lunes, 19 de diciembre de 2011

Por qué la teta es lo mejor para tu bebé...

La leche humana contiene un gran número de componentes que ayudan y protegen al niño a través de una serie de mecanismos biológicos avanzados y complejos. Para comprender en su totalidad el papel de la lactancia materna, es necesario conocer cómo el recién nacido y el niño llegan a un mundo lleno de microbios y cómo el bebé desarrolla sus propios diminutos mecanismos de defensa como respuesta a ellos. Es importante que el sistema inmune de la madre asista al bebé, proporcionándole componentes protectores a través de la placenta y, especialmente, a través de su leche.



(…) Antes del parto, el cuerpo del bebé es estéril y necesita ser colonizado por una flora bacteriana normal. Esta flora no supone una amenaza, sino que más bien ayuda a proteger al bebé contra muchas bacterias potencialmente peligrosas, compitiendo con ellas por el espacio y los nutrientes. La forma más eficiente de obtener estas bacterias “buenas” es a través de la madre. Por eso es por lo que el bebé, igual que los demás mamíferos, nace cerca del ano de la madre. Además, después del parto, se producirá una transferencia de bacterias generalmente no dañinas procedentes del entorno del bebé, especialmente de la madre y de la familia.

Al nacer, el sistema inmune del bebé es muy pequeño, aunque bastante completo. Se expande en respuesta a la exposición de las bacterias que adquiere, y todavía tardará un tiempo hasta que el bebé tenga capacidad plena para defenderse a sí mismo. (…)
Mientras que el sistema de defensa del bebé va madurando, el bebé necesita la ayuda de su madre. Esta ayuda viene de la placenta y de la leche materna. Durante el embarazo, la placenta transmite al feto los anticuerpos llamados inmunoglobulina G (IgG) procedentes de la sangre de la madre. El feto tendrá una buena cantidad de anticuerpos IgG de su madre al nacer. Estos anticuerpos protegen los tejidos y la sangre del bebé.
No obstante, muchas infecciones llegan al bebé a través de las membranas mucosas del tracto respiratorio y gastrointestinal. La leche materna proporciona muchos factores protectores para defender estas zonas. Durante los últimos años hemos descubierto que la leche materna proporciona una protección eficiente y adaptada bioactivamente para las membranas mucosas, a través de un cierto número de mecanismos que no causan inflamación. Cuando el organismo necesita defender los tejidos y la sangre de una infección, lo habitual es que se inicien complejos mecanismos para detenerla de forma eficiente. Por desgracia, estos mecanismos de defensa causan inflamación de los tejidos, debido a que muchos leucocitos se desplazan a la zona infectada. Los leucocitos producen una serie de sustancias bioactivas. Estas sustancias bioactivas inducen los síntomas de la infección (fiebre, dolor, cansancio, pérdida de apetito, etc.). También pueden causar destrucción de tejidos y mayor consumo de energía.

A diferencia de estos mecanismos de defensa, la leche materna proporciona una serie de componentes que defienden de forma eficiente sin inducir inflamación, síntomas de infección, daño a los tejidos, o pérdida de energía. Es obvio que la leche humana proporciona una defensa adaptada específicamente al recién nacido y a su rápido crecimiento. Un recién nacido necesita utilizar toda la energía que obtiene de la comida para crecer, no para luchar contra las infecciones. Ahora sabemos que la leche humana contiene una serie de señales de la madre hacia sus hijos que dirigen activamente muchas funciones en el bebé, incluyendo la creación de mecanismos de defensa de las infecciones. 
Estos efectos protectores permanecen mucho después de que finalice la lactancia, e incluyen una protección mejorada frente a ciertas formas de infección, la mejora de algunas respuestas a las vacunas, una posible protección frente a la obesidad, y prevención de la enfermedad celíaca sintomática.

Lars A. Hanson. Immunolobiogy of Human Milk: How Breastfeeding Protects Babies.

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