domingo, 18 de diciembre de 2011

Entre dos mundos...

Maravillosas fotografías más del “National Geographic Photo Contest 2011″, sobre nacimientos en el agua.


Parto en el agua de Evie

Fotografía de Jamie Lancaster... Primera mirada de mi hija a sí misma.
Ubicación: London

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Entre dos mundos

Fotografía de Tara Garner:... Una madre da a luz a su hijo. Esta fotografía capta un momento memorable, el primer contacto entre una madre y su bebé. El bebé está suspendido en el tiempo, a medio camino entre su madre y el mundo, siendo guiado por las manos de su propia madre. La fotografía fue tomada por la amiga y doula de la madre.
Ubicación: Summertown, Tennessee
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Te quiero bebé


Fotografía de Lynsey Stone... Mamá grita con alegría “¡TE QUIERO BEBÉ!”, mientras da a luz a su último hijo, un niño.
Ubicación: Norte de Texas


Parto en casa



Esta fotografía, tomada por la partera Jane McCraese, actuando en ese momento de fotógrafa, es la elección de un editor para el concurso fotográficoNational Geographic 2011.

McCrae escribe sobre esta imagen:
Sólo una madre puede comprender la alegría de la mirada fija entre un bebé recién nacido y su madre en el momento en que respira por primera vez.
Después del poderoso trabajo de parto, Natalia abraza a su bebé por primera vez. Emoción pura, alegría y amor, describen el momento de dar a luz a su hijo. La mano suave de su partera, confiando en la sabiduría innata del nacimiento.
La imagen capta un parto en casa en Tumbi Umbi, New South Wales, Australia.

hermosuritas...

El apego seguro, clave para criar hijos resilientes

Algunos autores se han preguntado por qué ante la misma experiencia ciertas personas tiran hacia delante saliendo fortalecidas de la misma y otras no, desarrollando un trastorno de estrés postraumático o depresión. Así, el equipo de Michael Meany y colaboradores, de Canadá, encontró que todo dependía de las primeras experiencias  del bebé con sus cuidadores. Parece ser que nacemos con un gen antiestrés, que está bloqueado al nacer. La manera de desbloquearlo es con los cuidados maternales: dar de mamar al niño, cogerle, acunarle…

Ya hace décadas que se viene estudiando el efecto de las primeras experiencias en la edad adulta a través del apego que se crea entre madre y bebé o cuidadores principales y bebé. Autores como John Bowlby, Mary Ainsworth o Harry Harlow establecieron las bases por las cuales se sabe que el bebé tiene la necesidad de estar próximo a su madre, de ser acunado en brazos, protegido y cuidado. Es la Teoría del Apego.

Actualmente se sigue estudiando en la misma línea: cómo un apego inseguro, ambivalente o desorganizado es responsable o pone las bases de lo que será en el futuro un trastorno mental o un estado de malestar psicológico. En este sentido, las investigaciones y publicaciones de Karlen Lyons Ruth son muy contundentes. El peor de los casos sería el apego ambivalente o desorganizado, que es predictor de dificultades en la regulación de las emociones y en la relación afectiva con el otro.
¿Qué comportamientos pueden provocar desorganización? Desde una falta de respuesta o una respuesta inadecuada a la angustia del bebé, hasta dar indicaciones verbales contradictorias como decir “te quiero” mientras se distancia físicamente, mostrarse confundido o asustado por el niño (expresión facial de asustado), burlarse o molestarse de él, la inversión de roles (el bebé es el sostén del cuidador), crear distancia física con el crio, evitación del bebé, conductas atemorizantes al niño (aparecer de golpe), cambios de estado emocional repentinos, tono de voz angustiado o suplicante, o mirada ladeada. En definitiva, todo lo que dé a entender confusión, ambivalencia, falta de coherencia, un ahora sí y ahora no, unas palabras junto a unas emociones contrarias, es decir, una disociación entre lo que siente y lo que recibe o ve. Esto lleva de cabeza a la disociación psíquica, de manera que cuando aparezcan situaciones de una gran intensidad emocional, la persona se quebrará interiormente. No se trata de situaciones puntuales o anecdóticas, se trata de situaciones o actitudes repetidas, y sostenidas.

Cómo fortalecer a nuestro bebé ante situaciones adversas
¿Qué puede ayudar a crear resiliencia en los bebés? Es decir, ¿cómo podemos sembrar el terreno para que el día de mañana los bebés sean adultos que salgan fortalecidos o crezcan después de las adversidades de la vida? Crear un apego seguro, es decir, contacto físico constante con el bebé, atender y entender su angustia o estado emocional sin minusvalorarlo, mirarle con ojos amorosos, dar seguridad tanto emocional como física, mostrar que el mundo y las personas son confiables, que puede predecir su comportamiento, que su estado emocional no crea hostilidad ni miedo, y que sus emociones, ya sean vistas como positivas o negativas, son valiosas.
Si en un primer momento o en los primeros meses no fue posible establecer un apego seguro, detectar los problemas e incidir sobre ellos puede encarrilar la situación y prevenir consecuencias más graves en la edad adulta. Algunas personas con infancias terribles han tenido alguna figura importante con la que han establecido ese tipo de lazo (un educador, una maestra, una vecina, un tío, la abuela…), de manera que pueden crecer con mejores perspectivas que quien nunca ha tenido a nadie. Muchas veces el trabajo como psicólogos y psicólogas es restablecer ese apego perdido, creando un apego seguro en consulta.

Es importante que los padres, especialmente las madres, tengan un acompañamiento de la crianza, ya sea por parte de los profesionales, sanitarios y de educación en grupos de crianza o terapéuticos, donde se les den herramientas para fortalecer su capacidad como madres y no reciban constantemente consejos que las inutilicen o sean contradictorios, para que su experiencia sea satisfactoria y así lo perciba también el bebé. Si existen dificultades o malestar, hay que consultar con profesionales expertos. Siempre se está a tiempo de mejorar.

La mejor guardería, tu casa: criar saludablemente a un bebé

“Desde hace muchos años estamos en una grave contradicción: por un lado se dedican muchos recursos a investigar el funcionamiento y la evolución del cerebro humano y de sus funciones, y también a investigar el desarrollo de la personalidad y de la salud mental.
Gracias a estas investigaciones hemos aprendido mucho sobre lo que el recién nacido y el niño necesitan para una evolución saludable. Hoy en día conocemos bien EL VALOR INSUSTITUIBLE DE LA RELACIÓN DE APEGO DEL BEBÉ Y SUS PADRES y de las interacciones de calidad que se generan en ella. Sin embargo, a menudo hacemos caso omiso a estos conocimientos y ponemos en riesgo la salud física y mental de nuestros bebés, los ciudadanos del futuro.
Este libro trata fundamentalmente de esta contradicción y sugiere la necesidad de AYUDAS LABORALES Y ECONÓMICAS A LOS PADRES para que puedan realmente conciliar su vida familiar y su vida laboral y criar saludablemente a su bebé

Eulàlia Torras de Beà es médico, psiquiatra y psicoanalista. Hace 40 años puso en marcha la fundación que hoy en día lleva su nombre, dedicada a la atención psicológica y psiquiátrica de niños, adolescentes y familia.
Recientemente ha publicado el libro “La mejor guardería, tu casa. Criar saludablemente a un bebé” en el que trata de devolverles a los padres la confianza en sus capacidades para cuidar a sus hijos tratando de que NO DIMITAN DE SUS FUNCIONES y se conviertan en “cuidadores de segunda”. En esta obra también explica las necesidades afectivas de los bebés, las consecuencias del EXCESO de horas alejados de sus padres y los problemas crecientes al adelantar la edad de entrada a la guardería, habiendo pasado en menos de una década de empezar a los 3 años, o más tarde, a que miles de bebés vivan desde los 4 meses fuera de su casa.

EN BUSCA DE LA VERDADERA CONCILIACIÓN
Si un niño vive sus primeros dos años en su hogar, la guardería y la escuela serán lugares atractivos. Aparte de recibir ayudas, los padres necesitan volver a creer que su papel es fundamental.
Algunos cambios sociales, sobre todo la progresiva incorporación de la mujer al trabajo sin las ayudas sociales necesarias para que las necesidades tanto de ella como de sus hijos estuvieran atendidas, trajeron la tendencia cada vez mayor a criar a los hijos fuera de casa.
Dentro de la década de los setenta se produjeron movimientos políticos que, con toda justicia, reclamaban mejoras en los derechos laborales, familiares y académicos de la mujer. Pero sucedió que en esos movimientos se mezclaron iniciativas de distintos órdenes y, entre ellas, la presión hacia la generalización de la guardería, que, desde una fuerte carga de idealización, se calificó como “mejor” sistema de crianza. Como si la guardería fuese lo que necesitaban los bebés.
Esto fue llevando a una progresiva pérdida de la posición de los padres en relación a la crianza. Hace años ellos conocían bien la importancia de sus funciones de crianza y de educación en relación a los hijos, pero parece que, más tarde,generaciones posteriores de padres han ido creyendo, equivocadamente, que sus hijos necesitan técnicos y que su papel es secundario.
Hoy en día muchos padres han dimitido completamente de su rol, han creído la propaganda que dice que hay otras personas que pueden realizar su papel mejor que ellos, se han autodesvalorizado y se han colocado en el lugar de cuidadores de segunda clase. En lugar de valorar su intuición y su instinto, dejan pasar delante “la técnica”, es decir, los estudios de los profesionales de las instituciones.

Juntos el mayor tiempo posible

Si el bebé permanece muchas horas en la guardería, le quedarán pocas para conservar suficiente contacto y conocimiento mutuo con los padres. Como consecuencia de este escaso contacto, los padres a menudo conocen poco a sus hijos.
Los grandes acontecimientos, como iniciar la marcha, los primeros bisílabos y palabras, sacar pañales y enseñar el control de esfínteres, suceden en la guardería, por lo que la madre, y por supuesto el padre, no suelen conocer bien los datos de evolución psicomotora, lo que nos muestra que no tienen a su hijo bien perfilado en su cabeza. Así, cuando en la consulta del pediatra o del psicólogo se les preguntan los datos de evolución, a menudo deben consultar a la guardería.
La relación con los padres se diluye y, como dice Rygaard (2008), el sistema de apego se desactiva. Como consecuencia, no es excepcional que las madres se sientan inseguras en relación a lo que deben hacer con sus hijos; no es infrecuente que eso también lo consulten en la guardería.
La madre corre el riesgo de perder sensibilidad y empatía hacia las necesidades del niño, y confianza en su habilidad para interpretar las señales del bebé y en su capacidad de tomar decisiones en relación a su cuidado.
Esta dimisión de los padres de su función, esta aceptación de que la suya es una posición secundaria, es grave. Para los hijos es importante tener padres que conozcan su función, que les conozcan bien, que sepan lo que los hijos necesitan, que se atrevan a tomar decisiones, en lugar de padres desvalorizados, secundarios, que creen que deben consultar en la guardería todo lo concerniente a sus hijos.
¿Cómo podrían los padres autodesvalorizados, inseguros, que dimiten de su rol, tener una autoridad estructurante y necesaria hacia sus hijos? ¿Cómo podrían ejercer esa autoridad estructurante que los hijos necesitan -y que en el fondo agradecen-, que permite poner los límites correctos que empujan la evolución, la maduración, para que los ayude a encaminar sus pasos en tantos aspectos de su vida? Esa autoridad real, que no hay que confundir con autoritarismo, marca los verdaderos “límites” de los que tanto se habla y que tantas veces se confunden.

Dos años para dedicarnos a su cuidado

No hay duda de que el camino en que nos deberíamos empeñar todos es el de reclamar ayudas de los poderes públicos para poder organizar una conciliación real y poder cuidar nosotros mismos de nuestros hijos.
Con este escrito trato de ofrecer algo de mi experiencia para contribuir a lograr una conciliación real en el cuidado de los hijos. Pero, aun siendo muy importante el logro de esta conciliación, todavía lo es más que los padres recuperen claramente el conocimiento de su importancia en este cuidado. Que recuerden la importancia central de su función en la crianza de sus hijos,que  no les quede duda de que ellos tienen el papel principal. Este es uno de los cambios culturales que tenemos pendientes.
Este texto está dedicado a aquellos padres que se están planteando cómo y dónde criar a sus hijos, a aquellos otros que en el futuro deberán tomar también esta decisión y, por qué no, a aquellos que han iniciado su camino de crianza en la guardería, pero que deseen reflexionar acerca de la forma en que la están utilizando, el número de horas que sus hijos asisten a ella y la edad a la que han empezado.
También es esencial pensar en cómo se organizan los padres para cultivar y disfrutar de la relación con su hijo durante las horas de que disponen para compartir con él y tantos otros detalles vinculados a la relación con el hijo.
Más aún, creo que tener claros los elementos esenciales de la crianza puede ayudar también a reflexionar a los padres que están criando a sushijos en casa. No podemos creer que, por muy abundantes que sean los padres intuitivos implicados que comparten actividades con sus hijos de forma sensible y válida, todos los padres tengan estas capacidades.
Es posible que haya niños que estén en casa, pero mirando cómo se mueve la ropa tendida o, desde pequeños, delante del televisor durante horas, o cuando son algo más mayores dedicados solamente a la Play o a los juegos de Internet. Evidentemente, esta no es la crianza deseable para ellos.
En cuanto a la edad de comenzar a asistir a la guardería, mi experiencia me lleva a pensar que una edad adecuada es aproximadamente los dos años y medio o los tres, cuando el niño comprende ya el lenguaje y es capaz de explicarse y de dar a entender a la maestra y a la madre lo que le sucede.
Esta edad coincide con otro parámetro, la casa ya se le está quedando pequeña; ahora disfruta de actividades fuera de casa, busca relación con niños y está preparado para integrarse en juegos de su nivel. Ahora sí que es el momento de ayudarlo a socializarse. De esta forma, la escuela será para él un lugar atractivo, en lugar de que corra el riesgo, según cómo se hagan las cosas, de que la escuela le resulte una pesadilla para siempre.
Sin embargo, hay niños que, por necesidades familiares o por la razón que sea, a los dos años asisten ya tres horas diarias a la guardería. Si hacemos caso deBelsky (y de otros investigadores), que dice que todo lo que sea más de diez horas semanales al final del primer año es preocupante, podemos pensar que tres horas por día a los dos años es un régimen tranquilizador que permitirá al niño comenzar sus primeras experiencias de forma segura.

Atender las propias necesidades

En alguna ocasión, conversando sobre la crianza y mencionando la importancia de la relación entre el bebé y la madre, me han preguntado si creo que la madre debería estar con su bebé siempre. Por supuesto que, por mi parte, no recomendaría intentar algo parecido. La madre puede atender sensible y cuidadosamente las necesidades de su bebé, pero ella también tiene sus propias necesidades.
En los primeros meses del bebé, cuando madre e hijo “se están conociendo”, la lactancia se está regularizando y la madre está descubriendo las características de su hijo, sobre todo si el que acaba de tener es el primero y, por lo tanto, pesa la lógica inexperiencia, ella está atrapada por la enorme dependencia del bebé, que le ocupa completamente su mente, además de gran parte de su tiempo.
Puede sentirse agobiada por la situación. Por supuesto, no ocurre lo mismo si se trata de un segundo o tercer hijo, ya que la experiencia anterior ayuda a tomar todas las situaciones en relación al bebé con una calma diferente.
De todos modos, la madre puede sentirse a ratos demasiado atrapada, algo sobrecargada y añorada de áreas de su vida que en este momento no puede disfrutar como antaño: salidas con amigos, su trabajo, etc. Por supuesto, allí puede estar un padre sensible que la ayude a llevarlo mejor,
La madre, poco a poco, encontrará la normalidad, pero la crianza no puede ser cosa de una persona sola. Es mejor que la realice un grupo reducido de personas, que pueden ser los padres y alguien más, que conozcan bien al bebé, lo quieran y estén muy bien coordinadas a la hora de atenderlo.


Lo que hacen las madres. Sobre todo cuando parece que no hacen nada.

“La mayoría de la gente está de acuerdo en que ser madre es un trabajo muy duro. Pero ¿cuál es exactamente el trabajo de una madre? En esto hay menos acuerdo. La gente parece pensar que cuidar a un bebé no tiene nada que ver con el trabajo que se supone que debe hacer una madre”
“Las frases que más repiten las madres son “NO HAGO NADA” y “no consigo hacer nada”. Así es como describen su experiencia. Deberíamos escuchar atentamente y preguntarnos qué significa “no hacer nada”. Antes se suponía que era la ausencia de “hacer algo”. Pero al escuchar lo que dicen las madres, parece que es una experiencia en sí misma. (…) Cuando una madre considera su forma de utilizar el tiempo como “no hacer nada” es incapaz de ver lo que hace como parte de un cambio deseable y significativo. Como no ve ningún cambio, puede pensar que la acción (o inacción) maternal de estar con su bebé no tiene ningún valor"
“Cada madre construye un puente que conecta a su hijo con la sociedad que todos compartimos. Si es un buen puente, su hijo podrá utilizarlo para acceder al mundo exterior. Ese puente está basado en su relación mutua. Si se puede relacionar bien con su hijo, éste tendrá la oportunidad de convertirse en una persona que se relacionará bien con nosotros. El conjunto de nuestra sociedad depende de cómo se relacione cada madre con su hijo. Ése es su TRABAJO MATERNAL”
“Los bebés no suelen confirmar que las madres hacen las cosas bien. A una madre la tranquilizaría que su hijo le dijera de vez en cuando: “¡Anímate, mamá! Te estás relacionando muy bien conmigo.” Pero los bebés no pueden hacer esto. Una madre puede sentirse muy sola e incomprendida (…)”
Naomi Stadlen

de "Yerma", Federico Gracía Lorca

"Yo tengo la idea de que las recién paridas están como iluminadas por dentro y los niños se duermen horas y horas sobre ellas, oyendo ese arroyo de leche tibia que les va llenando los pechos pare que ellos mamen, para que ellos jueguen hasta que no quieran más, hasta que retiren la cabeza: "otro poquito más, niño..." y se les llene la cara y el pecho de gotas blancas".


Tu bebé ahora está enamoradísimo...

"Un bebé no te quiere con el cariño profundo y pausado de un marido de 5 años. Un bebé te quiere con un cariño de novio, un bebé no te quiere soltar ni un segundo porque te ama con locura. Dentro de 5 años también te querrá con cariño de 5 años, en ese momento los niños sí que jugarán mucho rato solos, y dentro de 10 años estará contentísimo de irse de colonias y dentro de 15 años te pedirá 10 euros para irse con los amigos a comprarse una pizza, pero ahora no. Ahora está enamoradísimo."


Carlos González