martes, 31 de enero de 2012

Preparando el nacimiento como mamá-bebé

Mientras el bebé se prepara para nacer, yo me preparo para mi nacimiento como madre... ambos estamos inmersos en una tarea tan íntima, profunda e inconmensurable que se me hace muy difícil traducir en palabras el torrente de emociones en el que estoy inmersa.

Mientras todavía permanecemos unidos en nuestra tarea de iniciación, de viaje, en mí se mezclan la ilusión y inmensa alegría que siento cuando pienso en dar a Luz, con la impaciencia y con profundos miedos que emergen desde mis profundidades, mientras quedan días, horas, para verle la cara al recién nacido, al ser que me ha estado acompañando durante todas estas lunas, al ser que ha habitado mi cuerpo durante todo este tiempo, al hijo...
Me preparo para mi nacimiento como mamá-bebé... y al mismo tiempo que siento la necesidad de abrirme a la entrega total, conecto también con estos miedos que surgen de la oscuridad... miedo a perder la vida que tengo ahora, a perderme a mí misma, a dejar de ser yo... miedo a la muerte por la que necesariamente tengo que pasar en este rito de pasaje tan importante como es el paso a la maternidad.

...Y este miedo, esta muerte, me produce cierto estrés, lo cual me hace retener al bebé dentro de mí unas horas más, unos días más... por favor... ¿qué será de mí ahora? ¿cómo me voy a manejar en esta nueva vida? ¿dónde quedará mi independencia?
Programo actividades que me hagan sentir que sigo siendo activa, que seguiré siendo la misma que soy ahora... y mientras tanto, en el presente que me estoy perdiendo, esta realidad está cambiando, como la espiral de un laberinto en el que el núcleo permanece intacto, en paz con el mundo, en paz con los cambios, en paz con lo que es ahora... un centro que ahora empiezo a vislumbrar...

En esta espiral del alma en la que me encuentro existe una necesidad de evadirme, de reafirmar mi individualidad, mi independencia... de que mi yo no se escape... de que no se pierda en este sinuoso laberinto del alma en el que estoy penetrando... un laberinto donde me reencontraré una vez más conmigo misma, y donde el arquetipo de la Madre me espera, quieta, generosa, apacible y paciente en el centro del laberinto, para regresar a la vida más fuerte, más amorosa, más entregada a mi nueva realidad... con un nuevo compañero de viaje, un nuevo amor, un Hijo...

Del blog: El rumor de las libélulas




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