemos responder a esta necesidad cuando lo mudamos de pañal.

Desde la antigüedad diversas culturas han utilizado esta forma de comunicación con sus bebés para saber cuando estos tienen alguna necesidad de eliminación e incluso muchas de estas culturas hoy en día ni siquiera usan pañales con sus bebés(como en India, en diversos lugares del Sudeste Asiático y África), ya que los pañales son un invento de la modernidad pensados para brindar mayor comodidad a los padres pero no a los bebés, además  desde esta perspectiva los pañales acostumbran a los bebés a alejarse de sus necesidades corporales de eliminación y los hace tener menos conciencia corporal, además que resulta incluso absurdo el acostumbrar a los bebés a los pañales, para luego de un par de años, desacostumbrarlos en un arduo proceso de entrenamiento para aprender a ir al baño y dejar los pañales.
En este sentido la llamada Comunicación de la Eliminación (CE) o Higiene Natural Infantil es un rescate de este “lenguaje” olvidado en nuestra cultura moderna, y es tan simple como observar a nuestros bebés, aprender a leer sus señales y comenzar a responder oportunamente ante ellas, y así iniciar una comunicación muy concreta.
La CE puede utilizarse en diversos grados, ya sea todo el tiempo, a tiempo parcial u ocasionalmente, así también puede utilizarse desde recién nacido o con bebés mayores, aunque se recomienda comenzar con bebés antes de los 6 meses,  cuando aún no han perdido del todo su capacidad para comunicar su eliminación debido a los pañales. Así también puede utilizarse dejando al bebé libre de pañal todo el tiempo (no usar pañales), usar pañales a tiempo parcial, o usar pañales todo el tiempo “por si acaso”  o sólo para los pipí.
Es importante recalcar que la CE es una formaAMOROSA, RESPETUOSA, NATURAL Y SANA de relacionarnos con nuestros bebés y sus conductas de eliminación.
La CE NO ES UN ENTRENAMIENTO PRECOZ PARA EL CONTROL DE LOS ESFÍNTERES, ni tampoco es un METODO en sí que requiera esfuerzo de para enseñar a nuestros bebés. Todo lo contrario, el foco es aprender a  comunicarnos gentilmente con nuestros bebés y entablar una conexión profunda con ellos.

¿Y CÓMO SE HACE?
Es mucho más simple de lo que parece!.
Primero debemos ir más allá de nuestros condicionamientos culturales en torno al hecho de que los bebés necesitan utilizar pañales así como también erradicar la creencia de que los bebés no se comunican a no ser por el llanto, o que no entienden nada de lo que pasa a su alrededor o de lo que les decimos. También debemos abrirnos a utilizar nuestro sentido común y nuestra intuición, ya que será nuestra guía en el camino, además de la observación continua de nuestros pequeños que nos dará a conocer sus ritmos y patrones de eliminación.

EN LA PRÁCTICA RESUMIDA:

Cuando se piensa  e  intuye que el bebé quiere hacer pis o caquita, se le lleva al baño, o a una pelela. Se le pone en posición sosteniendo bien al bebé. Llevando las rodillas del bebe a su pecho, posición tipo cuclillas, afirmándolo por debajo de sus muslos. Se puede utilizar una Palabra Clave durante el momento de que pensamos que va a hacer hasta sacarle la ropa o pañal si lo tiene puesto a modo de pregunta....por ejemplo “pelela?”, “baño?”, poty” etc....cuando ya lo ponemos en posición hacemos un sonido clave, como por ejemplo pstsssssssss......así poco a poco el bebe irá asociando la palabra clave, el sonido clave, la posición con sus necesidades de eliminación. Es importante ir observando cómo responde el bebe y por ningún motivo forzarlo...simplemente tratar de afinar nuestra percepción para responder prontamente a sus necesidades.
Cuando los bebes van creciendo puden esperar unos instantes hasta ser puestos en su posición

ALGUNOS BENEFICIOS DE LA COMUNICACIÓN DE LA ELIMINACIÓN:


-Comunicación y conexión estrecha con el bebé
-Bebé está más limpio, lo cual  es más respetuoso y digno.
-Evita Irritaciones.
-Evita el estreñimiento (Hay bebés a los que les molesta sentirse sucios o hacer caquita en los pañales, por lo que se aguantan  y se estriñen
-Posición adecuada y fisiológica para hacer sus necesidades
-Mayor conciencia corporal
-Disminución (o eliminación) en la utilización de pañales



(extraído del blog MaMatríztica)