domingo, 1 de enero de 2012

Explorar para conocer

Poner unas cosas encima de otras y luego tirarlas, revolver cajones, romper jarrones de porcelana, destrozar revistas, destripar juguetes, meter la mano en el puré hirviendo... Los bebés de un año no paran: ¿lo hace para enfadarnos?, ¿es agresivo? ¿necesita destruir? ....a juzgar por el entusiasmo (y la insistencia) con que lo hacen, no tenemos más remedio que pensar que esta manera de arrasar con todo lo que le rodea tiene para ellos alguna significación especial.


Destripar la realidad
Los niños pequeños todavía no tienen acceso al mundo de las palabras para poder aprender el por qué de las cosas sin necesidad de destriparlas. La única manera de resolver sus dudas acerca del mundo, es la de manipular directamente los objetos hasta obtener una respuesta (que no siempre es de su agrado, sobre todo cuando descubren que las suelas de los zapatos están malísimas o que los radiadores queman).

Ya se sabe que, con los más mayores, las normas dentro de casa son indispensables: está prohibido jugar al futbol en el salon, improvisar una piscina olímpica en la bañera o jugar a los indios con la cubertería de plata... pero con los pequeños es otro cantar.
La fascinación que estos sienten por descubrir y explorar todo lo que les rodea es tal, que es practicamente imposible evitar que se sientan atraidos  por el jarron chino (¿tendrá dentro un imán de niños?), los cuchillos (cuanto más punzantes, mejor), el jabon (ah! pero.. ¿no se come?") o el peluquín del abuelo ( "¿qué hace este osito aquí? voy a llevarlo inmediatamente a mi cuarto con los demás..".)

El pequeño Einstein
A esta edad el progresivo dominio del movimiento y los sentidos adquiere una particular importancia. El niño está explorando por primera vez el mundo, y se transforma en un pequeño "científico", cuyos constantes ensayos y errores sobre aquello que le rodea, le sirven de herramienta para aprender y evolucionar, tanto a nivel motor como cognitivo:
sacudir un sonajero y tirarlo al suelo, por ejemplo, provocará el querer hacerlo de nuevo por la satisfacción auditiva que ofrece.

Cuando el pequeño echa los guisantes en el vaso de zumo de piña, o mete las piezas de un puzzle dentro de la taza del inodoro, no lo hace pensando en hacer las cosas "bien", sino que intenta averiguar lo que pasa cuando se mezcla la velocidad con el tocino. Está aprendiendo a usar el espacio (esto cabe aquí dentro.. qué interesante!) y las relaciones que hay entre las distintas cosas ("vaya, si pongo agua en el puré se pone más blandito.. y si lo vuelco todo encima de la mesa? Ops! creo que esto no funciona..").

Sus errores (casi constantes), no se deben a que sea malo o agresivo, sino que son un reflejo de su manera de conocer:  chupar, estirar, lanzar lejos, arrastrar... hasta averiguar los misterios que esconde la realidad.

Por eso, antes de desesperar, hay que tener en cuenta que sus destrozos se deben a un cúmulo de circunstancias:

-todavía es un poco torpe y el control motor deja mucho que desear (¡zas! un jarrón, al suelo: pero él sólo quería ver cómo era...)


- destrozar es igual a tener experiencias sensoriales: ver, tocar, oír, oler, chupar... (detecta colores y sabores, reconoce sensaciones, discrimina texturas y sonidos..)


- aún no controla sus impulsos (él sólo quería demostrar que estaba contento porque había llegado papá, y se le escapó de las manos el vaso de leche...)


¿Lo hace por incordiar?

Lo mismo que el niño al que le empiezan a salir los dientes necesita algo duro que morder, para el niño de un año destrozar las cosas es importante y necesario.
Cuando tira del mantel y lo arrastra hacia el suelo (y de paso todo lo que hay encima) no quiere contrariarnos con ello: simplemente ignora las consecuencias que tiene el estirar de ese "trapo" y lo está averiguando. Otras veces dejará caer los juguetes como si se escaparan de las manos o lanzará el cenicero lo más lejos que pueda, para ver qué sucede. Si golpea la sillita con las manos y grita, no se trata de una conducta violenta, sino que se divierte haciéndolo y además es que ¡le encanta el jaleo que es capaz de montar!
Las diabluras que va haciendo por todas partes no se deben a su maldad , sino a su desmedida curiosidad.  Si nos enfadamos con él o le regañamos en exceso, estaremos censurando una serie de conductas que son necesarias y deseables para su desarrollo.
Hay padres que, para evitar problemas, encierran al niño en su cuarto o retiran de su alcance cualquier objeto: privarle totalmente de estímulos imposibilita su crecimiento y le entristece.
Frases como "pero qué malo eres!" , "es que no sabes estar quieto" o "siempre molestas en el momento más inoportuno!" están poniendo intenciones (erroneas, por cierto) en las acciones de un niño que lo único que hace es experimentar. Si desde pequeño le ponemos la etiqueta de "malo", dificilmente conseguiremos que más adelante aprenda otro tipo de conductas diferentes.

Ha llegado Atila ¿Qué hacemos?

La manera de evitar que el pequeño recorra la casa como si fuera Atila consiste no en privarle de experiencias sino en inventar estrategias para que los daños sean mínimos.

-Fomentar su capacidad de construir: en ocasiones, el pequeño destruye los objetos que caen en sus manos porque todavía no sabe construir. Si le proporcionamos objetos y juegos que fomenten las actividades constructivas (bloques que se encajan, cajas para apilar..), descubrirá que no sólo es un placer tirarlo todo al suelo sino también volverlo a construir de nuevo (para luego volverlo a tirar, eso si).


-Educarle en el afecto: el cuidado por los objetos se basa en el afecto que el niño siente hacia ellos y hacia sí mismo... ayudarle a sentir afecto por determinados objetos y fomentar relaciones de cuidado y reparación ("mira, tu osito Ramon se ha espachurrado en el suelo, ahora vamos a curarle la orejita juntos.." ) contribuye al desarrollo y control de sus emociones.


- Permitirle un desahogo: es indispensable que el pequeño cuente con un "ring" , una zona de su cuarto especialmente protegida y con límites claros, donde tenga a mano juguetes y objetos "destrozables", para que pueda estar a sus anchas  sin peligro de hacerse daño. 


- Ayudarle a desarrollar su motricidad: ofrecerle juguetes desmontables para que los destripe, revistas que pueda deshojar y rasgar, objetos de diversas texturas y colores (no han de ser necesariamente juguetes), para que ejercite el control de su fuerza, la presión que hace con los dedos, los movimientos de los brazos y las manos..


-Poner límites y ayudarle a controlar sus impulsos: aunque ya nos hayamos resignado ya a perder de vista unos cuantos objetos que adornaban nuestra casa, no debemos dejar de recordarles que hay algunas cosas que no se tocan (sobre todo aquellas con las que se puede dañar), que está prohibido acercarse a los enchufes y que a veces hay que parar quieto un ratito (¿tres minutos?) Los límites son necesarios y, ya que su curiosidad no tiene fin, somos nosotros quienes debemos poner un principio y un final a su experiencia (siendo flexibles y comprensivos, eso sí)


Una casa a prueba de niños

Aunque es imposible convertir la casa en un lugar totalmente a prueba de nuestros pequeños terremotos, hay algunos trucos útiles que evitarán accidentes y roturas innecesarias:

- Ver el mundo "a su medida": si hacemos un recorrido por la casa a cuatro patas, descubriremos la cantidad de objetos llamativos que están a su alcance (amén de esquinas salientes, enchufes...) y que podemos proteger o cambiar de ubicación.
-Utilizar cierres de seguridad para los armarios donde se guardan los productos de limpieza, la vajilla o los cubiertos (en las ferreterías tienen gran variedad de sistemas de seguridad)
-Retirar los mandos de los fogones o ponerles cinta adhesiva para que no los pueda poner en marcha jugando a "girar el boton".
-No poner manteles hasta que haya superado la etapa de agarrar y estirar (nos evitaremos disgustos y trabajo).
-Disponer las medicinas en un armario cerrado con llave y guardar siempre las medicinas con su prospecto. Cuando los abuelos nos visitan, cuidado con los medicamentos que toman (nunca dejarlos a la vista ni al alcance del pequeño)
-Usar fundas para el rollo de papel higiénico (les fascina desenrollarlo y tirarlo todo por el inodoro) o protegerlo con una goma.
-Controlar los ojos mal cosidos de los muñecos de trapo, los botones y todas aquellas cosas pequeñas que puedan desprenderse.
-Tapar la tierra de las macetas con una malla de nylon ( se puede regar por encima ) para evitar que la tierra sirva de improvisada "merienda".
-Cuando el pequeño "pulula" por la casa, poner toallas encima de las puertas: impediremos que se cierren de golpe.


Juegos de romper y tirar


Les gusta romper y destrozar; así que nada mejor que proponerles 
juegos en el que puedan desfogarse a sus anchas. Por ejemplo:


* ¡Atrapa la pompa de jabón!: con una pajita de sorber refrescos y una mezcla de agua y jabón podemos hacer que se lo pase pipa persiguiendo las pompas (que haremos nosotros) y atrapándolas entre las manos, dando palmadas o tocándolas suavemente para que exploten (disolución casera para hacer pompas: 1/4 litro de agua, 4 cucharadas de glicerina y 8 cucharadas de tintura de jabón verde - todo se vende en droguerías.)


* Lanzar la pelota: es un juego ideal para practicar al aire libre. Si le enseñamos a tirar la pelota de varias formas: primero rodando, luego botándola en el suelo, por último hacia arriba... podremos  también jugar dentro de casa a "rodar" la pelota con suavidad y aprovechar las salidas al campo para lanzarla con fuerza y correr tras ella. Para fabricar una pelota "casera", no necesitamos más que una buena cantidad de papel de aluminio que arrugaremos en forma de pelota (lo suficientemente grande para que no se la trague, pero que pueda agarrar con una mano sin problemas).


* La caja tragona : Si cortamos una gran "X" en el centro de la tapa de una caja de cartón podemos jugar juntos a empujar los juguetes a través de la "X" y luego levantar la tapa y recuperarlos uno a uno y ponerlos juntos. Le encantará ver como los juguetes desaparecen y luego vuelven a aparecer y, de paso, medirá sus fuerzas y su coordinación (hay que apuntar al centro, empujar un poquito, luego sacar la mano rápido..). Si dibujamos una gran boca en el centro, el juego será mucho más emocionante (siempre y cuando no le de miedo).


* Arrastrar juguetes: Podemos confeccionar un juguete de arrastre con una cuerda y un poco de imaginación. Atamos a la cuerda unos cuantos objetos no muy pesados (si hacen ruido, mejor) como un osito, un sonajero, un tubo o una lata.. y le enseñamos a ir en una dirección, luego en otra, más rápido, luego despacito... 

*Agujero grande, agujero pequeño: Podemos usar dos latas de distinto tamaño, o hacer dos agujeros en una caja de zapatos, uno grande y otro pequeño; luego seleccionamos unos cuantos objetos que se ajusten al orificio grande y otros al pequeño (con cuidado de que los objetos pequeños no representen peligro de ser ingeridos). El juego consiste en tratar de introducir los objetos, uno a uno, en el agujero pequeño y, si no caben, en el grande (primero lo hacemos nosotros y luego le animamos a que lo intente, celebrando cada acierto) Aunque al principio trate de hacer pasar objetos grandes por el agujero pequeño y viceversa, poco a poco aprenderá a distinguir el agujero correcto para cada objeto.


* Bailando, bailando... : la música y el baile son actividades que estimulan el ritmo (las estructuras rítmicas además mejoran el procesamiento auditivo), el movimiento,  y el control del espacio que le rodea. Lo ideal es preparar una selección de melodías diferentes ( la música clásica les encanta: desde melodías suaves como los nocturnos de Chopin a otras más moviditas de, por ejemplo, Mozart ) y bailar juntos, permitiéndole hacer sus propios sonidos ( gritando o susurrando, aporreando una lata, agitando un sonajero..)..., unas veces dejando que se mueva a sus anchas (con cuidado de que no se de golpes) , y otras haciéndole notar la diferencia entre un tipo de música y otra ("Ahora despacito... ahora como locos!")


Texto: Violeta Alcocer 
Ilustración: Marta Chicote

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